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Es el verdadero principio de la Historia (VI).-11-mayo-2016

Posted by Caminante y peregrino

MARÍA MAGDALENA ANUNCIA LA RESURRECCIÓN DE JESÚS.-VASILY POLENOV.-S. XIX XX
      El silencio era impresionante. Estaban pendientes de aquel relato absolutamente inesperado pero veraz, como correspondía a la fama que su amigo tenía en todas partes.
      Lemuel continuó: También nos dijeron que junto con ellos estaban David, Salomón, los Profetas y los Patriarcas Abraham, Isaac, Jacob y los demás, así como Moisés, Josué y cuantos fueron labrando el futuro de Israel. Como comprenderéis esto nos afectó muchísimo. Aunque no podíamos hablar por la impresión de lo que habíamos visto y oído, en nuestro interior íbamos pensando en todo aquello. Nos dirigimos aquí para contaros todo esto y conocer vuestra opinión, aunque no creo que difiera mucho de la nuestra. 
APARICIÓN DE MUERTOS A LA MUERTE DE XTO.-JAMES TISSOT.-S. XIX
      Yarin continuó la explicación: Por el camino nos tropezamos con familiares y amigos que iban con los rostros alterados y los ojos espantados. Los paramos para preguntarles qué les pasaba. Como pudieron nos explicaron que se les habían aparecido familiares y amigos fallecidos hacía muchísimo años y les anunciaron que el Mesías que habíamos crucificado había resucitado de entre los muertos, había descendido al hades y liberado a todos , desde nuestros primeros padres hasta hoy mismo, a cuantos habían guardado fidelidad absoluta a Yavéh.
      Meser y Eleazar escuchaban en silencio. En su interior había una mezcla de emoción y preocupación que les impedía interrumpir a sus camaradas. Realmente eran unas noticias desconcertantes que, a todas luces, les hacían ver que lo acontecido con Jesús de Nazaret había sido un comportamiento indigno, mezquino, miserable en definitiva. con aquella Persona enviada por Dios e incluso con el mismo Dios.
      Frases dichas por el Mesías (no les cabía ya ninguna duda que lo era) cobraban actualidad e intuían el significado de frases que Meser recordó en voz alta a sus amigos: 'Mis ovejas escuchan mi voz; yo las conozco y ellas me siguen. Yo les doy vida eterna y no perecerán para siempre; nadie puede arrebatármelas. Mi Padre, que me las ha dado, es superior a todos y nadie puede arrebatarlas de la mano de mi Padre. EL PADRE Y YO SOMOS UNO.' (Jn. 10, 27-30). Cando terminó todos estaban silenciosos como si estuvieran analizando el significado de esas palabras, especialmente de la última frase.
    El silencio fue roto por Yarin: 'Siendo así, hemos matado al Hijo de Dios'.
      Este comentario cayó  como una pesada losa sobre ellos. Lemuel, con la voz entrecortada por la emoción y llena de esperanza, recordó a Isaías: 'Luego venid, discutamos -dice el Señor-. Aunque vuestros pecados fuesen como escarlata blanquearán como la nieve; aunque sean rojos como púrpura, quedarán como la lana blanca'. (Is. 1, 18). Tal vez éstos fueron los planes de Dios para Israel y es lo que ha ocurrido, pero ¿cómo lo íbamos a suponer? Esperábamos un Mesías guerrero, libertador y ha sido pacífico y misericordioso, como hemos visto cuando alguien se acercaba a Él con el corazón contrito y le perdonaba sus pecados antes de sanarlo. 

      Luego vinieron las dudas.

     Hermanos -dijo Lemuel- nos hemos dejado llevar por lo que los sacerdotes, escribas y altos dignatarios nos han hecho creer. Recordad el ejemplo que nos dieron Nicodemo y José de Arimatea cuando no dudaron, a pesar de tenerlo todo en contra, en defender a Jesús de Nazaret. Pienso que nos han marcado un camino. Desde nuestros puestos en el Sanedrín y en la medida que podamos, hemos de hablar con otras personas y hacerles ver cómo en Él se han cumplido las profecías contenidas en las Escrituras.
      Según iba hablando sus amigos iban afirmando con las cabezas. Eleazar manifestó: -Estoy de acuerdo pero no va a ser sencillo y es posible que llegado el momento, seamos expulsados del Sanedrín, pero de alguna manera estaremos reparando el daño y la injusticia que hemos cometido con nuestra pusilanimidad. Y si surgen problemas a los que no encontramos solución, iremos a hablar con con los discípulos y escuchar su opiniones. ¿Qué os parece?
      Todos asintieron y Yarin añadió: -Con los primeros que hemos de contar es con nosotros mismos. Hemos de mantenernos unidos y apoyarnos en todo. Una de las cosas que hacía el Mesías era orar y así lo aconsejaba a sus discípulos. Incluso les enseñó cómo debían hacerlo. ¡Ah! Otra cosa. ¿Os parece que  cada treinta días nos reunamos para poner en común lo que hayamos hecho? A todos pareció una idea excelente. Meser completó la sugerencia: -Yo propongo que si alguno tiene alguna cosa importante que aportar o algún problema para el que pudiera necesitar ayuda, que avise a los otros tres y nos reuniríamos en su casa para tratar el tema que fuere.
      Pues sí. A todos les pareció bien la idea y tras algunos comentarios más y con mejor estado de ánimo, marcharon a sus casas respectivas. Pero sus cabezas y sus corazones ya no volverían a ser como antes. 

SANTAS MUJERES ANTE LA TUMBA VACÍA.-ADOLPHE BOUGUEREAU.-CLASICISMO
      La impresión había  sido fortísima y ninguna de las cuatro mujeres podía articular palabra alguna. La vista de aquel personaje sobrenatural que les transmitía el mensaje ciertamente las había asustado pero encontraban una paz interior inexplicable. Les estaba diciendo que el Maestro había resucitado. Que estaba vivo. Pero aun teniendo un  gozo descomunal no acertaban a discernir lo que debían hacer.
MARÍA MAGDALENA CORRE A AVISAR QUE LA TUMBA ESTÁ VACÍA
      Finalmente Magdalena sintió la imperiosa necesidad de partir de allí cuanto antes para transmitir a Pedro y a Juan la noticia. Y así lo hizo. Corrió como jamás lo había hecho y cuando llegó a la casa donde se encontraban llamó desesperadamente a la puerta. Aunque todavía era tempano, Pedro y Juan estaban despiertos, pues apenas habían podido conciliar el sueño esa noche. Les pareció la voz de María, pero les extrañó porque hacía relativamente poco tiempo que habían salido de allí y era imposible que hubieran finalizado su cometido.Algo debía ocurrir. Apenas habían entreabierto la puerta, María, con la voz entrecortada por la emoción y el llanto y jadeando por el esfuerzo de la carrera, pero de forma muy clara, les dijo:
      'Han tomado al Señor del Monumento y no sabemos dónde lo han puesto' (Jn. 20, 2). Y volvió a correr para llegar al sepulcro e iniciar, si era necesario, la búsqueda de Jesús.

Es el verdadero principio de la Historia (V) .-25-abril-2016

Posted by Caminante y peregrino

      No había mucha claridad en aquella dependencia de la casa, pero sí había mucha inseguridad,...mucho miedo,... Los sucesos ocurridos a todos habían impactado de una u otra forma. Meser y Eleazar hablaban muy bajo cuando conseguían poner un poco de orden en sus ideas. Las comentaban entre sí, pero era indudable que esperaban con alguna impaciencia a Yarin y a Lemuel, ya que con toda seguridad podrían aportar nuevas noticias o acontecimientos ocurridos en Jerusalén, bien vividos por ellos mismos, bien porque se los podrían haber contado otros.
- Te digo que todos los sacerdotes y el Sanedrín en pleno nos hemos equivocado. Tal vez Nicodemo y José de Arimatea tuvieron razón cuando dieron la cara por Jesús al defender su inocencia, -dijo Meser con un acento en su voz entre preocupado y hondamente convencido de lo que decía. Necesitaba conocer la opinión de sus amigos. Cuando bajaban del Calvario él y sus tres amigos ya comentaban este hecho y se daban cuenta que, cuanto menos, aquel nazareno era totalmente inocente y nada grave había hecho para merecer semejante tortura y la horrible muerte que había tenido. Además, el mismo Pilato también lo había visto así y así expuso su opinión a los sacerdotes y a los escribas que se lo habían llevado. Sentían que habían sido manipulados por ellos así como por Anás y Caifás. 
      Los cuatro habían acordado juntarse el día siguiente al sabbat en el Templo para comentar sin prisas estos acontecimientos y analizarlos mejor, pero las noticias que circulaban les habían obligado a reunirse en otro lugar más seguro que el Templo. Eleazar manifestó:
      - Olvidas un hecho muy importante y que a mí me ha impresionado mucho desde la primera vez que le oí decirlo. Ahora, más que nunca y según deduzco, se puede ver por qué lo decía. Recuerda que muchísimas veces, antes de curar un enfermo, tullido, paralítico o ciego, LE HA PERDONADO SUS PECADOS. Incluso a la mujer que, sorprendida en adulterio, iba a ser lapidada. Y eso, ¿quién puede hacerlo?
CRISTO PERDONA A LA PECADORA.-VALENTIN DE BOULOGNE
      Meser quedó pensativo. Conocía la respuesta sobradamente, pero le costaba admitirlo por lo que eso suponía y, por tanto, se resistía a dar a su amigo la respuesta que sabía que era verdadera y que no podía ser otra sin faltar a la verdad. Pero tampoco podía oponer resistencia a manifestar su pensamiento en aquel momento de confidencias entre amigos. Y no dio una respuesta escueta. Hubo algo más:
      - Ciertamente solamente Dios puede perdonar los pecados, pero es que, además, lo decía con una autoridad innegable, propia, distinta a todo lo que estamos acostumbrados a escuchar a nuestros sacerdotes y mandatarios, y esto hacía que  fuera absolutamente imposible rebatirle. Y cuando algún escriba o sacerdote lo intentaba, le contestaba con unos argumentos que ponían en evidencia su ignorancia en muchas cosas de la Ley. Incluso se le notaba superior al Sumo Sacerdote. Además...
       No pudo continuar. Los golpes en la puerta de la calle eran imperiosos, como si quien los daba tuviera mucha prisa por entrar. Eleazar miró de soslayo a Meser. La llamada le había asustado como si temiera algo imprevisto, por lo que se levantó y marchó a ver quién era. Cuando lo preguntó, se tranquilizó:
      - Abre. Somos Yarin y Lemuel. Tenemos muchas cosas para contar.
      Al abrir la puerta aparecieron dos rostros demudados con miradas huidizas. Sus amigos estaban como si hubieran visto fantasmas y parecían al borde de un ataque de nervios.
      - Pasad y sentaos. Aquí estáis seguros y  podéis desahogaros. ¿Qué os ha ocurrido que parecéis sobrecogidos por el pánico?
APARICIÓN DE MUERTOS EN EL TEMPLO EL DOMINGO DE RESURRECCIÓN.-JAMES TISSOT
      Meser no dejaba de mirarlos intentando descifrar las causas de ese estado de ánimo totalmente inusual en sus amigos, pero sospechaba que iba a ser algo que tendría que ver, y no poco, con el motivo por el que se juntaban. Eleazar les sacó agua mezclada con unas hierbas relajantes para que calmaran su ansiedad. Unos momentos después, Lemuel, más sereno aunque aún afectado, espetó: - Hemos visto al Rabino Abraham ben Simon en el Templo.
      - ¡Imposible! -dijo Meser- Hace cinco años que murió de una enfermedad muy grave.
     - Es absolutamente cierto -respondió Yarin, ya más sereno-. Escuchad: Lemuel y yo veníamos aquí pero quisimos pasar primero por el Templo. Nos dijeron que cuando murió Jesús hubo un terremoto y se rasgó el velo del Templo que separa el lugar Santo del Santísimo. Queríamos ver qué ambiente había. Apenas entramos oímos un trueno fortísimo y la tierra tembló. Nos asustamos y quisimos marcharnos de inmediato, pero un fortísimo viento nos obligó a pararnos intentando buscar cobijo junto con unos sacerdotes y unos escribas que allí estaban. 
      Entonces fue cuando vimos venir como flotando por el aire hacia nosotros y hacia los demás, un grupo de personas al frente de las cuales estaba el Rabino. Todos ellos habían muerto hacía más o menos tiempo que él, pero todos coincidieron en decirnos que habíamos matado al Mesías y que éste había ido al Seno de Abraham para anunciarles la Redención y para llevar a su Reino, a cuantos habían sido fieles a Yavéh y habían observando la Ley y los Mandamientos.
      

DESCENDIÓ A LOS INFIERNOS.-ANDREA DA FIRENZA.-GÓTICO

Es el verdadero principio de la Historia (IV) .-07-abril-2016

Posted by Caminante y peregrino

APARICIÓN DE CRISTO A SU MADRE.-THEODOOR VAN THULDEN.-BARROCO
      María giró hacia su aposento y hacia allí se dirigió apenas salieron las mujeres de la casa. Magdalena tenía razón. Necesitaba orar. Mucho. De ese modo se sentía más cercana a Jesús. Quizá nadie recordase la firme promesa que había hecho ante todos ('Destruid este templo y en tres días lo levantaré'. Jn. 2, 19) pero a ella la mantenía más firme la fe que tenía en su Hijo, en el Padre que la eligió para esta misión y en el Espíritu Divino que formó a Jesús en sus entrañas. Instintivamente se arrodilló y postrándose en tierra se dirigió al padre: '¡Oh, Padre! Nuevamente me postro a tus plantas soberanas para implorar, una vez más, tu ayuda. Yo sé que no nos abandonas a nadie, ni siquiera ahora, que los acontecimientos parecen demostrar que estamos solos. Desde que en Nazaret te di aquel SÍ que me comprometía contigo, siempre he tenido abundantes pruebas que continuamente has estado con nosotros. Este momento, este triste momento, no es ninguna excepción. Hace dos días dejamos el cuerpo de Jesús sin vida, en el sepulcro de José de Arimatea...'
      María tuvo que interrumpir su oración. El recuerdo de ver exánime a su Hijo en aquella fría losa sepulcral, la hizo revivir aquellos crudos  y amargos momentos del Calvario. Los sollozos volvieron a brotar de su cuerpo, muy castigado por el dolor y el sufrimiento, mezclándose con dulces llamadas a su Hijo. Unos momentos después se sobrepuso y tras unos suspiros volvió a dirigirse a Dios: 'Padre, atiende mi oración porque ya no puedo más. Necesito verlo de nuevo lleno de vida, como Él dijo que haría al tercer día de su muerte. Nunca te he pedido nada para mí, pero ahora te ruego que escuches mi plegaria y me lo devuelvas para siempre, porque para ti nada hay imposible...' Nuevamente quedó postrada en oración, como sumida en una espera confiada...        Estando en ese estado no pareció oír el fragoroso trueno que se oyó y la nueva sacudida de la tierra producida por un breve pero intensísimo terremoto que a todos asustó y preocupó. Loa Apóstoles, que se encontraban en el cenáculo, se miraron unos a otros con inquietud. Juan se levantó y se dirigió al aposento de la Madre por si le había ocurrido algo. Entreabrió cuidadosamente la puerta y la vio postrada en oración. Volvió a cerrarla muy despacio procurando no hacer ruido con el fin de no interrumpirla y volvió con los demás.

      Todos lo miraban esperando saber si María estaba bien. Les hizo un gesto indicando que no había ninguna novedad y se sentó, pero la preocupación de lo que hubiera podido pasar con el trueno y el terremoto no se alejó de ellos en absoluto. Al comprobar que todo iba volviendo a la normalidad, poco a poco fueron adormeciéndose unos y orando otros, aunque sin pretenderlo cayeron en un profundo sueño motivado por el cansancio, la tensión psíquica, las emociones vividas,...       APARICIÓN DE CRISTO RESUCITADO A SU MADRE.-MELCHIOR PAULl VON DESCHWANDEN.-S. XIX     María, en el silencio más íntimo de su oración al Padre,no se había percatado del temblor de tierra ni en la delicada visita de Juan para comprobar si le había ocurrido algo. Estaba muy centrada en lo que hacía, peo hubo un momento en que notó como una mano se posaba suavemente en su hombro derecho. Pensó que era Juan, pero cuando oyó que una voz delicadamente suave, pero muy, muy conocida, que llena de amor y de victoria le decía 'Mamá,...', la hizo volverse con presteza.

      '-¡¡Jesús!! ¡¡Hijo mío!!...'  No pudo continuar. Frente a ella aparecía, sí, su Jesús, pero no el que ella había visto anteriormente, ni tampoco el Jesús del Calvario. Veía a su Hijo, ¡claro que sí!, pero revestido de una potente claridad, una fortísima luminosidad, que no solamente no cegaba ni deslumbraba, sino que le estaba permitiendo contemplarle como realmente era Él: Dios mismo hecho hombre, victorioso de la muerte, 'su rostro era resplandeciente como el sol y su vestido blanco como la luz' (Mt.17, 2). Los ojos del alma le decían que sí. Sí que era su Hijo. Y lo más inmediato fue arrojarse en sus brazos.
APARICIÓN DE CRISTO RESUCITADO A SU MADRE
      Jesús sonreía absolutamente feliz. Ciertamente tenía muchas cosas que hacer, muchas personas que visitar, muchos cabos que atar ahora que la Redención estaba consumada, pero la primera de todas era su Madre: abrazarla, tranquilizarla y que dejara de sufrir. En la Pasión la notaba siempre junto a Él y lo mismo en el Calvario, oyendo sus oraciones con los oídos del corazón, y los martillazos de los clavos parecían disminuir el terrible dolor que le causaban perforando sus manos y sus pies.
      '-Mamá. Querida Mamá. Siempre has estado conmigo en estas horas decisivas para la Humanidad y tus oraciones y tu llanto me han ayudado en el Sacrificio que debía ofrecer al Padre por esta Humanidad que tanto queremos. Mi Padre y el Espíritu también estaban oyendo la angustiada oración que les dirigías'. Ella no hablaba. Solamente lo veía vivo, en plenitud, infinitamente más hermoso que cuando vivían juntos y lo veía trabajar en la carpintería de José. ¡Ay, si José lo viera ahora! Mientras pensaba todo esto lo iba llenando de besos como cuando nació en Belén. '-No me dejes, Hijo. Quiero estar siempre contigo...'
APARICIÓN DE CRISTO RESUCITADO A SU MADRE.-FRANCESCO SOLIMENA
      '-Nunca, Mamá. Nunca nos volveremos a separar. Tú siempre estarás conmigo y Yo siempre en ti. Ahora debo acudir a que todos me vean y se enteren de mi Resurrección. Debo confirmar en la Fe a mis hermanos y amigos para que continúen el trabajo que he comenzado, pero ahora me tendrás contigo en el corazón y en la Eucaristía. Me llevarás dentro de ti como me llevabas antes de nacer en Belén'.
      María era incapaz de pedirle nada. Sabía que lo había traído al mundo precisamente para este momento. Su misión había terminado, pero ahora tenía que completarla preparando a sus amigos y a sus discípulos. Pero ella callaría. Su corazón seguiría guardando todos esos momentos de intimidad humana y divina en los que iría meditando todos los días. Los demás...tendrían su momento como lo había tenido Ella. Todo lo contemplaría desde el silencio y la oración, ayudando, orientando y completando cuanto su Jesús le dijese, pero intuía que iba a tener un papel fundamental en la Comunidad que su Hijo había ido formando: la Iglesia. 

      Se recostó en su lecho. Su felicidad era infinita. Pensaba en sus amigas Magdalena, Juana, María la de Cleofás y tantas y tantas otras que la habían ayudado a Ella y también a su Hijo por los caminos de Israel y últimamente en Jerusalén. Pensó en el buen Pedro, en Juan, en Santiago y en todos y cada uno de los Apóstoles. Todos se pondrían a trabajar de inmediato en cuanto vieran a su Señor... Con una leve sonrisa en sus labios y una paz que notaba recibida de su Hijo, se durmió.
CRISTO RESUCITADO.-JOSEPH F. BRICKEY

Es el verdadero principio de la Historia (III).- 19-03-2016

Posted by Caminante y peregrino

CRISTO MUERTO.-.PHILIPPE DE CAMPAIGNE .-S. XIX
      A nadie de cuantos habían estado presentes se les podía quitar de la cabeza la imagen del Maestro puesto en el sepulcro, rígido, con las abundantes señales de la Pasión que aunque habían comenzado a limpiarlas, todavía quedaba mucho por hacer, además de acabar de embalsamarlo. Juan, cuando alguno de los presentes le preguntaba algún detalle de la crucifixión, le respondía amablemente, pero era obvio que no le apetecía en absoluto contar nada. 
      Solamente deseaba rezar y hablar con el corazón y con el alma a su amigo: 'Maestro -le decía en su pensamiento- ¿no volveremos a verte de nuevo? ¿No volveremos a oír tus palabras explicando el Reino del Padre? Tú dijiste que resucitarías, pero el tiempo se nos hace eterno. ¿Cuándo vendrás de nuevo, Señor? ¿Cuándo te abrazaremos de nuevo?' A Juan le parecía que aquellos interrogantes caían en el vacío, en la nada, pero en el fondo seguía teniendo fe en su amigo. No los defraudaría, no. Era el Mesías. Era Dios y por lo tanto no iba a faltar a su palabra.
      'Pasado el sábado, María Magdalena, María la de Santiago y Salomé compraron aromas para ir a ungirle'. (Mc.16, 1). 'Acabad de preparar los perfumes y los ungüentos que podamos necesitar. Juana, asegúrate que tenemos suficiente aceite de las lámparas que necesitamos para alumbrar el sepulcro'. Salomé había sacado a Juana de su ensimismamiento devolviéndola a la cruda y triste realidad. Sí. Las primeras luces del tercer día de la muerte de Jesús estaban apareciendo y debían terminar cuanto antes aquella misión.
     
      Estaban a punto de salir cuando la Madre de Jesús acudió para ir con ellas. Su rostro seguía desfigurado por el sufrimiento, el agotamiento y el llanto. Magdalena la tomó del brazo y le susurró muy tenue: 'Madre. Es preferible que te quedes. Necesitas reponer tus fuerzas, descansar más y estar preparada para lo que debamos hacer después. Sabes que puedes confiar en nosotras'. Tras un breve diálogo la Madre comprendió que así debía hacerlo. Si iba, posiblemente no las dejaría trabajar por las emociones que reviviría. Se retiró, pues, a su aposento.
      'Muy de madrugada el primer día después del sábado, en cuanto salió el sol, vinieron al monumento'. (Mc.16, 2). Se cubrieron, pues, con sus mantos, tomaron los frascos con lo que habían comprado y salieron a la calle. Poco después las siguieron otro grupo de mujeres para ayudarlas en su misión. La mañana era fría y se taparon bien para combatirlo, aunque realmente eso era lo que menos les interesaba. Lo importante era llegar cuanto antes al sepulcro. En el camino iban comentando cómo harían su trabajo cuando llegasen a su destino y una duda surgió: 'Se decían entre sí: ¿Quién nos moverá la piedra de la entrada al monumento? (Mc. 16, 3).
      La duda era más que razonable. Para cerrar la entrada habían hecho falta unos hombres fuertes que hicieran rodar la piedra, pero ellas estaban seguras de no poder hacer ese trabajo. La sombra del desánimo hizo acto de presencia un breve instante, porque María la de Santiago se encargó de hacerla desaparecer. Haciendo sonar las monedas de una bolsa no muy grande les dijo: 'No os preocupéis. Les pediremos a los guardias que nos ayuden y si se niegan o ponen excusas les daremos algo del dinero que he traído. Ya veréis como sale bien'.
      Así iban hablando y frente a ellas, aunque algo lejano, vieron como un relámpago extraordinariamente luminoso, a la vez que se producía un fuerte trueno y temblaba el suelo. Se pararon, pero pensaron en la posibilidad de que hubiera pasado algo en el sepulcro de Jesús y apresuraron el paso. Efectivamente 'algo' había pasado: 'Sobrevino un gran terremoto, pues un ángel del Señor bajó del cielo y acercándose removió la piedra del sepulcro y se sentó sobre ella. Era su aspecto como el relámpago y su vestidura blanca como la nieve. De miedo de él temblaron los guardias y se quedaron como muertos'. (Mt. 28, 2-3).
MARÍA MAGDALENA Y LAS STAS MUJERES EN LA TUMBA DE XTO.-JAMES TISSOT.-S.XIX-XX
       Cuando llegaron las mujeres, jadeantes por el esfuerzo hecho para llegar cuanto antes, se encontraron con los soldados desvanecidos, pero el personaje que estaba frente a ellas mirándolas fijamente las asustó sobremanera. No podían imaginarse ni remotamente que fuese un ángel ni tampoco lo que allí había ocurrido. 'El ángel, dirigiéndose a las mujeres, dijo: -No temáis vosotras, pues sé que buscáis a Jesús el crucificado. No está aquí; ha resucitado, según lo había dicho. Venid y ved el sitio donde fue puesto. Id luego y decid a sus discípulos que ha resucitado de entre los muertos y que os precede a Galilea; allí le veréis. Es lo que tenía que deciros'. (Mt. 28, 2-7).
SANTAS MUJERES EN EL SEPULCRO CON UN ÁNGEL.-BERNARD PLOCKHORST.-S. XIX - XX

Es el verdadero principio de la Historia (II).-03-marzo-2016

Posted by Caminante y peregrino

DESCENSO A LOS INFIERNOS.-ANDREA DA FIRENZA.-GÓTICO
      Jesús quedó en el sepulcro. Todos conocían que su cuerpo había quedado en el sepulcro de José de Arimatea y las santas mujeres debían terminar su embalsamamiento, lo cual no podían hacer porque al día siguiente de su entierro se celebraba el sabbat y no se podía hacer nada en absoluto que supusiera una actividad no permitida por la Ley de Moisés. Todos estaban en el edificio donde se celebró la Última Cena de Jesús con sus amigos celebrando la Nueva Pascua en la que instituyó el Sacramento de la Eucaristía. Pero desde que murió Jesús en la cruz hasta su Resurrección, ¿qué ocurrió?
      Vayamos por partes. San Mateo nos presenta un relato de los hechos que sucedieron cuando Cristo murió: 'El velo del templo se rasgó en dos partes de arriba abajo; la tierra tembló y las piedras se resquebrajaron; se abrieron los sepulcros y muchos santos que habían muerto resucitaron, salieron de los sepulcros y, después de que Jesús resucitó, entraron en la ciudad santa y se aparecieron a muchos'. (Mt. 27, 51-53). Esta es una realidad que no debemos soslayar.                                                   APARICIÓN DE MUERTOS EN JERUSALÉN.-JAMES TISSOT.-S. XIX - XX                                                        Por otra parte sabemos que todos los que murieron con anterioridad a la Resurrección de Jesucristo, y guardaron una vida honrada, cumpliendo rectamente con sus obligaciones con Dios, fueron a un "lugar" conocido con los nombres de 'sheol' o 'hades'. Los israelitas también lo conocían como 'el seno de Abraham'. Esto último lo empleó Jesús en la parábola del rico epulón y Lázaro, el mendigo. 'Un día el pobre murió y fue llevado por los ángeles al seno de Abraham'. (Lc. 16, 22).
      En la antigua catequesis que me enseñaron, al explicar el Credo se decía que Jesús 'bajó a los infiernos, eso es, al Limbo, y sacó las almas de los Santos Padres que estaban esperando su santo advenimiento'. En el cuarto Concilio de Letrán, en 1215, fue definida esta doctrina de Fe. 
      A partir de ahí podemos dejar paso a nuestra imaginación para pensar en lo que pudo haber ocurrido, porque otra cosa...         DESCENSO A LOS INFIERNOS.-VIKTOR VASNETSOV.-S.XIX - XX                                                          No obstante, el alma de Jesús descendió al hades con prontitud, me imagino, porque todas las personas que habían vivido según los designios de Dios eran merecedoras de recibir los frutos de la Redención: José,su padre putativo; Joaquín y Ana, padres de la Virgen y abuelos de Jesús; el anciano Simeón, que por inspiración divina y revelación del Espíritu Santo conoció al Salvador antes de morir; su primo Juan Bautista, su precursor; el Rey David; los Patriarcas y los Profetas así como las innumerables personas que pasaron por este mundo, siempre con su confianza puesta en Yavéh y con su esperanza en el Mesías que había de venir...No. No podía esperar más. Se lo habían merecido y no los defraudó.
      No me he resistido a ponerles este cuadro de abajo. El párrafo anterior lo he sacado realmente de la observación del mismo, pero dice mucho más de lo que yo he escrito sobre él.
CRISTO RESUCITADO SE APARECE A SU MADRE.-LORENZO PASINELLI.-BARROCO
      En el Nuevo Testamento encontramos estas citas: 'No temas. Yo soy el primero y el último; yo soy el que vive. Estuve muerto pero ahora vivo para siempre y tengo en mi poder las llaves de la muerte y del abismo'. (Ap. 1, 17b-18). Y en otro lugar: 'Por eso dice la Escritura: Al subir a lo alto llevó consigo cautivos, repartió dones a los hombres. Eso de "subió" ¿no quiere decir que también bajó a las regiones inferiores de la tierra?' (Ef. 4, 8-9).
DESCENSO AL LIMBO.-HANS BRÜGGEMANN.-RENACIMIENTO
      El Catecismo de la Iglesia Católica dice en su punto 635: 'Cristo, por tanto, bajó a la profundidad de la muerte (cf. Mt. 12, 40; Rom. 10, 7; Ef. 4, 9) para "que los muertos oigan la voz del Hijo de Dios y los que la oigan vivan" "Jn. 5, 25). Jesús, "el Príncipe de la vida" (Hch. 3, 15), aniquiló "mediante la muerte al señor de la muerte, es decir, al diablo y libertó a cuantos, por temor a la muerte, estaban de por vida sometidos a la esclavitud" (Heb, 2, 14-15). En adelante, Cristo resucitado "tiene las llaves de la muerte y del Hades" (Ap. 1, 18) y "al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo, en la tierra y en los abismos". (Flp. 2, 10).
DESCENSO A LOS INFIERNOS. ANÁSTASIS.-MOSAICO DE LA CATEDRAL DE SAN MARCOS EN VENECIA

El verdadero principio de la Historia (I) .- 15-febrero-2016

Posted by Caminante y peregrino

EL CALVARIO.-JAMES TISSOT.-S. XIX - XX
      El grupo de personas, mayormente femenino, iba alejándose del Calvario, pero casi de continuo iban volviéndose para mirar la silueta de las tres solitarias cruces, especialmente la del centro, que cada vez aparecían más lejanas. Allí solamente habían quedado los sirvientes de Nicodemo y de José de Arimatea recogiendo los utensilios y herramientas que habían llevado para bajar de la cruz a Jesucristo. Ellos seguían la comitiva para dirigirse también a Jerusalén. Sabían que la intensidad de lo que habían vivido esas últimas horas les mantendría unidos para siempre.
      Sin darse cuenta se dirigían hacia la casa donde unas horas antes Jesús había celebrado la última pascua con sus amigos. 
CASA DEL CENÁCULO. 
Cuando llegaron, las mujeres fueron dejando los perfumes, ánforas y vasos que habían llevado para lavar y perfumar el cuerpo inerte del Maestro. La Madre se dirigió hacia el cenáculo y miró el sitio donde unos momentos antes había estado sentado su Hijo. Nuevamente se apoderó de ella el llanto sin poder evitarlo. Al oírla acudieron las mujeres y Juan que, solícito, la tomó del brazo.
      '-Madre -le dijo-. debes ir a descansar. Nos esperan días difíciles y debes reponerte para afrontarlos'. María lo miró. Juan se tropezó con unos ojos hinchados por el llanto, sí, pero transidos por el dolor que salía de su alma y que notaba que le atravesaba la suya. A duras penas mantuvo el nudo que se le había hecho en la garganta mientras unas fugaces y silenciosa lágrimas se deslizaban por las mejillas. Sin darse cuenta, Magdalena estaba abrazada a los pies de María llorando en silencio. La Madre, enternecida, posó su mano sobre la cabeza de aquella mujer por quien tanto afecto sentía.
      Lentamente se levantó y se dirigió hacia su habitación. Juan tenía razón. Debía descansar o, al menos, debía intentarlo. El resto de mujeres también se retiró a descansar, pues las emociones vividas habían sido muy fuertes y estaban agotadas psíquica y físicamente. La comida que había sobrado de la cena pascual permanecía allí, pero nadie sentía el más mínimo apetito ni tampoco ganas de recoger nada. Y todavía debían volver al sepulcro de Jesús para acabar de embalsamarlo.
MATER DOLOROSA
      José y Nicodemo se despidieron para marchar a sus casas. Jerusalén estaba desierto. Sus pasos resonaban al pisar sobre la tierra de las calles, pero oyeron otros pasos además de los suyos y les extrañó. Aminoraron la marcha y agudizaron sus sentidos para localizar quién iba por allí como ellos. Les pareció que tres sombras les seguían y se alarmaron, pero Nicodemo dijo muy bajo al oído de José: '-La sombra del centro, ¿es Simón?' A medida que se acercaron pudieron comprobar que sí, que era él acompañado de Santiago el Mayor y de Santiago al Menor. Discretamente se saludaron y contemplaron unos Apóstoles serios, cabizbajos, muy tristes, con signos de llanto en los rostros de los tres, pero Pedro estaba desconocido, destrozado por el sufrimiento y el remordimiento de su cobardía al haber abandonado a su Maestro y amigo en el Calvario. Los dos intentaron calmarlo contándole cuanto había acaecido y añadiendo algunos detalles. Los tres les agradecieron cuanto habían hecho y acordaron que acudirían al cenáculo después de localizar a los demás discípulos. Se imponía la unión y la oración.
      Unas horas después sonaron golpes en la puerta de la casa. Se miraron unos a otros. '-¿Qué hacemos?' dijo Salomé. 'La forma de llamar no es autoritaria. Más bien es de alguien que desea entrar sin armar alboroto. Voy a asomarme'. Lentamente bajó a la puerta, la entreabrió con sigilo y ante ella aparecieron Mateo y Tomás con otros dos discípulos. 'Hemos visto a Pedro y nos ha dicho que vengamos aquí. Es preciso que en estos momentos nos mantengamos juntos'.

      Se apartó para dejarlos pasar y cuando llegaron a la parte superior su mirada se dirigió hacia el cenáculo. Eran demasiados recuerdos los que les venían a la mente, pero especialmente la despedida de su Maestro. Ahora empezaban a ver claro algo del mensaje que les quiso transmitir antes de su decisiva partida, pero ellos no habían sabido estar a la altura de Jesús y lo abandonaron en el mismo huerto de los Olivos. Y esto les amargaba y aumentaba su inquietud y vergüenza.
      Poco a poco fueron llegando el resto de los Apóstoles y unos discípulos más, entre ellos Lázaro y sus hermanas Marta y María. Las mujeres que llegaban iban directamente donde estaba María para abrazarla y todas terminaban llorando abrazadas a ella. Los hombres oraban silenciosamente y en alguna ocasión lo hacían comunitariamente. Era el sabbat, pero no había alegría alguna para celebrarlo, además, ya lo habían hecho con el Maestro unas horas antes.
LAS MIRÓFORAS
      Al atardecer de ese día las mujeres 'prepararon aromas y mirra. Durante el sábado se estuvieron quietas por causa del precepto'. (Lc. 23, 56). Saldrían antes del amanecer del tercer día de la muerte de Jesús. Ahora se retiraron para un breve descanso.
      

El fin del principio (VIII): Crucifixión y muerte (VI) .- 28-enero-2016

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DESCENDIMIENTO DE LA CRUZ. TRÍPTICO.-PEDRO PABLO RUBENS.-BARROCO
      Quedaba relativamente poco tiempo, así que unos subieron por la parte trasera, y otros por delante ayudaban a recibir el cuerpo de Cristo según lo iban soltando. Comenzaron por sacar los clavos de los pies y para sujetar el rígido cuerpo de Jesús, recibieron la inesperada ayuda de unos soldados romanos que, impresionados y conmovidos por cuanto habían estado presenciando, se sentían obligados a ayudar en lo que pudieran a quienes iban a llevarse el cuerpo al sepulcro. El centurión no se lo impidió.

      Pero la tarea no era fácil. Los clavos que atravesaban las muñecas y los pies del Salvador estaban remachados sobre la madera para no soltarse con  el peso del cuerpo. Eso llevó un buen rato porque además de las dificultades, tenían especial cuidado en no dañar más el cuerpo de Jesús. Los golpes secos de los martillos sobre los enormes clavos resonaban en el cerebro de todos, pero era necesario finalizar aquel desagradable trabajo.          DESCENDIMIENTO DE LA CRUZ.-JAMES TISSOT.-               Una larga tela se pasó por debajo de los brazos para sujetar el cuerpo que, a medida que los clavos cedían iba inclinándose hacia los que estaban delante. Desde esa posición y ayudados por las herramientas que tenían, tiraban de ellos para ir sacándolos en su totalidad. Entonces dejaron ver las llagas de las muñecas que del peso del cuerpo y de los movimientos de Jesús para intentar respirar algo mejor, estaban más grandes que la anchura de los clavos, lo cual, les facilitó el trabajo.

       María, sentada en el suelo, permanecía en silencio. De vez en cuando un hondo suspiro se le escapaba desde lo más íntimo de su ser. Las mujeres no la dejaban en ningún momento y todos estaban pendientes de los detalles más insignificantes. 

      Cuando los de atrás dieron el aviso de que iban a ir soltando el cuerpo, Juan se apresuró a cogerlo por las piernas.   María de Cleofás y Magdalena se adelantaron un poco por si podían ayudar en algo. La Madre permanecía sentada dominando la impaciencia por abrazar aquel cuerpo  al que había dado vida y ahora permanecía sin ella. 
LAMENTOS POR CRISTO MUERTO.-LUCA SIGNORELLI.-RENACIMIENTO                         Quería pensar en algunos de los tantos momentos que habían compartido en Nazaret, con José y sin él después, antes de partir a comenzar su misión, pero no podía. Era inútil. Su mente y sus ojos no se apartaban de aquel cuerpo rígido casi suelto del todo de aquel madero.

      Cuando al fin quedó totalmente liberado, pusieron aquel cuerpo si vida sobre la sábana que habían traído, extendida ahora sobre el suelo, para llevarlo a su Madre. Esto lo hicieron José de Arimatea, Nicodemo y Juan que se acercaron a María. Quiso levantarse para abrazarlo pero la emoción, largamente contenida, se lo impidió. 
ENTIERRO DE CRISTO.-SANDRO BOTTICELLI.-RENACIMIENTO
      Nuevamente sufrió un desmayo y las otras mujeres impidieron que cayera al suelo. Suavemente la dejaron allí con el cuerpo inclinado hacia delante.  Esos movimientos le hicieron recuperar el sentido e instintivamente alargó los brazos hacia su Hijo, que con toda delicadeza  colocaron sobre su regazo. No pudo contenerse más y rompió a llorar amargamente mientras lo estrechaba entre sus brazos y lo cubría de besos. Esta imagen del infinito sufrimiento de aquella mujer y Madre sin consuelo alguno despertó sentimientos de empatía hacia ella. Todos pensaban que aquella sería la última vez María abrazaba a su Hijo.
LLANTO POR CRISTO MUERTO.-CORREGGIO.-RENACIMIENTO
      Nadie permaneció insensible. El centurión y el soldado que le atravesó el costado con su lanza se abrazaron totalmente conmovidos. José y Nicodemo se miraron sin hablar. No era necesario tampoco, pues se entendieron perfectamente. Juan, arrodillado en el suelo, daba rienda suelta a su dolor. El respetuoso silencio de todos los que allí había, judíos o romanos, dejaba paso a los dolorosos lamentos de la Madre abrazando aquel cuerpo que tan lleno de vida había abrazado en otras ocasiones.
      Un buen rato después empezaron a lavar el cuerpo desfigurado al que todos querían. La Madre también se unió a la tarea y se encargó de lavarle la cara, toda cubierta de sangre seca ocasionada por los golpes y las espinas de la corona que le había puesto la soldadesca. Cada vez que limpiaba una parte depositaba en ella un cálido beso acompañado de las lágrima que a duras penas podía contener.
ENTIERRO DE CRISTO.-Wassilij Petrovich Wereschtschagin
      Cuando finalizaron su tarea tenían el tiempo justo para llevarlo al sepulcro. Allí lo embalsamarían y si no tenían tiempo suficiente volverían después de la Pascua para finalizar la tarea. Ahora ya no podían esperar más y Juan así se lo hizo ver a María. Los hombres tomaron la sábana que envolvía el cuerpo de Jesús y marcharon hacia el sepulcro de José de Arimatea. El grupo de personas que lo tomaron no debió ser muy numeroso: José, Nicodemo, Juan y acaso alguien más, porque teniendo en cuenta su horrible sufrimiento, el forzado ayuno que padeció, la gran pérdida de sangre, el abundante sudor y la sed que lo consumía, es posible que perdiera algunos kilos de peso.
ENTIERRO DE CRISTO.-ANTONIO CISERI.-REALISMO
      Tras ellos iba su Madre, las mujeres que la habían acompañado en todo momento, otro grupo de piadosas mujeres que más alejadas habían contemplado la crucifixión y un grupo de personas, posiblemente discípulos o simpatizantes de Jesús, que quisieron acompañarlo hasta el sepulcro. Una vez allí se tropezaron con un inconveniente: al estar rígido el cuerpo, los brazos seguían abiertos y no cabía por la escasa altura y anchura de la entrada, por lo que se vieron obligados a maniobrar el cuerpo para hacerlo pasar por la entrada.
DEPOSITAN EL CUERPO EN LA LOSA DEL SEPULCRO.-JACOPO BASSANO.-MANIERISMO
      El interior estaba iluminado con las antorchas que los amigos que Nicodemo avisó habían preparado previamente, pero todos no cupieron en la pequeña estancia. Depositaron el cuerpo sobre una gran losa donde continuaron la labor del embalsamamiento y limpieza del Maestro. Untaron el sudario con el áloe y la mirra que Nicodemo llevó, las mujeres fueron ungiendo el cuerpo y la Madre seguía limpiando la sangre seca y arreglando el cabello y la barba de su Hijo. Cuando finalizaron, extendieron totalmente la sábana y la doblaron dándole la vuelta por la cabeza hasta los pies, cubriendo todo el cuerpo.
ENTIERRO DE CRISTO.-PRIMER TERCIO DEL S. XVI
      Tras esta operación solo quedaba marcharse. Todos parecían comprender esto a excepción de María. Hubiera querido quedarse allí con su Hijo, pero no era posible. Nuevamente Juan se colocó junto a ella y con gran delicadeza la tomó del brazo. Antes de traspasar la puerta, todavía se giró para mirar una vez más a Jesús, pero fue de manera muy breve. Se dejó guiar por Juan. Los últimos en salir apagaron las antorchas y cuando ya estuvieron fuera, entre todos rodaron la gran piedra que sellaba la entrada al sepulcro.
SÁBANA SANTA E IMAGEN DE CRISTO SEGÚN ELLA
      Después todos fueron marchándose cabizbajos y silenciosos a sus casas respectivas con pasos lentos y pensando en cuanto habían presenciado ese aciago día que nadie iba a olvidar mientras tuviese un hálito de vida.
VUELTA DEL CALVARIO.-HERBERT SCHMALZ.-ORIENTALISTA
      Pero todo no quedó así, porque 'al día siguiente, es decir, el día después de la preparación de la pascua, los jefes de los sacerdotes y los fariseos se congregaron ante Pilato y le dijeron: 
      -Señor,recordamos que ese impostor dijo cuando aún vivía: "A los tres días resucitaré". Así que manda asegurar el sepulcro hasta el día tercero, no sea que vengan sus discípulos, roben su cuerpo y digan al pueblo que ha resucitado de entre los muertos, y este último engaño sería peor que el primero. Pilato les dijo: -Disponéis un piquete de soldados; id y aseguradlo como sabéis hacer. Ellos fueron, aseguraron el sepulcro y sellaron la piedra dejando allí la guardia'. (Mt. 27, 62-66).
VIGILANDO EL SEPULCRO.-JAMES TISSOT

El fin del principio (VI) : La crucifixión y muerte (V).-11-enero-2016

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      EL BUEN LADRÓN EN EL PARAÍSO.-JAMES TISSOT.-S. XIX - XX
      Dimas había sentido un trallazo dolorosísimo en sus piernas. El mazazo había sido durísimo y ambas quedaron rotas. El intenso dolor le hizo perder el conocimiento, pero de repente se notó como flotando en el aire. No solamente no sentía dolor alguno, sino que sentía una paz infinita. Vio llegar hasta él unos seres desconocidos, pero hermosos, que le sonreían. No sentía ningún temor y ellos se colocaron junto a él, uno a cada lado, como indicándole el camino que debía seguir. Miró hacia abajo y vio su cuerpo colgando, todavía en la cruz. Se daba cuenta que había muerto y su alma era transportada hacia una intensa y brillante luz que a pesar de todo no lo cegaba. Le pareció distinguir en medio de ella una figura...¡SÍ!...¡ERA ÉL! ¡Era el crucificado que él había defendido de los ataques verbales de su compañero y que le había prometido que estaría hoy en su reino! Y él, Dimas, se dirigía hacia donde le estaba esperando...
      En cambio Juan lo veía todo turbio. Sus ojos eran como dos manantiales de lágrimas que le impedían ver serenamente, como hasta ahora, los acontecimientos. 
SAN JUAN Y LAS PIADOSAS MUJERES EN EL CALVARIO.-ALBERTO DURERO.-RENACIMIENTO 
      Pero aquella canallada, aunque era una más, lo desarmó. Contemplar cómo habían atravesado el costado de su amigo, ya cadáver, era demasiado ensañamiento. En su mente solamente le martilleaba una pregunta sin respuesta: '¡Por qué...! ¡Por qué...!' Los espasmos de su cuerpo ocasionados por el llanto, más o menos contenido, no quedaron inadvertidos para nadie.
      Un par de manos lo cogieron de los hombros. Apenas pudo balbucear: ¡Madre...!, porque María, la Madre de su Maestro y Señor, repuesta de su desvanecimiento, se abrazó a él y los dos llantos se fundieron en uno solo. Nadie decía nada. María Cleofás y María Magdalena estaban anonadadas por el dolor. Oyeron una voz, apenas perceptible, que decía a la Madre: 'Esperad aquí. Voy a pedir permiso a Pilato para llevar a tu Hijo a mi sepulcro. Es un lugar digno, no temas'.
      María se separó un poco de Juan para ver a quien así le hablaba. Ante ella estaba José de Arimatea, uno de los pocos sanedritas que habían defendido la inocencia de su Hijo. Asintió con la cabeza y José partió inmediatamente a cumplir la misión que se había impuesto a sí mismo. 
      Y así, 'llegada la tarde, porque era la Parasceve, es decir, la víspera del sábado, vino José de Arimatea, ilustre consejero del Sanedrín, el cual también esperaba el reino de Dios, y se atrevió a presentarse a Pilato para pedirle el cuerpo de Jesús. 
JOSÉ DE ARIMATEA PIDE A PILATO EL CUERPO DE JESÚS.-JAMES TISSOT.
      Pilato se maravilló de que ya hubiera muerto, y haciendo llamar al centurión, le preguntó si en verdad había muerto ya. Informado del centurión, dio el cadáver a José'. (Mc. 15, 42-45). 
      Aquella  inesperada visita le había hecho pensar de nuevo, muy rápidamente, en su debilidad como gobernante transigiendo a las peticiones de los sacerdotes y de los fariseos. Esto le hizo acceder a la petición recibida como una especia de reparación a su comportamiento con el Nazareno. 
      Tras unas breves palabras de agradecimiento, salió de la estancia dejando un Pilato pensativo, comparando la agresividad y el odio de a quienes le visitaron para pedir la muerte de aquel reo, y este hombre, judío ilustre, con un temple y una serenidad digna de elogio como en pocos habitantes de aquella tierra había visto y que aun siendo miembro del tribunal judío, no le había importado quedar 'impuro' al entrar en las dependencias del gobernador romano, con lo cual demostraba un claro distanciamiento de las actitudes de los sacerdotes.
      José se dirigió inmediatamente a casa de un comerciante que conocía y 'compró una sábana' (Mc. 15, 46). Mandó aviso a Nicodemo para que se dirigiera al Calvario acompañado con alguien de su absoluta confianza para retirar el cuerpo de Jesús de la cruz, y éste no lo pensó dos veces. Pasó a recoger a dos amigos fieles y tomando escaleras y cuanto consideraron conveniente para aquel menester marcharon con premura al lugar de la ejecución de Jesucristo.
NICODEMO
      'Llegó Nicodemo, el mismo que había venido a Él de noche al principio y trajo una mezcla de mirra y áloe, como unas cien libras', (Jn. 19, 39), para que, según la costumbre de los judíos, embalsamar el cuerpo del que ya sabían que era el Mesías. Unos sirvientes de José de Arimatea se dirigieron al sepulcro para quitar la enorme piedra que lo cerraba y limpiarlo. Las instrucciones recibidas eran muy estrictas y el lugar debía estar perfecto.
TRANSFIGURACIÓN DE JESÚS EN EL TABOR.-CARL BLOCH.-REALISMO DANÉS
     El grupo de mujeres y Juan se retiraron para dejar el campo libre a quienes iban a intervenir para bajar de la cruz el cuerpo sin vida de Jesús. Tomaron las escalas y las fueron apoyando sobre el madero. Nicodemo y José iban dirigiendo las operaciones y manipulaciones del resto de las personas mientras Juan se colocaba por delante para ser de los primeros en recibir el cuerpo del Maestro, pero no terminaba de asimilar lo que estaba viviendo. Como un fogonazo vino a su memoria el monte Tabor. Aquella visión real de la gloria de su Maestro no encajaba en su mente con el cuerpo sin vida que iba a recoger en sus brazos en breves instantes. La voz de José de Arimatea coordinando el descendimiento de Jesús de la cruz lo volvió a la tristísima realidad.
PIEDAD.-ESCULTURA EN ALABASTRO.-DAMIÁN FORMENT.-RENACIMIENTO