RSS Feed

El padre de la niña era Jairo.-12-abril-2012

Posted by Caminante y peregrino

ILJA JEFIMOWITSCH REPIN.-REALISMO

Aquí ya entramos a tratar palabras mayores. Y muy serias. Entramos en el tema de una resurrección. A la vista de todos cuantos estaban en esa casa, una adolescente había muerto para desconsuelo de su madre que estaba allí presente, totalmente impotente, mientras el padre marchaba a luchar por la vida de su hija.

Seguimos, pues, metidos en el mismo ambiente y con las mismas personas que en la entrada anterior. Realmente, la acción anterior comienza ahora con Jesús realizando su caminar cotidiano acompañado por sus doce amigos. Y en cuanto la ocasión se presentaba proclamaba la Buena Nueva, realizaba algún milagro cuando se le pedía por la familia del enfermo o por el enfermo mismo, o ambas cosas a la vez.

CARL BLOCH.-REALISMO DANÉS

Y aquel día la ocasión se presentó. Iba buscándolo como un loco, con la angustia de que alguien a quien quería con toda el alma, su hija, se le iba. Y para siempre. No veía nada que no fuera el Maestro al que buscaba. Oyó que estaba junto a mar y allí se dirigió.

Nada importaba que Jairo, padre de la niña enferma, fuera el jefe de la sinagoga. Ahora era un padre angustiado. Roto.

PAOLO VERONESE.-MANIERISMO

Jesús acababa de desembarcar. Una gran muchedumbre le esperaba con ansia para oír su palabra, que tal vez no pudo comenzar. Un hombre con voz apremiante, quebrada por el dolor y la angustia, ‘se echó a sus pies y le suplicaba con insistencia: Mi niña está agonizando; ven a poner las manos sobre ella para que se cure y viva’.(Mc. 5, 21-24 y 35-43).

Los reflejos de Jesús le hicieron captar rápidamente la angustia de ese hombre, la fe en Él y la esperanza en la curación de su hija. No esperó. En el acto se pusieron en camino. Precisamente cuando se dirían a casa de Jairo ocurrió el episodio de la mujer que padecía flujos de sangre desde hacía años. Y también fue curada por su fe, según vimos.

GEORGE PERCY JACOMB-HOOD.-S. XIX - XX

Pero ‘llegaron unos de la casa del jefe de la sinagoga diciendo: Tu hija ha muerto; no sigas molestando al Maestro’. ¿Podemos imaginar cómo quedaría ese padre después de recibir esa noticia? Era el fin de unos sueños. Era el futuro sin alegría. Era un vacío que nada podría llenar ni ¿nadie?

GABRIEL VON MAX.-S. XIX

Nadie, no. ‘Pero Jesús que oyó la noticia, dijo al jefe de la sinagoga: No temas; basta con que tengas fe’. La fe. Siempre la fe por delante y el jefe de la sinagoga la tenía, si no, ¿a qué había ido a buscar a Jesús? Un nuevo rayo de luz lo iluminó. ¿Sería posible lo que le decía? Si su hija no hubiese muerto no habría ido nadie a avisarlo. Y menos, en los términos en los que lo hizo. Pero se aferró a esa esperanza, contra toda esperanza humana, desde la fe que desde el principio tuvo en el Salvador.

MICHEL DUDASH.-S. XX - XXI

Jesús ‘sólo permitió que lo acompañaran Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago’. Podemos imaginar con relativa facilidad el espectáculo que encontraron en aquella casa que la muerte había visitado. Las plañideras cumplían perfectamente su misión, amigos del matrimonio yendo y viniendo con los nervios rotos por el drama de esa familia y demostrando su solidaridad con ellos.

JAMES TISSOT.-S. XIX

‘Llegaron a casa del jefe de la sinagoga y, al ver el alboroto, unos que lloraban y otros que daban grandes alaridos, entró y les dijo: ¿Por qué alborotáis y lloráis? La niña no ha muerto. Está dormida’. Jairo no daba crédito a lo que estaba oyendo. Estaba aturdido por las emociones del día y por lo que estaba presenciando, pero aún no había terminado de ver nada. En realidad, aún no había visto nada. ‘Pero ellos se burlaban de Él’. El pensamiento de ese padre esperanzado chocaba con la actitud realista de los que estaban en su casa. No podía permitir que cerraran su vida a ese canto de esperanza. Iba a llamarles la atención, pero Alguien se le adelantó.

VASILI POLENOV.-S. XIX

‘Entonces Jesús echó fuera a todos, tomó consigo al padre de la niña, a la madre y a los que le acompañaban y entró adonde estaba la niña. La tomó de la mano y le dijo: TALITHA KUM (que significa: Niña, a ti te hablo, levántate). La niña se levantó al instante y echó a andar, pues tenía doce años’. Y yo pregunto. Si hubiésemos estado en el caso de esos padres, ¿cómo hubiésemos reaccionado nosotros? ¿Qué hubiésemos sentido en nuestro interior?

JOHANN FRIEDRICH OVERBECK.-NAZARENO

Sucesos como ese no suelen darse, tal como sucedieron estos hechos. El Evangelio es muy lacónico con la reacción de los padres, pero ahí tenemos un motivo para reflexionar intentando meternos dentro de la piel de ese padre o de esa madre. ‘Ellos se quedaron atónitos’. Ciertamente es brevísimo, pero de lo que estoy seguro y pienso que ustedes también, es que en el interior de su alma hubo un ‘tsunami’ de emociones, de incredulidad,… pero también de una felicidad infinita. ¿Seremos capaces de imaginar la reacción de esos padres, entre el asombro, el agradecimiento,...y un enorme aturdimiento aderezado de enorme felicidad ante el acontecimiento que presenciaban a todas luces por encima de las leyes de la Naturaleza, pero real? ¿Seremos capaces de 'ver' los abrazos con que abrumarían a la niña, tanto la madre (especialmente ella, que tal vez la hubiese visto morir en sus brazos) como el padre?


SIMON DEWEY.-CONTEMPORÁNEO

Sí. La madre abrazaría a la niña. Jairo…¿qué podemos decir? Había ido buscando al Maestro y éste le había respondido ilimitadamente generoso. ¿Cómo podría pagarle esa felicidad? Cuando la niña se levantó, ¿cómo miraría Jesús a esos padres? ¿Seremos capaces de adivinar la sonrisa de Jesús ante la felicidad que ellos irradiaban, así como la mirada de complicidad que dirigía a sus íntimos amigos Pedro, Santiago y Juan? ‘Pero les insistió mucho en que nadie se enterase de aquello, y les dijo que dieran de comer a la niña’. No sabemos si lo hicieron, pero los testigos de la casa, que habían visto muerta a la criatura, es posible que no callaran. Era demasiado fuerte lo que habías presenciado.

GIULIO PROCACCINI.-BARROCO

Podemos imaginar más cosas. Pienso que los autores de los cuadros han hecho un buen trabajo en cuanto al eje central del relato evangélico: la resurrección de la niña. Lo demás no tiene gran valor para los evangelistas Mateo, Marcos y Lucas que son los que hacen ese relato ni tampoco para los pintores, puesto que se centran en el hecho en sí mismo y en los personajes principales, especialmente en la figura del Salvador. Los otros personajes (los apóstoles que acompañaban a Jesús, que en algunos cuadros ni los ponen, e incluso los mismos padres de la niña), figuran siempre en un segundo plano o en la penumbra de los cuadros.

ICONO.-PARROQUIA ORTODOXA DE LOS SANTOS ANDRÉS Y NICOLÁS.-PATRIARCADO DE SERBIA

Lo verdaderamente importante (y lo es) para ellos es el milagro de Jesucristo con el que desean mostrar su condición de Mesías, de Hijo del Hombre, Hijo de Dios en definitiva.