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No era digno….-06-septiembre-2013

Posted by Caminante y peregrino

CENTURIÓN DE CAFARNAUM.-RAFAEL VALLS.-S. XVI
Aparentemente era una incongruencia. San Lucas, en 7, 1-10, (he preferido su versión a la que también cuenta Mateo) nos presenta por una parte un soldado. No un soldado cualquiera, sino uno que tenía mando sobre un grupo de soldados, alrededor de ochenta. Eso significaba que estaba acostumbrado al mando y a la obediencia de las órdenes que daba. Era elegido por los superiores según sus cualidades castrenses.
Socialmente estaba como soldado del ejército de ocupación romano, a quien los judíos odiaban a muerte. No solamente a ellos sino también a los judíos que colaboraban con ellos, como es el caso de los publicanos o recaudadores de impuestos. Por ejemplo, Mateo o Zaqueo. Por su parte, los romanos despreciaban a los judíos y no se molestaban en disimularlo a través de la arrogancia de su comportamiento.
PAOLO VERONESE.-MANIERISMO
Vistos estos antecedentes, un oficial romano pide la ayuda de Jesús, un judío como otro cualquiera, al menos en apariencia, sin hacer valer ni su rango ni su autoridad, sino que, además, le llama ‘Señor’ cuando se dirige a Él a través de sus criados. En circunstancias normales, ¿podemos decir que esto es una incongruencia o no? Pero es que existen situaciones…y situaciones. Y esto es lo que vamos a ver en esta entrada analizando cada uno de los aspectos que merezcan la pena, que no son pocos, porque no tiene ningún desperdicio, incluso para nosotros.
Es cierto que a lo largo de los Evangelios, en el Nuevo Testamento, encontramos personajes que se han dirigido a Jesús para pedirles su curación o su salvación. En el primer caso tenemos al ciego Bartimeo que pidió a Jesús la gracia de la visión y en el segundo a Dimas, el buen ladrón que sufría el martirio de la cruz junto con Jesús. En estos casos y en otros muchos más, el Maestro valoró la fe de quien se dirigía a Él pidiendo algo. Pero en este caso fue mucho más. Veamos.
 En aquel tiempo, cuando hubo acabado de dirigir todas estas palabras al pueblo, entró en Cafarnaúm’, localidad a orillas del mar de Tiberíades, entre Corozaín y Magdala. Este es el lugar de los hechos. 
WILLIAM HOLE.-S. XIX--XX
Allí había un acuartelamiento del ejército de Roma al mando de un centurión, que entre otras cosas, tenía que mantener el orden de la ciudad y controlar que se cumplieran las órdenes que Roma dictaba en los lugares conquistados.
Sin embargo en este caso las relaciones entre el centurión y las autoridades judías locales eran buenas. ¿Por qué? Hay un refrán que dice ‘Dame pan y dime tonto’, queriendo decir que mientras me cuides y me beneficie de ti, puedo olvidar mi odio para ti, pero no para los otros romanos. Y este es el caso, porque cuando al romano se le presenta el problema de ver a su mejor sirviente tan mal que podría perder la vida, no duda en acudir a sus ‘amigos’ judíos para que intercedan ante Jesús, de quien debía haber oído hablar, para curar a su fiel criado.
Se encontraba mal y a punto de morir un siervo de un centurión, muy querido de éste. Habiendo oído hablar de Jesús, envió donde él unos ancianos de los judíos, para rogarle que viniera y salvara a su siervo’, con lo cual estaba reconociendo en el Salvador una superioridad absoluta sobre todos y sobre todos sin haber presenciado ninguno de sus milagros ni oído predicación alguna. Lo que muchos judíos no reconocían, este pagano sí que lo hacía. Esta actitud nos permite suponer que ese criado no sería el único que tendría ese trato, sino que todos los criados o esclavos que tendría cabe pensar que también serían bien tratados.
 Por lo que conocemos por el Evangelio, parece ser que en Cafarnaúm no había ninguna sinagoga donde acudir a rendir culto a Yavé los sábados. Y, cosa insólita en la Historia de Roma, el oficial romano mandó construir una a su costa, lo cual nos hace suponer que era adinerado, si no rico, y que no hacía ostentación de su riqueza.
JAMES TISSOT.-S.XIX
Naturalmente, a los ancianos les faltó tiempo para acudir en búsqueda de Jesús y transmitirle el deseo de esa buena persona, porque así debía ser por dos motivos: uno, porque el sufrimiento de un criado le mueve a buscar la solución como sea y segundo, porque ser un miembro importante, al menos en la ciudad, del ejército de ocupación, no le impide ser generoso con sus ‘¿enemigos?’. Lo cierto era que ni el dinero ni su posición servían para nada en el caso de la enfermedad de su criado y su impotencia permite sacar a flote otra de sus cualidades: la humildad.
Pues bien:Estos, llegando donde Jesús, le suplicaban insistentemente diciendo: -Merece que se lo concedas, porque ama a nuestro pueblo, y él mismo nos ha edificado la sinagoga’. Saquemos nuestra imaginación y veamos el momento de llegar donde estaba Jesús, habitualmente rodeado de gente del pueblo y con sus discípulos, y sin titubeos ni vacilaciones exponerle el problema que tenía el pobre centurión viendo sufrir a su mejor criado. Para atraer más su atención y predisponerlo a una actuación como otras tantas veces había hecho, le comunican su generosidad con el pueblo judío a quien dicen que ama. Lucas no dice nada de la respuesta verbal de Jesús, a pesar de ser judío y tratarse de un militar romano. Él no era así. Pero los hechos lo dicen todo:
 Iba Jesús con ellos y, estando ya no lejos de la casa, envió el centurión a unos amigos a decirle: Señor, no te molestes, porque no soy digno de que entres bajo mi techo, por eso ni siquiera me consideré digno de salir a tu encuentro. Mándalo de palabra, y quede sano mi criado. Porque también yo, que soy un subalterno, tengo soldados a mis órdenes, y digo a éste: Vete, y va; y a otro: Ven, y viene; y a mi siervo: Haz esto, y lo hace’. 
ALEXANDRE BIDA.-ROMANTICISMO
Esa era su fe en Jesús. Estaba absolutamente convencido desde lo más íntimo de su corazón de que si quería, podía hacerlo.
‘Hay quienes dicen que aquí el centurión, para excusarse, le dice al Señor la causa por la que no ha traído consigo a su criado (que éste tenía terribles sufrimientos)...Por mi parte afirmo que eso fue señal de la gran fe del centurión...Porque como él sabía muy bien que bastaba un simple mandato para hacer levantarse al enfermo tendido en la cama, tuvo por cosa superflua presentárselo al Señor en persona.’ (San Juan Crisóstomo, BcPI, p. 227).
El centurión nos está presentando la situación para ser comprendido por Jesús a través de lo que llamamos una analogía. Presenta su facultad como soldado de mandar para que otros obedezcan, pero situándose él en un rol de inferioridad ante Jesús a quien reconoce un poder superior al de todos. Le otorga su papel de superior para colocarse él, por muy militar romano que fuese, muy por debajo del Maestro.
Bueno, ¿qué podemos decir ante la actitud del centurión? Ya sé que se ha comentado, explicado, meditado y todo lo que ustedes quieran, pero hay que admitir que ese personaje merece que, aun hoy, nos descubramos ante su personalidad y sencillez. No en vano la Liturgia de la Iglesia ha elegido sus palabras para el momento de responder al sacerdote cuando nos presenta la Hostia Consagrada antes de la comunión: ‘Señor. No soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará para sanarme’. Magnífico. Sencillamente magnífico y admirable (y me quedo corto). Jamás hubiera imaginado el centurión la trascendencia que iban a tener sus palabras. Y su humildad no pasó desapercibida por Jesús. ¿Cómo no iba a fijarse? Pero no esperaba tanto.
‘Al oír esto Jesús, quedó admirado de él, y volviéndose dijo a la muchedumbre que le seguía: Os digo que ni en Israel he encontrado una fe tan grande. Cuando los enviados volvieron a la casa, hallaron al siervo sano’. 
EL CENTURIÓN PIDE LA CURACIÓN DE SU CRIADO
Palabra de honor que me imagino estas palabras de Jesucristo en un contexto de sorpresa inesperada. Seguro que no esperaba esto de un pagano. Es cierto que Él pedía la fe de quienes curaba, pero ¿esto? La actitud del romano le obligó a colocar su fe por encima de la tenían ‘en todo Israel’. ¿Cómo se pondrían los ancianos que habían ido a buscarlo al oír esa respuesta? Nada dice el Evangelio, pero adivino que no les haría mucha gracia, porque según sus actitudes había antepuesto un pecador a ellos que eran hijos de Abraham en la fe.

Harold Copping.-S. XIX - XX
Es curioso ver que la versión de Mateo es la preferida por los pintores, pues todos los cuadros, al menos los que yo he encontrado, nos presentan al centurión hablando directamente con Jesús. El Arte es así.

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