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¿Todo acabó? (I).- 06- diciembre-2016

Posted by Caminante y peregrino

      Parecía que ya había terminado todo lo que podríamos decir que había sido desagradable. Incluso malo. El Maestro había resucitado y se había mostrado a sus amigos y apóstoles: 'Después de su pasión, Jesús se les presentó con muchas y evidentes pruebas de que estaba vivo, apareciéndoseles durante cuarenta días y hablándoles del Reino de Dios'. (Hch. 1, 3). Y no fue solamente a ellos, porque 'después se apareció a más de quinientos hermanos a la vez, de los cuales todavía la mayor parte viven y otros murieron'. (I Cor.15, 6).
      Había algunos discípulos y seguidores que también lo habían visto según contaban llenos de entusiasmo. Pero...los hechos que posteriormente se fueron desarrollando les demostrarían que la triste realidad no iba a ser esa.
      Los Apóstoles y los seguidores de Jesús habían retomado el hábito de juntarse con asiduidad con el fin de comentar cuanto Jesús les había dicho en las diferentes ocasiones que se les había aparecido. Poco a poco iban asimilando estas enseñanzas en sus corazones para luego ir enseñándoselas a los nuevos creyentes que día a día iban considerablemente en aumento, si bien entre ellos también iban surgiendo algunas dudas sobre alguna de las enseñanzas del Maestro, ya que, aparentemente, chocaban con la Ley de Moisés y que su tosca formación todavía no terminaba de asimilar, ya que aún seguían anclados en su mente materialista.

      En cierta ocasión, 'se apareció a los once cuando estaban a la mesa y les echó en cara su incredulidad y su terquedad por no haber creído a quienes lo habían visto resucitado'. Los había cogido en plena discusión y se miraron unos a otros mientras alguno bajaba su mirada al suelo como avergonzado de su actitud, pero nadie osó preguntar nada a Jesús. Le oyeron cuanto les dijo para aclarar sus dudas y a continuación 'les dijo: -Id por todo el mundo a proclamar la buena noticia a toda criatura. El que crea y se bautice, se salvará, pero el que no crea, se condenará. A los que crean les acompañarán estas señales: expulsarán demonios en mi nombre, hablarán en lenguas nuevas, agarrarán serpientes en sus manos y, aunque beban veneno, no les hará daño; impondrán las manos a los enfermos y éstos se curarán'. (Mc. 16, 15-18).
ANUNCIAD EL EVANGELIO A TODO EL MUNDO.-Harold Copping
      Ahora comprendían cuanto les explicaba con meridiana claridad. Se sentían auténticos protagonistas de los deseos de su Amigo y Señor, que continuaba dando lo que eran sus últimas instrucciones  para el cumplimiento de la misión que les iba a convertir en los continuadores de la misión de su Maestro, el cual prosiguió con estas palabras: '-Dios me ha dado autoridad plena sobre cielo y tierra. Poneos, pues, en camino, haced discípulos a todos los pueblos y bautizadlos para consagrarlos al Padre, al hijo y al Espíritu Santo, enseñándoles a poner por obra todo lo que os he mandado. Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días hasta la consumación del mundo'. (Mt.28, 18-20).
SAN JUAN BAUTISTA BAUTIZA EN EL JORDÁN.-NICOLÁS POUSSIN.-CLASICISMO
      No hubo nadie que no se diera cuenta que aquellas palabras tenían un auténtico aire de despedida, pero no podían imaginarse una existencia sin su Maestro después de tres años de extraordinaria convivencia diaria con Él y habiendo vivido juntos tantas cosas. Nadie osaba romper aquel silencio. Por una parte se sentían felices y dichosos de haber vuelto a compartir unos escasos días con quien sabían que era su Amigo , pero también sabían ahora que era el mismo Dios de Israel. El temor a quedarse huérfanos de su presencia diaria les hacía estar inquietos.
      En otro momento de los que todavía compartían con Jesús, aunque sabían que ya les quedaba poco de gozar de su presencia, 'les ordenó: -No salgáis de Jerusalén; aguardad más bien la promesa que os hice de parte del Padre; porque Juan bautizó con agua, pero vosotros seréis bautizados con Espíritu Santo dentro de pocos días'. (Hch.1, 4-5).

      Al oír esas palabras, 'los que lo acompañaban le preguntaron: -Señor, ¿vas a restaurar ahora el reino de Israel? Él les dijo: -No os toca a vosotros conocer los tiempos o mementos que el Padre ha fijado con su poder.Vosotros recibiréis la fuerza del Espíritu Santo, que vendrá sobre vosotros, y seréis mis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria y hasta los confines de la tierra'. (Hch. 1, 6-8).
      No era necesario que pronunciase la palabra 'adiós'. Todos eran conscientes ya de su inminente marcha con el Padre y por otra parte ahora estaban plenamente convencidos de que no iban a estar sin Él, porque ¿qué sentido tendrían esas palabras pronunciada en aquella memorable cena pascual, unos momentos antes de partir hacia Getsemaní? 'Tomad y comed todos de él, porque esto es mi Cuerpo, que será entregado por vosotros' y 'Tomad y bebed todos de él, porque éste es el cáliz de mi Sangre, Sangre de la Alianza nueva y eterna, que será derramada por vosotros y por todos los hombres para el perdón de los pecados. Haced ésto en conmemoración mía'.

      Sí. Siempre estaría con ellos y con todos cuantos le abriesen el corazón para que morase en él. Pero apenas había terminado Jesús de anunciarles que el Espíritu de Dios habitaría en ellos, 'lo vieron elevarse, hasta que una nube lo ocultó de su vista'.
      Se les iba. Volvía con el Padre. Y mientras contemplaban su Ascensión a los cielos no podían separar su mirada de su Maestro y su Dios, absolutamente quietos como si quisieran grabar a fuego en su alma aquel momento único que jamás olvidarían y que les haría desear partir, una vez cumplida la misión que les había encomendado, a la Casa del Padre.
ASCENSIÓN DE XTO.-HARRY ANDERSON.-S. XX
      'Mientras estaban mirando atentamente al cielo viendo cómo se marchaba, se acercaron dos hombres con vestidos blancos y les dijeron: -Galileos, ¿por qué seguís mirando al cielo? Este Jesús que acaba de subir de vuestro lado al cielo, vendrá  como lo habéis visto marcharse'. (Hch. 1, 10-11).

Este es el verdadero principio de la Historia (XVI).-12-noviembre-2016

Posted by Caminante y peregrino

      Varios de ellos, después de la comida, se sentaron en grupos para comentrar los hechos vividos recientemente, pero el Maestro tenía una cosa muy importate que hacer con el buen Pedro. 'Después de haber comido, dice Jesús a Simón Pedro: -Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que éstos? Le dice él: -Sí, señor, tú sabes que te quiero. Le dice Jesús: -Apacienta mis corderos'. Pedro se quedó extrañado de la pregunta de su Amigo, pero aún más del encargo que le había hecho. Su mente todavía no estaba preparada para comprender el significado del encargo recibido. Aún no había terminado de pensar en el significado de todo aquello cuando se tropezó con la repetición de la pregunta:
      'Vuelve a decirle por segunda vez: -Simón, hijo de Juan, ¿me amas? Le dice él: -Sí, Señor, tú sabes que te quiero. Le dice Jesús: -Apaciente mis ovejas'. ¡Caramba! ¿Pero no había quedado clara la respuesta que le había dado anteriormente? Ahora le había contestado mecánicamente  dejándose llevar de lo dicho momentos antes. Pero lo que ya no esperaba era la tercera andanada: 'Le dice por tercera vez: -Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?' Pedro quedó bloqueado. Desconcertado. ¿Cómo podía preguntarle todo aquello? Y sobre todo, ¿por qué tantas veces? Él era el Mesías y, por lo tanto, lo conocía todo, entonces, ¿qué sentido tenía aquello? Porque estaba seguro que aquellos interrogantes encerraban algún mensaje. Apenas terminó de plantearse esa cuestión, le vino a su mente un hecho cuyo recuerdo le llenó de vergüenza.
 NEGACIÓN DE PEDRO.-Gerrit van Honthorst.-S. XVII
      Él, Pedro, había negado conocerlo hasta tres veces en la aciaga noche del prendimiento del Maestro. Sencillamente, lo había negado precisamente ante aquella gente, declarados enemigos de Jesús. Era necesario que su Amigo se convenciera de su lealtad, de su fidelidad, incluso hasta la muerte. 
      'Se entristeció Pedro de que le preguntase por tercera vez: -¿Me quieres?, y le dijo: -Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te quiero'. Jesús le sonrió y Pedro vio una sonrisa diferente a la que estaba acostumbrado a ver en el rostro de su Maestro, el cual, poniendo sus manos sobre los hombros de un Pedro cada vez más aturdido y mirándolo fijamente a los ojos le dijo: 'Apacienta mis ovejas. En verdad, en verdad te digo: cuando eras joven, tú mismo te ceñías e ibas a donde querías; pero cuando llegues a viejo, extenderás tus manos y otro te ceñirá y te llevará a donde tú no quieras'.
      Simón Pedro no terminaba de entender lo que le había dicho, pero sí que se encontró con una paz interior que jamás había experimentado. Realmente 'con esto indicaba la clase de muerte con que iba a glorificar a Dios. Después añadió: -Sígueme'.
 JESÚS, PEDRO Y JUAN, A ORILLAS DEL TIBERÍADES
      Jesús echó a andar y tras Él, a corta distancia, iba Pedro, pero 'se vuelve y ve siguiéndoles detrás, al discípulo a quien Jesús amaba, que además durante la cena se había recostado sobre su pecho y le había dicho: -Señor, ¿quién es el que te va a entregar?' Pensaba que el Maestro iba a decirle algo más y por esa razón le había dicho que le siguiera, pero del otro apóstol  no encontraba razón de ser de aquel seguimiento. Así que 'dice a Jesús: -Señor, y éste, ¿qué?' Naturalmente Jesús no tenía que dar razón alguna ni justificar nada a nadie. Escuchó la observación de Pedro, pero 'le respondió: -Si quiero que se quede hasta que yo venga, ¿qué te importa? Tú, sígueme'.
      Pedro bajó la cabeza. Quería y admiraba al Maestro. Tenía con Él mucha confianza, pero tenía la sensación de haberse extralimitado. Si existían razones, le pertenecían a Juan, y no a él. Y mientras se iba haciendo éstos y otros razonamientos en su interior, le vino la luz sobre las dos últimas palabras que le dirigió: 'Tú, sígueme'. A él no le correspondía entrar en la actuación de nadie que pudiera apartarle de la misión que había recibido de Jesús: 'Apacienta mis ovejas. Apacienta mis corderos'. Esa, y cuantas le iría encomendando el Salvador, eran suyas. En lo sucesivo solamente él debía apacentar y dirigir el rebaño salvado por el Redentor desde la Cruz y desde la Resurrección.

      Este episodio no pasó inadvertido para los demás discípulos y al final ya se comentaban cosas cuya interpretación nada tenía que ver con lo que había dicho Jesús. 'Se divulgó entre los hermanos la voz de que este discípulo no moriría. Pero Jesús no había dicho a Pedro:'No morirá', sino: 'Si quiero que este permaneciese hasta que yo venga, ¿a ti, ¿qué?'
      Este es el discípulo que da testimonio de estas cosas y que las ha escrito, y nosotros sabemos que su testimonio es verdadero.
      Hay además otras muchas cosas que hizo Jesús. Si se escribieran una por una, pienso que ni todo el mundo bastaría para contener los libros que se escribieran. (Juan, capítulo 21).
     

Este es el verdadero principio de la Historia (XV).-23-octubre-2016

Posted by Caminante y peregrino

PESCADORES GALILEOS.-VASILY POLENOV.-S. XIX - XX
      Después, Jesús desapareció nuevamente dejándolos con la sensación de que pronto volverían a verlo. La reunión iba finalizando y cada uno volvía a sus ocupaciones habituales, pero iban muy contentos. Estaban deseosos de encontrarse con otros seguidores del Maestro que no lo habían visto todavía para contarle los detalles y pormenores de cuanto habían visto y oído de su Amigo.
      Poco a poco quedaron solamente los once Apóstoles que siempre iban con Él a todas partes y, a excepción de unos pocos, la mayor parte de ellos marcharon junto al lago de Tiberíades. Allí 'se apareció Jesús a los discípulos junto al mar de Tiberíades y se manifestó de esta manera: Estaban juntos Simón Pedro, Tomás, llamado el Mellizo, Natanael, el de Caná de Galilea, los de Zebedeo y otros dos de sus discípulos'. Habían vuelto a sus trabajos acostumbrados, pero al haber estado unos tres años en contacto directo con Jesús, oyendo sus predicaciones, presenciando sus milagros, oyendo sus discusiones con los fariseos y atendiendo a cuantos se acercaban a Él en busca de consejo, de ánimo o de cualquier duda sobre el camino que debía seguir su vida, ahora les hacía sentirse raros. No se encontraban a gusto. Estaban nerviosos por la inactividad y daban vueltas a su cabeza buscando algo que les permitiera dejar aquella molesta sensación.

      De repente 'Simón Pedro les dice: -Voy a pescar. Le contestan ellos: -También nosotros vamos contigo. Fueron y subieron a la barca'. Soltaron amarras y navegaron mar adentro, 'pero aquella noche no pescaron nada' a pesar del trabajo y el esfuerzo realizado. 'Cuando ya amaneció, estaba Jesús en la orilla; pero los discípulos no sabían que era Él. Les dice Jesús: -Muchachos, ¿no tenéis pescado? Le contestaron: -No. Él les dijo: -Echad la red a la derecha de la barca y encontraréis. La echaron, pues, y ya no podían arrastrarla por la abundancia de peces'. No daban crédito a lo que estaban contemplando. ¿Cómo era posible? Estaban seguros de haber echado las redes en aquel mismo lugar antes, pero...las dudas o inseguridades los tenían aturdidos. Andrés recordó el día, lejano ya, que Jesús subió a la barca de Pedro y la abundante pesca que hicieron siguiendo la petición que les hizo Jesús. (Lc. 5,1-11).
PESCA MILAGROSA.-VASILI NESTERENKO.-S. XX
      Había alguien más que quizá recordó lo mismo o algo parecido, porque 'el discípulo a quien Jesús amaba dice entonces a Pedro: -Es el Señor. Se puso el vestido -pues estaba desnudo- y se lanzó al mar. Los demás discípulos vinieron en la barca, arrastrando la red con los peces, pues no distaban mucho de tierra, sino unos doscientos codos'. El comentario de Juan a Pedro lo oyeron algunos más a pesar de haberlo dicho en voz muy baja y todos se dispusieron a llegar a la orilla cuanto antes pensando que iban a estar nuevamente con su Maestro y Amigo.

      'Nada más saltar a tierra ven preparadas unas brasas y un pez sobre ellas y pan. Jesús les dice: -Traed algunos de los peces que acabáis de pescar. Subió Simón Pedro y sacó la red a tierra llena de peces grandes: ciento cincuenta y tres. Y, aun siendo tantos, no se rompió la red. Jesús les dice: -Venid y comed. Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle: ¿Quién eres tú?, sabiendo que era el Señor'.
PESCA MILAGROSA.-JAMES TISSOT.-S. XIX
      Tenían una seguridad absoluta en ello, porque sus corazones habían recobrado el ánimo y la paz. Volvían a ser los que iban con Jesús por los campos y montes galileos. Poco a Poco fue desarrollándose una amena conversación entre todos cuantos estaban compartiendo aquella imprevista comida. En un momento dado, 'Jesús toma el pan y se lo da; y de igual modo el pez'. Se hizo el silencio. A todos les vino a la mente el recuerdo de la noche que celebraron la última Pascua de Jesús con ellos en el cenáculo, antes de partir a Getsemaní. 'Esta fue ya la tercera vez que Jesús se manifestó a los discípulos después de resucitar de entre los muertos'. (Jn. 21, 1-14).

Este es el verdadero principio de la Historia (XIV) - 30-septiembre-2016

Posted by Caminante y peregrino

      DUDAS DE STO TOMÁS.-VEROCCHIO.-RENACIMIENTO
      La noticia corrió entre los seguidores de Jesús por todo Jerusalén. Mientras unos no cesaban de dar gracias a Dios por haberse aparecido a los Apóstoles, otros no terminaban de asumir esa aparición. No lo podían imaginar. Uno de ellos era Tomás, el Mellizo, apóstol y amigo de Jesús. Él, como todos, había sufrido mucho por los tormentos del Maestro y por no haber tenido la valentía de acompañarlo en su martirio. Ahora estaba alegre por su Resurrección, sí, pero que se hubiera aparecido a sus otros compañeros...no era asimilado en su mente.
      -¡Tomás...!, ¡Tomás...! Se volvió para ver de quienes eran las voces que lo llamaban. Sabía que pertenecían a sus amigos, pero no acababa de identificar las personas. El grupo se le acercó corriendo. Ante él estaban Judas Tadeo, Santiago, Mateo, Felipe y Bartolomé. Cinco rostros sonrientes henchidos de una felicidad desbordante pugnaban por contarle lo que habían vivido con Jesús hacía unos escasos momentos. 
Duda de Santo Tomás.-MOSAICO.-Catedral de la Natividad de la Madre de Dios.- Monreale.-Sicilia.-S.XII
      'Dijéronle, pues, los otros discípulos: -Hemos visto al Señor'. Tomás permaneció inmutable. No quería dejar traslucir su incredulidad porque temía que la noticia fuese una ilusión de sus amigos y que al volver a la cruda realidad se tuviera un nuevo sufrimiento. Les respondió con un tono ligeramente agrio: 'Si no veo en sus manos la señal de los clavos y meto mi dedo en el lugar de los clavos y mi mano en su costado, no creeré'. (Jn. 20, 24-25).
      La alegre sonrisa de sus cinco amigos dejó paso a unos rostros serios, por la absurda incredulidad de su compañero. Sentía una honda pena por ellos, pero él no podía (o temía) dar crédito a la noticia. Dio media vuelta y los dejó. Ellos, por su parte, comenzaron a caminar hacia el cenáculo, entristecidos por semejante actitud.
      Pero la vida continuaba su curso y los discípulos de Jesús iban comunicando a otros israelitas de confianza la aparición de Jesús. 'Pasados ocho días, otra vez estaban dentro los discípulos y Tomás con ellos'. Aunque los temas de conversación eran diversos, la presencia de Tomás hacía que evitasen el tema, aunque 'cerradas las puertas vino Jesús, y puesto en medio de ellos dijo: -La paz sea con vosotros'.

      Todos se giraron para ver nuevamente a su Señor, Maestro y Amigo, excepto Tomás. No osaba levantar la cara del suelo y un tenue temblor le recorría el cuerpo. Estaba confundido y la vergüenza por su falta de fe y la incredulidad de la que había hecho gala ante sus amigos le impedía mirarlo. Jesús los miraba a todos realmente contento de estar nuevamente allí y una suave sonrisa iluminaba su rostro. 'Luego dijo a Tomás: -Alarga tu dedo y mira mis manos; acerca tu mano y métela en mi costado, y no seas incrédulo, sino creyente'.
DUDAS DE STO. TOMÁS.-CARL BLOCH.-REALISMO
      Ese momento fue muy fuerte y decisivo para la fe de Tomás. Todo su arrepentimiento se manifestó interiormente en una corriente de fuego que le corría todo su cuerpo y exteriormente en un sollozo mientras caía de rodillas ante su Maestro. Solamente pudo decir, desde lo más íntimo de su ser unas pocas palabras, pero que han pasado a la Historia quizás como el más perfecto acto de adoración: 'Respondió Tomás y dijo: ¡Señor mío y Dios mío!'
      Jesús lo miró con un amor infinito. Lo tomó y lo alzó quedando los dos frente a frente y poniendo sus manos sobre los hombros de Tomás y mirándolo fijamente le dijo: 'Porque me has visto has creído. Dichosos los que creen sin haber visto'. (Jn. 20, 24-29).

      Todos estaban emocionados pero uno de ellos, Juan, captó con especial sensibilidad ese momento que indudablemente le impactó de forma especial y eso le llevó a hacerlo constar en su Evangelio, siendo el único que relata este episodio. Y después añadió el Maestro:
      'Jesús hizo en presencia de sus discípulos muchos más signos de los que han sido recogidos en este libro. Estos han sido escritos para que creáis que Jesús es el Mesías, el hijo de Dios: y para que creyendo tengáis en Él vida eterna'. (Jn. 20, 30-31).

Este es el verdadero principio de la Historia (XIII).-12- septiembre-2016

Posted by Caminante y peregrino

      Cleofás continuó: 'Cuando nos dimos cuenta habíamos llegado a Emaús y Él hizo ademán de seguir su camino, pero le ofrecimos quedarse con nosotros porque estaba anocheciendo. Ahí comenzó nuestro descubrimiento, porque al ponernos la cena tomó el pan, lo bendijo, lo partió y nos lo dio. Al alargar las manos para que lo cogiéramos, nos dimos cuenta que en sus muñecas había unas llagas ya curadas de haber estado atravesadas por clavos. Nos dimos cuenta inmediatamente que era el Maestro que nos estaba dando su propio testimonio de haber resucitado. Cuando quisimos abrazarlo, desapareció'.  
      Paró unos instantes y prosiguió: 'Era necesario que volviéramos para contaros lo sucedido y que todos tuviéramos la seguridad total de la Resurrección'. Todos seguían mirándoles como si estuvieran deseando que les contaran más cosas, pero...                                                    DEL PARSON.-S. XX                                'Mientras esto hablaban se presentó en medio de ellos y les dijo: -La paz sea con vosotros'. (Lc. 24, 36). El estupor y la sorpresa les sorprendió a todos. 'Aquella voz...! La habían oído muchísimas veces. Sabían a la perfección de quién era, pero no acertaban a reaccionar. 'Aterrados y llenos de miedo creían ver un espíritu'. (Lc. 24, 37). No atinaban a decir nada porque la misma sorpresa o el temor de los días pasados se lo impedía.                                                                           Jesús sonrió y nuevamente se dirigió a ellos: '¿Por qué os turbáis y por qué suben a vuestro corazón esos pensamientos? Ved mis manos y mis pies que soy yo. Tocadme y ved que el espíritu no tiene carne ni huesos como veis que yo tengo. Diciendo esto, les mostró las manos y los pies'. (Lc. 24, 37-40).

      Pero no terminaban de reaccionar. La alegría era demasiado grande. Tanta, que no terminaban de creer que su Maestro, después de lo que habían visto, estuviese de nuevo entre ellos. 'No creyendo aún ellos, en fuerza del gozo y de la admiración, les dijo: -¿Tenéis algo que comer? Le dieron un trozo de pez asado, y tomándolo, comió delante de ellos'. (Lc. 24, 41-43).
      Nadie pudo reprimirse más. Desde Pedro hasta el último de cuantos allí  estaban fueron a abrazarlo y a pedirle que no se marchase. Que se quedase con ellos. Jesús acentuó su sonrisa al ver la sincera alegría que a todos desbordaba por estar juntos de nuevo. Jesús continuó diciéndoles:
DUCCIO DI BUONINSEGNA.-GÓTICO
      'Esto es lo que yo os decía estando aún con vosotros, que era preciso que se cumpliera todo lo que está escrito en la Ley de Moisés, en los profetas y en los Salmos sobre mí. Entonces les abrió la inteligencia para que comprendieran la Escrituras, y les dijo:  -Estaba escrito que el Mesías tenía que morir y resucitar de entre los muertos al tercer día, y que en su nombre se anunciará a todas las naciones, comenzando por Jerusalén, la conversión y el perdón de los pecados. Vosotros sois testigos de estas cosas. Por mi parte os voy a enviar el don prometido por mi Padre. Vosotros quedaos en la ciudad hasta que seáis revestidos de la fuerza que viene de lo alto'. (Lc. 24, 44-49).
      Mientras Jesús les hablaba había un profundo silencio en la sala. Eran las primeras palabras, las primeras instrucciones que el Maestro les daba después de resucitado. Algunos se arrepentían de no haber hecho caso de las mujeres cuando les anunciaron la Resurrección de su amigo. Él los iba observando mientras les hablaba y sí, eran no solamente sus discípulos, sino también, como siempre había sido, sus amigos. 'Y añadió: -Como el Padre me envió a mí, así os envío yo a vosotros. Sopló sobre ellos y les dijo: -Recibid el Espíritu Santo. A quienes les perdonéis los pecados, Dios se los perdonará; y a quienes se los retengáis, Dios se los retendrá'. (Jn. 20, 21-23).

      Unos momentos después, Jesús desapareció de sus presencia dejándolos entristecidos, dentro del gozo que habían experimentado de estar con Él, sabiendo que ya viviría para siempre. Era una esperanza que todos ellos llevaban en su corazón, porque tenían la certeza de que lo volverían a ver.

Este es el verdadero principio de la Historia (XII).- 24-agosto-2016

Posted by Caminante y peregrino

AL PARTIR EL PAN.-TIZIANO.-RENACIMIENTO
      El camino les pareció interminable. Cuanta más prisa se daban más lentos les parecían sus movimientos. Era tanta su premura por llegar para comunicar a los apóstoles lo que habían vivido y a cuantos discípulos viesen, que no se daban cuenta de la realidad del camino andado. Sin embargo llegó el momento de vislumbrar las murallas de Jerusalén y eso les dio nuevas fuerzas. En cuanto atravesaron la puerta de la ciudad se dirigieron de inmediato a la casa donde el Maestro celebró su última cena con sus amigos, pues era allí donde habitualmente se reunían los seguidores de Jesús.
      Su impaciencia era muy fuerte y los golpes que dieron a la puerta sonaron fuertes y vigorosos, apremiando a quienes allí estaban con sus voces para que les abrieran la puerta. '¡Abrid! Venimos de Emaús. ¡¡Le hemos visto y hemos estado con él!!                                 LOS DISCÍPULOS DE EMAÚS VUELVEN A JERUSALÉN .- Liz Lemon Swindle.-S.XX  -      ¿Qué dicen? Que han visto ¿a quién?, decían unos. 'Es la voz de Claeofás, pero ¡si apenas han tenido tiempo de llegar! ¿Cómo es posible que hayan vuelto tan pronto? Pedro tomó la palabra y dijo: 'Abridles la puerta. Si no los escuchamos nunca conoceremos lo que les ha sucedido'. Débora se levantó y su marido Mahir la acompañó para que no estuviera sola. Realmente parecía Cleofás quien hablaba, pero... Entreabrió la puerta y exclamó: -¡Realmente son Cleofás y su amigo!' Les abrió y los dos viajeros entraron en tromba dirigiéndose donde estaban todos reunidos. No tuvieron tiempo de saludos. Dirigiéndose a todos con voz trémula por la emoción les dieron la noticia: -¡¡Es verdad. Ha resucitado!! Ha estado caminando junto a nosotros.'
JERUSALÉN.- EL CENÁCULO
      Todos se miraron unos a otros con gestos de incredulidad, pero uno de ellos les dijo: 'En verdad el Señor ha resucitado y se ha aparecido a Simón'. (Lc. 24, 34). Mateo, queriendo asegurarse de lo que decían, se dirigió a ellos diciéndoles: 'Serenaos. Decidnos a quién habéis visto y quién ha caminado junto a vosotros. ¿No sería un vecino de Emaús que llevaba el mismo camino que vosotros? Y por otra parte, ¿quién ha resucitado? ¿No sería uno de los muertos que aparecieron en el Templo anunciando la Resurrección del Maestro?
      A pesar de su nerviosismo, Cleofás se volvió a Mateo y con una serenidad que nadie podía suponer, habló apoyado por su compañero, 'y contaron lo que les había ocurrido en el camino y cómo le reconocieron en la fracción del pan'. (Lc. 24, 35). 'Caminábamos lentamente hablando muy poco, cuando se nos acercó un caminante interesándose por nuestro tema de conversación. Le contamos cuanto habíamos vivido todos estos días de la Pascua en Jerusalén y lo ocurrido al Maestro. Cuando finalizamos nuestro relato tomó la palabra y nos estuvo exponiendo cuanto los profetas habían predicho sobre el Mesías que había de venir. Lo hizo con un profundo conocimiento de las Escrituras y con una autoridad propia que nos parecía haber oído en otras ocasiones'.
      El silencio era absoluto. Todos estaban pendientes de sus palabras e incluso se podía escuchar la respiración de algunos oyentes. En un rincón de la estancia, una mujer les escuchaba con una leve sonrisa en los labios. María, la Madre, también los oía con atención, como disfrutando con el relato, pero con la mayor discreción se retiró a su aposento y los dejó solos.
GUSTAVO DORÉ.-S. XIX

Este es el verdadero principio de la Historia (XI).- Emaús (y II).- 07-agosto-2016

Posted by Caminante y peregrino

CAMINO A EMAÚS.-ALBERT BLOCH.-MODERNISMO.-1938
      El compañero de Cleofás tomó la palabra y continuó la exposición de los hechos: 'Nosotros esperábamos que sería Él quien rescataría a Israel; mas con todo, van ya tres días desde que ésto ha sucedido. Nos dejaron estupefactos ciertas mujeres de la nuestras que, yendo de madrugada al monumento, no encontraron su cuerpo, y vinieron diciendo que habían tenido una visión de ángeles que les dijeron que vivía. Algunos de los nuestros fueron al monumento y hallaron las cosas como la mujeres decían, pero a Él no le vieron'. (Lc. 24, 21-24). Cuando acabó de hablar se produjo un tenso silencio. Los dos viajeros no podían sostener la mirada del desconocido y cuando acabaron ambas intervenciones, bajaron la cabeza mientras la mirada se dirigía al suelo.
      'Me da la impresión que os olvidáis de lo que dicen las Escrituras', opinó. 
CAMINO DE EMAÚS.-GREG OLSEN.-S. XX
Y posando las manos sobre sus hombros 'les dijo: ¡Oh hombres sin inteligencia y tardos de corazón para creer todo lo que vaticinaron los profetas! ¿No era preciso que el Mesías padeciese ésto y entrase en su gloria? Y comenzando por Moisés y por todos los profetas, les fue declarando cuanto a Él se refería en todas las Escrituras'. (Lc. 24, 25-27).
      Los dos caminantes permanecían en absoluto silencio mientras lo oían hablar. No se cansaban de oírlo y a medida que Jesús hablaba iban recordando las Escrituras y dándose cuenta que todo cuanto decían hacía una referencia clara a Jesús de Nazaret, encajaba perfectamente con Él y con su actuación y predicación donde quiera que hubiera estado, pero no osaban interrumpirlo. El camino no era excesivamente largo, pero aun así el tiempo deba la impresión de haberse detenido mientras hablaba su desconocido compañero de camino. Cuando 'se acercaron a la aldea donde iban. Él fingió seguir adelante. Le obligaron diciéndole: -Quédate con nosotros, pues es tarde y está anocheciendo'. (Lc. 24, 28-29).
      No podían dejarlo marchar de aquella manera. Ciertamente había terminado de hacer su exposición de cuanto se había escrito sobre el Mesías, pero necesitaban hacerle muchas preguntas.
CAMINO DE EMAÚS.-1894.-Fritz von Uhde.-S. XIX-XX 
Estaban sedientos de conocimientos sobre el tanto tiempo Esperado por Israel y el compañero de viaje que habían tenido parecía saber muchísimo más. Durante la cena tendrían ocasión de preguntarle más cosas.
      'Y entró para quedarse con ellos'.
      La casa no era muy espaciosa, pero tras los saludos acostumbrados tomaron asiento alrededor de una mesa. Al principio se hizo un silencio  observando el ir y venir de los moradores habituales de aquel lugar, pero Jesús comenzó a hacerles preguntas provocando con ello un nuevo diálogo: '¿Habéis oído hablar de Isaías y de Jeremías? ¿Y de Oseas o de Miqueas? Sí, claro que sí. Son profetas como también lo fueron Amós o Daniel. Ellos fueron profetizando TODO cuanto tenía que suceder con el Mesías que Israel esperaba para que cuando éste viniera supieran reconocerlo. Pero no fue así. Sabían que nacería en Belén, pero como era tan pequeña la aldea no lo creyeron. Pero allí nació. Sabían que sería maltratado, humillado, azotado y después de todo estaría irreconocible, pero aunque Isaías lo llamó el Siervo de Yavéh, no lo reconocieron en la persona de Jesús de Nazaret...y lo mataron en una cruz, como a un vulgar criminal'.
EMAÚS.-LA CENA.-VERONÉS.-MANIERISMO
      Hizo una pausa y los miró. Una leve sonrisa iluminó su rostro cuando observó la fijeza con que lo miraban y atendían. Se estaba dando cuenta que la idea que empezaban a tener de la personalidad de quien estaba hablando iba mucho más allá de ser un simple caminante quien había compartido su mismo camino, y no se atrevían a interrumpirlo. En este momento, 'tomó el pan, lo bendijo, lo partió y se lo dio'. Sus palabras resonaron desde una paz infinita: 'Tomad y comed este pan. Es mi Cuerpo entregado por vosotros y por todos los hombres'.
EMAÚS.-AL PARTIR EL PAN.-Léon-Augustin Lhermitte.-REALISMO
      Cleofás y su amigo no perdían ningún detalle. Estaban viviendo con intensa emoción aquel momento y sus ojos iban desde la cara de Jesús a sus manos. Cuando partió el pan alargó sus brazos hacia ellos para darles un pedazo a cada uno. Entonces lo vieron  todo absolutamente claro al contemplar en sus muñecas las heridas cicatrizadas  de los clavos que las habían traspasado. Tomaron el Pan y lo comieron  con infinito agradecimiento. Ahora ya estaban seguros. 'Se les abrieron los ojos y le reconocieron, pero Jesús desapareció de su lado'.
DESPUÉS DE PARTIR EL PAN.-Jan Steen, 1668.-BARROCO
      Estaba meridianamente claro.Era Jesús, su Maestro, que no los había dejado solos en ningún momento. Había caminado junto a ellos para darles fuerza y fortalecer su endeble fe. Su resurrección era cierta y cuanto habían contado las mujeres, también, pero no debían ni podían quedárselo para ellos. 'Se dijeron uno a otro: ¿No ardían nuestros corazones dentro de nosotros mientras en el camino nos hablaba y nos explicaba las Escrituras? En el mismo instante se levantaron y volvieron a Jerusalén'. (Lc. 24, 13-33).

Este es el verdadero principio de la Historia (X).- Emaús (I) .-21-julio-2016

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CRISTO CAMINA CON DOS DISCÍPULOS.-HERRI MET DE BLES.-S. XVI
      - Nos vamos. Necesitamos ver a nuestras familias. Hemos esperado un poco más de tiempo para acompañar al Maestro, pero lo que han dicho Magdalena, Salomé y las otras mujeres no parece muy creíble y aunque Pedro y Juan han visto vacío el sepulcro, a Él no lo han visto. Así que nos vamos a Emaús y esperaremos acontecimientos. Dentro de unos días volveremos por si hay alguna novedad.
      Quien así hablaba era Cleofás, que junto a un convecino, eran discípulos de Jesús. Lo habían seguido a muchos sitios y durante los acontecimiento de la Pasión y Muerte del Redentor se quedaron en Jerusalén por si hubieran podido ser útiles en algún caso. 
      Pero no fue necesario, porque de todo cuanto se habían propuesto apenas  tuvieron la oportunidad de ayudar en la preparación de la celebración de la Pascua.

      Ahora se enfrentaban a un vacío en sus vidas: el Maestro al que habían seguido durante unos años llenando sus vidas con el contenido de las palabras que le oían, con los gestos que le veían hacer, con el poder y la autoridad que manifestaba ante los que se quedaban sin argumentos quienes querían su perdición, les había llenado su existencia, pero ¿ahora?... Sí. Volverían a sus casas y reanudarían su vida anterior. ¿Era, acaso, una deserción? Probablemente, no, pero esa sensación de desengaño, del aparente fracaso de su Maestro, los tenía desconcertados. No eran capaces de ver nada más ante ellos. La única salida o reacción que tuvieron fue volver a sus hogares. Y si realmente había pasado lo que dijeron las mujeres, ya verían lo qué harían, pero ¿volver a verlo y oírlo predicar de nuevo? No. Eso no era posible, al menos, para ellos que no eran Apóstoles ni parientes de Jesús.
      Pedro los miró con pena. Se dirigió a ellos, puso su mano sobre el hombro de Cleofás, y le dijo: '-Haced lo que os parezca mejor. Sabéis que mi comportamiento con Él no fue de lo más ejemplar precisamente, pero os aseguro que esto no puede quedar así. He visto la tumba vacía, igual que Juan, pero no entiendo nada igual que vosotros. Pero si ha querido aparecerse a Magdalena y a las mujeres es porque hay algo que todavía no sabemos. No echemos en saco roto cuanto ellas han dicho. Hemos de dar tiempo. Si Él desea decirnos algo, lo hará sin duda alguna. Id, pues a Emaús, con los vuestros. De haber alguna novedad os avisaríamos. Si vosotros oís algo interesante que merezca la pena, venid y nos lo decís'. Les abrazó, ellos se despidieron de todos y se marcharon.

      Salieron en silencio y así anduvieron un buen trecho. A la vera del camino vieron una vieja higuera seca y el compañero de Cleofás le dijo a éste: 'Mira. ¿Te recuerda algo esta higuera?' Su amigo le contestó: '-La he visto de lejos y me he acordado de la parábola que en cierta ocasión expuso Jesús. Me ha obligado a plantearme nuevamente cómo es posible que un profeta como Él, demostrando su vasta sabiduría y su poder resucitando a muertos, como a su amigo Lázaro, por ejemplo, haya consentido que lo apresaran y padecer esa horrible muerte. No lo entiendo'.
      'Mientras iban hablando y razonando el mismo Jesús se les acercó e iba con ellos, pero sus ojos no podían reconocerle. Y les dijo: -¿Qué discursos son esos que vais haciendo entre vosotros mientras camináis?' (Lc. 24, 15-17). 
CAMINO A EMAÚS.- LIZ LEMON SWINDLE.-S. XX 
La voz que oyeron tras ellos les obligó a detenerse para ver quién les hablaba en aquel lugar tan solitario. Ante ellos había un hombre alto que les miraba fijamente con mirada serena, franca, que invitaba a la confidencia, ante quien se sentían atraídos para relatarle los sucesos acaecidos en Jerusalén con Jesús de Nazaret.
      Así que 'ellos se detuvieron entristecidos y tomando la palabra uno de ellos por nombre Cleofás, le dijo: -¿Eres tú el único forastero en Jerusalén que no conoce los sucesos en ella ocurridos estos días?' Jesús los miró sonriente. Con voz clara volvió a dirigirse a ellos: 'Me da la impresión que tenéis algún problema o que estáis muy cansados. Venid. Vamos a sentarnos y hablaremos mientras reponemos fuerzas'. Se sentaron a la sombra de un árbol y suspiraron hondo, como si quisieran aspirar la fuerza y la moral que necesitaban y espirar el pesimismo que les roía.
      '-No te conocemos, pero desde que te has unido a nosotros en el caminos nos inspiras confianza y te vamos a comentar los problemas y preocupaciones que tenemos, que no nos dan ningún motivo de alegría u optimismo'. Dulcemente 'les dijo: -¿Cuáles? Le contestaron: -Lo de Jesús Nazareno, varón profeta, poderoso en obras y palabras ante Dios y ante todo el pueblo; cómo le entregaron los príncipes de los sacerdotes y nuestros magistrados para que fuese condenado a muerte y crucificado'. (Lc. 24, 17-20)

Este es el verdadero principio de la Historia (IX).- 29-junio-2016

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SOLDADOS ROMANOS GUARDAN LA TUMBA DE JESÚS.-JAMES TISSOT.-S. XIX - XX
      Jamás podrían olvidar cuanto vivieron en el amanecer de aquel tercer día de guardia que ahora comenzaba. Por muy cansados que estuvieran y por muchos relevos que hubieran hecho entre ellos para mantenerse firmes en su guardia, cuando el horrible trueno se produjo y presenciaron la bajada de aquel ser luminoso, majestuoso, que se acercaba donde ellos estaban, se les congeló la sangre en sus venas. Un pavor inmenso se apoderó de ellos porque creyeron que el fin de sus vidas había llegado y aquel ser de 'aspecto como el relámpago' (Mt. 28, 2-3) se encargaría de hacerlo.
      No fue así. Se dirigió hacia la enorme piedra que cerraba la tumba del Crucificado, 'la removió y se sentó sobre ella'.
      Eran soldados. Habían luchado en numerosas batallas y demostraron su valor, por el que en diversas ocasiones habían merecido elogios de sus superiores, pero ¿aquello? No pudieron soportarlo. Sobrepasaba todo cuanto hubieran podido imaginar y unos soldados antes y otros después se fueron desvaneciendo del terror que sentían. Algunos llegaron a ver unas mujeres que llegaban a la tumba, pero no estaban en  condiciones de preguntarles nada y, mucho menos, cuando se dieron cuenta que aquel ser les hablaba serenamente y les transmitía un mensaje que no pudieron oír con claridad. Les pareció que les decía algo así como 'No está aquí; ha resucitado, según lo había dicho. Venid y ver el sitio donde fue puesto'. (Mt.28, 6). Ya no pudieron oír nada más. Un profundo sopor los invadió y unos segundos después todos habían perdido el conocimiento y no pudieron ver que dos hombres más, discípulos del difunto, también estuvieron allí y entraron en el interior de la tumba vacía.
RESURRECCIÓN DE CRISTO.-HANS ROTTENHAMMER.-S. XVI - XVII
      Unas horas después alguno comenzó a recobrar la consciencia y a medida que iba recordado lo sucedido, comenzó a pensar que había sido un sueño. Pero no. Allí estaba la enorme piedra apartada del sepulcro y aquello le hizo recordar al ser que la quitó y se sentó sobre ella. Aguzó el oído a ver si escuchaba algún sonido que le diera cualquier indicio de haber alguien más además de sus compañeros aún desvanecidos. Fue inútil. Un denso silencio fue toda la respuesta a su intención.
      Sus piernas volvieron a flaquear por el miedo y necesitaba el apoyo de sus compañeros. Los fue sacudiendo para despertarlos y poco a poco comenzaron a moverse. Todos tuvieron la misma o parecida reacción cuando se dieron cuenta del lugar donde estaban y de los sucedido.
      Unos minutos después, el que estaba al mando de aquel grupo de legionarios romanos los volvió a la cruda realidad: 'Hemos de partir para informar a los sacerdotes y a los escribas de lo que ha sucedido'. Torpemente se fueron levantando todavía bajo los efectos del profundo sueño. Recogieron sus pertenencias y a medida que marchaban venían dudas a sus mentes: ¿Qué les dirían a quienes les habían enviado? ¿De qué manera les iban a explicar cómo era el extraño ser que se había sentado sobre la enorme piedra que cerraba el sepulcro?
      Muchos de los ancianos y sacerdotes del Templo, así como los doctores de la Ley estaban reunidos comentando los últimos acontecimientos sobre el entierro de Jesús. Mientras esto hacían, 'algunos de los guardias vinieron a la ciudad y comunicaron a los príncipes de los sacerdotes todo lo sucedido'. (Mt. 28, 11).
      En cuanto llegaron les anunciaron que los guardias del sepulcro querían hablar con ellos. Se hizo el silencio y se miraron unos a otros. '-Que pasen', dijo un archisinagogo. Inmediatamente pensaron que algo serio había ocurrido por la cara que traían. '- ¿Qué queréis? ¿Vuestro puesto no está en la tumba de Jesús el Nazareno?'
      El jefe de la guardia tomó la palabra: '-Si venimos es para deciros que no hay nada ni nadie que guardar. Jesús de Nazaret ha desaparecido de la tumba. Creemos que ha resucitado, según lo que hemos presenciado'. Si un terremoto hubiera abierto el suelo a sus pies no se hubieran asustado tanto. Algunas caras de los reunidos denotaban un espanto difícil de explicar. Uno de los sacerdotes más antiguos les apremió a que explicaran el significado de aquellas palabras: '-Explicaos. ¿No será que habéis abandonado vuestro puesto y los discípulos del Nazareno se llevaron su cadáver? ¿Qué habéis presenciado, según habéis dicho?'

      '-Somos soldados. Conocemos nuestro deber y lo que significa abandonar nuestro puesto. Nosotros no lo hemos abandonado en ningún momento. A partir de la medianoche del tercer día de su muerte, estando perfectamente despiertos, vimos una gran luz, como un relámpago fortísimo y un ser luminoso, acaso lo que vosotros llamáis ángel, apareció, retiró la piedra del sepulcro y se sentó sobre ella'. Calló un momento y a continuación, con la voz todavía entrecortada por el miedo que todos habían pasado, les refirió lo sucedido. El resto de soldados corroboraron lo expuesto y uno de ellos completó la información: 'Teníamos un miedo que nunca habíamos sentido en ninguno de los combates en los que hemos intervenido. El pavor que sentíamos nos hizo perder l conocimiento. Cuando recuperamos la consciencia el sepulcro estaba vacío y  el ángel había desaparecido'.
      Cuando acabaron de escuchar cuanto les dijeron los soldados, se retiraron a otra dependencia para deliberar. No podían dar crédito a todo aquello, pero recordaron que Jesús había dicho en diversas ocasiones que resucitaría después de muerto. Aquello se les iba de las manos y tampoco les convenía que los soldados lo fueran escampando por Jerusalén. Tomaron una decisión: acudir al soborno.
      'Reunidos en consejo con los ancianos, tomaron bastante dinero y se lo dieron a los soldados, diciéndoles: -Decid que viniendo los discípulos de noche, le robaron mientras nosotros dormíamos. Y si llegase la cosa a oídos del gobernador, nosotros le convenceremos para que no os inquietéis. Ellos, tomando el dinero, hicieron como se les había dicho'. Marcharon a su guarnición, pero ninguno habló de ese asunto. Todavía no se habían terminado de reponer de la experiencia que habían tenido, porque 'esta noticia se divulgó entre los judíos hasta el día de hoy'. (Mt. 28, 12-15).