RSS Feed

Es el verdadero principio de la Historia (V) .-25-abril-2016

Posted by Caminante y peregrino

      No había mucha claridad en aquella dependencia de la casa, pero sí había mucha inseguridad,...mucho miedo,... Los sucesos ocurridos a todos habían impactado de una u otra forma. Meser y Eleazar hablaban muy bajo cuando conseguían poner un poco de orden en sus ideas. Las comentaban entre sí, pero era indudable que esperaban con alguna impaciencia a Yarin y a Lemuel, ya que con toda seguridad podrían aportar nuevas noticias o acontecimientos ocurridos en Jerusalén, bien vividos por ellos mismos, bien porque se los podrían haber contado otros.
- Te digo que todos los sacerdotes y el Sanedrín en pleno nos hemos equivocado. Tal vez Nicodemo y José de Arimatea tuvieron razón cuando dieron la cara por Jesús al defender su inocencia, -dijo Meser con un acento en su voz entre preocupado y hondamente convencido de lo que decía. Necesitaba conocer la opinión de sus amigos. Cuando bajaban del Calvario él y sus tres amigos ya comentaban este hecho y se daban cuenta que, cuanto menos, aquel nazareno era totalmente inocente y nada grave había hecho para merecer semejante tortura y la horrible muerte que había tenido. Además, el mismo Pilato también lo había visto así y así expuso su opinión a los sacerdotes y a los escribas que se lo habían llevado. Sentían que habían sido manipulados por ellos así como por Anás y Caifás. 
      Los cuatro habían acordado juntarse el día siguiente al sabbat en el Templo para comentar sin prisas estos acontecimientos y analizarlos mejor, pero las noticias que circulaban les habían obligado a reunirse en otro lugar más seguro que el Templo. Eleazar manifestó:
      - Olvidas un hecho muy importante y que a mí me ha impresionado mucho desde la primera vez que le oí decirlo. Ahora, más que nunca y según deduzco, se puede ver por qué lo decía. Recuerda que muchísimas veces, antes de curar un enfermo, tullido, paralítico o ciego, LE HA PERDONADO SUS PECADOS. Incluso a la mujer que, sorprendida en adulterio, iba a ser lapidada. Y eso, ¿quién puede hacerlo?
CRISTO PERDONA A LA PECADORA.-VALENTIN DE BOULOGNE
      Meser quedó pensativo. Conocía la respuesta sobradamente, pero le costaba admitirlo por lo que eso suponía y, por tanto, se resistía a dar a su amigo la respuesta que sabía que era verdadera y que no podía ser otra sin faltar a la verdad. Pero tampoco podía oponer resistencia a manifestar su pensamiento en aquel momento de confidencias entre amigos. Y no dio una respuesta escueta. Hubo algo más:
      - Ciertamente solamente Dios puede perdonar los pecados, pero es que, además, lo decía con una autoridad innegable, propia, distinta a todo lo que estamos acostumbrados a escuchar a nuestros sacerdotes y mandatarios, y esto hacía que  fuera absolutamente imposible rebatirle. Y cuando algún escriba o sacerdote lo intentaba, le contestaba con unos argumentos que ponían en evidencia su ignorancia en muchas cosas de la Ley. Incluso se le notaba superior al Sumo Sacerdote. Además...
       No pudo continuar. Los golpes en la puerta de la calle eran imperiosos, como si quien los daba tuviera mucha prisa por entrar. Eleazar miró de soslayo a Meser. La llamada le había asustado como si temiera algo imprevisto, por lo que se levantó y marchó a ver quién era. Cuando lo preguntó, se tranquilizó:
      - Abre. Somos Yarin y Lemuel. Tenemos muchas cosas para contar.
      Al abrir la puerta aparecieron dos rostros demudados con miradas huidizas. Sus amigos estaban como si hubieran visto fantasmas y parecían al borde de un ataque de nervios.
      - Pasad y sentaos. Aquí estáis seguros y  podéis desahogaros. ¿Qué os ha ocurrido que parecéis sobrecogidos por el pánico?
APARICIÓN DE MUERTOS EN EL TEMPLO EL DOMINGO DE RESURRECCIÓN.-JAMES TISSOT
      Meser no dejaba de mirarlos intentando descifrar las causas de ese estado de ánimo totalmente inusual en sus amigos, pero sospechaba que iba a ser algo que tendría que ver, y no poco, con el motivo por el que se juntaban. Eleazar les sacó agua mezclada con unas hierbas relajantes para que calmaran su ansiedad. Unos momentos después, Lemuel, más sereno aunque aún afectado, espetó: - Hemos visto al Rabino Abraham ben Simon en el Templo.
      - ¡Imposible! -dijo Meser- Hace cinco años que murió de una enfermedad muy grave.
     - Es absolutamente cierto -respondió Yarin, ya más sereno-. Escuchad: Lemuel y yo veníamos aquí pero quisimos pasar primero por el Templo. Nos dijeron que cuando murió Jesús hubo un terremoto y se rasgó el velo del Templo que separa el lugar Santo del Santísimo. Queríamos ver qué ambiente había. Apenas entramos oímos un trueno fortísimo y la tierra tembló. Nos asustamos y quisimos marcharnos de inmediato, pero un fortísimo viento nos obligó a pararnos intentando buscar cobijo junto con unos sacerdotes y unos escribas que allí estaban. 
      Entonces fue cuando vimos venir como flotando por el aire hacia nosotros y hacia los demás, un grupo de personas al frente de las cuales estaba el Rabino. Todos ellos habían muerto hacía más o menos tiempo que él, pero todos coincidieron en decirnos que habíamos matado al Mesías y que éste había ido al Seno de Abraham para anunciarles la Redención y para llevar a su Reino, a cuantos habían sido fieles a Yavéh y habían observando la Ley y los Mandamientos.
      

DESCENDIÓ A LOS INFIERNOS.-ANDREA DA FIRENZA.-GÓTICO

Es el verdadero principio de la Historia (IV) .-07-abril-2016

Posted by Caminante y peregrino

APARICIÓN DE CRISTO A SU MADRE.-THEODOOR VAN THULDEN.-BARROCO
      María giró hacia su aposento y hacia allí se dirigió apenas salieron las mujeres de la casa. Magdalena tenía razón. Necesitaba orar. Mucho. De ese modo se sentía más cercana a Jesús. Quizá nadie recordase la firme promesa que había hecho ante todos ('Destruid este templo y en tres días lo levantaré'. Jn. 2, 19) pero a ella la mantenía más firme la fe que tenía en su Hijo, en el Padre que la eligió para esta misión y en el Espíritu Divino que formó a Jesús en sus entrañas. Instintivamente se arrodilló y postrándose en tierra se dirigió al padre: '¡Oh, Padre! Nuevamente me postro a tus plantas soberanas para implorar, una vez más, tu ayuda. Yo sé que no nos abandonas a nadie, ni siquiera ahora, que los acontecimientos parecen demostrar que estamos solos. Desde que en Nazaret te di aquel SÍ que me comprometía contigo, siempre he tenido abundantes pruebas que continuamente has estado con nosotros. Este momento, este triste momento, no es ninguna excepción. Hace dos días dejamos el cuerpo de Jesús sin vida, en el sepulcro de José de Arimatea...'
      María tuvo que interrumpir su oración. El recuerdo de ver exánime a su Hijo en aquella fría losa sepulcral, la hizo revivir aquellos crudos  y amargos momentos del Calvario. Los sollozos volvieron a brotar de su cuerpo, muy castigado por el dolor y el sufrimiento, mezclándose con dulces llamadas a su Hijo. Unos momentos después se sobrepuso y tras unos suspiros volvió a dirigirse a Dios: 'Padre, atiende mi oración porque ya no puedo más. Necesito verlo de nuevo lleno de vida, como Él dijo que haría al tercer día de su muerte. Nunca te he pedido nada para mí, pero ahora te ruego que escuches mi plegaria y me lo devuelvas para siempre, porque para ti nada hay imposible...' Nuevamente quedó postrada en oración, como sumida en una espera confiada...        Estando en ese estado no pareció oír el fragoroso trueno que se oyó y la nueva sacudida de la tierra producida por un breve pero intensísimo terremoto que a todos asustó y preocupó. Loa Apóstoles, que se encontraban en el cenáculo, se miraron unos a otros con inquietud. Juan se levantó y se dirigió al aposento de la Madre por si le había ocurrido algo. Entreabrió cuidadosamente la puerta y la vio postrada en oración. Volvió a cerrarla muy despacio procurando no hacer ruido con el fin de no interrumpirla y volvió con los demás.

      Todos lo miraban esperando saber si María estaba bien. Les hizo un gesto indicando que no había ninguna novedad y se sentó, pero la preocupación de lo que hubiera podido pasar con el trueno y el terremoto no se alejó de ellos en absoluto. Al comprobar que todo iba volviendo a la normalidad, poco a poco fueron adormeciéndose unos y orando otros, aunque sin pretenderlo cayeron en un profundo sueño motivado por el cansancio, la tensión psíquica, las emociones vividas,...       APARICIÓN DE CRISTO RESUCITADO A SU MADRE.-MELCHIOR PAULl VON DESCHWANDEN.-S. XIX     María, en el silencio más íntimo de su oración al Padre,no se había percatado del temblor de tierra ni en la delicada visita de Juan para comprobar si le había ocurrido algo. Estaba muy centrada en lo que hacía, peo hubo un momento en que notó como una mano se posaba suavemente en su hombro derecho. Pensó que era Juan, pero cuando oyó que una voz delicadamente suave, pero muy, muy conocida, que llena de amor y de victoria le decía 'Mamá,...', la hizo volverse con presteza.

      '-¡¡Jesús!! ¡¡Hijo mío!!...'  No pudo continuar. Frente a ella aparecía, sí, su Jesús, pero no el que ella había visto anteriormente, ni tampoco el Jesús del Calvario. Veía a su Hijo, ¡claro que sí!, pero revestido de una potente claridad, una fortísima luminosidad, que no solamente no cegaba ni deslumbraba, sino que le estaba permitiendo contemplarle como realmente era Él: Dios mismo hecho hombre, victorioso de la muerte, 'su rostro era resplandeciente como el sol y su vestido blanco como la luz' (Mt.17, 2). Los ojos del alma le decían que sí. Sí que era su Hijo. Y lo más inmediato fue arrojarse en sus brazos.
APARICIÓN DE CRISTO RESUCITADO A SU MADRE
      Jesús sonreía absolutamente feliz. Ciertamente tenía muchas cosas que hacer, muchas personas que visitar, muchos cabos que atar ahora que la Redención estaba consumada, pero la primera de todas era su Madre: abrazarla, tranquilizarla y que dejara de sufrir. En la Pasión la notaba siempre junto a Él y lo mismo en el Calvario, oyendo sus oraciones con los oídos del corazón, y los martillazos de los clavos parecían disminuir el terrible dolor que le causaban perforando sus manos y sus pies.
      '-Mamá. Querida Mamá. Siempre has estado conmigo en estas horas decisivas para la Humanidad y tus oraciones y tu llanto me han ayudado en el Sacrificio que debía ofrecer al Padre por esta Humanidad que tanto queremos. Mi Padre y el Espíritu también estaban oyendo la angustiada oración que les dirigías'. Ella no hablaba. Solamente lo veía vivo, en plenitud, infinitamente más hermoso que cuando vivían juntos y lo veía trabajar en la carpintería de José. ¡Ay, si José lo viera ahora! Mientras pensaba todo esto lo iba llenando de besos como cuando nació en Belén. '-No me dejes, Hijo. Quiero estar siempre contigo...'
APARICIÓN DE CRISTO RESUCITADO A SU MADRE.-FRANCESCO SOLIMENA
      '-Nunca, Mamá. Nunca nos volveremos a separar. Tú siempre estarás conmigo y Yo siempre en ti. Ahora debo acudir a que todos me vean y se enteren de mi Resurrección. Debo confirmar en la Fe a mis hermanos y amigos para que continúen el trabajo que he comenzado, pero ahora me tendrás contigo en el corazón y en la Eucaristía. Me llevarás dentro de ti como me llevabas antes de nacer en Belén'.
      María era incapaz de pedirle nada. Sabía que lo había traído al mundo precisamente para este momento. Su misión había terminado, pero ahora tenía que completarla preparando a sus amigos y a sus discípulos. Pero ella callaría. Su corazón seguiría guardando todos esos momentos de intimidad humana y divina en los que iría meditando todos los días. Los demás...tendrían su momento como lo había tenido Ella. Todo lo contemplaría desde el silencio y la oración, ayudando, orientando y completando cuanto su Jesús le dijese, pero intuía que iba a tener un papel fundamental en la Comunidad que su Hijo había ido formando: la Iglesia. 

      Se recostó en su lecho. Su felicidad era infinita. Pensaba en sus amigas Magdalena, Juana, María la de Cleofás y tantas y tantas otras que la habían ayudado a Ella y también a su Hijo por los caminos de Israel y últimamente en Jerusalén. Pensó en el buen Pedro, en Juan, en Santiago y en todos y cada uno de los Apóstoles. Todos se pondrían a trabajar de inmediato en cuanto vieran a su Señor... Con una leve sonrisa en sus labios y una paz que notaba recibida de su Hijo, se durmió.
CRISTO RESUCITADO.-JOSEPH F. BRICKEY