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El fin del principio (V) : La crucifixión y muerte (IV).-27. diciembre- 2015

Posted by Caminante y peregrino

DIOS PADRE MIRA EL CORDERO EN LA CRUZ.-JUAN B. JOUVENET.-BARROCO

      De todas las gentes que habían presenciado en el pequeño montículo la terrible tragedia de dar muerte a un inocente, que aun no habiendo pronunciado en los juicios ante el Sanedrín y ante el procurador romano una sola palabra en su defensa, todos tenían claro que era inocente. Muchos analizaban ahora lo que habían visto y oído en sus actuaciones públicas sin esconderse de nadie. Se daban cuenta que todo cuanto decía no solamente no estaba en contra de la Ley, sino que la mejoraba y perfeccionaba. Con ello se autoconvencían  de que era el Mesías anunciado por los profetas. Solamente tenían una duda: no les encajaba que siendo el Mesías hubiese muerto y, además, de esa manera.
Cuatro israelitas, miembros del Sanedrín, bajaban del Calvario hablando atropelladamente, y uno de ellos, Lemuel, decía: '¿Habéis visto en qué situación estaba? Es increíble que haya llegado vivo al Calvario. No me cabe duda alguna de que es de quien Isaías dijo: "He aquí a mi siervo, a quien sostengo yo, a mi elegido, en quien se complace mi alma: He puesto mi espíritu sobre él, y él dará la Ley a las naciones; no gritará, no hablará recio, no alzará su voz en las plazas, no romperá la caña cascada ni apagará la mecha humeante. Expondrá fielmente la Ley, sin cansarse ni desmayar hasta que establezca la Ley en la tierra; las islas están esperando su doctrina". (Is. 42, 1-4). Hemos visto que toda su vida ha sido un testimonio del cumplimiento de esta profecía'.
      Pararon un momento como si meditaran cuanto Lemuel les había dicho. Eleazar replicó: 'Ciertamente es así, y mientras exponías lo dicho por el profeta yo recordaba otra cosa que también se le puede aplicar al Nazareno perfectamente. ¿Recordáis este pasaje del profeta? "No hay en él parecer, no hay hermosura que atraiga las miradas, no hay en él belleza que agrade. Despreciado, desecho de los hombres, varón de dolores conocedor de todos los quebrantos, ante quien se vuelve el rostro..." (Is. 53, 1-3).    
      Meser no le dejó terminar, como si estuviera hablando consigo mismo, con los ojos cerrados continuó: '...pero fue él quien tomó sobre sí nuestras enfermedades y cargó con nuestros dolores, y nosotros le tuvimos por castigado y herido por Dios y humillado. 
CRISTO DE LA UNIVERSIDAD DE CÓRDOBA.-JUAN MANUEL MIÑARRO.-S. XXI  
Fue traspasado por nuestras iniquidades y molido por nuestros pecados. El castigo salvador pesó sobre él y en sus llagas hemos sido curados. Todos nosotros andábamos errantes como ovejas siguiendo cada uno su camino y Yavéh cargó sobre él la iniquidad de todos nosotros'. (Is. 53, 4-6)
      Hubo un momento de silencio. Yarin remató las intervenciones de sus compañeros con una voz quebrada por la emoción de quien se siente culpable por su parcialidad en el juicio en que intervino para que fuera declarado culpable: 'Maltratado y afligido no abrió la boca, como cordero llevado al matadero, como oveja muda ante el trasquilador. Fue arrebatado por un juicio inicuo sin que nadie defendiera su causa cuando era arrancado de la tierra de los vivientes y muerto por las iniquidades de su pueblo. Dispuesta estaba entre los impíos su sepultura y fue en la muerte igualado a los malhechores, a pesar de no haber en él maldad, ni haber mentira en su boca. Quiso quebrantarle Yavéh con sus padecimientos'. (Is. 53, 7-10).
EXPULSIÓN DE LOS MERCADERES DEL TEMPLO.-JACOB JORDAENS.-BARROCO
      Cuando acabó, todos se sentían obligados a reparar el daño que habían causado. '¿Qué podemos hacer?', planteó Lemuel. Se miraron unos a otros pero no hubo una respuesta inmediata. Yarin opinó: 'Yo estuve presente cuando tiró los puestos de los mercaderes en el templo. Nadie entendía por qué hacía aquello y cuando le pregunté qué señal nos daba para obrar de aquella manera, me miró solamente y dijo: "Destruid este templo y en tres días lo levantaré". (Jn. 2, 13-22). Pensé, y muchos pensaron lo mismo, que estaba loco. ¿Cómo iba a hacer algo así, si para construirlo se habían empleado cuarenta y seis años? Sencillamente imposible, pero si de verdad es el Mesías, el Hijo de Dios, esto no puede quedar así. Os propongo que pensemos en estos acontecimientos y que el día siguiente al sabbat nos juntemos en el templo y veamos qué podemos hacer para reparar nuestro error'. A todos pareció buena la idea. Sin cruzar más palabras marcharon a sus casas respectivas.
      Mientras estos personajes hablaban, en el Gólgota seguía la tragedia. María, sumida en un profundísimo dolor, permanecía en silencio. No tenía fuerzas para nada. Viendo muerto a su Hijo, ¿qué podía decir? Era carne de su carne, corazón de su corazón, la razón de ser de su vida que ya no estaba con ella. Solamente le veía colgado de aquel sucio y tosco madero, salvajemente maltratado por sus verdugos y por aquel pueblo que había venido a redimir. Nada tenía sentido ya.
      Juan y las mujeres, entre sollozos entrecortados, la tomaron y se retiraron un poco hacia atrás. nadie decía nada porque nada había que decir. El amargo dolor y una descomunal impotencia eran los protagonistas de sus vidas en ese momento. 
ANUNCIACIÓN A MARÍA.-CARL BLOCH.-REALISMO DANÉS 
      La Madre solamente meditaba en su intimidad frases que llegaban desde su memoria: 'Concebirás y darás a luz un Hijo a quien pondrás por nombre Jesús, será grande y llamado Hijo del Altísimo.' (Lc. 1, 31-32). También recordó las palabras que le habían dicho de Pedro hacia su Hijo: 'Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo'. (Mt. 16, 16). ¿Tenía sentido eso ahora? Sí. Debía tenerlo aunque ella no entendiera nada en absoluto. Si ella se fió de Dios cuando le anunció que nacería de ella por obra del Espíritu Divino y se realizó, ahora tenía la misma fe en Dios que años atrás en Nazaret. Dios actuaría. Entre leves sollozos repitió con absoluta fe en el Creador: 'He aquí la sierva del Señor. Hágase en mí según tu palabra'. (Lc. 1, 38). En esta renovación de su anterior acto de fe encontró una gran paz, pero seguía siendo tristísimo ver allí a su Hijo muerto de aquella manera.  
      Según se iban desarrollando estos episodios en el Calvario, 'los judíos, como era el día de la Parasceve, para que no quedase los cuerpos en la cruz el día de sábado, por ser día grande aquel sábado, rogaron a Pilato que les rompiesen las piernas y los quitasen'. El gobernador romano no tenía ganas de nuevas querellas con los judíos y queriendo evitar a toda costa nuevos tumultos, dio las órdenes oportunas para ello. Comunicada la orden tomaron cuanto necesitaron y 'vinieron, pues, los soldados y rompieron las piernas al primero y al otro que estaba crucificado con Él; pero llegando a Jesús, como le vieron ya muerto, no le rompieron las piernas, sino que uno de los soldados le atravesó con una lanza el costado, y al instante salió sangre y agua'. (Jn, 19, 31-34).
LA LANZADA EN EL COSTADO DE CRISTO.-PEDRO PABLO RUBENS.-BARROCO
      Esto cogió totalmente desprevenidos a Juan y a todas las mujeres que quedaron horrorizados por semejante crueldad. María, su Madre, al presenciarlo, nuevamente perdió el conocimiento.

El fin del principio (IV) : La crucifixión y muerte (III) .- 11-diciembre-2015

Posted by Caminante y peregrino

HARRY ANDERSON.-S. XX
      No pudo evitarlo. Magdalena se abrazó al madero como si quisiera detener la muerte del Maestro. Juan permanecía en pie mirando a su amigo sin acabar de asumir su final. La Madre descansaba su cabeza en el hombro de María la de Cleofás, mientras ésta la mantenía cogida por la cintura. La voz de Jesús les hizo mirarlo con ansiedad mientras Él decía: 'Todo se ha cumplido'. (Jn. 19, 30). Un mismo pensamiento cruzó por las mentes de todos: ya estaba agonizando.
TODO SE HA CUMPLIDO.-JAMES TISSOT.-S. XIX - XX
      Inmediatamente los hechos se sucedieron muy rápidamente. Como si la misma naturaleza quisiera inclinarse ante su Creador, 'las tinieblas cubrieron toda la región hasta la hora de nona. Entonces Jesús lanzó un grito y dijo: "Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu". Y dicho ésto, expiró'. (Lc. 23, 44-46). María, su Madre, cayó semidesvanecida en los brazos de su hermana María y de Juan. Casi no se enteró de lo que estaba pasando, porque 'entonces el velo del templo se rasgó en dos partes de arriba abajo; la tierra tembló y las piedras se resquebrajaron'. (Mt. 27, 51). Todos cayeron a tierra muy impresionados unos y asustados otros, por lo que estaba sucediendo.
EL TEMBLOR DE TIERRA.-JAMES TISSOT.-S. XIX - XX
     Los sacerdotes del templo tenían miedo porque se daban cuenta que aquello era la respuesta de Dios a sus infamias y que el velo del templo que separaba el 'Santo' del 'Santo de los Santos' o 'Santísimo' se rasgase, porque significaba que Yavéh les estaba transmitiendo que el injustamente ejecutado era realmente su Hijo.
EL VELO DEL TEMPLO RASGADO
      Algunos de los que estaban en el Gólgota y presenciaron estos fenómenos de la naturaleza, se apresuraron a presentarse ante Anás y Caifás para contarles lo acaecido. Se sorprendieron al ver que ya lo conocían, pues habían acudido algunos sacerdotes a comunicarles lo sucedido con el velo del templo y el temblor de tierra también lo habían tenido en la ciudad. Caifás se mesaba la barba de forma mecánica por la excitación nerviosa que tenía. Se daba cuenta, y no quería reconocerlo, del gravísimo error que había cometido con aquella sentencia. Su cerebro no cesaba de discurrir para ver qué iba a decir al pueblo. Temía alguna sublevación porque ellos también estaban nerviosos y temerosos.
      Por su parte, el gobernador romano tenía una preocupación muy seria, ya que se daban todos los componentes para que surgiese una insurrección. Aunque se hubiese lavado las manos dando a entender que él nada tenía que ver con aquel crimen, su objetividad le mostraba que hubiera podido evitarlo aunque para ello hubiese empleado la fuerza militar. Además, su esposa Claudia  le había insistido lo suficiente como para haber tenido en cuenta sus palabras y haber obrado  mucho más cautamente. Sí. Se sentía algo culpable de aquella muerte a pesar de haber hecho cuanto había podido para ayudar al Nazareno.
       Nada tenía ya solución. Los dos soldados que había enviado para que le informaran de cuanto sucedía eran de su máxima confianza y cuando le contaron cómo habían cubierto las tinieblas del lugar y toda la zona, y cómo el terremoto había abierto grietas en el Gólgota, todavía aumentó más su temor. Todo ello no era novedad absoluta, pues él también lo había experimentado en la fortaleza. Recordó las palabras del reo: 'Tú lo dices. Soy Rey, pero mi reino no es de este mundo. Si de este mundo fuera mi reino, mis ministros habrían luchado para que no fuese entregado a los judíos'. (Jn. 18, 33-38). Su preocupación se iba tornando en un temor que, como buen supersticioso que era, iba haciendo mella en él pensando en el hipotético ejército que pudiera tener 'en su reino'.
      En el Gólgota, 'toda la muchedumbre que había asistido a aquel espectáculo, viendo lo sucedido, se volvía hiriéndose el pecho'. (Lc. 23, 48). Entre ellos también hacían comentarios de la tremenda equivocación que habían tenido apoyando la petición de los sacerdotes, de los escribas y de los fariseos que pidieron su crucifixión.
      Los soldados romanos que estaban alrededor de los tres crucificados, tenían miedo. 'El centurión y los que con él guardaban a Jesús, viendo el terremoto y cuanto había sucedido, temieron sobremanera'. (Mt.27, 54). Algunos deseaban abandonar el lugar pero el respeto a su jefe los mantenía quietos en sus puestos, pero éste se estaba dando cuenta que aquel hombre no era como cualquiera de ellos y todo cuanto estaba sucediendo era la respuesta del Dios del Nazareno a todas las tropelías y bajezas que había soportado desde su prendimiento en el huerto de Getsemaní. Se daba cuenta de que aquello no podía terminar así. No sabía de qué manera, pero lo cierto es que frente a él estaba muerto Jesucristo y en este aspecto no había solución alguna, pero se negaba a admitirlo y su mente de dejaba de pensar en aquello que atormentaba su cerebro.
CONFESIÓN DEL CENTURIÓN.-JAMES TISSOT.-S. XIX-XX
      Hubo un momento que su mirada se detuvo en la Madre, atendida por el pequeño grupo que la rodeaba y  notó en su interior un impulso desconocido hasta entonces para él, que le hizo pensar en la posibilidad de acudir a ella para darle ánimo y ayudarla en cuanto pudiera hacer, pero ese mismo impulso provocó una reacción en él: descubrió la luz y cayó de rodillas ante Jesús: 'Viendo el centurión que estaba frente a Él, y de qué manera expiraba, dijo: -Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios'. (Mc. 15, 39). E inclinándose lo adoró dándose cuenta que sus dioses romanos no eran tales. Allí no había más que un Dios clavado en la cruz y ésto era una incongruencia. No Radicalmente aquello no podía terminar así. Estaba firmemente convencido aunque no pudiera vislumbrar lo que ocurriría ni cómo sería.
      'Había allí mirándole desde lejos, muchas mujeres que habían seguido a Jesús desde Galilea para servirle'. (Mt. 27, 55). Todas lo estaban pasando horrorosamente mal. Sus recuerdos iban tomando cuerpo en sus mentes rememorando los momentos que le habían visto hacer milagros o predicar. Él era el Mesías esperado. Lo sabían. Pero tampoco podían admitir aquel final para Él. Yavéh les daría la respuesta a su debido tiempo.

El fin del principio (III) : La crucifixión y muerte (II).-24-Noviembre-2015

Posted by Caminante y peregrino

CALVARIO.-ANTONIO MUÑOZ DEGRAIN.-ECLECTICISMO
      Era la hora sexta. Algunas personas que habían abandonado el Gólgota, a pesar de no haber entrado todavía en Jerusalén, no pudieron evitar volver el rostro y mirar el lugar que habían abandonado. La silueta del lugar árido y pedregoso donde se estaba ejecutando la execrable sentencia se recortaba sobre el cada vez más oscuro cielo de la ciudad. Sobre este cielo que parecía protestar de lo que contemplaba con la desaparición de la luz, se recortaban también las trágicas siluetas de las tres cruces.
      Jesús se movía en algunos momentos para intentar cambiar de postura y eso le producía un dolor difícil de imaginar en toda su realidad.Sus débiles quejidos se oían en el silencio de quienes acompañaban a Jesús en su tortura, impotentes, entremezclándose con algunos suspiros y lamentos de dolor y de pena por asistir a los últimos instantes de vida de su Maestro y amigo.
      La Madre de Jesús, sentada en el suelo, permanecía inmóvil. Juan, permanentemente junto a ella, no dejaba de preocuparse. Si antes ya lo hacía, ahora, después que Jesús se la confiara todavía aumentaba su responsabilidad. Era una última voluntad que debía cumplir. BARTOLOMÉ BERMEJO.-GÓTICO
      María la de Cleofás permanecía absorta en sus pensamientos. Siempre que su marido había manifestado sus temores de seguir a Jesús, ella le había confesado su fe en el Maestro. Además, no en vano era Hijo de su hermana María (Ver Jn. 19, 25). Paulatinamente, a medida que iba oyéndolo predicar y escuchaba cuanto se contaba sobre los milagros que hacía, se iba formando en su interior la certeza de que era realmente el Mesías que Israel esperaba. Ciertamente había roto todos los esquemas que el pueblo había concebido de ser un rey poderoso y fuerte guerrero, pero en ninguna parte de la Torah estaba escrito que eso sería así. Había demostrado ser señor de la vida  curando enfermos y tullidos, ciegos y leprosos, y también era señor de la muerte resucitando a Lázaro y a otros muertos. ¿Quién podía hacer eso si no era el mismo Dios?
      Aunque ahora le viera clavado en aquel leño, el corazón y su fe le decían que 'aquello' que veía no podía terminar así. No sabía cómo, pero algo tenía que suceder. Desde su interior estaba abriendo la puerta a una esperanza que no sabía cómo iba a finalizar porque iba más allá de ella misma.
      Sus pensamientos se interrumpieron al notar que María le había cogido la mano y la apretaba suavemente. Parecía como si quisiera transmitirle el ánimo que todos estaban necesitando. Le correspondió cerrando aquella mano de Madre doliente entre las dos suyas, mientras alguna lágrima emocionada caía sobre su rostro. 
ELÍ, ELÍ.-JAMES TISSOT.-S. XIX - XX
       De súbito salieron de su ensimismamiento todos los componentes de aquel pequeño grupo así como el centurión, algunos soldados y gente que estaba por allí, porque Jesús había dado un fuerte suspiro entrecortado y exclamó: 'Elí, Elí, lema sabachtani? Que quiere decir: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?'. (Mt. 27, 46).
      Ese grito de angustia al sentirse sólo ante el tormento que sufría y la muerte que ya se acercaba, le había hecho dar ese grito de desesperación tomado del salmo 22, que a todos, sin excepción, había conmovido. 
      La dificultad que tenía para respirar le producía una asfixia que lo impulsaba a buscar una postura para poder tomar aire y expulsarlo luego, lo cual suponía apoyarse en los pies clavados a la cruz, para que la tensión muscular se aliviase algo. Al elevar su cuerpo, este rozaba sobre el áspero madero. Ésto, en una espalda flagelada y llagada, añadía un nuevo suplicio al de no poder respirar. Era perfectamente humano que se encontrase abandonado, aunque de hecho supiese que no era así. Sabía que el Padre estaba con Él como había estado siempre desde que comenzó a existir en el vientre de María, pero el momento que vivía era extremadamente duro.
NUESTRA SEÑORA DE LA CRUZ.-ALBERT CHANOT.-S. XIX - XX
       Su Madre, al oír este lamento se levantó colocándose al pie de la cruz abrazándose a ella, intentando transmitirle que no se encontraba sólo en esos momentos de angustia. Juan y las otras Marías también se pusieron junto a la Madre abrazándola. Magdalena cayó a los pies de la cruz semiinconsciente por el sufrimiento que también soportaba. Unos soldados intentaron acudir para apartarlas, pero el centurión se lo impidió. Era una forma más humana de ayudarlos. Aquella Madre..., aquella mujer..., era algo especial. Se conmovía al verla sufrir, sí, pero también por su entereza a pesar del terrible dolor que debía sentir.
    'Era ya como la hora de sexta, y las tinieblas cubrieron toda la tierra hasta la hora de nona'. (Lc. 23, 44). Efectivamente las tinieblas eran cada vez más densas. Parecía que la naturaleza también se solidarizaba con su Creador. Las personas que presenciaban el suplicio de Jesús permanecían atentos a cuanto sucedía como si quisieran controlar todos esos momentos. La exclamación desgarrada de Jesús no les pasó inadvertida, pero no debieron oírla bien porque 'algunos de los que allí estaban, oyéndolo, decían: -A Elías llama éste'. (Mt. 27, 47).
      Quienes así se expresaron se vieron rodeados por las miradas de algunos que estaban junto a ellos, dándoles a entender que desaprobaban el comentario que habían hecho. 
CRUCIFICADO .- EUGÈNE DELACROIX .- ROMANTICISMO 
      Esto ocasionó que los dejaran solos y se fueran juntando cuantos desaprobaban la sentencia de Jesús, por injusta, y aquellos que la habían provocado. Algunos de los componentes del primer grupo se daban golpes de pecho o se echaban polvo sobre la cabeza. Los del segundo grupo permanecían impertérritos, impasibles ante aquella tragedia. Estaban consiguiendo lo que se habían propuesto desde hacía tiempo.
      'Después de esto, sabiendo Jesús que todo estaba ya consumado, para que se cumpliera la Escritura dijo: Tengo sed'. Juan y las mujeres quedaron tensos. No tenían nada para que bebiera. El joven discípulo se acercó a un soldado. Quería pedirle permiso para darle algo de beber. El centurión se acercó para oír lo que quería aquel muchacho y, enterado de su propósito, hizo una seña a uno de sus subordinados, el cual, entendiendo lo que su superior le indicaba, se dirigió hacia donde estaban algunos de sus compañeros. 'Había allí un botijo lleno de vinagre. Fijaron en una rama de hisopo una esponja empapada en vinagre y se la llevaron a la boca'. (Jn. 19, 28-29).
TENGO SED.-JAMES TISSOT.-S. XIX - XX
       Juan volvió a reunirse con el grupo de mujeres. Levantó la cabeza y miró a Jesús. ¡Qué distinto del Jesús que él había acompañado por las tierras israelitas! Un escalofrío le recorrió el cuerpo. Le pareció que ya estaba próxima la muerte de su Maestro. Se cubrió los ojos con la mano derecha mientras la izquierda la posaba sobre una pierna ensangrentada de su amigo como dándole el testimonio de su presencia y la notó fría. Se sintió inútil, impotente,...y rompió a llorar en silencio procurando no amargar más a María y al resto de mujeres, que también estaban de pie delante de la cruz junto a él. Había padecido y seguía padeciendo muchas emociones en tan poco tiempo.
      Sintió una profunda admiración por la entereza de la Madre, aunque sabía con certeza que interiormente estaba destrozada.
      
      

El fin del principio (II): Crucifixión y muerte.-07-noviembre-2015

Posted by Caminante y peregrino

CRISTO CRUCIFICADO.-RON DICIANNI.-S. XX - XXI
      Esto no se lo esperaban. No podían permitir que les pusiese ante sus ojos que el Nazareno era su Rey y, como era previsible, protestaron. 'Dijeron, pues, a Pilato los príncipes de los sacerdotes de los judíos: -No escribas "Rey de los judíos", sino que Él ha dicho "Soy Rey de los judíos". Pero el gobernador ya estaba harto de que aquella gente quisiera imponer siempre su voluntad y obró como debiera haberlo hecho mucho antes. 'Respondió Pilato: -Lo escrito, escrito está'. (Jn. 19, 19-22). Y no hubo nada más que hablar.
      Juan no apartaba su mirada de Jesús y de vez en cuando miraba a María por si sufría un nuevo desvanecimiento poder atenderla. En uno de esos momentos tuvo que volver a mirar a Jesús porque le pareció que iba a decir algo. Prestó atención y le oyó decir: 'Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen'. (Lc. 23, 34).
  'Era la hora tercia cuando lo crucificaron'.(Mt. 15, 25).
      'Los soldados, una vez que hubieron crucificado a Jesús, tomaron sus vestidos, haciendo cuatro partes, una para cada soldado, y la túnica. La túnica era sin costura, tejida toda desde arriba. Dijéronse, pues, unos a otros: "-No la rasquemos, sino echemos suerte sobre ella para ver a quién le toca", a fin de que se cumpliese la Escritura: "Dividiéronse mis vestidos y sobre mi túnica echaron suertes". Eso es lo que hicieron los soldados'. (Jn. 19, 23-24).
      Mientras se repartían las vestiduras de Jesús, los que llevaban a cabo la crucifixión finalizaron su tarea y procedieron a izar la cruz. No fue tarea fácil, pero para Jesucristo fue peor. Todas las sacudidas que daban para fijarla en el suelo  suponía terribles dolores por todo su cuerpo, pero especialmente en las muñecas y en los pies donde le habían puesto los clavos para fijarlo a ella.
ELEVACIÓN DE CRISTO EN LA CRUZ.-PEDRO PABLO RUBENS.-BARROCO
      A pesar de que no era la primera vez que crucificaban a una persona, en esta ocasión se les hacía más difícil y no sabían por qué. Al final consiguieron poner el madero vertical en el agujero que previamente habían preparado, y arrastrando la cruz la dejaron caer de golpe en la oquedad del suelo. El golpe hizo perder el conocimiento muy brevemente al Mesías por el intensísimo dolor ocasionado. El árbol de la cruz fue fijado al suelo con unos calzos de madera y con piedras con el fin de mantenerla vertical.
      Cuando consideraron finalizada su tarea, se retiraron para marcharse, quedando los soldados romanos montando guardia. Juan levantó a María del suelo en ese momento para llevarla al pie de la cruz. Las otras mujeres le siguieron. 'Estaban junto a la cruz de Jesús su Madre y la hermana de su Madre, María la de Cleofás y María Magdalena'. (Jn. 19, 25). Jesús, destrozado por el dolor que le producían los clavos, todas sus heridas y la forzada postura en la cruz, entreabrió los ojos. Comenzó a ver las figuras turbias y poco a poco sus ojos se fueron acostumbrando a la ¿normalidad? Frente a Él, algo a su derecha distinguió a los escribas y a los fariseos del templo, unos a caballo y otros a pie, contemplando su 'obra'. Algo apartado de allí le pareció ver a Simón, el que le había ayudado a llevar la cruz e incluso a Él mismo.
LO QUE CRISTO VEÍA DESDE LA CRUZ.-JAMES TISSOT.-S. XIX - XX
      Pero su mirada quedó quieta en las figuras que tenía frente a Él. A pesar del agudo y profundo dolor que lo devoraba por fuera y por su interior, se emocionó al ver a su Madre (siempre había estado cercana a Él y ahora tampoco lo había abandonado), a la hermana de su Madre y a su joven discípulo Juan. Abrazada a la cruz, rozándole sus pies, estaba María Magdalena. Por su frente enfebrecida pasaron brevemente recuerdos de su infancia junto a su Madre mientras Él trabajaba en la carpintería de José, en Nazaret. 'Jesús, viendo a su Madre y al discípulo a quien amaba, que estaba allí, dijo a su Madre: "Mujer, ahí tienes a tu hijo. Luego dijo al discípulo: -Ahí tienes a tu Madre. Y desde aquel momento, el discípulo la recibió en su casa'. (Jn 19, 26-27).
AHÍ TIENES A TU MADRE.-WILLIAM BLAKE.-ROMANTICISMO
      Juan sujetó a María. Le había parecido que se tambaleaba ligeramente, pero no. Su entereza la mantenía firme, pero sentía la emoción de que su Hijo se preocupara de Ella y la confiara al cuidado del fiel discípulo. Empezaba a notarse un viento suave al principio pero que a medida que pasaba el tiempo se volvía más fuerte.
      El cielo se estaba oscureciendo por momentos y nubes de tormenta iban formándose. La gente, incluidos los escriba y farios, comenzaron a marcharse.
BLASFEMIAS DE LOS JUDÍOS.-MIHÁLY MUNKÁCSY.-S. XIX
      'Los que pasaban lo insultaban meneando la cabeza y diciendo: 
      -Tú que destruías el Templo y lo reedificabas en tres días, sálvate a ti mismo; si eres Hijo de Dios, baja de la cruz. Y lo mismo los jefes de los sacerdotes, junto a los maestros de la Ley y los ancianos se burlaban de Él diciendo:
      -A otros salvó y a sí mismo no puede salvarse. Si es rey de Israel, que baje ahora de la cruz y creeremos en Él. Ha puesto su confianza en Dios; que lo libre ahora, si es que lo quiere, ya que decía "Soy Hijo de Dios", (Mt. 27, 39-43). 
CRUCIFIXIÓN DE CRISTO ENTRE DOS LADRONES.-VASILI BALYAEV.-S. XIX
      La tristeza de Jesús hizo mella en Él. Le dolió en el alma todo cuanto decían, pero no por Él, sino por la forma irreverente con que nombraban a su Padre. Su pensamiento se dirigió al Padre para darle gracias por la Redención que ya estaba llegando y para pedirle fuerzas con el fin de resistir hasta el momento que dispusiera. Por si fuera poco, 'uno de los malhechores crucificados lo insultaba diciendo: -¿No eres tú el Mesías? Pues sálvate a ti mismo y a nosotros. Pero el otro intervino para reprenderlo, diciendo -¿Ni siquiera temes a Dios tú, que estás en el mismo suplicio? Lo nuestro es justo, pues estamos recibiendo lo que merecen nuestros actos, pero éste no ha hecho nada malo. Y añadió: -Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu reino'.
      Giró su cabeza para mirar a quien así había hablado. Durante toda la Pasión estuvo guardando silencio, rompiéndole solamente para contestar al sumo sacerdote y al gobernador romano, pero ahora se encontraba con que uno de sus compañeros de crucifixión le pedía misericordia. Se dio cuenta que la sinceridad era absoluta y eso prevalecía a todo el sufrimiento que tenía. Su ya débil corazón le impulsó a darle una respuesta más allá de lo que pedía: 'En verdad te digo: Hoy estarás conmigo en el Paraíso'. (Lc. 23, 39-43).
JESÚS PERDONA AL BUEN LADRÓN.-TIZIANO.-MANIERISMO
      Dimas no acabó de entender lo que Jesús le decía, pero todo su ser se inundó de una infinita paz. Se encontró reconciliado con todos aquellos a los que había perjudicado, consigo mismo y con todo el universo. No podía explicarse encontrar tamaña felicidad en el estado que se encontraba, pero era algo real. Jamás había sido tan feliz. Inclinando la cabeza sobre su pecho rompió a llorar.
         La Madre de Jesús y el resto del grupo fueron testigos excepcionales de aquel diálogo y de aquel gesto del Maestro con aquel compañero de suplicio, pero no les extrañó. Conocían fehacientemente su misericordia y su facilidad para ejercitarla ante un pecador verdaderamente arrepentido, como era el caso que presenciaban.
      El centurión romano estaba asombrado de cuanto presenciaba y se daba cuenta que aquella persona era alguien trascendente, muy por encima del gobernador y del propio Emperador, pero tenía un deber que cumplir y debía hacerlo. Después... ya veríamos.

El fin del principio (I).-Llegada al Gólgota.-22-octubre-2015

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CRUCIFIXIÓN DE XTO.-TRÍPTICO.-Martin van Heemskerck.-MANIERISMO
      Bajó a trompicones. Por el esfuerzo y  por la emoción vivida ayudando al Maestro le temblaban las piernas. Estuvo a punto de caer y así hubiera sido si unos brazos fuertes no lo hubieran cogido a tiempo. Levantó la cabeza para verlo y vio un hombre joven rodeado de unas mujeres también llorando como él. Quiso agradecer que lo cogieran y en ese instante recordó, casi como si lo volviese a ver junto a él, la mirada agradecida que le había dado. '¡Adonai! ¿Por qué, Adonai? ¿Por qué? ¡¡Él es justo!! ¡¡Es inocente!! ¿Cómo lo permites?

      '-Vimos cómo lo intentaste. Hiciste cuanto estuvo en tus manos para ayudarlo y para que sufriera menos. Somos nosotros los que te damos gracias a ti. ¿Quién eres? ¿Cómo te llamas?
MARÍA Y LAS SANTAS MUJERES AL PIE DE LA CRUZ.-DUCCIO DI BUONINSEGNA.-GÓTICO       Sin apartar la mirada de aquel montículo porque no perder nada de cuanto le hiciesen al Nazareno, contestó: '-Mi nombre es Simón. Soy de Cirene. Mis hijos y yo veníamos del campo de trabajar y los romanos me obligaron a ayudarlo. Yo no quería porque estaba muy cansado de la jornada, pero os juro que ahora no solamente no me arrepiento de haberlo ayudado, sino que gustosamente me pondría en su lugar para evitarle tanta injusticia, tanto dolor, tanta iniquidad,...
      '-Sí. Es muy duro y cruel lo que le están haciendo, pero ten solamente fe, mucha fe en Él. No te defraudará, pero esto hay que pasarlo'. Simón quedó turbado al oír aquella voz. Estaba seguro que no la había oído anteriormente, pero destilaba tanta tristeza y a la vez tanta firmeza, tanta esperanza, tanta...Sus reflexiones se interrumpieron porque una de las mujeres dijo con voz muy fuerte: 'Allí, allí está!' Todos los rostros giraron hacia donde indicaba y todos los ojos concentraron sus miradas en la figura de Jesús que aparecía de pie en lo alto del montículo.
     La mujer cuya voz había impresionado al cireneo se levantó de súbito y dio unos pasos hacia el lugar donde estaba Jesús. El hombre que evitó la caída de Simón fue tras ella y la tomó del brazo. Oyó cómo le decía reprimiendo un nuevo sollozo: 'Juan, llévame allí. Quiero estar junto a Él para que no se encuentre solo en estos momentos'. Los dos se acercaron al lugar y se les unió una segunda mujer. Simón preguntó a una de las mujeres que estaban con él: '-¿Quienes son? -La mujer que va delante es la Madre  de Jesús y quien la acompaña es Juan, el discípulo más apreciado del Maestro. En cuanto a la mujer que camina tras ellos, es María, oriunda de Magdala, también discípula'.
      
DESPOJAN A JESÚS DE SUS VESTIDURAS .-JAMES TISSOT.-S. XIX - XX
      
      La respuesta lo dejó boquiabierto. ¿Cómo no iba a desprender tristeza y amargura aquella voz si era su Madre? Y a Juan lo recordaba de haberlo visto acompañar al rabí el día que les dio de comer en el monte a él y a tanta gente. Se sintió indigno de aquel reo que iba a morir dentro de unos momentos sin que se pudiera hacer nada para evitarlo.  Quiso hacer una nueva pregunta pero se encontró solo. Las otras mujeres habían partido en pos de María y de Juan. También querían acompañar al que iban a crucificar.
      Como si se hubieran puesto de acuerdo, todos se pararon un momento al ver que a Jesús le quitaban sus vestiduras y que unos sayones 'le dieron de beber vino mezclado con mirra, pero no lo tomó', (Mc. 15, 23) lo rechazó. 
JAMES TISSOT.-S. XIX - XX 
      Al quitarle la túnica se le abrieron muchas heridas de la flagelación, pero ya no tenía fuerzas para quejarse. Lo tomaron y lo pusieron sobre la cruz para tomar las medidas de los brazos y de las piernas. A la altura de las muñecas perforaron la madera para clavar mejor las manos del reo y para los pies pusieron una especia de peana con el fin de que pudiese apoyarse sobre sus pies y así, alargar algo más su agonía.
PREPARATIVOS PARA LA CRUCIFIXIÓN.-FRANCISCO RIBALTA.-BARROCO
      Después...comenzó lo peor. Le ordenaron que se echase del todo sobre la cruz. Lo intentó. No tenía más remedio, pero le costaba moverse. Un nuevo empujón dado sobre un hombro sin ningún miramiento 'solucionó' el problema, Su quejido quedó ahogado por las risotadas de los sayones que iban a hacer 'su trabajo'. Le ataron unas cuerdas a las muñecas para tirar de sus brazos y clavarlos en el madero.Fue horroroso. Un grito femenino  traspasó las risas y las burlas de sus verdugos. El centurión, nuevamente compadecido, les ordenó callar y hacer su trabajo sin perder tiempo. Quería ahorrarle el máximo sufrimiento.
PADRE, PERDÓNALES.-James Tissot
      La Madre, pues era ella la que gritó, se lanzó hacia donde estaba su Hijo, pero cuando casi estaban llegando los soldados les impidieron el paso. '¡Dejadme pasar, por piedad!' El centurión se giró y la vio. Nuevamente sintió en su interior el mismo sentimiento que cuando la Madre se echó sobre su Hijo abrazándolo por las calles de Jerusalén. Luchó contra sí mismo para evitar que las lágrimas que pugnaban por salir de sus ojos aparecieran ante sus soldados. Carraspeó y dio la orden: '¡Dejadlos pasar! Es su Madre y un familiar'. Realmente no sabía quién era aquel muchacho, pero si iba con ella bien pudiera ser familia.
      Los soldados obedecieron y cruzaron el cordón de soldados, pero María Magdalena los siguió aprovechando la oportunidad. Para evitar problemas a aquel militar que tanto les estaba ayudando, se mantuvieron algo apartados de la cruz, pero veían y vivían en sus entrañas cuanto le hacían a Jesús. Éste todavía no se había dado cuenta que estaban allí, pero cuando le tiraron del brazo y dieron el primer martillazo sobre el clavo que le traspasó la muñeca, gritó desgarradoramente sin saber de dónde procedía la fuerza de aquel grito. Su sangre salpicó a sus verdugos, pero permanecieron impasibles.
      Simultáneamente al de Jesús, su Madre no pudo evitar otro grito de dolor como si la traspasada hubiese sido ella. Magdalena se estremecía por el llanto y Juan estaba descompuesto. Estaban matando a su amigo, a su Maestro. Por su mente cruzó la idea de que a los tres días resucitaría, pero no se detuvo en ella. Su sufrimiento y el de María lo impedía porque estaba continuamente pendiente de Ella.
LETRERO DEL CRUCIFICADO.-TINTORETTO.-RENACIMIENTO
      A la vez que a Él,'crucificaron a dos bandidos, uno a la derecha y otro a la izquierda, y se cumplió la Escritura que dice: "Fue contado entre malhechores". (Mc. 15, 27-28) Escribió Pilato un título y lo puso sobre la cruz; estaba escrito: "Jesús Nazareno, Rey de los judíos". Muchos de los judíos leyeron este título porque estaba cerca de la ciudad el sitio donde fue crucificado Jesús, y estaba escrito en hebreo, en latín y en griego'. (Jn. 19, 19-20).
CRUCIFIXIÓN DE CRISTO.-ANDREA MANTEGNA.-RENACIMIENTO

Comienza el largo camino...(y III).- 08-octubre-2015

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CAMINO DEL CALVARIO.-MATTIA PRETI.-BARROCO
      Simón se desvivía por ayudar a Jesús, pero no estaba ciego ni era tonto. Se daba cuenta que de un momento a otro iba a caer porque las fuerzas tienen un límite y el Maestro, con el cuerpo llagado y los malos tratos que iba recibiendo sin miramiento alguno, lo estaban dejando agotado. La sed también hacía mella en aquel cuerpo ¿humano? que se cogía a su túnica  como podía para no pisarla y no perder el equilibrio.
      Lo miró de reojo como pudo y solamente pudo ver, y mal, unos labios llagados por los golpes y por la falta de líquidos que calmaran su afán por beber. No había terminado de pensar en qué podría hacer para suavizar aquel sufrimiento  y sucedió lo que estaba temiendo: la falta de fuerza de Jesús le había hecho doblar una rodilla que tocó el polvo del camino. 
SIMÓN DE CIRENE AYUDA A JESÚS.-HAROLD COPPING.-S. XIX - XX 
      Su respiración era fatigosa. Le faltaba aire que procuraba tomar con la boca abierta casi con ansiedad. Sin saber cómo, se dio cuenta que una mujer, despreciando a los sayones y a los legionarios que cuidaban que nadie se acercase a los reos, daba de beber al Maestro y rápida como el viento se quitó el paño que le cubría la cabeza, hizo tres dobles y le limpió el polvo, el sudor y la sangre de su rostro. Jesús la miró como solamente hacía Él y quiso decirle alguna frase de agradecimiento, pero un legionario ya se había acercado para cogerla por un brazo y apartarla de allí.
MUJER VERÓNICA.-LUCAS JORDÁN.-BARROCO
      A ella no le importó lo que hiciera el soldado. Ella había aliviado la sed, el calor y el sufrimiento del Nazareno y aquello la recompensaba con creces. Lo vio alejarse y desplegó su manto para ponérselo en la cabeza. No pudo. Imposible. Sufrió un leve mareo porque le pareció ver que en él estaba grabada la cara de Jesús en cada uno de los tres pliegues con que lo había limpiado. Era la respuesta del Salvador hacia el admirable y valiente gesto de aquella mujer.
      Pero ella no podía creer que fuera posible lo que sus ojos le estaban confirmando. Volvió a mirarlo y tuvo que rendirse a la evidencia: El Maestro le había correspondido plasmando tres veces su Santa Faz en el paño con que lo había secado. No pudo contener su emoción. Entró en su casa y, de rodillas, rompió a llorar de una fortísima emoción por tener abrazado sobre su pecho el rostro del que iban a crucificar. Su pensamiento se dirigió a Yavéh para pedirle que ayudase al Hijo de María y, sin poder evitarlo, por la emoción de lo que estaba viviendo, quedó dormida con el cuerpo sobre el suelo contemplando el Paño puesto en una modesta silla.
MUJER VERÓNICA.-PAUL DELAROCHE.-ROMANTICISMO
      Jesús seguía su camino. No tenía otro remedio. Había momentos que desfallecía y deseaba llegar al Gólgota para consumar su Misión y terminar cuanto antes aquel trance amargo. Solamente su capacidad de amar  la humanidad y devolvérsela al Padre, ya redimida, le daba ánimo para continuar. Tenía la impresión, por momentos, de que el griterío decrecía, lo cual no era cierto, porque a medida que se acercaban al montículo de su destino, se enardecían más.



CON LA CRUZ A CUESTAS.-GIOVANNI BATTISTA TIÉPOLO.-BARROCO
      Quiso mirar la imponente figura del centurión montado en su corcel que tanto le había ayudado y solamente pudo vislumbrar una silueta borrosa en movimiento que por momentos se presentaba lúcida ante sus ojos. Quiso sobreponerse a su profundo dolor y malestar que sentía por todo su cuerpo. Tenía que seguir...seguir...
      Llegó a un recodo del camino donde no pudo evitar prestar atención a un grupo de mujeres 'que se herían y lamentaban por Él'. Habían asistido a muchas de sus predicaciones en casas, en las calles o en el campo y se sentían sus discípulas, unas de ellas; otras, habían venido a la Pascua, pero estaban horrorizadas de lo que veían y participaban de los sentimientos de las otras mujeres. Lo querían como alguien que perteneciese a su propia familia y sentían sus sentimientos como propios. A pesar de su penosa situación Jesús sintió lástima de ellas. 
HABLA A LAS MUJERES DE JERUSALÉN.-ALEXANDRE BIDA.-ROMANTICISMO 
       'Vuelto a ellas, Jesús les dijo: Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí; llorad más bien por vosotras mismas y por vuestros hijos, porque...' Dejó de hablar un breve momento. Necesitaba tomar aire porque el esfuerzo de dirigirles la palabra le agotaba. Continuó como pudo: '...porque vendrán días en que se dirá: Dichosas las estériles y...y los vientres que no engendraron, y los pechos que no amamantaron. Entonces...entonces dirán a los montes: caed sobre nosotros; y a los collados, ocultadnos'. Nuevamente tomó aire para poder seguir transmitiendo su mensaje: 'Porque si esto se hace con el leño verde, en el seco, ¿qué será?' (Lc. 23, 28-31).
      No pudo continuar. El empujón de un sayón le obligó a continuar su camino. Del esfuerzo cayó otra vez. Oyó la voz del centurión dando la orden a sus soldados: 'Vosotros dos, ayudad a levantarlo'. Simón de Cirene ya lo estaba intentando pero agradeció en su interior la ayuda del romano, más por Jesús que por él. Éste, cuando se pudo poner en pie, vio que el lugar de la crucifixión estaba ya muy cercano. Intentó subir todo lo rápido que le permitían sus escasas fuerzas. Pero llegó.


LLEGADA AL CALVARIO.-JAMES TISSOT.-S. XIX - XX

      En cuanto pisó aquel lugar dirigió una mirada al cielo y musitó una breve oración dirigida a su Padre. Simón dejó la cruz en el suelo y quiso dirigirse al Maestro, pero se lo impidieron los soldados y lo echaron de allí. Ya no pudo reprimirse y gritó a los romanos todo cuanto su rabia e impotencia le dictaban. No le hicieron caso. Tenían otra cosa que hacer y el tiempo se les echaba encima.
      Era mediodía.
      Y Simón, sin alejarse demasiado, no perdía detalle de lo que iban a hacer con el Maestro, mientras unas lágrimas de rabia y emoción rodaban por sus mejillas. 

Comienza el largo camino (II).-20-septiembre-2015

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      CAMINO DEL CALVARIO.-PEETER BALTENS.-S. XVI
      Mientras tanto la Madre de Jesús había recobrado plenamente la consciencia y el fuerte alboroto de la gente le recordó a su Hijo. Mirando a Juan, le pidió: '-Juan, llévame donde está Él, por donde tenga que pasar. Quiero verlo de nuevo'. El discípulo asintió con la cabeza. Lo entendía plenamente y, de alguna manera, él también quería estar cercano a su amigo y Maestro. Nuevamente se puso en camino esa comitiva unida por el dolor, la amistad y la solidaridad hacia una de las calles por donde pasaría, eligiendo la que fuera más estrecha para que la cercanía física permitiera sentir a Jesús que no se encontraba solo en aquel trance amargo. El deseo de ver nuevamente a su Hijo le daba una fuerza especial, inaudita en una persona que estuviese pasando por aquel trance. De sus ojos enrojecidos seguían cayendo lágrimas, unas veces silenciosas, otras acompañadas de leves gemidos.
RAFAEL SANCIO.-RENACIMIENTO
      No tardó mucho tiempo en aparecer una avanzadilla de soldados que apartaban de la calzada a la gente para permitir el paso franco de la triste comitiva. Los insultos que recibían los condenados se escuchaban perfectamente y los que iban dirigidos a Jesús hacían temblar a su Madre. Cuando el centurión pasó por delante de María le llamó la atención los esfuerzos que hacía para contener sus emociones y esperar serena el paso de la comitiva. Aunque siguió su camino, algo le hizo volverse atrás para ver nuevamente a la mujer que tan poderosamente le había llamado la atención. Otra vez pasó junto a ella y por un momento sus miradas se encontraron. En ese instante un intenso escalofrío le corrió por todo el cuerpo y un sentimiento de vergüenza e impotencia le inundó. Se sintió miserable por aquella sentencia, a todas luces injusta, como si hubiese sido el autor material de la misma. Un grito desgarrado le sacó de su ensimismamiento: '¡¡HIJO!!  ¡¡HIJO MÍO!!
      Se volvió y vio a la mujer abrazada al Nazareno y aún pudo entender, más que oír, la respuesta: 'Ma...dre. Madre ...mía...' El reo había caído nuevamente y esa circunstancia hizo que María se abalanzase a abrazar a su Hijo. No veía nada ni a nadie. Sus ojos se centraban en ver a su Hijo doliente y cubierto de sangre. Solamente unos segundos lo retuvo en sus brazos, como antes había hecho en una gruta de Belén. Unos soldados se acercaron para separar aquella mujer pero la oportuna llegada del centurión evitó que sus subordinados se propasasen en el trato con ambos. 'Vosotros tres ayudad a levantarse al reo con cuidado'.
      Él, bajando del caballo, ayudó a aquella pobre Madre rota de sufrimiento y dolor a levantarse,  la entregó a Juan que se acercaba a ellos y mirándolo a los ojos le dijo muy suavemente: 'Cuídala'. El discípulo, mirándolo de frente, asintió suavemente con la cabeza. De nuevo se cruzaron las miradas de la mujer hebrea y del centurión romano. Ahí no había distinción de razas o nacionalidades. De creyentes en Jesús o no creyentes.  María miró al centurión con un inmenso agradecimiento que turbó a aquel soldado acostumbrado a la dura vida militar donde los sentimientos no tienen cabida. Pero en ese momento los descubrió y se prometió a sí mismo hacer cuanto estuviese en su mano para aliviar a aquel condenado sin desobedecer las órdenes recibidas.  
      Entre Juan y las mujeres llevaron de nuevo a María donde hacía un  momento estaba semiinsconsciente por el dolor, la pena y las emociones. El cortejo siguió su marcha con un Jesús dando muestras de su extenuación.  Su falta de fuerzas era tan evidente que los mismos legionarios vieron la imperiosa necesidad de que alguien debía ayudarle a llevar la cruz. Se miraron entre ellos y, como si se hubieran puesto de acuerdo, miraron la multitud buscando un hombre robusto que cumpliese con su cometido. '¡Allí!', exclamó uno de ellos.
      Se trataba de un hombre medianamente alto y robusto que volvía de su trabajo. Los soldados 'echaron mano de un cierto Simón de Cirene que venía del campo, (Lc. 213, 26) el padre de Alejandro y Rufo, para que tomara la cruz'. (Mt. 15, 21). Estaba cansado de la dura jornada que había hecho y protestó. No quería hacerlo. ¿Por qué tenía que ayudar a un reo? Pero ante las amenazas de los romanos no tuvo otra elección. Se acercó de mala gana al reo y éste lo miró. Esa mirada turbó a Simón porque había reconocido al rabí que predicaba a las gentes y que en el monte le había dado de comer pan y pescado, lo mismo que a 'unos cinco mil hombres sin contara las mujeres y niños' (Mt. 13, 21) que allí había. Le vino a la cabeza una frase que le había oído en aquella ocasión: 'Bienaventurados los misericordiosos porque ellos alcanzarán la misericordia'. (Mt. 5, 7). Se sintió en deuda con Él y le ayudó primero a levantarse. Después los soldados 'le cargaron con la cruz para que la llevase en pos de Jesús'. (Lc. 23, 26).
      Vio tambalearse al Maestro y apresuró el paso como pudo para ponerse a su lado. Se dirigió a Él: 'Maestro. Cógete a  mí y descansa lo que puedas'. Nuevamente su volvieron a cruzar sus miradas. La de Jesús, con un agradecimiento infinito. Una leve mueca que quería ser una sonrisa se marcó en su boca. Este sincero gesto caritativo le había permitido olvidar momentáneamente sus dolores. Fue como un bálsamo que le dio nuevas fuerzas. Simón por su parte notó algo en su interior que le obligó a redoblar sus fuerzas para evitarle mayores sufrimientos, pero se sentía un hombre nuevo, distinto, absolutamente conmovido y solidario con el reo al que estaba aliviando. Jamás olvidaría aquella mirada el resto de su vida. 
ARENT DE GELDER.-BARROCO