RSS Feed

Como una continuidad.-26-ABRIL-2017.-

Posted by Caminante y peregrino

      Cuando en mayo de 2010 comencé este blog en el curso que hice en la Universidad de Alicante, no podía imaginar que iba a durar tanto tiempo, pero lo que empezó como unos simples ejercicios de clase fue tomando cuerpo y me planteé la aventura de dar a conocer la historia de Jesucristo desde el prisma del Arte.
      Era un reto y había materia para mucho tiempo. Encomendándome a Dios y a la Virgen nuestra Madre, esto fue tomando forma poco a poco y la dedicación, el esfuerzo, la investigación y la búsqueda de material así como el trabajo hecho ha culminado con Pentecostés y el nacimiento de una joven Iglesia a fuerza del Espíritu Santo, según había prometido su Fundador.

      Y ahora, finalizada la actuación de Jesucristo en este mundo, resucitado y glorioso, cumplida la Misión encomendada por el Padre, ¿qué va a pasar con este blog? 
      Esta especie de biografía de Jesús de Nazaret está finalizada, pero dando vueltas a sus páginas me he dado cuenta que ese segundo protagonista del blog, el Arte, ha quedado ligeramente disminuido, según el planteamiento inicial de los comienzos. Me explico.
     Es cierto que en cada uno de los temas tratados, independientemente del espacio que hayan ocupado, ha sido ilustrado con cuadros o esculturas básicamente que han tenido relación con el tema expuesto en cada momento.
    Ahora bien. En algunos casos han existido una cantidad enorme de autores que han tratado el tema en cuestión, lo que ha hecho imposible poner todos los cuadros o esculturas (algunos realmente magníficos) que tenía dispuestos. 
      Tuve que optar por archivarlos todos, tanto los publicados como los que no pude poner.
      Desde el nacimiento de la Virgen María (fue el primer tema que publiqué), puse varios cuadros sobre cada tema. Por ejemplo, en el de la Anunciación del Ángel a María fueron 44 imágenes entre pinturas y esculturas de varios estilos artísticos.
      En cambio, en el sueño de José, cuando el Ángel le revela que realmente el Hijo que su esposa María lleva en su seno es por obra del Espíritu Santo, solamente publiqué tres cuadros porque no disponía de más en mi archivo en ese momento. Se han dado muchos casos así, pero realmente existen muchos casos como estos en todos los temas. Hay cuadros, esculturas y autores que vale la pena darlos a conocer. El Arte y los protagonistas de los cuadros y esculturas lo merecen, ¿no creen?


      Pienso, no sé si correctamente o no, que la nueva línea de actuación del blog podría ser ésta y si el tema se agotase, Dios dirá lo que se puede hacer.
      Para empezar, he querido centrarme en nuestra Madre la Virgen Santa María, por ser la Madre de Dios y la nuestra. Y ya que con Ella comencé este blog que sea Ella también la que comience esta nueva etapa. 

      Dentro de estos parámetros me faltaba el tema y buceando por internet encontré uno precioso: el AKÁTHISTOS, un gran himno de acción de gracias de la liturgia oriental griega, con una antigüedad de 1.500 años, que trata sobre el misterio de su Maternidad Divina. Lo cantan y escuchan de pie, igual que cuando se da lectura al Evangelio de la Misa, en señal de una reverencia especial hacia nuestra Madre.

      Esto me ha llevado a buscar y encontrar varios iconos sobre la Virgen con su Hijo en brazos o en el pecho, algunos de los cuales ilustran esta entrada monográfica.
      Los dejo ahora con algunos iconos más sobre el tema elegido.  


Era una fiesta arraigada...(y II).- 16-marzo-2017

Posted by Caminante y peregrino

      No podían permanecer allí. Se sentían impulsados hacia el exterior, hablar con todos y comunicarles lo que habían vivido hacía apenas unos instantes. Así lo hicieron y en cuanto se vieron entre las gentes comenzaron a dirigirse a ellos y a contarles sus vivencias, porque 'todos quedaron llenos del Espíritu Santo y comenzaron a hablar en lenguas extrañas, según el Espíritu Santo los movía a expresarse'. (Hch. 2, 4).

      'Se hallaban entonces en Jerusalén judíos piadosos venidos de todas las naciones de la tierra. Al oír el ruido acudieron en masa y quedaron estupefactos, porque cada uno los oía hablar en su propia lengua. Todos, atónitos y admirados, decían: -¿No son galileos los que hablan? Entonces, ¿cómo es que cada uno de nosotros los oímos hablar en nuestra lengua materna? (Hch. 2, 5-8). Era un fenómeno al que nadie  estaba acostumbrado y la perplejidad del auditorio aumentaba por momentos, porque no podían asimilar que partos, medos, elamitas, egipcios, árabes o romanos los oyesen hablar cada uno en su propia lengua con un tema común: las grandezas de Dios.
      Algunos israelitas que contemplaban estos hechos se sentían aturdidos. No podían entender aquel fenómeno inaudito al que apenas daban credibilidad aun siendo testigos presenciales. No les cabía duda que Yavéh era el autor de semejantes maravillas, pero les costaba admitirlo. Entre ellos había un grupo de cuatro israelitas que comentaba fervorosamente aquellos hechos: 'Jamás se me hubiera ocurrido pensar que Dios se nos manifestase de esta manera. Porque tengo la seguridad de que todo esto es obra suya', comentó el llamado Meser.
     
      Eleazar no cesaba de mirar los nutridos grupos de israelitas bienintencionados comentando este suceso, cada vez más convencidos de que aquello era una señal de Yavéh. '¿Recordáis? -dijo. Y continuó con los ojos levemente cerrados: 'Os rociaré con agua pura y os purificaré de todas vuestras impurezas e idolatrías. Os daré un corazón nuevo y os infundiré un espíritu nuevo; os arrancaré el corazón de piedra y os daré un corazón de carne. Infundiré un espíritu en vosotros y haré que viváis según mis mandamientos, observando y guardando mis Leyes. (Ez. 36, 25-27). Sí. ¡Claro que sí! Los otros tres amigos asintieron con la cabeza.

      A Yarin le vino a la cabeza el profeta Isaías y completó la cita de su amigo Eleazar con la voz entrecortada por la emoción: 'Yo derramaré agua sobre el sediento, arroyos en la tierra ardiente; derramaré mi espíritu sobre tu estirpe, mi bendición sobre tu descendencia, y crecerán como hierba junto al agua'. (Is. 44, 3). Quedó en silencio. Sus amigos también, pero en su interior muchas emociones corrían por sus pensamientos y por sus recuerdos vividos hacía muy poco tiempo en el Calvario mientras contemplaban el sufrimiento del Siervo de Yavéh.
      Juntos marcharon a mezclarse con los que habían acudido  al lugar para averiguar el fortísimo trueno que habían oído a qué se debía y oyeron las opiniones más peregrinas. Mientras unos 'estaban estupefactos y perplejos diciendo: ¿Qué significa todo esto?', porque no lo consideraban natural y tenían claro que era algo totalmente fuera de lo habitual, 'otros, por el contrario, se burlaban y decían: -Están  borrachos'. (Hch. 2, 12-13).

      '¡Atención, amigos.! Mirad...' Quien así hablaba era Meser, que llamó la atención de sus amigos señalando el lugar hacia donde se encontraban los apóstoles. Vieron que reclamaban silencio y cuando empezó a producirse, 'Pedro, en pie con los once, levantó la voz y declaró solemnemente: -Judíos y habitantes todos de Jerusalén, fijaos bien en lo que pasa y prestad atención a mis palabras. Estos no están borrachos como pensáis, pues son las nueve de la mañana. Lo que ocurre es que se ha cumplido lo dicho por el profeta Joel:
      En los últimos días, dice Dios, derramaré mi espíritu sobre todo hombre, y profetizarán vuestros hijos y vuestras hijas, vuestros jóvenes tendrán visiones y vuestros ancianos sueños sobre mis siervos y mis siervas derramaré mi espíritu en aquellos días y profetizarán'. (Hch. 2, 14-18).
      El silencio era absoluto. Según iba hablando Pedro, hasta los más incrédulos habían enmudecido y la totalidad del auditorio estaba pendiente de cuanto un desconocido Pedro se dirigía a ellos explicándoles lo que estaba sucediendo apoyándose en las Escrituras como si fuese un Maestro de la Ley. Tras una breve pausa y cambiando la forma de dirigir el mensaje a esa porción  del pueblo allí congregada, se dirigió nuevamente a ellos:

      'Israelitas, escuchad. Jesús de Nazaret fue el hombre que Dios acreditó ante vosotros con los milagros, prodigios y señales que realizó por medios de Él entre vosotros, como bien sabéis. Dios lo entregó conforme al plan que tenía previsto y determinado, pero vosotros, valiéndoos de los impíos, lo crucificasteis y lo matasteis. Dios, sin embargo, lo resucitó rompiendo las ataduras de la muerte, pues era imposible que ésta lo retuviera en su poder'. (Hch. 2, 22-23).
      El número se había incrementado algo  y según iban captando el sentido del mensaje de Pedro, no les importaba quedarse para terminar de oír cuanto decía, pues adivinaban que todavía no había finalizado de transmitir su mensaje. Y así fue, pero lo que dijo a continuación les hizo sentirse  aludidos y reconocer en algunos de ellos , su culpabilidad: 
      'Así pues, que todos los israelitas tengan la certeza de que Dios ha constituido Señor y Mesías a este Jesús a quien vosotros crucificasteis'.
      'Estas palabras les llegaron hasta el fondo del corazón, así que preguntaron a Pedro y a los demás apóstoles: .-¿Qué tenemos que hacer, hermanos?' 
PEDRO BAUTIZA A LOS CONVERSOS.-MASACCIO.-RENACIMIENTO
Era el momento clave. En su interior todos se sentían culpables de aquella crucifixión que los fariseos y sacerdotes habían deseado inicuamente. Estaban viendo meridianamente claro que habían sido manipulados y a algunos de los presentes les martilleaban en el cerebro sus gritos pidiendo la crucifixión del Justo. Y aquello era como una enorme y pesada losa sobre sus conciencias.
      Inmediatamente de oír la pregunta que les dirigían, 'Pedro les respondió: -Arrepentíos y bautizaos cada uno de vosotros en nombre de Jesucristo, para que queden perdonados vuestros pecados. Entonces recibiréis el don del Espíritu Santo. Pues la promesa es para vosotros, para vuestros hijos  e incluso para todos los de lejos a quienes llame el Señor  nuestro Dios. 
      Y con otras muchas palabras los animaba y los exhortaba, diciendo: Poneos a salvo de esta generación perversa. Los que acogieron su palabra se bautizaron y se les agregaron aquel día unas tres mil personas'.(Hch.2, 36-41).

     La Iglesia fundada por Jesucristo y sellada con su Pasión, Muerte y Resurrección, comenzaba a caminar. Era el amanecer de una nueva aurora que solamente finalizaría con la Parusía o Segunda Venida gloriosa del Salvador.
EL TRIUNFO DEL CRISTIANISMO SOBRE EL PAGANISMO.-GUSTAVO DORÉ.-REALISMO
      Hoy, en el siglo XXI, continuamos con la esperanza puesta en nuestro Salvador y Señor, esperando esta Segunda Venida.
Laudetur Iesus Christus. 
Alabado sea Jesucristo.    

Era una fiesta arraigada... (I) .- 24-febrero-2017

Posted by Caminante y peregrino

      Hacía muy poco tiempo, apenas cincuenta días antes, el pueblo hebreo había celebrado aquella fiesta tan arraigada, tanto por su nacionalismo como en el interior de las propias personas, porque suponía la conmemoración de aquel hecho histórico que, del brazo poderoso de Yavéh, los había transformado de un pueblo esclavo y vilipendiado en una nación libre, provista de unas Leyes, que daba culto al único Dios verdadero que los había elegido para ser su pueblo.
      En su memoria conservaban la tradición recordando la salida de Egipto, la persecución posterior por el ejército del Faraón y el paso por el mar Rojo. Todo era recordado con cariño y entusiasmo año tras año. Era la Pascua. El Pésaj.
      'Tres veces al año celebrarás fiestas en mi honor',(Éx. 23, 14). Era el mandato que Dios les había dado y los hebreos lo cumplían puntualmente, pues lo tenían todo reglamentado por el mismo Yavéh: 'Contaréis cincuenta días hasta el día siguiente al séptimo sábado, y entonces ofreceréis al Señor una ofrenda de granos nuevos'. (Lv. 23, 16). Esta fiesta comenzó a llamarse en sus principios 'la fiesta de las siete semanas' (shabuot) y tenía un sentido eminentemente agrícola, pues era la celebración de la acción de gracias por la recolección de las cosechas: 'Observarás también la fiesta de la siega, de las primicias de todo lo que hayas sembrado del campo. Y la fiesta de la recolección, al terminar el año, cuando recojas de los campos el producto de tu trabajo'. (Éx. 23, 16). 
      Con el tiempo, el sentido primigenio de esta festividad se convertiría en la conmemoración de la Alianza entre Dios y el pueblo judío representado por Moisés, en el monte Sinaí, cuando Yavéh le entregó las Tablas de la Ley para el pueblo israelita. Más adelante la festividad recibió el nombre de Pentecostés por los cincuenta días que transcurren desde la Pascua hasta la celebración de esta otra festividad.
      Durante los días que duraba la celebración de Pentecostés, eran muchos los judíos, incluso de la diáspora, que iban a Jerusalén, si bien también se dirigían allí de otras razas y naciones por negocios u otros motivos.
      En este ambiente festivo iba transcurriendo la convivencia de los Apóstoles y los discípulos de Jesús. Iban y venían por todo Jerusalén procurando no hacerse ver ni notar por los fariseos doctores de la Ley o sacerdotes del Templo. Todavía conservaban algo del miedo  que habían tenido cuando vieron el sufrimiento de Jesús en su Pasión y Muerte.
      No obstante, cuando alguien se les acercaba para preguntarles algo sobre su Maestro, le contestaban con prudencia y cuando llegaban a la conclusión  de que sus intenciones eran sinceras y cabales les añadían más detalles. Incluso a algunos de ellos se los llevaban donde habitualmente se reunían y hacían oración con todos. 
      Los que no vivían en Jerusalén pero aún permanecían allí desde la Resurrección, aunque tenían deseos de regresar a sus casas no querían hacerlo porque todos ellos tenían presentes las palabras de Jesús momentos antes de ascender al cielo: 'No salgáis de Jerusalén; aguardad más bien la promesa que os hice de parte del Padre; porque Juan os bautizó con agua, pero vosotros seréis bautizados con Espíritu Santo dentro de pocos días'. (Hch. 1, 4-5).

      Nadie sabía el significado que encerraban aquellas palabras, pero a nadie se le ocurría preguntar nada a nadie. Sin embargo, aunque todos se sabían conocedores del tema a un mismo nivel, no se podía evitar que mirasen a Pedro esperando que les transmitiese alguna novedad, quizá recibida de lo alto.
      Pero no. Aunque Pedro era consciente de esas miradas de sus compañeros, nada podía decirles porque nada sabía, pero como en ese momento eran bastante numerosos, se atrevió a decirles algo para ayudarles en lo que pudiera en la espera en la que todos estaban inmersos: 'Hermanos y amigos, sé que todos recordáis el mensaje que nuestro Maestro y Amigo nos transmitió y estáis expectantes en su cumplimiento. Os aseguro que personalmente me encuentro igual que vosotros, pero sí deseo deciros dos cosas: La primera es que os fijéis en la actitud de María, la Madre del Señor. Sabe lo mismo que nosotros. Espera lo mismo que nosotros. Ama más que nosotros. Y su paciencia y confianza es muy superior a la nuestra. Nosotros hemos convivido tres años con el Maestro. Ella ha convivido treinta y tres años con Él. Jamás ha pedido nada y sin embargo lo ha dado todo. Hemos de aprender de ella, de su paciencia y de su esperanza.

      María notó que los ojos de todos se posaron en ella pero no dijo nada, lo cual no era nada extraño, pues toda su vida había mostrado una prudencia enorme y exquisita que se traducía en su silencio. Cerró sus ojos, inclinó suavemente su cabeza sobre el pecho y continuó escuchando a Pedro.
      'La segunda cosa que os quería decir -continuó Pedro- es que repaséis en vuestra memoria si ha habido algo que Jesús haya dicho y no haya cumplido. Nada encontraréis porque siempre ha cumplido cuanto ha dicho y ésto de ahora no va a ser ninguna excepción. Estad, pues, tranquilos. Cuando lo considere oportuno hará lo que crea conveniente  y sabremos en el acto que es lo que prometió. Ahora os sugiero una cosa que me parece la más adecuada en estos momentos: vamos a orar juntos aquí y ahora. Pongámonos como estábamos en el cenáculo celebrando la última Pascua con Él, antes de ir a Getsemaní y abrámosle, una vez más, nuestro corazón'.
      Pedro calló y todos sin excepción inclinando la cabeza centraron sus pensamientos en Aquel que había marcado sus vidas y de una u otra forma a Él dirigieron sus corazones, sus propósitos, su disponibilidad,... Nada se oía pero todos comenzaron a sentir un suave calor, absolutamente desconocido, que les envolvía y se sentían como poseídos por Él. 'De repente vino del cielo un ruido, semejante a un viento impetuoso, y llenó la casa donde se encontraban. Entonces aparecieron lenguas como de fuego, que se repartían y se posaban sobre cada uno de ellos'. (Hch. 2, 2-3).
PENTECOSTÉS .-JEAN RESTOUT.-NEOCLASICISMO
      Abriendo los ojos veían a sus amigos y compañeros igual que antes, pero sintiéndose diferentes. Eran hombres y mujeres nuevos. Estaban comprendiendo que la promesa de Jesús se estaba cumpliendo en ese preciso instante. Notaban el calor y la presencia del Espíritu Divino en cada uno de ellos. Sentían la realidad del significado de las palabras que les dirigió comunicándoles que 'serían bautizados con Espíritu Santo'. Comprendían que todos eran ya una Comunidad. Era el nacimiento de la Iglesia que Jesús comenzaba a edificar sobre la Roca de Pedro, según las palabras que antaño le había dirigido: 'Tú eres Pedro y sobre esta roca edificaré mi Iglesia y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella'. (Mt. 16, 18).

Matías.-28-enero-2017

Posted by Caminante y peregrino

SAN MATÍAS.-Abadía de San Matías en Trier
      Las palabras de Pedro fueron acogidas en medio de un gran y respetuoso silencio. Muchos de los presentes movieron en silencio la cabeza haciendo un gesto afirmativo. La idea era buena. Incluso correcta. Y todos comenzaron a pensar en quien o quienes podrían reunir las condiciones indicadas por Pedro para ocupar el sitio que Judas Iscariote había dejado vacante. Algunos se juntaban en corrillos para hablar del tema y analizar conjuntamente las cualidades de los que estaban allí presentes y que llevara una vida en concordancia con las enseñanzas del Maestro y hacer la propuesta oportuna si llegaba el caso.
     
'Presentaron a dos: a José,apellidado Barsabás, por sobrenombre Justo, y a Matías'. (Hch. 1, 23). No se presentaba fácil la elección, pues cualquiera de ellos reunía las condiciones necesarias de manera sobresaliente y llevaban una vida absolutamente ejemplar. ¿Qué procedimiento seguirían para elegir a uno de ellos? Los Once hablaron entre ellos y tras haber expuesto su opinión, Pedro volvió a dirigirse a todos:                                                   ELECCIÓN DE MATÍAS                           'Amigos -les dijo- ciertamente que cualquiera de ellos es merecedor de ocupar un puesto entre nosotros, pero solamente puede ser uno. Hemos pensado que como el Maestro nos fue eligiendo a nosotros uno por uno para acompañarlo a todas partes y compartió sus enseñanzas y confidencias con nosotros, debemos dirigirnos a Él todos para que nos ilumine y nos marque de la manera que considere oportuna a quién desea tener en el puesto número doce. Y puesto que Él nos dijo que estaría siempre con nosotros vamos a orar todos para que nos ilumine y hagamos la elección según su preferencia'.
     
'Y oraron así: "Tú, Señor, que conoces lo corazones de todos, señala a cuál de estos dos has elegido para ocupar, en este ministerio apostólico, el puesto del que se apartó Judas para irse al lugar que le correspondía". Echaron suertes y le tocó a Matías; y quedó asociado al grupo de los once apóstoles'. (Hch. 1, 24-26).                                                    San Matias.-ICONO S. XIV                          Matías fue recibido por cada uno de los apóstoles con un efusivo abrazo de bienvenida así como por todos los asistentes, pero Matías, aunque orgulloso de pertenecer al grupo de los que habían vivido con el Maestro, se sentía agobiado por la responsabilidad. Tenía auténtica ilusión de dar a conocer las enseñanzas de Jesús, pero estaba preocupado por la alta responsabilidad adquirida. 'Jesús, ayúdame'. Esta brevísima oración al Mesías de Israel tuvo una inmediata respuesta, ya que por su mente pasó una frase que se la había oído en un momento concreto: 'Venid a mí los que estáis cansados y agobiados y yo os aliviaré. Cargad con mi yugo y aprended de mí, que soy sencillo y humilde de corazón, y hallaréis descanso para vuestras vidas. Porque mi yugo es suave y mi carga ligera'. (Mt. 11, 28-30).
      Un gran paz invadió su alma. Se sentía libre y capaz para vivir la bendita y maravillosa aventura de proclamar la vida, las enseñanzas y  las palabras del Maestro de todos ellos y que a él le habían hecho dar un vuelco en su existencia. Sí. Ante él se abría un panorama de mucho trabajo que requería una total dedicación. Procuraría no defraudar a nadie, pero especialmente a su Maestro y Señor.
SAN MATÍAS

¿Todo acabó? (y II) NO.Solamente continuó... 06-enero-2017

Posted by Caminante y peregrino

ASCENSIÓN DE CRISTO.-ANDREA DA FIRENZE.-GÓTICO
      El asombro no los abandonaba en ningún instante. Primero vieron al Maestro alejarse de ellos mientras iba ascendiendo a la Casa del Padre. No podían apartar sus ojos de aquel infinito espacio por el que había desaparecido Jesús, pero en estos críticos momentos estaban sintiendo una paz tan grande que solamente su silencio se transformaba en una oración universal. ¿Habría terminado ya lo que habían vivido durante unos tres años o había sido un hermoso sueño que había llegado a su fin? Pero no. Todos tenían presentes las peticiones y enseñanzas del Mesías que había confiado en ellos para completar su labor.
      Además, después de la aparición de aquellos mensajeros que los devolvieron a la realidad, continuaban viéndose envueltos en esa cadena de acontecimientos que jamás olvidarían. Todos se sentían marcados por aquellas vivencias  que luego contribuirían a lanzarlos con más fuerza a la misión  que habían recibido.
     
      Cada uno fue reviviendo en su interior recuerdos, que aunque eran breves, tenían el calor y la fuerza de hacer sentir presente en su interior al ahora Ausente. María recordaba sonriendo en su corazón, el momento, lejano ya, que el Ángel le anunció que iba a ser la Madre del Salvador y la inestimable ayuda de su esposo José, aquellos difíciles años. Las dudas que tuvo y la magnífica reacción de la que hizo gala con Dios y con su esposa.
      Magdalena estuvo rememorando dos instantes de su vida que si bien fueron breves, la marcaron intensamente: el primero en la tumba de Jesús cuando, resucitado ya, vio los ángeles custodiándola. El segundo, más fuerte y emotivo, fue también en la tumba cuando oyó su nombre pronunciado por la voz inconfundible del Salvador, para que lo contemplase ya resucitado y marcharse para anunciar a los demás la Resurrección del Maestro.
      Pedro recordaba ¡cómo no!, las negaciones, pero tenía muchísima más fuerza el instante que por tres veces también reafirmó su amor por Jesús y recibió el encargo de apacentar el rebaño de Cristo.
      Tomás...rememoraba su incredulidad y los detalles que tuvo con él su Maestro haciéndole ver la importancia que tiene creer, aunque no se vea o presencie lo creído.
     
        Juan se sentía con la fuerza suficiente recibida de su Amigo para realizar el encargo recibido desde la cruz de cuidar de su Madre...sin descuidar su tarea apostólica.
      Ninguno de ellos se libró del momento concreto y decisivo que le impulsó a seguir la llamada del que ahora ya tenían la certeza absoluta que era el Mesías que el pueblo de Israel había esperado durante tantos siglos.
      Poco a poco fueron volviendo a la realidad, que a partir de este preciso instante no iba a permitirles espacio alguno para la tranquilidad, porque el tiempo les apremiaba, y los deseos del Maestro  no admitían demora alguna.
      'Entonces se volvieron a Jerusalén desde el monte llamado de los Olivos, que dista poco de Jerusalén, el espacio de un camino sabático.'  Todos se sentían felices y en el trayecto iban haciendo comentarios de la manera de llevar a cabo su misión. 'Cuando llegaron, subieron al piso superior donde se alojaban; eran Pedro y Juan, Santiago y Andrés, Felipe y Tomás, Bartolomé y Mateo, Santiago el hijo de Alfeo, Simón el Zelota y Judas el hijo de Santiago. Todos perseveraban unánimes en la oración con algunas mujeres, con María la Madre de Jesús y con los hermanos de éste'. (Hch. 1, 12-14).

      El grupo de los Apóstoles siempre se había sentido unido porque al estar con Jesús yendo a todas partes con Él, siendo testigos de su predicación y de todos sus milagros, había ido creando en ellos un espíritu de unidad, un sentido de amistad y de familiaridad que difícilmente se podría encontrar en otras personas. Diariamente acudían otros hermanos y amigos, seguidores todos de Jesús, para compartir con los Apóstoles la oración personal y comunitaria. Formaban un solo bloque y nadie se sentía solo o aislado, porque en el fondo todos ellos sentían la presencia de Jesús resucitado entre ellos. 
       'Uno de aquellos días Pedro se puso en pie en medio de los hermanos -el número de los reunidos era de unos ciento veinte- y les dijo: -Hermanos, era preciso que se cumpliera la Escritura en la que el Espíritu Santo, por boca de David, había hablado ya acerca de Judas, el que fue guía de los que prendieron a Jesús. Porque él era uno de los nuestros, y obtuvo un puesto en este ministerio. Este, pues, compró un campo con el precio de su iniquidad, y cayendo de cabeza, se reventó por medio y se derramaron todas sus entrañas. Y esto fue conocido por todos los habitantes de Jerusalén de forma que el campo se llamó en su lengua Haqueldamá, es decir, 'Campo de Sangre'.

      Pues en el Libro de los Salmos está escrito: 'Quede su majada desierta, y no haya quien habite en ella'. Y también: 'Que otro reciba su cargo'. Conviene pues, que de entre los hombres que anduvieron con nosotros todo el tiempo que el Señor Jesús convivió con nosotros, a partir del bautismo de Juan hasta el día en que nos fue llevado, uno de ellos sea constituido testigo con nosotros de su resurrección'.
      La Iglesia comenzaba a funcionar y Pedro era consciente de su papel y de la tarea que le correspondía como el 'primus inter pares' ('el primero entre los iguales'). Él era la roca sobre la que Jesucristo había fundado la Iglesia. Si su Maestro había elegido a doce, aunque Él no estuviese ahora, debían seguir siendo doce.
      Sí. Nada había acabado. Iba a continuar igual que antes, solamente que ahora sería de manera diferente.
SAN PEDRO APÓSTOL 2.-ARNOLFO DI CAMBIO.-GÓTICO

Navidad 2016

Posted by Caminante y peregrino

      Dijo Isaías: -Oíd, pues, casa de David: ¿Os parece poco cansar a los hombres, que cansáis también a mi Dios?
      Pues bien, el Señor mismo va a daros una señal: He aquí que una doncella está encinta y va a dar a luz un hijo, y le pondrá por nombre Emmanuel. (Is.7,13-14).

ADORACIÓN DE LOS PASTORES.-ICONO

      El nacimiento de Jesucristo fue así: María, su madre, estaba desposada con José, y antes de que vivieran juntos, se encontró encinta por virtud del Espíritu Santo.
      José, su marido, que era un hombre justo y no quería denunciarla, decidió dejarla en secreto.
      Estaba pensando en esto, cuando un ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: "José, hijo de David, no tengas ningún reparo en recibir en tu casa a María, tu mujer, pues el hijo que ha concebido viene del Espíritu Santo.
      Dará a luz un hijo y le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados".
      Todo esto sucedió para que se cumpliese lo que el Señor había dicho por boca del profeta: "La Virgen concebirá y dará a luz un hijo y le pondrán por nombre Emmanuel, que significa "Dios con nosotros".
      Cuando José despertó del sueño, hizo lo que le había mandado el Ángel del Señor y recibió en su casa a su mujer'. (Mt.1, 18-24).
    Les deseamos mucha felicidad con motivo de la conmemoración, un año más, del Nacimiento del Niño Dios, a la vez que también les deseamos todo género de venturas y felicidad para el próximo año 2017.
      Que Dios y su Santísima Madre nos bendigan a todos.

¿Todo acabó? (I).- 06- diciembre-2016

Posted by Caminante y peregrino

      Parecía que ya había terminado todo lo que podríamos decir que había sido desagradable. Incluso malo. El Maestro había resucitado y se había mostrado a sus amigos y apóstoles: 'Después de su pasión, Jesús se les presentó con muchas y evidentes pruebas de que estaba vivo, apareciéndoseles durante cuarenta días y hablándoles del Reino de Dios'. (Hch. 1, 3). Y no fue solamente a ellos, porque 'después se apareció a más de quinientos hermanos a la vez, de los cuales todavía la mayor parte viven y otros murieron'. (I Cor.15, 6).
      Había algunos discípulos y seguidores que también lo habían visto según contaban llenos de entusiasmo. Pero...los hechos que posteriormente se fueron desarrollando les demostrarían que la triste realidad no iba a ser esa.
      Los Apóstoles y los seguidores de Jesús habían retomado el hábito de juntarse con asiduidad con el fin de comentar cuanto Jesús les había dicho en las diferentes ocasiones que se les había aparecido. Poco a poco iban asimilando estas enseñanzas en sus corazones para luego ir enseñándoselas a los nuevos creyentes que día a día iban considerablemente en aumento, si bien entre ellos también iban surgiendo algunas dudas sobre alguna de las enseñanzas del Maestro, ya que, aparentemente, chocaban con la Ley de Moisés y que su tosca formación todavía no terminaba de asimilar, ya que aún seguían anclados en su mente materialista.

      En cierta ocasión, 'se apareció a los once cuando estaban a la mesa y les echó en cara su incredulidad y su terquedad por no haber creído a quienes lo habían visto resucitado'. Los había cogido en plena discusión y se miraron unos a otros mientras alguno bajaba su mirada al suelo como avergonzado de su actitud, pero nadie osó preguntar nada a Jesús. Le oyeron cuanto les dijo para aclarar sus dudas y a continuación 'les dijo: -Id por todo el mundo a proclamar la buena noticia a toda criatura. El que crea y se bautice, se salvará, pero el que no crea, se condenará. A los que crean les acompañarán estas señales: expulsarán demonios en mi nombre, hablarán en lenguas nuevas, agarrarán serpientes en sus manos y, aunque beban veneno, no les hará daño; impondrán las manos a los enfermos y éstos se curarán'. (Mc. 16, 15-18).
ANUNCIAD EL EVANGELIO A TODO EL MUNDO.-Harold Copping
      Ahora comprendían cuanto les explicaba con meridiana claridad. Se sentían auténticos protagonistas de los deseos de su Amigo y Señor, que continuaba dando lo que eran sus últimas instrucciones  para el cumplimiento de la misión que les iba a convertir en los continuadores de la misión de su Maestro, el cual prosiguió con estas palabras: '-Dios me ha dado autoridad plena sobre cielo y tierra. Poneos, pues, en camino, haced discípulos a todos los pueblos y bautizadlos para consagrarlos al Padre, al hijo y al Espíritu Santo, enseñándoles a poner por obra todo lo que os he mandado. Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días hasta la consumación del mundo'. (Mt.28, 18-20).
SAN JUAN BAUTISTA BAUTIZA EN EL JORDÁN.-NICOLÁS POUSSIN.-CLASICISMO
      No hubo nadie que no se diera cuenta que aquellas palabras tenían un auténtico aire de despedida, pero no podían imaginarse una existencia sin su Maestro después de tres años de extraordinaria convivencia diaria con Él y habiendo vivido juntos tantas cosas. Nadie osaba romper aquel silencio. Por una parte se sentían felices y dichosos de haber vuelto a compartir unos escasos días con quien sabían que era su Amigo , pero también sabían ahora que era el mismo Dios de Israel. El temor a quedarse huérfanos de su presencia diaria les hacía estar inquietos.
      En otro momento de los que todavía compartían con Jesús, aunque sabían que ya les quedaba poco de gozar de su presencia, 'les ordenó: -No salgáis de Jerusalén; aguardad más bien la promesa que os hice de parte del Padre; porque Juan bautizó con agua, pero vosotros seréis bautizados con Espíritu Santo dentro de pocos días'. (Hch.1, 4-5).

      Al oír esas palabras, 'los que lo acompañaban le preguntaron: -Señor, ¿vas a restaurar ahora el reino de Israel? Él les dijo: -No os toca a vosotros conocer los tiempos o mementos que el Padre ha fijado con su poder.Vosotros recibiréis la fuerza del Espíritu Santo, que vendrá sobre vosotros, y seréis mis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria y hasta los confines de la tierra'. (Hch. 1, 6-8).
      No era necesario que pronunciase la palabra 'adiós'. Todos eran conscientes ya de su inminente marcha con el Padre y por otra parte ahora estaban plenamente convencidos de que no iban a estar sin Él, porque ¿qué sentido tendrían esas palabras pronunciada en aquella memorable cena pascual, unos momentos antes de partir hacia Getsemaní? 'Tomad y comed todos de él, porque esto es mi Cuerpo, que será entregado por vosotros' y 'Tomad y bebed todos de él, porque éste es el cáliz de mi Sangre, Sangre de la Alianza nueva y eterna, que será derramada por vosotros y por todos los hombres para el perdón de los pecados. Haced ésto en conmemoración mía'.

      Sí. Siempre estaría con ellos y con todos cuantos le abriesen el corazón para que morase en él. Pero apenas había terminado Jesús de anunciarles que el Espíritu de Dios habitaría en ellos, 'lo vieron elevarse, hasta que una nube lo ocultó de su vista'.
      Se les iba. Volvía con el Padre. Y mientras contemplaban su Ascensión a los cielos no podían separar su mirada de su Maestro y su Dios, absolutamente quietos como si quisieran grabar a fuego en su alma aquel momento único que jamás olvidarían y que les haría desear partir, una vez cumplida la misión que les había encomendado, a la Casa del Padre.
ASCENSIÓN DE XTO.-HARRY ANDERSON.-S. XX
      'Mientras estaban mirando atentamente al cielo viendo cómo se marchaba, se acercaron dos hombres con vestidos blancos y les dijeron: -Galileos, ¿por qué seguís mirando al cielo? Este Jesús que acaba de subir de vuestro lado al cielo, vendrá  como lo habéis visto marcharse'. (Hch. 1, 10-11).

Este es el verdadero principio de la Historia (XVI).-12-noviembre-2016

Posted by Caminante y peregrino

      Varios de ellos, después de la comida, se sentaron en grupos para comentrar los hechos vividos recientemente, pero el Maestro tenía una cosa muy importate que hacer con el buen Pedro. 'Después de haber comido, dice Jesús a Simón Pedro: -Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que éstos? Le dice él: -Sí, señor, tú sabes que te quiero. Le dice Jesús: -Apacienta mis corderos'. Pedro se quedó extrañado de la pregunta de su Amigo, pero aún más del encargo que le había hecho. Su mente todavía no estaba preparada para comprender el significado del encargo recibido. Aún no había terminado de pensar en el significado de todo aquello cuando se tropezó con la repetición de la pregunta:
      'Vuelve a decirle por segunda vez: -Simón, hijo de Juan, ¿me amas? Le dice él: -Sí, Señor, tú sabes que te quiero. Le dice Jesús: -Apaciente mis ovejas'. ¡Caramba! ¿Pero no había quedado clara la respuesta que le había dado anteriormente? Ahora le había contestado mecánicamente  dejándose llevar de lo dicho momentos antes. Pero lo que ya no esperaba era la tercera andanada: 'Le dice por tercera vez: -Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?' Pedro quedó bloqueado. Desconcertado. ¿Cómo podía preguntarle todo aquello? Y sobre todo, ¿por qué tantas veces? Él era el Mesías y, por lo tanto, lo conocía todo, entonces, ¿qué sentido tenía aquello? Porque estaba seguro que aquellos interrogantes encerraban algún mensaje. Apenas terminó de plantearse esa cuestión, le vino a su mente un hecho cuyo recuerdo le llenó de vergüenza.
 NEGACIÓN DE PEDRO.-Gerrit van Honthorst.-S. XVII
      Él, Pedro, había negado conocerlo hasta tres veces en la aciaga noche del prendimiento del Maestro. Sencillamente, lo había negado precisamente ante aquella gente, declarados enemigos de Jesús. Era necesario que su Amigo se convenciera de su lealtad, de su fidelidad, incluso hasta la muerte. 
      'Se entristeció Pedro de que le preguntase por tercera vez: -¿Me quieres?, y le dijo: -Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te quiero'. Jesús le sonrió y Pedro vio una sonrisa diferente a la que estaba acostumbrado a ver en el rostro de su Maestro, el cual, poniendo sus manos sobre los hombros de un Pedro cada vez más aturdido y mirándolo fijamente a los ojos le dijo: 'Apacienta mis ovejas. En verdad, en verdad te digo: cuando eras joven, tú mismo te ceñías e ibas a donde querías; pero cuando llegues a viejo, extenderás tus manos y otro te ceñirá y te llevará a donde tú no quieras'.
      Simón Pedro no terminaba de entender lo que le había dicho, pero sí que se encontró con una paz interior que jamás había experimentado. Realmente 'con esto indicaba la clase de muerte con que iba a glorificar a Dios. Después añadió: -Sígueme'.
 JESÚS, PEDRO Y JUAN, A ORILLAS DEL TIBERÍADES
      Jesús echó a andar y tras Él, a corta distancia, iba Pedro, pero 'se vuelve y ve siguiéndoles detrás, al discípulo a quien Jesús amaba, que además durante la cena se había recostado sobre su pecho y le había dicho: -Señor, ¿quién es el que te va a entregar?' Pensaba que el Maestro iba a decirle algo más y por esa razón le había dicho que le siguiera, pero del otro apóstol  no encontraba razón de ser de aquel seguimiento. Así que 'dice a Jesús: -Señor, y éste, ¿qué?' Naturalmente Jesús no tenía que dar razón alguna ni justificar nada a nadie. Escuchó la observación de Pedro, pero 'le respondió: -Si quiero que se quede hasta que yo venga, ¿qué te importa? Tú, sígueme'.
      Pedro bajó la cabeza. Quería y admiraba al Maestro. Tenía con Él mucha confianza, pero tenía la sensación de haberse extralimitado. Si existían razones, le pertenecían a Juan, y no a él. Y mientras se iba haciendo éstos y otros razonamientos en su interior, le vino la luz sobre las dos últimas palabras que le dirigió: 'Tú, sígueme'. A él no le correspondía entrar en la actuación de nadie que pudiera apartarle de la misión que había recibido de Jesús: 'Apacienta mis ovejas. Apacienta mis corderos'. Esa, y cuantas le iría encomendando el Salvador, eran suyas. En lo sucesivo solamente él debía apacentar y dirigir el rebaño salvado por el Redentor desde la Cruz y desde la Resurrección.

      Este episodio no pasó inadvertido para los demás discípulos y al final ya se comentaban cosas cuya interpretación nada tenía que ver con lo que había dicho Jesús. 'Se divulgó entre los hermanos la voz de que este discípulo no moriría. Pero Jesús no había dicho a Pedro:'No morirá', sino: 'Si quiero que este permaneciese hasta que yo venga, ¿a ti, ¿qué?'
      Este es el discípulo que da testimonio de estas cosas y que las ha escrito, y nosotros sabemos que su testimonio es verdadero.
      Hay además otras muchas cosas que hizo Jesús. Si se escribieran una por una, pienso que ni todo el mundo bastaría para contener los libros que se escribieran. (Juan, capítulo 21).
     

Este es el verdadero principio de la Historia (XV).-23-octubre-2016

Posted by Caminante y peregrino

PESCADORES GALILEOS.-VASILY POLENOV.-S. XIX - XX
      Después, Jesús desapareció nuevamente dejándolos con la sensación de que pronto volverían a verlo. La reunión iba finalizando y cada uno volvía a sus ocupaciones habituales, pero iban muy contentos. Estaban deseosos de encontrarse con otros seguidores del Maestro que no lo habían visto todavía para contarle los detalles y pormenores de cuanto habían visto y oído de su Amigo.
      Poco a poco quedaron solamente los once Apóstoles que siempre iban con Él a todas partes y, a excepción de unos pocos, la mayor parte de ellos marcharon junto al lago de Tiberíades. Allí 'se apareció Jesús a los discípulos junto al mar de Tiberíades y se manifestó de esta manera: Estaban juntos Simón Pedro, Tomás, llamado el Mellizo, Natanael, el de Caná de Galilea, los de Zebedeo y otros dos de sus discípulos'. Habían vuelto a sus trabajos acostumbrados, pero al haber estado unos tres años en contacto directo con Jesús, oyendo sus predicaciones, presenciando sus milagros, oyendo sus discusiones con los fariseos y atendiendo a cuantos se acercaban a Él en busca de consejo, de ánimo o de cualquier duda sobre el camino que debía seguir su vida, ahora les hacía sentirse raros. No se encontraban a gusto. Estaban nerviosos por la inactividad y daban vueltas a su cabeza buscando algo que les permitiera dejar aquella molesta sensación.

      De repente 'Simón Pedro les dice: -Voy a pescar. Le contestan ellos: -También nosotros vamos contigo. Fueron y subieron a la barca'. Soltaron amarras y navegaron mar adentro, 'pero aquella noche no pescaron nada' a pesar del trabajo y el esfuerzo realizado. 'Cuando ya amaneció, estaba Jesús en la orilla; pero los discípulos no sabían que era Él. Les dice Jesús: -Muchachos, ¿no tenéis pescado? Le contestaron: -No. Él les dijo: -Echad la red a la derecha de la barca y encontraréis. La echaron, pues, y ya no podían arrastrarla por la abundancia de peces'. No daban crédito a lo que estaban contemplando. ¿Cómo era posible? Estaban seguros de haber echado las redes en aquel mismo lugar antes, pero...las dudas o inseguridades los tenían aturdidos. Andrés recordó el día, lejano ya, que Jesús subió a la barca de Pedro y la abundante pesca que hicieron siguiendo la petición que les hizo Jesús. (Lc. 5,1-11).
PESCA MILAGROSA.-VASILI NESTERENKO.-S. XX
      Había alguien más que quizá recordó lo mismo o algo parecido, porque 'el discípulo a quien Jesús amaba dice entonces a Pedro: -Es el Señor. Se puso el vestido -pues estaba desnudo- y se lanzó al mar. Los demás discípulos vinieron en la barca, arrastrando la red con los peces, pues no distaban mucho de tierra, sino unos doscientos codos'. El comentario de Juan a Pedro lo oyeron algunos más a pesar de haberlo dicho en voz muy baja y todos se dispusieron a llegar a la orilla cuanto antes pensando que iban a estar nuevamente con su Maestro y Amigo.

      'Nada más saltar a tierra ven preparadas unas brasas y un pez sobre ellas y pan. Jesús les dice: -Traed algunos de los peces que acabáis de pescar. Subió Simón Pedro y sacó la red a tierra llena de peces grandes: ciento cincuenta y tres. Y, aun siendo tantos, no se rompió la red. Jesús les dice: -Venid y comed. Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle: ¿Quién eres tú?, sabiendo que era el Señor'.
PESCA MILAGROSA.-JAMES TISSOT.-S. XIX
      Tenían una seguridad absoluta en ello, porque sus corazones habían recobrado el ánimo y la paz. Volvían a ser los que iban con Jesús por los campos y montes galileos. Poco a Poco fue desarrollándose una amena conversación entre todos cuantos estaban compartiendo aquella imprevista comida. En un momento dado, 'Jesús toma el pan y se lo da; y de igual modo el pez'. Se hizo el silencio. A todos les vino a la mente el recuerdo de la noche que celebraron la última Pascua de Jesús con ellos en el cenáculo, antes de partir a Getsemaní. 'Esta fue ya la tercera vez que Jesús se manifestó a los discípulos después de resucitar de entre los muertos'. (Jn. 21, 1-14).