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Preludio de la Pasión (I).-03.septiembre-2014

Posted by Caminante y peregrino

PARÁBOLA DE LOS VIÑADORES HOMICIDAS.-DIEGO QUISPE TITO.-BARROCO
  Aunque sea desde el Arte, como hemos visto en las páginas anteriores, últimamente con el tema de la entrada de Jesús en Jerusalén entre los vítores de un pueblo que le aclama como el Mesías, empezaré a tratar distintos aspectos de la Pasión de Cristo, empezando por los que acontecieron entre el lunes y el jueves por la mañana.
     
      Cierto es que su Vida Pública encierra una riqueza inmensa de aspectos, actuaciones, anécdotas, enseñanzas y muchísimas cosas más que se han ido tratando y que el Arte, con cuadros o esculturas desde los tiempos de las catacumbas hasta hoy, han ido ilustrando estas páginas y dando a conocer la visión de los distintos pintores y escultores en cada uno de esos apuntes biográficos de Jesús de Nazaret.
      Ahora se acerca el final de esa Vida Pública. Entre el domingo que entra en la Ciudad Santa a lomos de un borrico hasta el jueves siguiente que va a celebrar, por última vez, la Pascua Judía entre sus amigos más queridos, los Apóstoles, transcurren unos hechos que, algunos de ellos, ya han sido tratados con anterioridad. Todos ellos encierran un mensaje, una enseñanza, como si quisiera advertir a sus colaboradores más directos que aquello estaba tocando a su fin. Pero si lo intuyeron, no se lo acabaron de creer.
      Algunos de estos hechos  los mencionaré aunque sea de pasada para tener una visión de conjunto y desembocar en el comentario de otros que todavía no se han desarrollado en ninguna entrada. A estos les daré una extensión mayor.
ÚLTIMA CENA DEL SEÑOR.-JUAN DE JUANES.-RENACIMIENTO
      En la entrada anterior ya se recordó el pasaje de la purificación del Templo con la expulsión de los mercaderes. El hecho, como se pudo ver, encerraba un claro mensaje: el Templo, Casa de Dios, se había banalizado y eso ya era excesivo. Las cosas de Dios hay que tomarlas con más seriedad y montar un mercado allí dentro era ya demasiado. Pero cayó mal su actuación a los mismos sacerdotes y escribas del templo. Empezaron a pensar también ellos muy en serio, en quitarse de en medio aquel estorbo de Nazaret llamado Jesús. Y eso les salió bien cuando menos lo esperaban.
     
      El pasaje de la maldición de la higuera, ocurrida entre el lunes y el martes siguiente, lleva en el fondo un mensaje que, en definitiva es éste: cualquiera que no dé fruto no sirve para nada. El árbol se corta y se destina para alimento del fuego de las casas, en la cocina o donde sea. Pero pienso que eso tiene un hondo sentido. Va destinado al pueblo judío, tanto globalmente como a nivel individual de cada hebreo, que hacen oídos sordos a su mensaje y no lo aceptan como el Mesías esperado, a pesar de que en Él concurren todas las profecías mesiánicas anunciadas por los profetas. Así ocurrió desde las autoridades religiosas hasta el hebreo más insignificante. Se encerraron en sus mentes obtusas y no quisieron abrirse a la nueva doctrina predicada por Jesús, que perfeccionaba e incluso superaba la Ley de Moisés. No vieron más allá de sus propias narices.
      Pero es que en nuestros días está pasando algo muy similar. En los cristianos de nuestro tiempo hay quien pasa sus días contemplando su propio ombligo con una religiosidad conformista, su catolicismo se preocupa más por una fórmula rutinaria, que tiene una importancia relativa, pero no con el corazón ni con su compromiso temporal.
     
      Presentan ante todos un catolicismo plañidero sin creatividad ni entrega auténtica, sin garra, acomodaticio, con unos rezos mecánicos para acallar su conciencia, mientras hay otros que su fidelidad a Jesucristo les lleva a regar la viña del Señor o a abonar la higuera que se han comprometido a cuidar, con su propia sangre. Es el caso de los actuales mártires cristianos que están matando en Oriente Próximo porque el fundamentalismo de otra religión los quiere obligar a que abracen la suya. Cuando se niegan los matan, en muchos casos después de martirizarlos. Inaudito, ¿verdad? No tienen más que leer las noticias de la prensa o la televisión. Por mi parte me comprometo a rendirles un homenaje desde mis posibilidades, además de mi oración diaria, en una próxima entrada.
      Volviendo al pasaje de la higuera, sabemos que Jesús conoce positivamente la cercanía de los acontecimientos que sucederán y pondrán fin a su etapa de vivir entre nosotros, y parece que tiene prisa en darlo a conocer a todos.  Para mejor entendimiento se lo enseña a su auditorio, como solía hacerlo, a través de una parábola: la de los viñadores homicidas. La citan los tres Evangelios sinópticos y en síntesis dicen que un hombre plantó una viña, la cercó, edificó una torre, la arrendó a unos labradores y marchó de viaje.
     

      A su vuelta, cuando fue tiempo de recoger los frutos, envió unos criados a que se los dieran, pero los apresaron, maltrataron e incluso a uno le dieron muerte. Envió otros criados y los labradores hicieron lo mismo. A la tercera vez envió a su propio hijo pensando que a él le harían caso, le respetarían y le entregarían los frutos de la viña. Pues no. No lo hicieron. 

      'Pero los labradores, viendo al hijo, se dijeron: -Este es el heredero. Matémosle y quedémonos con su herencia. Y tomándole le echaron fuera de la viña y le mataron'. Jesús continuó con su relato: 'Cuando venga el dueño de la viña, ¿qué hará con aquellos labradores? Le dijeron: -Hará perecer malamente a esos malvados y arrendará la viña a otros labradores que le den el fruto a su tiempo. Jesús les dijo: -¿No habéis oído en las Sagradas Escrituras: La piedra que rechazaron los constructores vino a ser la piedra angular: por obra del Señor se hizo esto y es maravilloso a nuestros ojos? Por eso os digo que les será quitado el Reino de Dios y se dará a una gente que produzca sus frutos. El que cayera sobre esta piedra se despedazará; y sobre el que ella cayera, será triturado. Cuando los jefes de los sacerdotes y los fariseos oyeron estas parábolas, comprendieron que Jesús se refería a ellos. Querían echarle mano, pero tuvieron miedo a la gente, porque lo tenían por profeta'. (Mt. 21, 33-46).

      Naturalmente. Se vieron reflejados en los labradores homicidas. Días después tramaron lo indecible hasta conseguir su muerte. También sacaron 'fuera de la viña', o sea, de Jerusalén y en el Gólgota culminaron su villanía con aquella muerte, como veremos más adelante.
      He procurado que los cuadros de esta entrada no se hayan publicado todavía, pero no lo he podido conseguir en su totalidad porque hay temas con muy poco (en algunos casos, ninguno) material. En una entrada posterior veré si lo consigo. Hasta siempre, amigos.

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