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De Pilatos a Herodes...(I) .- 17-junio-2015

Posted by Caminante y peregrino

JESÚS ORANDO EN LA PRISIÓN.-JAMES TISSOT.-S. XIX - XX
      El silencio se había hecho, por fin, en casa de Caifás. Algunos estaban durmiendo y otros, aunque no dormían, no tenían ganas de hablar. Eran alrededor de las cinco de la madrugada y un suave murmullo se oía en el calabozo donde estaba Jesús. Su oración al Padre continuaba siendo una constante de su comportamiento habitual. Sabía que estaba cumpliendo su voluntad y aquello era su alimento: 'Mi alimento es hacer la voluntad del que me envió y acabar su obra'. (Jn, 4, 34).
      Los príncipes de los sacerdotes y  los escribas habían tomado la determinación de llevárselo al Procurador romano para obtener, por el procedimiento más conveniente, su condena a morir en la cruz y no podían perder mucho tiempo porque el sábado se iba acercando y para entonces todo debía estar concluido. Jesús vio interrumpida su oración de una manera brusca. Un salvaje empujón le hizo dar un traspiés y caer frente a los que le debían atar nuevamente para conducirlo al pretorio, residencia del gobernador romano, y desde donde administraba la justicia.
JESÚS LLEGA ANTE PONCIO PILATO.-JAMES TISSOT.-S. XIX - XX
      Poncio Pilato sabía que se lo iban a llevar porque se lo habían avisado. Estaba preparado pero aún así, quería dilucidar el asunto cuanto antes. Al llegar la comitiva, 'no entraron en el pretorio por no contaminarse y, para poder comer la Pascua'. (Jn. 18, 28). Sentía curiosidad el Procurador por conocer al 'peligroso malhechor' que le llevaban. Cuando lo vio y observó su estado físico  a causa de los malos tratos que le habían dado, sintió una profunda repugnancia por lo que habían hecho sus captores sin conocer la sentencia que esperaban. Pero observando con atención al reo, no pudo evitar un sentimiento de admiración y respeto hacia Él por la dignidad y entereza que dejaba traslucir. No. Una persona así no podía tener la ruindad con que lo estaban presentando. Y fue al grano de inmediato:
ANTE PILATOS.- MIHALY MUNKACSY.-S. XIX
      - ¿Qué acusación traéis contra este hombre?
      - Si no fuera malhechor, no te lo traeríamos -le respondieron.
      - Tomadle vosotros y juzgarle según vuestra ley. -les dijo Pilatos.
    - Es que a nosotros no nos es permitido dar muerte a nadie -dijeron entonces los judíos. (Jn. 18, 29-30).
       Y comenzaron las acusaciones más variopintas: cura en sábado, no quiere pagar los tributos al César, había entrado en Jerusalén montado en un pollino, se había atribuido honores de Rey y decía que era el Mesías prometido,...Alguna de las acusaciones, como la de que curaba enfermos en sábado lo hicieron sonreír y pensar en la estupidez de los acusadores: ¿Consideraban mal que curase a los enfermos? Recordó que eso era propio de Esculapio, dios romano de la medicina y de la curación, pero atribuirse una realeza...eso de ser Rey ya daba la impresión que iba contra el Emperador. Pero debía estar seguro de lo que hacía, porque no se fiaba lo más mínimo de los sacerdotes y los escribas, así que...
ANTE PONCIO PILATO.-JAMES SEWARD.-S. XX
      'Entró de nuevo en el pretorio  y llamando a Jesús le dijo:
        - ¿Eres tú el Rey de los judíos?
      - ¿Dices eso por tu cuenta o te lo han dicho otros de mí? -respondió Jesús.
      Pilatos contestó: -¿Soy yo judío por ventura? Tu nación y los pontífices te han entregado a mí, ¿qué has hecho?
      - Mi reino no es de este mundo; si de este mundo fuera mi reino, mis ministros habrían luchado para que no fuese entregado a los judíos; pero mi reino no es de aquí. -respondió Jesús. 
¿Y QUÉ ES LA VERDAD? .- WILLIAM HOLE.- S. XIX - XX
        - ¿Luego tú eres Rey? -le dijo entonces Pilatos-
      - Tú dices que soy Rey -respondió Jesús- Yo para eso he venido al mundo, para dar testimonio de la verdad. Todo el que es de la verdad oye mi voz.
      - ¿Y qué es la verdad? -respondió Pilatos.
      El gobernador romano se había despojado de un temor que tenía: el de que se atribuía ser Rey. Pero al decir que su reino no era de este mundo ya no entraba en conflicto con el Emperador romano, por lo que esa acusación no servía para nada en absoluto.
      'Y dicho esto, nuevamente salió a los judíos y les dijo:
      - Yo no hallo en éste ningún delito'. Jn. 18, 33-38).
¡SUBLEVA AL PUEBLO...!
      Esta decisión sacó de sus casillas a todos sus acusadores que volvieron a la carga acusando a Jesús con nuevas falacias a las que el Procurador no hacía el menor caso. Pero...lo último que oyó no cayó en saco roto:
      -¡Subleva al pueblo enseñando por toda la Judea, desde Galilea hasta aquí! 
      Oyendo esto Pilatos, preguntó si aquel hombre era galileo, y enterado de que era de la jurisdicción de Herodes, lo envió a éste, que estaba también en Jerusalén por aquellos días'. (Lc. 23, 5-7). De esta manera se quitaba el problema de encima, se lo daba a otro y, además, se congratulaba con el tetrarca de Galilea. Mandó llamar a un mensajero para que se dirigiera a casa de Herodes y advertirle que le enviaba a Jesús de Nazaret, a quien hacía tiempo que deseaba conocer.  

      
      Cuando Jesús  salió de casa de Caifás en dirección al pretorio, tras la tumultuosa comitiva iba otra mucho menor, compuesta por unas pocas mujeres y un hombre. Por la dirección que tomaron dedujeron el lugar donde se dirigían. Y no se equivocaron. La silueta de la Torre Antonia, la fortaleza de los romanos, surgió ante sus ojos. Lo ven claro. Buscan la complicidad de Roma y eso solamente puede ser para que lo maten, ya que ellos, aunque sean máximas autoridades religiosas, no tienen autoridad alguna para matar a nadie.

      Y Jesús tiene que morir. Y de la forma más ignominiosa: la cruz. Es la venganza de los escribas y fariseos , a quienes llamó 'raza de víboras y sepulcros blanqueados' (Mt. 23, 13-33), en la recriminación más fuerte que les hizo. Ahora era el momento de ellos. Y de las tinieblas.

      María se deshacía de dolor al oír las ofensas e insultos que dirigían a su Hijo. Juan le apretaba el brazo en un gesto de cariño filial y las mujeres, conscientes de su impotencia, la abrazaban entremezclando sus lágrimas con las de la Madre. Cuando llegaron se colocaron en una esquina de la plaza esperando ver a Jesús. No pudieron. Al cabo de una rato oyeron los cascos de un caballo galopando hacia el palacio de Herodes.