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Entró en Jerusalén entre aclamaciones...(II).- 22-07-2014

Posted by Caminante y peregrino

JESÚS ENTRA EN JERUSALÉN .-FRESCO.-ERMITA MOZÁRABE DE SAN BAUDELIO DE BERLANGA.-S. XII
    Ese día madrugó, así como sus discípulos y salieron de Betania. 'Próximos ya a Jerusalén, al llegar a Betfegé, cerca del monte de los Olivos, Jesús envió a dos discípulos con este encargo: -Id a la aldea de enfrente; nada más que entrar encontraréis una borrica atada con su pollino al lado; desatadlos y traédmelos. Y si alguien os dice algo, diréis que el Señor los necesita, pero que en seguida los devolverá'. (Mt. 21, 1-3). Así lo hicieron. Luego pusieron sobre ellos sus propios mantos, Jesús montó sobre ella y se pusieron en camino. Es de suponer que durante el trayecto se fueron uniendo personas al reconocerlos.
JESÚS LLORA SOBRE JERUSALÉN.-ENRIQUE SIMONET.-1892
       Antes de llegar a Jerusalén, 'Cuando se fue acercando, al ver la ciudad, lloró sobre ella y dijo: -¡Si también tú conocieras en este día el mensaje de paz! Pero tus ojos siguen cerrados. Llegará un día en que tus enemigos te rodearán con trincheras, te cercarán y te acosarán por todas partes; te pisotearán a tí y a tus hijos dentro de tus murallas. No dejarán piedra sobre piedra en tu recinto, por no haber reconocido el momento en que Dios ha venido a salvarte'. (Lc. 19, 39-44). Era normal que llorase sobre ella. Jesús ama su patria, la capital fundada por el rey David y el Templo construido por su hijo Salomón. Conocía el destino que iba a tener por el rechazo que habían hecho a sus enseñanzas, a sus mensajes, pero sobre todo, al Padre que lo había enviado con un mensaje de salvación que Israel, a través de sus autoridades religiosas, rechazó de plano. Con su actitud no quisieron entender el mensaje de paz que traía y eso era como rechazar a Dios. Suponía que a pesar de haber presenciado los milagros que había hecho, incluso resucitando muertos, pero era mayor su ceguera espiritual que las realidades presenciadas. Y esa tensión pudo más que Jesús. Sus sentimientos estaban a flor de piel y no pudo evitar los sollozos y las lágrimas. 
      Jesús entra en Jerusalén. Sabe que absolutamente todas las profecías de los distintos profetas convergen en Él. Era el primer capítulo de lo que nosotros llamamos la Semana Santa. Estaba comenzando a vivir su última semana de vida entre las personas. 
JAMES TISSOT.-S. XIX - XX
      Después, en el momento conveniente, ya volverá al Padre. Ahora las aclamaciones y vítores de un  pueblo enfervorizado le acompañan como si fuesen las trompetas que preceden y aclaman al Rey sin imaginar los sucesos posteriores Muchos de ellos extienden al paso de Jesús y del pollino que lo lleva, sus propios mantos para alfombrar el paso de la comitiva, como vimos en la entrada anterior en el cuadro de Giotto y en los de hoy. Algunos de estos protagonistas habían estado el sábado anterior en casa de Marta y de María y presenciaron la resurrección de Lázaro, su hermano. Otros, que no estuvieron presentes en aquel momento, al enterarse acudieron para ver al que Jesús había resucitado, comprobando por sí mismos la veracidad de lo que les contaron.
      Todos dejaron sus ocupaciones y quehaceres saliendo de sus casas a recibirle. No tenían, pues, ningún escrúpulo en aclamar a Jesús con entusiasmo gritando: 'Hosanna al hijo de David. Bendito el que viene en nombre del Señor. (Esta aclamación está contenida en el Salmo 118 (117), 26) ¡Paz en el cielo y gloria en las alturas! (Lc. 19, 38). 
      Esto no era del agrado de los fariseos. Conocían que aquellas aclamaciones y cantos tenían un claro matiz mesiánico: 'Algunos fariseos de entre la gente le dijeron: 'Maestro, reprende a tus discípulos. Pero Jesús respondió: -Os aseguro que si estos callaran, empezarían a gritar las piedras'. Lc.19, 39-40). 
JAMES TISSOT.-S. XIX - XX
      Aquello era presenciado también por gentes que no sabían nada de lo que ocurría y cuantos preguntaban encontraban la respuesta adecuada: 'Y cuando entró en Jerusalén, toda la ciudad se conmovió y decía: -¿Quién es éste? Y la muchedumbre respondía: -Este es Jesús el Profeta, de Nazaret de Galilea'. (Mt. 20, 10-11). ¿Habría alguno que recordase lo profetizado por el profeta Zacarías siglos atrás? 'Alégrate con alegría grande, hija de Sión. Salta de júbilo, hija de Jerusalén. Mira que viene a ti tu rey, Justo y salvador, humilde, montado en un asno, en un pollino hijo de asna'. ( Zac. 9, 9).
BERNARD PROKHORST.-S. XIX
      Los Apóstoles se miran unos a otros a la vez que contemplan atónitos la acogida de Jerusalén a su Maestro. A pesar de estar acostumbrados a presenciar los portentosos hechos de Jesús, su asombro no tiene límites ante la novedad de lo que están presenciando. Recuerdan que después de multiplicar los panes y los peces que un muchacho llevaba, con los que dio de comer la inmensa muchedumbre que le seguía, 'los hombres, viendo el milagro que había hecho, decían: -Verdaderamente este es el Profeta que ha de venir al mundo. Y Jesús, conociendo que iban a venir para arrebatarle y hacerle rey, se retiró otra vez al monte, Él solo'. (Jn. 6, 14-15). Porque no era ésa la misión que había recibido de su Padre. 
     No acababan de entender que aquel día se retirase al monte huyendo de los honores ni tampoco entendían que en este momento los aceptase. Claro, que...no podían alcanzar en ese preciso momento el valor y la significación que tenía, si bien intuyen que 'aquello' quizás podría ser el principio de una nueva etapa diferente en la vida del Redentor, y, por extensión, de ellos mismos. Ciertamente no andaban descaminados, pero en lo que no acertaron (por otra parte absolutamente lógico) que en los hechos reales que posteriormente se irían desarrollando, básicamente después de la celebración de la Pascua con su Maestro en lo que nosotros conocemos como 'la Última Cena', en aquel Jueves Santo histórico y memorable, que ahora rememoramos anualmente junto con los demás acontecimientos que componen la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo.
      Pero como en todas las cosas, tenemos la otra cara de la moneda. Hubo quien no veía muy bien esas aclamaciones a Jesús, pero antes de su entrada en la Ciudad Santa, con la resurrección de Lázaro en Betania, ya comenzaron las preocupaciones de los jerifaltes judíos más en serio que antes, como podemos ver: 
LOS FARISEOS PIENSAN EN MATAR A JESÚS.-JAMES TISSOT.-S. XIX - XX
      'Los príncipes de los sacerdotes y los fariseos convocaron una reunión y dijeron: -¿Qué hacemos? Este hombre está realizando muchos signos. Si dejamos que siga actuando así, toda la gente creerá en Él. Entonces las autoridades romanas tendrán que intervenir y destruirán nuestro templo y nuestra nación. Uno de ellos, llamado Caifás, que era el Sumo Sacerdote aquel año, les dijo: -Estáis completamente equivocados. ¿No os dais cuenta que es preferible que muera un solo hombre por el pueblo a que toda la nación sea destruida?... A partir de ese momento tomaron la decisión de dar muerte a Jesús'. (Jn. 11, 47-53). La envidia y la ira se adueñaron de ellos indiscriminadamente y su objetivo ya lo tenían claro. Satanás estaba haciendo su trabajo en los corazones de aquellas personas. Comenzaba la hora de las tinieblas.
      Así estaba la situación, pero eso de verlo entre aclamaciones y vítores era más de lo que podían soportar y permitir. Así lo dejó escrito San Juan después de la descripción de esa entrada triunfal: 'Ante esto, los fariseos comentaban entre sí: -Está bien claro que no conseguimos nada; todo el mundo le sigue'. (Jn. 12, 19). Ahora sólo quedaba esperar una ocasión propicia que, como sabemos, se les presentó sin tardar demasiado.
       

Entró en Jerusalén entre aclamaciones...07-07-2014

Posted by Caminante y peregrino

ENTRADA DE JESÚS EN JERUSALÉN.-GIOTTO DI BONDONE.-
GÓTICO-RENACIMIENTO
      Tengo algo de lío mental. No con el tema de la entrada de Jesucristo en la Ciudad Santa. Eso lo tengo bastante claro.Pero con la preparación de la Novena a la Virgen del Carmen, los ensayos en la Coral para el concierto que hemos ofrecido en honor de la Madre de todos y otros menesteres domésticos y sanitarios, no sé cómo empezar.  Sin embargo tengo algo muy claro y sé que no fallará: esa Persona que siempre está atento a cada uno de nosotros, con sus Dones y sus Frutos, me echará una mano. Me refiero al Espíritu Santo. ¡Caramba! Si no fuera por Él...¿qué haríamos nosotros, Iglesia Universal incluida?
      He puesto con toda idea el cuadro que tuvo como autor a Giotto di Bondone, situado en Gótico por unos autores y en Renacimiento por otros. ¿Por qué? He tenido que valerme del diccionario enciclopédico Labor, que tantas veces he consultado en mi profesión cuando no existía el ordenador personal e internet no estaba en el pensamiento de la inmensa mayoría de la gente. Conclusiones: Aunque cronológicamente pertenece al Gótico, por la característica de su obra podría estar en el Trecento del Renacimiento italiano y está considerado como su precursor.

      Voy a centrarme en el tema de hoy. Si mi objetivo desde el principio del blog era, y sigue siendo, presentar una biografía de Jesucristo desde el prisma del Arte universal, no debo prescindir de estos detalles, ¿no creen? Este cuadro es uno de los que más me gustan relativos al tema de este entrada, si bien veremos más adelante otros que también tienen su importancia, cada uno dentro del movimiento artístico al que pertenece.
     El cuadro presenta dos partes claramente diferenciadas. A la izquierda del mismo aparecen los discípulos que van acompañando a su Maestro. En primer lugar aparece Pedro, con túnica blanca y barba cana. Junto a él, Santiago, con túnica roja y manto verde. Al otro lado de Pedro vemos la cara medio pecho de Juan. Son los tres apóstoles que solían acompañar a Jesús en momentos concretos.
      A la derecha del cuadro vemos al pueblo llano que sale por una de las puertas de Jerusalén para darle una entusiasta bienvenida, lo cual está claro si tenemos en cuenta los acontecimientos sucedidos anteriormente, como luego comentaré.

      Aparece un muchacho levantando en su mano derecha  un ramo de olivo. Junto a él puede verse una mujer inclinada ante Jesús, tapándose la cabeza con su manto, acaso como un gesto de adoración hacia quien considera que es verdaderamente el 'Hijo de Dios'.
      Delante de todos aparece un hombre joven colocando su manto a los pies del pollino, igual que harían otras personas, como si estuviese extendiendo una alfombra a los pies de Jesús, manifestando así el honor que le dan.
     
       Era éste un gesto, un honor, que se daba a los Monarcas, según podemos ver en el Segundo Libro de los Reyes. El Profeta Eliseo llama a uno del grupo de profetas y le da instrucciones para ungir a Jehú, hijo de Josafat, como rey. Tras cumplir el encargo recibido marchó y Jehú se reunió de nuevo con sus camaradas, los cuales le preguntaron si todo iba bien. Jehú les contestó: 'Seguramente conocéis al hombre y sabéis lo que me ha dicho. Ellos respondieron: -No nos engañes y dinos lo que te ha dicho. Jehú les dijo: -Esto es lo que me ha dicho: "Así dice el Señor: Yo te unjo como Rey de Israel". Ellos tomaron sus mantos, los tendieron a sus pies en las gradas y al son de la trompeta, gritaron: -¡Jehú es Rey!' (2 Re. 9, 1-13) .
 

      El hecho de estar caminando los apóstoles en la misma dirección que Jesús, inmediatamente tras Él, y los israelitas que lo aclaman puestos, lógicamente, en dirección contraria, realzan la figura de Jesucristo que aparece como protagonista indiscutible del cuadro. La túnica roja que viste contrasta con el color blanco o beig claro de la capa. Su postura erguida y su brazo derecho en actitud de bendecir atraen las primeras miradas al contemplar esta escena hacia Él.

      Al fondo del cuadro, a la derecha, sobre un  cielo de intenso color azul destaca la edificación que representa una de las entrada de Jerusalén en un color claro que destaca mucho sobre el color del cielo. En el centro del cuadro, en un discreto segundo plano, vemos la presencia de unos árboles (¿frutales quizá?) y unos personajes encaramados en ellos. Probablemente sean habitantes de la ciudad que querían presenciar el acontecimiento y acaso por la gran muchedumbre decidieron subirse a ellos para gozar de una vista privilegiada. El muchacho de la izquierda (parecen niños o jóvenes, acaso adolescentes) está en actitud de subir lo más alto posible. El de la derecha adopta una postura acomodaticia, firmemente asido a las ramas del árbol, como si ya estuviera como realmente quería. Un tiempo atrás también hubo otro personaje que para ver bien a Jesús se subió a un árbol debido a su baja estatura. ¿Lo recuerdan? Le llamaban Zaqueo.

      Se ha hecho una pequeña aproximación a este episodio de la vida de Jesús, en vísperas de su Pasión y Muerte, desde el Arte, basándonos en el cuadro de Giotto. En la próxima entrada profundizaremos en este tema desde el aspecto evangélico.