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El fin del principio (I).-Llegada al Gólgota.-22-octubre-2015

Posted by Caminante y peregrino

CRUCIFIXIÓN DE XTO.-TRÍPTICO.-Martin van Heemskerck.-MANIERISMO
      Bajó a trompicones. Por el esfuerzo y  por la emoción vivida ayudando al Maestro le temblaban las piernas. Estuvo a punto de caer y así hubiera sido si unos brazos fuertes no lo hubieran cogido a tiempo. Levantó la cabeza para verlo y vio un hombre joven rodeado de unas mujeres también llorando como él. Quiso agradecer que lo cogieran y en ese instante recordó, casi como si lo volviese a ver junto a él, la mirada agradecida que le había dado. '¡Adonai! ¿Por qué, Adonai? ¿Por qué? ¡¡Él es justo!! ¡¡Es inocente!! ¿Cómo lo permites?

      '-Vimos cómo lo intentaste. Hiciste cuanto estuvo en tus manos para ayudarlo y para que sufriera menos. Somos nosotros los que te damos gracias a ti. ¿Quién eres? ¿Cómo te llamas?
MARÍA Y LAS SANTAS MUJERES AL PIE DE LA CRUZ.-DUCCIO DI BUONINSEGNA.-GÓTICO       Sin apartar la mirada de aquel montículo porque no perder nada de cuanto le hiciesen al Nazareno, contestó: '-Mi nombre es Simón. Soy de Cirene. Mis hijos y yo veníamos del campo de trabajar y los romanos me obligaron a ayudarlo. Yo no quería porque estaba muy cansado de la jornada, pero os juro que ahora no solamente no me arrepiento de haberlo ayudado, sino que gustosamente me pondría en su lugar para evitarle tanta injusticia, tanto dolor, tanta iniquidad,...
      '-Sí. Es muy duro y cruel lo que le están haciendo, pero ten solamente fe, mucha fe en Él. No te defraudará, pero esto hay que pasarlo'. Simón quedó turbado al oír aquella voz. Estaba seguro que no la había oído anteriormente, pero destilaba tanta tristeza y a la vez tanta firmeza, tanta esperanza, tanta...Sus reflexiones se interrumpieron porque una de las mujeres dijo con voz muy fuerte: 'Allí, allí está!' Todos los rostros giraron hacia donde indicaba y todos los ojos concentraron sus miradas en la figura de Jesús que aparecía de pie en lo alto del montículo.
     La mujer cuya voz había impresionado al cireneo se levantó de súbito y dio unos pasos hacia el lugar donde estaba Jesús. El hombre que evitó la caída de Simón fue tras ella y la tomó del brazo. Oyó cómo le decía reprimiendo un nuevo sollozo: 'Juan, llévame allí. Quiero estar junto a Él para que no se encuentre solo en estos momentos'. Los dos se acercaron al lugar y se les unió una segunda mujer. Simón preguntó a una de las mujeres que estaban con él: '-¿Quienes son? -La mujer que va delante es la Madre  de Jesús y quien la acompaña es Juan, el discípulo más apreciado del Maestro. En cuanto a la mujer que camina tras ellos, es María, oriunda de Magdala, también discípula'.
      
DESPOJAN A JESÚS DE SUS VESTIDURAS .-JAMES TISSOT.-S. XIX - XX
      
      La respuesta lo dejó boquiabierto. ¿Cómo no iba a desprender tristeza y amargura aquella voz si era su Madre? Y a Juan lo recordaba de haberlo visto acompañar al rabí el día que les dio de comer en el monte a él y a tanta gente. Se sintió indigno de aquel reo que iba a morir dentro de unos momentos sin que se pudiera hacer nada para evitarlo.  Quiso hacer una nueva pregunta pero se encontró solo. Las otras mujeres habían partido en pos de María y de Juan. También querían acompañar al que iban a crucificar.
      Como si se hubieran puesto de acuerdo, todos se pararon un momento al ver que a Jesús le quitaban sus vestiduras y que unos sayones 'le dieron de beber vino mezclado con mirra, pero no lo tomó', (Mc. 15, 23) lo rechazó. 
JAMES TISSOT.-S. XIX - XX 
      Al quitarle la túnica se le abrieron muchas heridas de la flagelación, pero ya no tenía fuerzas para quejarse. Lo tomaron y lo pusieron sobre la cruz para tomar las medidas de los brazos y de las piernas. A la altura de las muñecas perforaron la madera para clavar mejor las manos del reo y para los pies pusieron una especia de peana con el fin de que pudiese apoyarse sobre sus pies y así, alargar algo más su agonía.
PREPARATIVOS PARA LA CRUCIFIXIÓN.-FRANCISCO RIBALTA.-BARROCO
      Después...comenzó lo peor. Le ordenaron que se echase del todo sobre la cruz. Lo intentó. No tenía más remedio, pero le costaba moverse. Un nuevo empujón dado sobre un hombro sin ningún miramiento 'solucionó' el problema, Su quejido quedó ahogado por las risotadas de los sayones que iban a hacer 'su trabajo'. Le ataron unas cuerdas a las muñecas para tirar de sus brazos y clavarlos en el madero.Fue horroroso. Un grito femenino  traspasó las risas y las burlas de sus verdugos. El centurión, nuevamente compadecido, les ordenó callar y hacer su trabajo sin perder tiempo. Quería ahorrarle el máximo sufrimiento.
PADRE, PERDÓNALES.-James Tissot
      La Madre, pues era ella la que gritó, se lanzó hacia donde estaba su Hijo, pero cuando casi estaban llegando los soldados les impidieron el paso. '¡Dejadme pasar, por piedad!' El centurión se giró y la vio. Nuevamente sintió en su interior el mismo sentimiento que cuando la Madre se echó sobre su Hijo abrazándolo por las calles de Jerusalén. Luchó contra sí mismo para evitar que las lágrimas que pugnaban por salir de sus ojos aparecieran ante sus soldados. Carraspeó y dio la orden: '¡Dejadlos pasar! Es su Madre y un familiar'. Realmente no sabía quién era aquel muchacho, pero si iba con ella bien pudiera ser familia.
      Los soldados obedecieron y cruzaron el cordón de soldados, pero María Magdalena los siguió aprovechando la oportunidad. Para evitar problemas a aquel militar que tanto les estaba ayudando, se mantuvieron algo apartados de la cruz, pero veían y vivían en sus entrañas cuanto le hacían a Jesús. Éste todavía no se había dado cuenta que estaban allí, pero cuando le tiraron del brazo y dieron el primer martillazo sobre el clavo que le traspasó la muñeca, gritó desgarradoramente sin saber de dónde procedía la fuerza de aquel grito. Su sangre salpicó a sus verdugos, pero permanecieron impasibles.
      Simultáneamente al de Jesús, su Madre no pudo evitar otro grito de dolor como si la traspasada hubiese sido ella. Magdalena se estremecía por el llanto y Juan estaba descompuesto. Estaban matando a su amigo, a su Maestro. Por su mente cruzó la idea de que a los tres días resucitaría, pero no se detuvo en ella. Su sufrimiento y el de María lo impedía porque estaba continuamente pendiente de Ella.
LETRERO DEL CRUCIFICADO.-TINTORETTO.-RENACIMIENTO
      A la vez que a Él,'crucificaron a dos bandidos, uno a la derecha y otro a la izquierda, y se cumplió la Escritura que dice: "Fue contado entre malhechores". (Mc. 15, 27-28) Escribió Pilato un título y lo puso sobre la cruz; estaba escrito: "Jesús Nazareno, Rey de los judíos". Muchos de los judíos leyeron este título porque estaba cerca de la ciudad el sitio donde fue crucificado Jesús, y estaba escrito en hebreo, en latín y en griego'. (Jn. 19, 19-20).
CRUCIFIXIÓN DE CRISTO.-ANDREA MANTEGNA.-RENACIMIENTO

Comienza el largo camino...(y III).- 08-octubre-2015

Posted by Caminante y peregrino

CAMINO DEL CALVARIO.-MATTIA PRETI.-BARROCO
      Simón se desvivía por ayudar a Jesús, pero no estaba ciego ni era tonto. Se daba cuenta que de un momento a otro iba a caer porque las fuerzas tienen un límite y el Maestro, con el cuerpo llagado y los malos tratos que iba recibiendo sin miramiento alguno, lo estaban dejando agotado. La sed también hacía mella en aquel cuerpo ¿humano? que se cogía a su túnica  como podía para no pisarla y no perder el equilibrio.
      Lo miró de reojo como pudo y solamente pudo ver, y mal, unos labios llagados por los golpes y por la falta de líquidos que calmaran su afán por beber. No había terminado de pensar en qué podría hacer para suavizar aquel sufrimiento  y sucedió lo que estaba temiendo: la falta de fuerza de Jesús le había hecho doblar una rodilla que tocó el polvo del camino. 
SIMÓN DE CIRENE AYUDA A JESÚS.-HAROLD COPPING.-S. XIX - XX 
      Su respiración era fatigosa. Le faltaba aire que procuraba tomar con la boca abierta casi con ansiedad. Sin saber cómo, se dio cuenta que una mujer, despreciando a los sayones y a los legionarios que cuidaban que nadie se acercase a los reos, daba de beber al Maestro y rápida como el viento se quitó el paño que le cubría la cabeza, hizo tres dobles y le limpió el polvo, el sudor y la sangre de su rostro. Jesús la miró como solamente hacía Él y quiso decirle alguna frase de agradecimiento, pero un legionario ya se había acercado para cogerla por un brazo y apartarla de allí.
MUJER VERÓNICA.-LUCAS JORDÁN.-BARROCO
      A ella no le importó lo que hiciera el soldado. Ella había aliviado la sed, el calor y el sufrimiento del Nazareno y aquello la recompensaba con creces. Lo vio alejarse y desplegó su manto para ponérselo en la cabeza. No pudo. Imposible. Sufrió un leve mareo porque le pareció ver que en él estaba grabada la cara de Jesús en cada uno de los tres pliegues con que lo había limpiado. Era la respuesta del Salvador hacia el admirable y valiente gesto de aquella mujer.
      Pero ella no podía creer que fuera posible lo que sus ojos le estaban confirmando. Volvió a mirarlo y tuvo que rendirse a la evidencia: El Maestro le había correspondido plasmando tres veces su Santa Faz en el paño con que lo había secado. No pudo contener su emoción. Entró en su casa y, de rodillas, rompió a llorar de una fortísima emoción por tener abrazado sobre su pecho el rostro del que iban a crucificar. Su pensamiento se dirigió a Yavéh para pedirle que ayudase al Hijo de María y, sin poder evitarlo, por la emoción de lo que estaba viviendo, quedó dormida con el cuerpo sobre el suelo contemplando el Paño puesto en una modesta silla.
MUJER VERÓNICA.-PAUL DELAROCHE.-ROMANTICISMO
      Jesús seguía su camino. No tenía otro remedio. Había momentos que desfallecía y deseaba llegar al Gólgota para consumar su Misión y terminar cuanto antes aquel trance amargo. Solamente su capacidad de amar  la humanidad y devolvérsela al Padre, ya redimida, le daba ánimo para continuar. Tenía la impresión, por momentos, de que el griterío decrecía, lo cual no era cierto, porque a medida que se acercaban al montículo de su destino, se enardecían más.



CON LA CRUZ A CUESTAS.-GIOVANNI BATTISTA TIÉPOLO.-BARROCO
      Quiso mirar la imponente figura del centurión montado en su corcel que tanto le había ayudado y solamente pudo vislumbrar una silueta borrosa en movimiento que por momentos se presentaba lúcida ante sus ojos. Quiso sobreponerse a su profundo dolor y malestar que sentía por todo su cuerpo. Tenía que seguir...seguir...
      Llegó a un recodo del camino donde no pudo evitar prestar atención a un grupo de mujeres 'que se herían y lamentaban por Él'. Habían asistido a muchas de sus predicaciones en casas, en las calles o en el campo y se sentían sus discípulas, unas de ellas; otras, habían venido a la Pascua, pero estaban horrorizadas de lo que veían y participaban de los sentimientos de las otras mujeres. Lo querían como alguien que perteneciese a su propia familia y sentían sus sentimientos como propios. A pesar de su penosa situación Jesús sintió lástima de ellas. 
HABLA A LAS MUJERES DE JERUSALÉN.-ALEXANDRE BIDA.-ROMANTICISMO 
       'Vuelto a ellas, Jesús les dijo: Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí; llorad más bien por vosotras mismas y por vuestros hijos, porque...' Dejó de hablar un breve momento. Necesitaba tomar aire porque el esfuerzo de dirigirles la palabra le agotaba. Continuó como pudo: '...porque vendrán días en que se dirá: Dichosas las estériles y...y los vientres que no engendraron, y los pechos que no amamantaron. Entonces...entonces dirán a los montes: caed sobre nosotros; y a los collados, ocultadnos'. Nuevamente tomó aire para poder seguir transmitiendo su mensaje: 'Porque si esto se hace con el leño verde, en el seco, ¿qué será?' (Lc. 23, 28-31).
      No pudo continuar. El empujón de un sayón le obligó a continuar su camino. Del esfuerzo cayó otra vez. Oyó la voz del centurión dando la orden a sus soldados: 'Vosotros dos, ayudad a levantarlo'. Simón de Cirene ya lo estaba intentando pero agradeció en su interior la ayuda del romano, más por Jesús que por él. Éste, cuando se pudo poner en pie, vio que el lugar de la crucifixión estaba ya muy cercano. Intentó subir todo lo rápido que le permitían sus escasas fuerzas. Pero llegó.


LLEGADA AL CALVARIO.-JAMES TISSOT.-S. XIX - XX

      En cuanto pisó aquel lugar dirigió una mirada al cielo y musitó una breve oración dirigida a su Padre. Simón dejó la cruz en el suelo y quiso dirigirse al Maestro, pero se lo impidieron los soldados y lo echaron de allí. Ya no pudo reprimirse y gritó a los romanos todo cuanto su rabia e impotencia le dictaban. No le hicieron caso. Tenían otra cosa que hacer y el tiempo se les echaba encima.
      Era mediodía.
      Y Simón, sin alejarse demasiado, no perdía detalle de lo que iban a hacer con el Maestro, mientras unas lágrimas de rabia y emoción rodaban por sus mejillas.