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Comienza el drama que...(VI).-Se quedó para siempre (III).-04-02-2015

Posted by Caminante y peregrino

FRANCESO BASSANO.-MANIERISMO
      El ambiente era de una camaradería  y fraternidad que no habían experimentado antes. El sentimiento de amistad que habían adquirido con su trato humano siguiendo a Jesús durante tres imborrables años acababa de transformarse en algo superior, algo que sin que lo advirtieran trascendía la vida que habían vivido hasta entonces. A partir de ahora todo iba a cambiar. Ciertamente se miraban unos a otros como miembros de una misma familia en la que se sabían hermanados a través del Maestro, el cual no cesaba de mirarlos sonriente a pesar de conocer que era la última vez que estaba con ellos en este mundo.
Volvió a dirigirse a ellos diciéndoles: ‘Una vez que me haya ido y os haya preparado un lugar, volveré y os llevaré conmigo, para que podáis estar donde voy a estar yo’. (Jn. 14, 3)
TINTORETTO.- RENACIMIENTO. 
El alegre bullicio reinante entre los apóstoles cesó instantáneamente al oír que nuevamente se dirigía a ellos. Al instante todos ellos se centraron en lo que les estaba diciendo sabiendo que era el principio de algo más que les diría. Y así fue: ‘Vosotros ya sabéis el camino para ir adonde yo voy’. (Jn. 14, 4)
Estas palabras los dejaron descolocados. No entendían qué quería decir. ¿A qué camino se refería? ¿A dónde tiene que marchar? Sus miradas se cruzaban pero no se atrevían a preguntarle nada. Sin embargo Tomás, el vehemente Tomás, sí que lo hizo: ‘Pero, Señor, no sabemos dónde vas, ¿cómo vamos a saber el camino?’ (Jn. 14, 5).  Ciertamente en esos momentos todavía no estaban preparados para entender el significado de esa expresión. Jesús volvió la cabeza hacia él. Mirándolo a los ojos le respondió: ‘Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie puede llegar al Padre, sino por mí. Si me conocierais a mí, conoceríais también a mi Padre. Desde ahora lo conocéis, pues ya lo habéis visto’. (Jn. 14, 6-7). 
Esa explicación no se la esperaban. Tampoco la entendían. ¿Cómo era eso de que ‘desde ahora lo conocéis’ y también la continuación ‘ya lo habéis visto’? ¿Cuándo habían visto ellos al Padre? Como en la ocasión anterior, nadie osaba preguntarle nada, sin embargo Felipe, pensándolo o no, le preguntó: ‘Señor, muéstranos al Padre; eso nos basta’. (Jn. 14, 8).  Jesús no tuvo más remedio que sonreír. Los quería. Su sencillez, su limpieza de corazón, su confianza con Él, lo enternecían y le hacían olvidarse, momentáneamente, de lo que viviría unas horas después. Le contestó: ‘Llevo tanto tiempo con vosotros ¿y aún no me conoces, Felipe? –el apóstol no pestañeaba- El que me ve a mí, ve al Padre. ¿Cómo me pides que os muestre al Padre? ¿No crees que yo estoy en el Padre y el Padre en mí?...Os aseguro que el que cree en mí, hará también las obras que yo hago, e incluso otras mayores, porque yo me voy al Padre’. (Jn. 14, 9-12)
Todos los ojos iban mirando a Felipe y a Jesús. Pero Santiago, el hermano de Juan, no veía cómo era posible que ellos hicieran las mismas cosas que hizo Jesús durante los tres años de vida pública y de los que ellos, sus amigos y discípulos, habían sido testigos. Empujado tal vez por las intervenciones de Tomás y de Felipe, se atrevió a preguntarle: -Señor, ¿cómo es posible que nosotros podamos ser capaces de hacer lo mismo que tú? Nos conoces y sabes nuestra ignorancia y tú eres el Cristo esperado, el Mesías de Israel-. Jesús lo oyó, volvió a sonreír débilmente y continuó: ‘En efecto, cualquier cosa que pidáis en mi nombre, os lo concederé, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. Os concederé todo lo que pidáis en mi nombre’.
Era tanta la confianza que tenían con su Maestro que, a pesar de no entender del todo lo que les decía, lo creían. Continuó diciéndoles: ‘Os he dicho todo esto mientras estoy con vosotros, pero el Paráclito, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, hará que recordéis lo que yo os he enseñado y os lo explicará todo’. (Jn. 14, 25-26). 
PASCAL DAGNAN BOUVERET.- XS. XIX - XX
Ciertamente la cena de esa noche no la olvidarían jamás. De hecho la tendrían muy presente mientras vivieran. Todo el contenido de las palabras que su Amigo les dirigía era denso, trascendente, con unos mensajes de los que se sabían destinatarios y depositarios de su contenido. Hubo unos momentos de silencio, algo tenso, porque aunque algunos aprovechasen para seguir comiendo algo, realmente todos estaban pendientes de que pudiera continuar diciéndoles nuevas cosas. La noche se prestaba a ello.
Y así fue, pero…: ‘Hasta ahora os he hablado en un lenguaje figurado; pero llega la hora en que no recurriré más a ese lenguaje, sino que os hablaré del Padre claramente. Cuando llegue ese día vosotros mismos presentaréis vuestras súplicas al Padre en mi nombre; y no es necesario que os diga que yo voy a interceder ante el Padre por vosotros, porque el Padre mismo os ama….Salí del Padre y vine al mundo; ahora dejo el mundo para volver al Padre’. (Jn. 16, 25-28).
El silencio era tan denso que podía cortarse con un cuchillo. No perdieron detalle de nada de cuanto dijo, pero en determinado momento ‘los discípulos le dijeron: -Cierto, ahora has hablado claramente y no en lenguaje figurado. Ahora estamos seguros de que lo sabes todo y que no es necesario que nadie te pregunte; por eso creemos que has venido de Dios’. (Jn. 16,  29-30).

La seguridad de cuanto dijeron era absoluta y aprovechando el momento les dijo: 
ROSTRO DE CRISTO.-  CARAVAGGIO.-BARROCO.-
‘¿Ahora creéis? Pues mirad, se acerca la hora, mejor dicho, ha llegado ya, en que cada uno de vosotros se irá a lo suyo y a mí me dejaréis solo. Aunque yo no estoy solo porque el Padre está conmigo. Os he dicho todo esto, para que podáis encontrar la paz en vuestra unión conmigo. En el mundo encontraréis dificultades y tendréis que sufrir, pero tened ánimo, yo he vencido el mundo’. (Jn. 16, 31-33).
      Estas palabras no cayeron en saco roto. Todos estaban muy afectados, tristísimamente afectados por ellas. Un gran desánimo se apoderó del corazón de todos ellos. Su congoja se manifestaba en la tristeza de sus rostros acompañada por unos leves sollozos de algunos de ellos. A pesar de ello el silencio era absoluto. Vieron ponerse en pie a Jesús, el cual levantó sus ojos y sus brazos y con voz suave y serena se dirigió a su Padre: ‘Padre, ha llegado la  hora. Glorifica a tu Hijo para que tu Hijo te glorifique. Tú le diste poder sobre todos los hombres, para que él dé la vida eterna a todos los que tú le has dado…’.(Jn. 17, 1-2).
TIÉPOLO.- ROCOCÓ
Paulatinamente todos se daban cuenta que el Padre también estaba allí con su Hijo. No sabían el sentido que tenía ese diálogo, pero se daban cuenta que Dios se hacía presente allí esa noche. Todos se sumieron en un profundo respeto adorador que les invadió. A Jesús le oían algunas de las frases que decía con voz apenas perceptible: ‘…Yo te ruego por ellos. No ruego por el mundo, sino por los que tú me has dado, porque te pertenecen…Padre santo, guarda en tu nombre a los que me has dado para que sean uno, como tú y yo somos uno…’ (Jn. 17, 9-11).
No lo oían todo. Algunas frases se les escapaban. La intimidad entre Padre e Hijo se hacía patente a través de la actitud orante de Jesús. Ninguno podía describir la emoción de esos momentos. Juan, el más joven de todos, quizá era el más impresionado y esos momentos jamás los pudo olvidar. ‘…No te pido que los saques del mundo, sino que los defiendas del maligno. Ellos no pertenecen al mundo como tampoco pertenezco yo. Haz que ellos sean completamente tuyos por medio de la verdad; tu palabra es la verdad…’ (Jn. 17, 15-17).
Andrés se daba cuenta que el Maestro les estaba encomendando al Padre. Andrés se daba cuenta que él, pobre pescador del mar de Galilea, era alguien que importaba a Dios y que éste lo quería tal como era, con sus virtudes y defectos, con todo el Amor que un Dios Padre puede ser capaz de amar. Y se veía insignificante y desde su insignificancia enviaba su agradecimiento al Padre a través de su Maestro. ‘Pero no te ruego solamente por ellos, sino también por todos los que creerán en mí por medio de su palabra’. (Jn.17, 20).
Sí ¡Claro que sí! Andrés se veía lanzado a predicar por todo el mundo lo que Jesús les había ido enseñando, el Amor de un Dios que se desborda en su cariño por todas y cada una de las personas, aunque fueran romanos, griegos o judíos. Todos cabían en la infinita ternura de Dios.
        Cuando finalizó su oración, Jesús lanzó un hondo suspiro. Bajó sus ojos y sus brazos. Los miró a todos y los vio preocupados. Fue acercándose a cada uno de ellos y los bendijo. Luego les pidió que le ayudasen a retirar la mesa de la cena a un rincón para facilitar la limpieza posterior del salón y al salir vieron a las mujeres que les habían preparado la cena. Para ellas era una noche más, una pascua más,…pero para una de ellas, no.
BERNARD PLOCKHORST.- S. XIX
María se acercó a su Hijo posando su cabeza sobre su pecho un breve instante. Se miraron a los ojos. Fueron dos miradas profundas que desde el silencio se transmitieron muchas cosas, muchos recuerdos, mucha ternura,…. María se aferró al pecho de Jesús, éste la separó levemente abrazándola con una dulzura infinita y depositando un beso en su frente se despidió de ella, mientras las sonrosadas mejillas de la madre permitían el paso de unas lágrimas de tristeza. 
JAMES TISSOT.- S. XIX - XX
Después Jesús y sus amigos salieron de allí. 'Atravesaron el torrente Cedrón y entraron en un huerto que había cerca' (Jn. 18, 1).

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