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De nuevo ante Pilatos (y III).-19-agosto-2015

Posted by Caminante y peregrino

      ECCE HOMO .- TINTORETTO .- MANIERISMO
      María vio cómo se llevaban a su Hijo. Extenuado por la flagelación, era sujetado por dos soldados que lo condujeron al interior del cuerpo de guardia. Según se iba alejando, la Madre sentía como si le arrancasen pedazos de su alma que iban tras Jesús. 

      El griterío de la muchedumbre que esperaba la sentencia condenatoria del procurador romano era cada vez mayor y Pilatos se percataba que tal como estaban las cosas podía darse el caso del inicio de una revuelta que, por pequeña que fuese, no se podría controlar con facilidad una vez iniciada.                                             CORONACIÓN DE ESPINAS.-Anthony Van Dyck.-BARROCO                                                                Para evitar esta contingencia ordenó que mil legionarios rodeasen la plaza y controlasen, sin contemplación alguna a todos cuantos de una forma u otra se dejaban llevar de las consignas de los sacerdotes y escribas del templo que pedían la muerte en cruz de Jesucristo.   Sin embargo no cejaba en su empeño de salvar a quien a todas luces encontraba inocente de todas las acusaciones que se le habían hecho. Aun dándose cuenta que todo iba a ser inútil, intentó una nueva negociación con las autoridades judías después de haber liberado a Barrabás, según habían pedido: 'Díjoles Pilatos: Entonces, ¿que queréis que haga con Jesús, el llamado Mesías? Todos dijeron: -¡¡Crucifícalo!! Dijo el procurador: -Pero, ¿qué mal ha hecho?' (Mt.27, 23). Era inútil. Ni siquiera quisieron dar respuesta a la pregunta. Solamente les interesaba su muerte. No servía nada más.


      Entonces 'los soldados le llevaron dentro del atrio, esto es, al pretorio, y convocaron a toda la cohorte, le vistieron una púrpura y le ciñeron una corona tejida de espinas...' (Mc. 15, 16-17).               CORONA DE ESPINAS EN CASQUETE       Difícilmente puede ser concebida semejante brutalidad. Y todavía es más difícil intentar hacer el relato de lo que Jesús de Nazaret sintió en el momento de que aquellas espinas se le clavasen en la frente y en la nuca. He intentado averiguar si existe algún estudio sobre si la corona era redonda o tenía forma de casquete, como algunos sostienen. No he conseguido nada, pero sea como fuere, el caso es que Jesús tuvo que pasarlo horriblemente mal.

      '...y comenzaron a saludarle: -Salve, rey de los judíos. Y le herían en la cabeza con una caña y le escupían, e hincando la rodilla, le hacían reverencias'. (Mc. 15, 18-19). 'Otra vez salió fuera Pilatos y les dijo: -Aquí os lo traigo para que veáis que no hallo en Él ningún crimen. Salió, pues, Jesús fuera con la corona de espinas y el manto de púrpura, y Pilatos les dijo: -Ahí tenéis al hombre'. (Jn. 19, 4-5). Ecce Homo. Son las palabras del procurador presentando a Jesús a la multitud, pero no solamente carecieron de compasión, sino que verlo en semejante estado parecía que se enardecían todavía más y eso les impulsaba a pedir con más ahínco y vehemencia su muerte en cruz.
CRUCIFÍCALO .- Ivan Glazunov .- S. XX - XXI
      'Cuando le vieron los príncipes de los sacerdotes y sus servidores, gritaron diciendo: -¡¡Crucifícalo!! Pilatos les dijo: -Tomadlo vosotros y crucificadle, pues yo no hallo delito en Él. Respondieron los judíos: -Nosotros tenemos una ley, y, según la ley, debe morir, porque se ha hecho Hijo de Dios'. (Jn. 9, 6-7).
      Pilatos se dio por vencido. Cedió. No supo mantener su autoridad, ni política ni militar, para acallar la manifiesta injusticia a la que se enfrentaba y prefirió la salida fácil. 'Viendo, pues, Pilatos, que nada conseguía, sino que el tumulto crecía cada vez más, tomó agua y se lavó las manos delante de la muchedumbre, diciendo: -Yo soy inocente de esta sangre; vosotros veréis. Y todo el pueblo contestó diciendo: -Caiga su sangre sobre nosotros y sobre nuestros hijos'. (Mt. 27, 24-25).
ECCE HOMO Y LAVATORIO .- GEBHARD FUGEL .- S. XX
      San Juan añade un detalle que personalmente me parece decisivo en la actitud del procurador romano. Los jerifaltes judíos ven comprometidos sus objetivos de matar a Jesús cuando Pilatos les pregunta '-¿A vuestro rey he de crucificar? Contestaron los príncipes de los sacerdotes: -Nosotros no tenemos más rey que al César'. (Jn. 19, 15). Es decir. Que las autoridades del pueblo judío, que odian a los romanos por ser los invasores que los tienen sojuzgados, no tienen reparo alguno en olvidar el odio que sienten hacia ellos con tal de cumplir el objetivo que persiguen con tanta insistencia.
      Incluso cuando Pilatos da los pasos necesarios para liberar a Jesús de la cruz, no dudan en amenazar veladamente a la autoridad romana: 'Si sueltas a ese, no eres amigo del César, todo el que se hace rey va contra el César. Cuando oyó Pilatos estas palabras sacó a Jesús fuera y se sentó en el tribunal, en el sitio llamado litóstrotos, en hebreo gabbata. Era el día de la preparación de la Pascua, alrededor de la hora sexta'. (Jn. 19, 12-14). Si eso lo hacen llegar al Emperador, sabe que su carrera política y militar terminaba de mala manera. Y eso no le convenía de ninguna manera, así que: 'Entonces se lo entregó para que lo crucificasen'. (Jn. 19, 16).
SALE DE LA SALA DEL TRIBUNAL .- Gustave Doré .- S. XIX - XX
      Ahora iba a comenzar la última etapa de la Historia de Amor de un Dios, Uno en Esencia y Trino en Personas, para la salvación de lo más mimado y querido por Dios de toda la Creación: el género humano.
      

De nuevo ante Pilatos (II) .-03-agosto-2015

Posted by Caminante y peregrino

COLUMNA DE LA FLAGELACIÓN.-BASÍLICA DE SANTA PRÁXEDES.-ROMA
      Cuando Pilatos pronunció su decisión, '...nada, pues, ha hecho digno de muerte. Le corregiré y le soltaré'. (Lc. 23, 14-16), tenía claro que Jesús era inocente y a toda costa quería librarlo de la crucifixión, aun conociendo lo que significaba la flagelación romana. Los encargados de ello tomaron a Jesús y lo condujeron a la plaza, a corta distancia del puesto de guardia, donde había una columna para este menester. Allí ataban a quien debían flagelar.
      Jesús fue atado con cuerdas gruesas, probablemente con las manos por encima de la cabeza para que no pudiera proteger ninguna parte de su cuerpo de los golpes que iba a recibir. Aunque se solían emplear varas más o menos largas, el instrumento habitual era el flagelo romano. Este estaba compuesto por un mango corto del cual sobresalían tres correas de cuero de unos cincuenta centímetros de longitud, al final de los cuales, en las puntas, había dos bolas de plomo o astrágalos de carnero.
      Al ser flagelado por soldados romanos y en una dependencia militar de Roma, estaba sujeto a un número de golpes indefinido, con solamente un límite: que no debía morir. Si era condenado a la cruz, debía llegar vivo a ella. Y el Salvador, como puede verse en el hombre de la Santa Síndone, no tenía ninguna zona libre de golpes. Bueno, sí. En la cabeza no fue golpeado ni tampoco por la zona del corazón por lo dicho anteriormente.
SÁBANA SANTA.-TURÍN
      De cualquier forma, los golpes de los esbirros romanos eran inmisericordes. No solamente no intentaban minimizarlos, sino que iban a ver quién los perfeccionaba más. A cada uno de ellos, el Hijo del hombre se retorcía de dolor y sus quejidos y lamentos se oían cada vez con menor intensidad por el insufrible dolor y agotamiento, como si fuesen una suave oración dirigida al Padre. Eran un contraste con los gritos de los verdugos que entre burlas y chanzas se iban relevando.
ADOLPHE BOUGUEREAU.-CLASICISMO
      Hubiera podido decirse que su cuerpo era una sola llaga, una sola herida, un único sufrimiento,...era la personificación perfecta del dolor. Parece ser que la duración de esta tortura fue de unos tres cuartos de hora, pero para Jesús y para su Madre, que lo presenciaba todo desde un lugar más apartado, fue infinito.
      Todos los golpes recibidos fueron haciendo su labor cortando en mayor o menor grado la piel, los músculos y quizá algunos de los tendones de su cuerpo produciendo contusiones, llagas y lesiones en órganos internos. 
DIEGO DE SILOÉ.-RENACIMIENTO
      Existen estudios de la flagelación de Cristo escritos por doctores en Medicina que analizan desde el punto de vista médico lo que ocurrió en el cuerpo de Cristo con los golpes recibidos. Ya de por sí mismos constituyen un serio motivo de reflexión y meditación de lo que padeció Nuestro Señor por cada uno de nosotros en esos momentos, antes de la crucifixión, que de ningún modo quiso evitar pudiendo hacerlo: '...que no se haga mi voluntad, sino la tuya'. (Lc. 22, 42b). 
      Era el momento que Isaías vio: 'No había en Él belleza ni esplendor, su aspecto no era atractivo. Despreciado, rechazado por los hombres, abrumado de dolores y familiarizado con el sufrimiento; como alguien a quien no se quiere mirar, lo despreciamos y lo estimamos en nada'. (Is. 53, 2-3). Aquella realidad se escapa a nuestras capacidades humanas. Pienso que no somos capaces con nuestras limitaciones de vislumbrar la entrega del Hijo de Dios por nuestra Redención. Solamente una especial iluminación divina podría hacernos ver la terrible realidad y el amargo significado de aquellos momentos. Acaso fuese eso lo que el profeta vio y escribió.
      Continua su relato: 'Sufrió el castigo para nuestro bien y con sus llagas nos curó. Andábamos todos errantes como ovejas, cada cual por su camino, y el Señor cargó sobre Él todas nuestras culpas. Cuando era maltratado, se sometía y no abría la boca; como cordero llevado al matadero, como oveja ante el esquilador, enmudecía y no abría la boca'. (Is. 53, 5-7). Todo su aspecto lo resume  al final del capítulo anterior de una forma contundente: 'Lo mismo que muchos se horrorizaban al verlo, porque estaba tan desfigurado que no parecía hombre ni tenía aspecto humano'. (Is.52, 14).

      Cuando soltaron a Jesús y cayó al suelo, lo hizo sobre su propia sangre. Intentó incorporarse y limpiarse la sangre  y el sudor de sus ojos. Entonces se cruzó su mirada con la de su Madre. Quiso decirle algo pero lo cogieron y se lo llevaron a otro lugar. La Madre deseó gritarle una frase de ánimo, pero no pudo. 
      En ese momento vio ante ella a la mujer del procurador romano, visiblemente emocionada y llorosa, que puso en sus manos unas telas para limpiar a Jesús cuando, según pensaba, fuese liberado por su marido. 
      Aunque se marchó de inmediato, pudo vislumbrar la mirada de agradecimiento y ternura de aquella Madre Dolorosa. Esto le causó una profunda impresión de pena y misericordia ante tanto sufrimiento que ella hubiera querido evitar y que no había podido hacerlo.
      María, con las telas que Claudia Procla le había proporcionado, se acercó hacia donde Jesús había sido flagelado y con la ayuda de otra de las mujeres que la acompañaban, recogieron la sangre del suelo que su Hijo había derramado allí en cumplimiento de la Misión encomendada por el Padre Eterno para rescatar al género humano de las garras del mal y del pecado.