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Lo intuyó…y acertó.- 26-SEP-2012

Posted by Caminante y peregrino

SALOMÉ BAILA ANTE HERODES.-GUSTAVE MOREAU.-SIMBOLISMO

La mazmorra estaba como siempre, lóbrega, oscura, fría,…pero él no la notaba igual. Un ligero escalofrío le recorrió la columna vertebral y le hizo estremecerse a pesar suyo. Estaba nervioso y no sabía a qué atribuirlo. Estaba acostumbrado a las incomodidades y a la vida austera del desierto, pero aquello era diferente. Sus pensamientos abarcaban desde el día que bautizó a su primo Jesús hasta el día en que por echar en cara al rey Herodes su comportamiento con Herodías lo metió en aquel calabozo.

Unos pasos por el corredor lo sacaron de ellos y agudizó el oído. La puerta se abrió chirriando sobre sus goznes enmohecidos. ‘Shalom, Juan, ¿cómo estás?’. 

 VICTOR MEIRELLES.-S. XIX

Eran algunos de los discípulos suyos que habitualmente lo visitaban con el consentimiento del rey. Ellos le traían las noticias que se producían en el exterior y también, ¡cómo no! las curaciones, milagros y predicación del Salvador.

Hacia este tema discurría la conversación, cuando Juan les dijo al notar las dudas que tenían: ‘Id a buscar a Jesús y decirle: ¿Eres tú el que ha de venir o esperamos a otro?’ (Lc. 7, 19). Y allá se dirigieron, mientras Juan quedaba nuevamente sumido en sus pensamientos. Estaba claro que él no dudaba lo más mínimo de cuanto hacía su primo. Lo conocía demasiado bien y sabía quién era, pero los discípulos que lo visitaban aún tenían mucho que aprender.

Mientras tanto Herodes, desde que lo encerró en la fortaleza de Maqueronte, había remitido en su animadversión inicial y en ocasiones hablaba con él e incluso le pedía su opinión sobre algunas cosas, según nos transmite San Marcos: ‘Herodes sentía respeto por Juan, conociendo ser hombre justo y santo, y le amparaba, y, oyéndole, vacilaba, pero le escuchaba con gusto’. (Mc. 6, 20). 

 SALOMÉ Y HERODÍAS.-GUSTAVE MOREAU .- SIMBOLISMO

En cambio a Herodías le pasaba lo contrario. Cada vez lo aborrecía más y no ocultaba sus ganas de matarlo: ‘Herodías estaba enojada contra él y quería matarle, pero no podía porque Herodes sentía respeto por Juan’. ( Mc- 6, 19).

Además, cuando el rey había querido hacerlo, se dio cuenta que no era aconsejable hacerlo porque ‘tuvo miedo de la muchedumbre que le tenía por profeta’. (Mt. 14, 5). Así las cosas, los discípulos llegaron donde estaba predicando Jesús y cuando finalizó se acercaron donde estaba y le dijeron: ‘Juan el Bautista nos envía a ti para preguntarte: ¿Eres tú el que viene o esperamos a otro?’ (Lc. 7, 20). Jesús no les respondió inmediatamente. Los miró y captó que la pregunta no era de Juan. Lo conocía sobradamente también y sabía que no albergaba ninguna duda, así que junto con los mensajeros marchó para que presenciaran la respuesta que luego les daría.

 ‘En aquella misma hora curó a muchos de sus enfermedades y males y de los espíritus malignos, e hizo gracia de la vista a muchos ciegos y tomando la palabra les dijo: Id y comunicad a Juan lo que habéis visto y oído: los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan limpios, los sordos oyen, los muertos resucitan, los pobres son evangelizados; y bienaventurado es quien no se escandaliza de mí’. (Lc. 7, 21-23).

 CURABA ENFERMOS.-J.TISSOT.-S.XIX

No hizo más que repetir con palabras lo que sus obras habían manifestado. No podía estar más claro. Marcharon con un bagaje de noticias que no dejaban lugar a las dudas y que en el camino de vuelta servirían como tema de conversación entre ellos, así como la forma de transmitírselo a Juan.

Emprendieron el camino de regreso para contar a Juan lo que habían visto y oído, pero Jesús no permaneció pasivo ante esa situación. Volvió a dirigirse a su auditorio con un mensaje muy claro haciendo referencia a Juan Bautista: 

 JESÚS HABLA DEL BAUTISTA .- JAMES TISSOT .- S.XIX-XX

‘¿Qué habéis salido a ver al desierto? ¿Una caña agitada por el viento? ¿Qué salisteis a ver? ¿Un hombre vestido con molicie? Los que visten suntuosamente y viven con regalo están en los palacios de los reyes. ¿Qué salisteis, pues, a ver? ¿Un profeta? Sí, yo os digo, y más que profeta. Este es aquel de quien está escrito: -He aquí que yo envío delante de tu faz a mi mensajero, que preparará tu camino delante de ti. Yo os digo: No hay entre los nacidos de mujer profeta más grande que Juan; pero el más pequeño en el reino de Dios es mayor que él’. (Lc. 7, 24-28).

A medida que iba hablando iba levantando más su voz  y enfervorizándose en los elogios de su primo. Incluso hubo momento en que pareció que se emocionaba. ¿Acaso suponía que llegaba la hora de separarse para reencontrarse más adelante junto al Padre? Cabía en lo posible. Los dos estaban cumpliendo una misma misión, Cada uno desde su propia función.

En el camino de vuelta, los discípulos de Juan comentaban entre sí los milagros que Jesús hizo y de los que ellos habían sido testigos privilegiados. Se daban cuenta que, efectivamente, como tantas veces había dicho Juan, Jesús era el Mesías. Recordaron aquellas palabras que ahora entendían en toda su extensión: ‘No soy yo el Mesías….Entonces, ¿qué dices de ti mismo? Dijo: -Yo soy la voz del que clama en el desierto’. (Jn. 1, 19-28).

Cuando llegaron de nuevo a visitar a Juan le relataron pormenorizadamente cuanto habían presenciado. 

 JUAN BAUTISTA PREDICANDO .- GHIRLANDAIO .- RENACIMIENTO

Fue una reunión larga, con un diálogo en el que se plantearon dudas e interrogantes. Una reunión con sabor de…despedida. Y Juan, nuevamente les recordó lo que anteriormente había dicho ya con respecto a él y a Jesús: ‘Vosotros mismos sois testigos de que dije: -Yo no soy el Mesías, sino que he sido enviado ante Él. El que tiene esposa es el esposo; el amigo del esposo, que le acompaña y le oye, se alegra grandemente de oír la voz del esposo. Pues así este mi gozo es cumplido. Preciso es que Él crezca y yo mengüe’. (Jn. 3, 28-30).

Prácticamente aquella expresión, ahora comprendida en toda su extensión y profundidad, marcó el final de aquella entrevista entre ese grupo de amigos. Luego, se desenvolvieron los acontecimientos muy rápidamente. Demasiado rápidamente.

Juan quedó solo. ¿Solo? Realmente, no.

 JESÚS Y JUAN BAUTISTA NIÑOS .- Bartolomé Murillo .- BARROCO

 La visita recibida le había llevado muchos recuerdos a su mente: años de su niñez con Jesús, disfrutando de juegos infantiles que le hicieron sonreír. Los años posteriores, hasta que llegó el momento de empezar a desarrollar la misión que cada uno tenía. ¿Y ahora la prisión? Es que su deber era hablar claro y decirle a Herodes, aunque fuese el rey, que vivir con Herodías, la mujer de su hermano Filipo, no era lícito. La verdad y el ejemplo, especialmente en el rey, debían ser una bandera de honradez.

Herodes no lo vio así. Y todavía menos, infinitamente menos, Herodías. Desde aquel día no ocultó el odio ciego y feroz que le profesaba. Le hubiese gustado matarlo, pero Herodes no lo consintió. Tendría que esperar a que se presentase una ocasión propicia. El tiempo pasaba y ‘Herodes en su cumpleaños ofrecía un banquete a sus magnates, y a los tribunos, y a los príncipes de Galilea’. (Mc. 6, 21).

HERODES CELEBRA SU CUMPLEAÑOS.-EDWARD ARMITAGE.-S. XIX
La fastuosidad del salón y el festín debía estar en consonancia con el rango del anfitrión: el rey. No podía faltar detalle. Los manjares, el vino, la música y los espectáculos se sucedían según las costumbres de la época en estos casos. En uno de los mementos del banquete ‘entró la hija de Herodías y, danzando, gustó a Herodes y a los comensales. El rey dijo a la muchacha: -Pídeme lo que quieras y te lo daré’.

Hasta ahí se podría decir que todo estaba transcurriendo dentro de los límites normales, pero hay muchas ocasiones en que las personas no nos paramos a pensar en las consecuencias de lo que hacemos o decimos. Si el rey se hubiese callado en ese momento, posiblemente las cosas no hubiesen llegado tan lejos, pero continuó: ‘Y le juró: -Cualquier cosa que me pidas te la daré, aunque sea la mitad de mi reino’. Esa fue la ocasión. La gran ocasión de Herodías que estaba esperando largo tiempo, sin suponer que iba a llegar de la mano de su hija y en aquel banquete, pues

‘Saliendo ella dijo a su madre: -¿Qué quieres que le pida?’ Para su hija Salomé era una cosa absolutamente normal. 

 SALOMÉ PIDE LA CABEZA DEL BAUTISTA.-Giovanni di Paolo di Grazia .- GÓTICO

Con la promesa de Herodes, formulada ante numerosos testigos, de darle un obsequio valioso, pasó a consultar a su madre, pero vio que era el momento de desembarazarse del Bautista para siempre. ‘Ella le contestó: -La cabeza de Juan el Bautista. Entrando luego con presteza, hizo su petición al rey, diciendo: -Quiero que al instante me des en una bandeja la cabeza de Juan el Bautista’.

La terrible petición sonó como un trueno. El silencio se podía cortar con la pluma de un ave. Nadie esperaba semejante barbaridad. Ni siquiera Herodes. En él confluían todas las miradas y …dudó. Apreciaba a Juan. En ese momento se daba cuenta de lo que realmente estimaba al Bautista. Incluso pensaba que si no lo hubiese enviado a prisión no tendría ahora este problema. Pero había prometido con juramento (imprudente en grado superlativo) y ante sus numerosos invitados, que le daría lo que pudiera pedir, así que ‘el rey, entristecido por su juramento y por los convidados, no quiso desairarla. Al instante envió el rey un verdugo, ordenándole traer la cabeza de Juan’.

DECAPITACIÓN DE SAN JUAN BTA.-Michelangelo Caravaggio.-BARROCO
La cabeza le cayó sobre su pecho. Sabía que aquello no era justo y veía la mano de Herodías detrás de todo ello. La cabeza parecía que le iba a reventar. No podía articular palabra alguna ni nadie osaba hablar alto, ni siquiera en tono normal, aunque los cuchicheos se notaban dentro del silencio sepulcral, (nunca mejor dicho), que imperaba en el salón. Los judíos asistentes también lo encontraron injustificable, pero…tenían que callar. Era el rey quien lo había ordenado.

SALOMÉ EN PRISIÓN.-GUSTAVE MOREAU.-SIMBOLISMO
¿Y Juan? Ciertamente no sabemos cómo fue ese momento, ni falta que nos hace conocer detalles de semejante monstruosidad, pero cuando vio entrar al verdugo supo que su misión había finalizado. Del todo. Se encomendó a Yavéh y tuvo un recuerdo emocionado de su primo. No tuvo tiempo de más. ‘Aquel se fue y le degolló en la cárcel, trayendo su cabeza en una bandeja, y se la entregó a la muchacha, y la muchacha se la entregó a su madre’. Así de escueto. Así de simple. Así de canallesco.

HERODÍAS RECIBE LA CABEZA DE SAN JUAN.-RUBENS.-BARROCO
Los pintores han tenido en este tema un motivo de abundantes cuadros donde han puesto plásticamente esta tragedia. Y los escultores, también. Realmente hay una creatividad y riqueza artística que es imposible poner todos los cuadros en esta entrada, pero más adelante intentaré mostrar el enfoque de cada uno de los temas, según la concepción del artista, dentro del movimiento artístico que vivían. Y con Juan, ¿qué pasó? San Marcos nos relata: ‘Sus discípulos, que lo supieron, vinieron y tomaron el cadáver y lo pusieron en un monumento’. (Mc. 6, 17-29). San Mateo lo completa: ‘Los discípulos fueron luego a anunciárselo a Jesús’. (Mt. 14, 12).

 LA APARICIÓN.-GUSTAVE MOREAU.-SIMBOLISMO



Los envió de dos en dos…-09-09-2012

Posted by Caminante y peregrino

JESÚS Y LOS DOCE.-MONASTERIO DE MONTSERRAT


Aunque era bien entrada la noche, Jesús no dormía. No podía. Humanas preocupaciones ocupaban plenamente su pensamiento. 

 WILLIAM DYCE.-S. XIX

De todos su seguidores había elegido doce que le acompañarían en su labor avangelizadora e iban a ser sus confidentes y colaboradores más íntimos. Pero no era suficiente. Había mucho trabajo que hacer y su tiempo era limitado. Tenía claro que esos doce amigos iban a continuar la obra para la que había venido a ese mundo que Él creó con su Palabra, con la ayuda del Espíritu que ‘aleteaba sobre la superficie de las aguas’ (Gen. 1, 2b), pero eran numéricamente insuficientes. Si la llamada era para todos, todos debían hacerse corresponsables para llevarla a cabo.

Al final, la fatiga y el sueño, tan humanos los dos, hicieron acto de presencia y quedó sumido en un sueño profundo. Y soñó. Soñó con una hermosa y verde pradera llena de hombres y mujeres, con muchísimos niños, que sonreían felices a la vida que se les presentaba abierta a los planes de su Padre común, el cual sonreía contemplando cómo su plan primitivo cuando creó el mundo se hacía realidad.
CRISTO DE LA SONRISA.-ESCULTOR ANÓNIMO.-S. XV.-CASTILLO DE JAVIER
La luz de un alba dorada por los suaves rayos solares le volvió a la realidad. A la cruel y dura realidad porque el problema con el que se durmió seguía latiendo en su interior. Como siempre, se recogió en oración y se dirigió a su Padre en íntimo y suave coloquio. Pasó un tiempo que nunca se podía conocer de cuánto fue, porque cuando estaba con Él no existía. Era su mayor felicidad y no existía prisa alguna. Pero cuando terminó, vinieron a su mente las palabras de Jeremías: ‘El que dispersó a Israel le congrega de nuevo y le protege como el pastor protege a su rebaño. Yavé ha libertado a Jacob, le ha salvado de la mano de sus opresores’ (Jer. 31, 10-11). Y ese momento ya había llegado.

Llamó a Pedro y entre los dos fueron llamando al resto. Sin prisa se pusieron en camino para dirigirse a los lugares donde consideraba necesaria su presencia.

 CRISTO Y PEDRO.-Simeon Solomon.-PRERRAFAELISMO

 ‘Recorría Jesús todas las ciudades y aldeas, enseñando en las sinagogas de ellos, y predicando el evangelio del reino, y sanando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo. Y al ver las multitudes, tuvo compasión de ellas; porque estaban desamparadas y dispersas como ovejas que no tienen pastor’. (Mt. 9, 35-36).

Pero ese día estaba más sensible de lo habitual. Las preocupaciones de la noche anterior habían hecho acto de presencia nuevamente y cuando por la noche pusieron en común los acontecimientos vividos durante el día. Jesús les preguntaba sobre sus opiniones de lo que habían visto en los distintos lugares visitados. Después de recogidas las distintas opiniones, les hizo conocer su resolución valiéndose de una comparación, que acaso había presenciado en innumerosas ocasiones durante su vida oculta: ‘Entonces dijo a sus discípulos: A la verdad la mies es mucha, mas los obreros pocos.
Rogad, pues, al Señor de la mies, que envíe obreros a su mies’. (Mt. 9, 37-38).

INSTRUYE A LOS DISCÍPULOS.-MICHAEL DUDASH.-S. XX

Había dos invitaciones implícitas en su comentario. Por una parte les estaba enseñando la necesidad de la oración para cualquier empresa apostólica que pudiesen emprender. 

 DUCCIO DI BUONINSEGNA.-GÓTICO

Ahora o en un futuro que, más o menos tarde, había de llegar. Les estaba haciendo ver que ‘la mies’ eran (y son) todas aquellas personas que aunque asistiesen a la sinagoga todos los sábados y celebrasen el sabbath, debían hacerlo desde un corazón centrado en Yavé y no desde una rutina amorfa y sin sentido. Dios era (y es) el fondo de toda celebración litúrgica.

Por otra parte los enfocaba hacia una actividad personal centrada en el prójimo y que iba más allá de ellos doce. Eran necesarios más discípulos que colaborasen en la extensión del Evangelio y en la proclamación del Reino. Así que en cuanto reunió discípulos suficientes designó el Señor a otros setenta y dos, y los envió de dos en dos delante de sí, a todas las ciudades y sitios a donde él había de ir. Y les dijo: La mies es mucha, y los obreros pocos. Rogad, pues, al Dueño de la mies que envíe obreros a su mies. Id; mirad que os envío como corderos en medio de lobos.

No llevéis bolsa, ni alforja, ni sandalias. Y no saludéis a nadie en el camino. En la casa en que entréis, decid primero: "Paz a esta casa." 

 ENVIÓ SETENTA, DE DOS EN DOS.-JAMES TISSOT.-S. XIX - XX

Y si hubiere allí un hijo de paz, vuestra paz reposará sobre él; si no, se volverá a vosotros. Permaneced en la misma casa, comiendo y bebiendo lo que tengan, porque el obrero merece su salario. No vayáis de casa en casa. En la ciudad en que entréis y os reciban, comed lo que os pongan; curad los enfermos que haya en ella, y decidles: "El Reino de Dios está cerca de vosotros’. (Lc 10, 1-9)  

Eso constituyó una magnífica experiencia para todos. Volvieron pletóricos de alegría, de orgullo, de satisfacción. Habían colaborado con el Maestro. Las posibles dificultades quedaban atrás y los resultados obtenidos eran demasiado satisfactorios como para pensar en esas dificultades. ‘Los setenta y dos volvieron y le dijeron llenos de gozo: "Señor, hasta los demonios se nos someten en tu Nombre’. (Lc.10, 17).

VUELTA DE LOS SETENTA.-JAMES TISSOT.-S. XIX - XX

Era lógico. Su bautismo apostólico desde el prisma del dominio sobre Satanás y sobre las enfermedades que en nombre de Jesús habían curado les hacía sentirse útiles. Pero Jesús tenía que devolverlos a la realidad, porque cuando Él no estuviera y ellos tuvieran que completar su obra, no iba a ser tan sencillo:

 CAÍDA DE LOS ÁNGELES REBELDES.-FRANS FLORIS.-MANIERISMO

 ‘Él les dijo: "Yo veía a Satanás caer del cielo como un rayo. Os  he dado poder para caminar sobre serpientes y escorpiones y para vencer todas las fuerzas del enemigo; y nada podrá dañaros. No os alegréis, sin embargo, de que los espíritus se os sometan; alegraos más bien de que vuestros nombres estén escritos en el cielo’. (Lc. 10, 18-20).

Ellos enmudecieron, pero entendieron su significado. Lo importante era el servicio, la entrega, el sacrificio en nombre de Dios. Sentir su llamada y darle una respuesta. El Maligno estaría dispuesto siempre a dar algún que otro zarpazo como también lo intentó con el mismo Jesucristo al principio de su vida pública y obtuvo un estrepitoso fracaso. Y su misión (y la nuestra) era darse a Dios y contribuir a hacer realidad los caminos y los planes de Dios. Que ‘vuestros nombres estén escritos en el cielo’ era un premio que valía (y vale) los trabajos y sacrificios que pudieran hacer.

JESÚS Y EL LIBRO DE LA VIDA