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¿Y por treinta monedas...? (I) - 23-febrero-2015

Posted by Caminante y peregrino


ORACIÓN EN EL HUERTO.-UN ÁNGEL CONFORTA A JESÚS.-
FRANCISCO SALZILLO.-BARROCO
      El suelo de la calle parecía crujir bajo las suelas de las sandalias que lo pisaban, como echándole en cara la villanía que iba a cometer. Aún sonaba en sus oídos el seco ruido de la puerta del cenáculo al cerrarse tras él. Sí. Tenía que hacerlo. 
      Se había comprometido y testigo de aquel compromiso era el sonido de las treinta monedas de plata que tintineaban en su bolsa.
JUDAS ANTE EL SANEDRÍN.-ALEXANDER BIDA.-ROMANTICISMO
       Tenía prisa, pero a pesar de ello no pudo evitar el recuerdo del primer paso  que había dado para que llegara el momento que estaba esperando.
      Judas sabía con certeza cuál era la postura de las autoridades religiosas del pueblo. 
Había ido muchas veces al templo con el Maestro y con sus compañeros, en ocasiones había sorprendido conversaciones entre algunos sacerdotes nada halagüeñas para Jesús. 
TRAICIÓN DE JUDAS.-GIOTTO.-RENACIMIENTO 
      Empezaba a sentirse harto de aquella vida que llevaban los doce sin que se obtuviera provecho monetario alguno. Algunas limosnas, muchos seguidores, contadas invitaciones, pero...la bolsa de la que él era portador, casi siempre estaba vacía. Tomó la decisión y se dirigió al Templo.
     Se vio a sí mismo ante los miembros del Sanedrín que escuchaban con aparente indiferencia sus palabras haciéndoles una propuesta. '¿-Qué me dais si os lo entrego? Ellos le ofrecieron treinta monedas de plata. Y desde ese momento andaba buscando ocasión para entregarlo'. (Mt. 26, 15-16). Ahora había llegado el momento.


      
JESÚS Y SUS DISCÍPULOS SE DIRIGEN A GETSEMANÍ.-NIKOLAJ NIKOLAJEWITSCH 
     Cuando salieron del cenáculo, la brisa de la noche los envolvió. Jesús respiró hondo, como queriendo hacer acopio de aire en sus pulmones. Sus discípulos iban comentando en pequeños grupos lo que habían vivido durante la cena y todos coincidían en que había sido muy diferente de las celebradas con anterioridad. Pero de todo lo que presenciaron, la vivencia de haber visto a su Maestro bendecir y partir con ellos el pan y el vino era lo que más les había impactado.
      Se dirigieron al huerto de Getsemaní, donde también se habían retirado anteriormente en ocasiones semejantes a las de ese momento. La luna alumbraba poco, pero conocían el camino sobradamente. Jesús caminaba en silencio ensimismado en sus pensamientos, ya que era plenamente consciente de lo que iba a ocurrir unos momentos más tarde. De repente les dijo: 'Todos vais a fallar, porque está escrito: -Heriré al pastor y se dispersarán las ovejas. Pero después de resucitar iré delante de vosotros a Galilea'. (Mc. 14, 27-28).
      Este comentario les cogió completamente desprevenidos. Alguno hubo que interiormente pensó: 'Pero, ¿qué está diciendo el Maestro? ¡Si ya le hemos dicho que no lo vamos a abandonar!' Como si estuviera haciendo eco de lo que pensaban sus compañeros, 'Pedro le replicó: -Aunque todos fallen, yo no'. ¡Pobre Pedro! Su enorme afecto por el Maestro le hacía confiar demasiado en sus propias fuerzas, pero 'Jesús le contestó: -Te aseguro que hoy, esta misma noche, antes de que el gallo cante dos veces, tú me habrás negado tres. Pedro insistió: -Aunque tenga que morir contigo jamás te negaré. Y todos decían lo mismo'. (Mc. 14, 29-31).
    Todos tenían mucha seguridad en ellos mismos...y en su Maestro. Confiaban muchísimo en Él, pero se daban cuenta de que a medida que se acercaban a su destino, la turbación de Jesús era mayor. Cruzaron el torrente de Cedrón. La luna iluminaba más que cuando salieron del cenáculo, pero aún había oscuridad.
        'Cuando llegaron a un lugar llamado Getsemaní dijo Jesús a sus discípulos: Sentaos aquí mientras voy a orar. Tomó consigo a Pedro, a Santiago y a Juan. Comenzó a sentir pavor y angustia, y les dijo: -Siento una tristeza mortal. Quedaos aquí y velad'. (Mc. 14, 32-34). Sabía que el momento estaba ya terriblemente próximo y su naturaleza humana temía cuanto se avecinaba. 'Se alejó de ellos como un tiro de piedra, se arrodilló y estuvo orando así: -Padre, si quieres aleja de mí esta copa de amargura; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya'. (Lc. 22, 41-42).
JESÚS CONTEMPLA LO QUE LE ESPERA.-JAMES TISSOT.-S. XIX - XX
      La tristeza de Jesús cuando llegaron al huerto se iba transformando en angustia. Comenzó a pensar que su misión, para la que había nacido vivido y predicado durante tres años, llegaba a su momento culminante. Y comenzó a sudar y a temblar. En su perturbación veía los pecados, ofensas y agravios que la Humanidad había causado a Dios desde el momento de la desobediencia de Adán y de Eva y de los que seguirían causando, porque el padre del mal y de la mentira estaría al acecho de cada persona. Pensó en las personas que habían seguido fieles a su Padre en el transcurso de la Historia: Abraham, Moisés, Elías,...y que necesitaban su sacrificio.
SUFRIMIENTO DE CRISTO EN SU ORACIÓN
      Postrado en tierra se ofrecía al Padre como Víctima propiciatoria, como Cordero que cargaba sobre sí mismo los pecados de todos para devolverles la amistad con su Creador, a la vez que le pedía ayuda y fuerza para llevar a buen término su misión. Sobreponiéndose ligeramente, cubierto de sudor y sufrimiento, se levantó y, tambaleándose, marchó a buscar a sus tres amigos, pero las fuerzas casi le abandonaban. En su desánimo buscaba, quizá, su apoyo en ese trance tan difícil. Cuando llegó donde estaban 'los encontró dormidos. Y dijo a Pedro: -Simón, ¿duermes? ¿No has podido velar ni siquiera una hora?Velad y orad para hacer frente a la prueba; que el espíritu está bien dispuesto, pero la carne es débil. Se alejó de nuevo y oró repitiendo lo mismo'. (Mc. 14, 37-39).
ENCUENTRA DORMIDOS A LOS APÓSTOLES. JAMES TISSOT.-S. XIX - XX
       Los tres, al contemplar a Jesús en aquel estado sudoroso y con una palidez desconocida para ellos, pues jamás lo habían visto así, no acabaron de reconocerlo. Quedaron aturdidos y cuando se espabilaron se preguntaban qué le estaría ocurriendo. Lo vieron alejarse nuevamente y se quedaron sin saber qué hacer. No encontraron más camino que la oración. Ansiosamente se dirigieron al Padre pidiéndole por su Maestro, por su querido Maestro, a la vez que su congoja y tristeza de verlo así les producía una inquietud y una pena que en ocasiones les hacía llorar como niños indefensos.
      Jesús volvió nuevamente a la oración. A medida que ahondaba en ella se hacían presentes los sufrimientos por los que debía pasar, pero también pensaba en la bondad del género humano cuando fue creado por su Padre y en los anawin, los constantemente fieles a Dios, las personas que habían hecho la opción de su vida por la obediencia a Dios y el acatamiento de su voluntad, pensaba en los pobres de Yavéh que continuamente vivían en permanente unión con Él deseando ser agradables a sus ojos, pensó en los que irían naciendo y serían los anawin de su tiempo a pesar de los inconvenientes y la pruebas que iban a tener...pero el terror se adueñaba de Él y le hacía flaquear...
CONFORTADO POR UN ÁNGEL.-RON DICIANNI
      Nuevamente se dirigió a su Padre en estos términos: 'Padre mío, si no es posible que pase sin que yo lo beba, hágase tu voluntad'. (Mt. 26, 42). 'Entonces se le apareció un ángel del cielo que lo estuvo confortando. Preso de la angustia oraba más intensamente y le entró un sudor que chorreaba hasta el suelo, como si fueran gotas de sangre'. (Lc. 22, 43-44).
VOLVIÓ A ENCONTRARLOS DORMIDOS.-JAMES TISSOT.-S. XIX - XX
      Pero Jesús era consciente de cuál era la voluntad de su Padre, esa voluntad que había sido su alimento los años de su predicación. Recordó lo que en cierta ocasión dijo a sus discípulos: 'Mi alimento es hacer la voluntad del que me ha enviado hasta llevar a cabo su obra de salvación'. (Jn 4, 34). Y no lo pensó más. Asumió el momento y notó una fortaleza que le venía de lo alto. Volvió nuevamente a donde estaban sus discípulos y les dijo: '¿Todavía estáis durmiendo y descansando? ¡Basta ya! ¡Vamos! Ya está aquí el que me va a entregar'. (Mc.14, 41-42).
ANDREA MANTEGNA.-RENACIMIENTO

Comienza el drama que...(VI).-Se quedó para siempre (III).-04-02-2015

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FRANCESO BASSANO.-MANIERISMO
      El ambiente era de una camaradería  y fraternidad que no habían experimentado antes. El sentimiento de amistad que habían adquirido con su trato humano siguiendo a Jesús durante tres imborrables años acababa de transformarse en algo superior, algo que sin que lo advirtieran trascendía la vida que habían vivido hasta entonces. A partir de ahora todo iba a cambiar. Ciertamente se miraban unos a otros como miembros de una misma familia en la que se sabían hermanados a través del Maestro, el cual no cesaba de mirarlos sonriente a pesar de conocer que era la última vez que estaba con ellos en este mundo.
Volvió a dirigirse a ellos diciéndoles: ‘Una vez que me haya ido y os haya preparado un lugar, volveré y os llevaré conmigo, para que podáis estar donde voy a estar yo’. (Jn. 14, 3)
TINTORETTO.- RENACIMIENTO. 
El alegre bullicio reinante entre los apóstoles cesó instantáneamente al oír que nuevamente se dirigía a ellos. Al instante todos ellos se centraron en lo que les estaba diciendo sabiendo que era el principio de algo más que les diría. Y así fue: ‘Vosotros ya sabéis el camino para ir adonde yo voy’. (Jn. 14, 4)
Estas palabras los dejaron descolocados. No entendían qué quería decir. ¿A qué camino se refería? ¿A dónde tiene que marchar? Sus miradas se cruzaban pero no se atrevían a preguntarle nada. Sin embargo Tomás, el vehemente Tomás, sí que lo hizo: ‘Pero, Señor, no sabemos dónde vas, ¿cómo vamos a saber el camino?’ (Jn. 14, 5).  Ciertamente en esos momentos todavía no estaban preparados para entender el significado de esa expresión. Jesús volvió la cabeza hacia él. Mirándolo a los ojos le respondió: ‘Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie puede llegar al Padre, sino por mí. Si me conocierais a mí, conoceríais también a mi Padre. Desde ahora lo conocéis, pues ya lo habéis visto’. (Jn. 14, 6-7). 
Esa explicación no se la esperaban. Tampoco la entendían. ¿Cómo era eso de que ‘desde ahora lo conocéis’ y también la continuación ‘ya lo habéis visto’? ¿Cuándo habían visto ellos al Padre? Como en la ocasión anterior, nadie osaba preguntarle nada, sin embargo Felipe, pensándolo o no, le preguntó: ‘Señor, muéstranos al Padre; eso nos basta’. (Jn. 14, 8).  Jesús no tuvo más remedio que sonreír. Los quería. Su sencillez, su limpieza de corazón, su confianza con Él, lo enternecían y le hacían olvidarse, momentáneamente, de lo que viviría unas horas después. Le contestó: ‘Llevo tanto tiempo con vosotros ¿y aún no me conoces, Felipe? –el apóstol no pestañeaba- El que me ve a mí, ve al Padre. ¿Cómo me pides que os muestre al Padre? ¿No crees que yo estoy en el Padre y el Padre en mí?...Os aseguro que el que cree en mí, hará también las obras que yo hago, e incluso otras mayores, porque yo me voy al Padre’. (Jn. 14, 9-12)
Todos los ojos iban mirando a Felipe y a Jesús. Pero Santiago, el hermano de Juan, no veía cómo era posible que ellos hicieran las mismas cosas que hizo Jesús durante los tres años de vida pública y de los que ellos, sus amigos y discípulos, habían sido testigos. Empujado tal vez por las intervenciones de Tomás y de Felipe, se atrevió a preguntarle: -Señor, ¿cómo es posible que nosotros podamos ser capaces de hacer lo mismo que tú? Nos conoces y sabes nuestra ignorancia y tú eres el Cristo esperado, el Mesías de Israel-. Jesús lo oyó, volvió a sonreír débilmente y continuó: ‘En efecto, cualquier cosa que pidáis en mi nombre, os lo concederé, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. Os concederé todo lo que pidáis en mi nombre’.
Era tanta la confianza que tenían con su Maestro que, a pesar de no entender del todo lo que les decía, lo creían. Continuó diciéndoles: ‘Os he dicho todo esto mientras estoy con vosotros, pero el Paráclito, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, hará que recordéis lo que yo os he enseñado y os lo explicará todo’. (Jn. 14, 25-26). 
PASCAL DAGNAN BOUVERET.- XS. XIX - XX
Ciertamente la cena de esa noche no la olvidarían jamás. De hecho la tendrían muy presente mientras vivieran. Todo el contenido de las palabras que su Amigo les dirigía era denso, trascendente, con unos mensajes de los que se sabían destinatarios y depositarios de su contenido. Hubo unos momentos de silencio, algo tenso, porque aunque algunos aprovechasen para seguir comiendo algo, realmente todos estaban pendientes de que pudiera continuar diciéndoles nuevas cosas. La noche se prestaba a ello.
Y así fue, pero…: ‘Hasta ahora os he hablado en un lenguaje figurado; pero llega la hora en que no recurriré más a ese lenguaje, sino que os hablaré del Padre claramente. Cuando llegue ese día vosotros mismos presentaréis vuestras súplicas al Padre en mi nombre; y no es necesario que os diga que yo voy a interceder ante el Padre por vosotros, porque el Padre mismo os ama….Salí del Padre y vine al mundo; ahora dejo el mundo para volver al Padre’. (Jn. 16, 25-28).
El silencio era tan denso que podía cortarse con un cuchillo. No perdieron detalle de nada de cuanto dijo, pero en determinado momento ‘los discípulos le dijeron: -Cierto, ahora has hablado claramente y no en lenguaje figurado. Ahora estamos seguros de que lo sabes todo y que no es necesario que nadie te pregunte; por eso creemos que has venido de Dios’. (Jn. 16,  29-30).

La seguridad de cuanto dijeron era absoluta y aprovechando el momento les dijo: 
ROSTRO DE CRISTO.-  CARAVAGGIO.-BARROCO.-
‘¿Ahora creéis? Pues mirad, se acerca la hora, mejor dicho, ha llegado ya, en que cada uno de vosotros se irá a lo suyo y a mí me dejaréis solo. Aunque yo no estoy solo porque el Padre está conmigo. Os he dicho todo esto, para que podáis encontrar la paz en vuestra unión conmigo. En el mundo encontraréis dificultades y tendréis que sufrir, pero tened ánimo, yo he vencido el mundo’. (Jn. 16, 31-33).
      Estas palabras no cayeron en saco roto. Todos estaban muy afectados, tristísimamente afectados por ellas. Un gran desánimo se apoderó del corazón de todos ellos. Su congoja se manifestaba en la tristeza de sus rostros acompañada por unos leves sollozos de algunos de ellos. A pesar de ello el silencio era absoluto. Vieron ponerse en pie a Jesús, el cual levantó sus ojos y sus brazos y con voz suave y serena se dirigió a su Padre: ‘Padre, ha llegado la  hora. Glorifica a tu Hijo para que tu Hijo te glorifique. Tú le diste poder sobre todos los hombres, para que él dé la vida eterna a todos los que tú le has dado…’.(Jn. 17, 1-2).
TIÉPOLO.- ROCOCÓ
Paulatinamente todos se daban cuenta que el Padre también estaba allí con su Hijo. No sabían el sentido que tenía ese diálogo, pero se daban cuenta que Dios se hacía presente allí esa noche. Todos se sumieron en un profundo respeto adorador que les invadió. A Jesús le oían algunas de las frases que decía con voz apenas perceptible: ‘…Yo te ruego por ellos. No ruego por el mundo, sino por los que tú me has dado, porque te pertenecen…Padre santo, guarda en tu nombre a los que me has dado para que sean uno, como tú y yo somos uno…’ (Jn. 17, 9-11).
No lo oían todo. Algunas frases se les escapaban. La intimidad entre Padre e Hijo se hacía patente a través de la actitud orante de Jesús. Ninguno podía describir la emoción de esos momentos. Juan, el más joven de todos, quizá era el más impresionado y esos momentos jamás los pudo olvidar. ‘…No te pido que los saques del mundo, sino que los defiendas del maligno. Ellos no pertenecen al mundo como tampoco pertenezco yo. Haz que ellos sean completamente tuyos por medio de la verdad; tu palabra es la verdad…’ (Jn. 17, 15-17).
Andrés se daba cuenta que el Maestro les estaba encomendando al Padre. Andrés se daba cuenta que él, pobre pescador del mar de Galilea, era alguien que importaba a Dios y que éste lo quería tal como era, con sus virtudes y defectos, con todo el Amor que un Dios Padre puede ser capaz de amar. Y se veía insignificante y desde su insignificancia enviaba su agradecimiento al Padre a través de su Maestro. ‘Pero no te ruego solamente por ellos, sino también por todos los que creerán en mí por medio de su palabra’. (Jn.17, 20).
Sí ¡Claro que sí! Andrés se veía lanzado a predicar por todo el mundo lo que Jesús les había ido enseñando, el Amor de un Dios que se desborda en su cariño por todas y cada una de las personas, aunque fueran romanos, griegos o judíos. Todos cabían en la infinita ternura de Dios.
        Cuando finalizó su oración, Jesús lanzó un hondo suspiro. Bajó sus ojos y sus brazos. Los miró a todos y los vio preocupados. Fue acercándose a cada uno de ellos y los bendijo. Luego les pidió que le ayudasen a retirar la mesa de la cena a un rincón para facilitar la limpieza posterior del salón y al salir vieron a las mujeres que les habían preparado la cena. Para ellas era una noche más, una pascua más,…pero para una de ellas, no.
BERNARD PLOCKHORST.- S. XIX
María se acercó a su Hijo posando su cabeza sobre su pecho un breve instante. Se miraron a los ojos. Fueron dos miradas profundas que desde el silencio se transmitieron muchas cosas, muchos recuerdos, mucha ternura,…. María se aferró al pecho de Jesús, éste la separó levemente abrazándola con una dulzura infinita y depositando un beso en su frente se despidió de ella, mientras las sonrosadas mejillas de la madre permitían el paso de unas lágrimas de tristeza. 
JAMES TISSOT.- S. XIX - XX
Después Jesús y sus amigos salieron de allí. 'Atravesaron el torrente Cedrón y entraron en un huerto que había cerca' (Jn. 18, 1).