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Comienza el largo camino...(y III).- 08-octubre-2015

Posted by Caminante y peregrino

CAMINO DEL CALVARIO.-MATTIA PRETI.-BARROCO
      Simón se desvivía por ayudar a Jesús, pero no estaba ciego ni era tonto. Se daba cuenta que de un momento a otro iba a caer porque las fuerzas tienen un límite y el Maestro, con el cuerpo llagado y los malos tratos que iba recibiendo sin miramiento alguno, lo estaban dejando agotado. La sed también hacía mella en aquel cuerpo ¿humano? que se cogía a su túnica  como podía para no pisarla y no perder el equilibrio.
      Lo miró de reojo como pudo y solamente pudo ver, y mal, unos labios llagados por los golpes y por la falta de líquidos que calmaran su afán por beber. No había terminado de pensar en qué podría hacer para suavizar aquel sufrimiento  y sucedió lo que estaba temiendo: la falta de fuerza de Jesús le había hecho doblar una rodilla que tocó el polvo del camino. 
SIMÓN DE CIRENE AYUDA A JESÚS.-HAROLD COPPING.-S. XIX - XX 
      Su respiración era fatigosa. Le faltaba aire que procuraba tomar con la boca abierta casi con ansiedad. Sin saber cómo, se dio cuenta que una mujer, despreciando a los sayones y a los legionarios que cuidaban que nadie se acercase a los reos, daba de beber al Maestro y rápida como el viento se quitó el paño que le cubría la cabeza, hizo tres dobles y le limpió el polvo, el sudor y la sangre de su rostro. Jesús la miró como solamente hacía Él y quiso decirle alguna frase de agradecimiento, pero un legionario ya se había acercado para cogerla por un brazo y apartarla de allí.
MUJER VERÓNICA.-LUCAS JORDÁN.-BARROCO
      A ella no le importó lo que hiciera el soldado. Ella había aliviado la sed, el calor y el sufrimiento del Nazareno y aquello la recompensaba con creces. Lo vio alejarse y desplegó su manto para ponérselo en la cabeza. No pudo. Imposible. Sufrió un leve mareo porque le pareció ver que en él estaba grabada la cara de Jesús en cada uno de los tres pliegues con que lo había limpiado. Era la respuesta del Salvador hacia el admirable y valiente gesto de aquella mujer.
      Pero ella no podía creer que fuera posible lo que sus ojos le estaban confirmando. Volvió a mirarlo y tuvo que rendirse a la evidencia: El Maestro le había correspondido plasmando tres veces su Santa Faz en el paño con que lo había secado. No pudo contener su emoción. Entró en su casa y, de rodillas, rompió a llorar de una fortísima emoción por tener abrazado sobre su pecho el rostro del que iban a crucificar. Su pensamiento se dirigió a Yavéh para pedirle que ayudase al Hijo de María y, sin poder evitarlo, por la emoción de lo que estaba viviendo, quedó dormida con el cuerpo sobre el suelo contemplando el Paño puesto en una modesta silla.
MUJER VERÓNICA.-PAUL DELAROCHE.-ROMANTICISMO
      Jesús seguía su camino. No tenía otro remedio. Había momentos que desfallecía y deseaba llegar al Gólgota para consumar su Misión y terminar cuanto antes aquel trance amargo. Solamente su capacidad de amar  la humanidad y devolvérsela al Padre, ya redimida, le daba ánimo para continuar. Tenía la impresión, por momentos, de que el griterío decrecía, lo cual no era cierto, porque a medida que se acercaban al montículo de su destino, se enardecían más.



CON LA CRUZ A CUESTAS.-GIOVANNI BATTISTA TIÉPOLO.-BARROCO
      Quiso mirar la imponente figura del centurión montado en su corcel que tanto le había ayudado y solamente pudo vislumbrar una silueta borrosa en movimiento que por momentos se presentaba lúcida ante sus ojos. Quiso sobreponerse a su profundo dolor y malestar que sentía por todo su cuerpo. Tenía que seguir...seguir...
      Llegó a un recodo del camino donde no pudo evitar prestar atención a un grupo de mujeres 'que se herían y lamentaban por Él'. Habían asistido a muchas de sus predicaciones en casas, en las calles o en el campo y se sentían sus discípulas, unas de ellas; otras, habían venido a la Pascua, pero estaban horrorizadas de lo que veían y participaban de los sentimientos de las otras mujeres. Lo querían como alguien que perteneciese a su propia familia y sentían sus sentimientos como propios. A pesar de su penosa situación Jesús sintió lástima de ellas. 
HABLA A LAS MUJERES DE JERUSALÉN.-ALEXANDRE BIDA.-ROMANTICISMO 
       'Vuelto a ellas, Jesús les dijo: Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí; llorad más bien por vosotras mismas y por vuestros hijos, porque...' Dejó de hablar un breve momento. Necesitaba tomar aire porque el esfuerzo de dirigirles la palabra le agotaba. Continuó como pudo: '...porque vendrán días en que se dirá: Dichosas las estériles y...y los vientres que no engendraron, y los pechos que no amamantaron. Entonces...entonces dirán a los montes: caed sobre nosotros; y a los collados, ocultadnos'. Nuevamente tomó aire para poder seguir transmitiendo su mensaje: 'Porque si esto se hace con el leño verde, en el seco, ¿qué será?' (Lc. 23, 28-31).
      No pudo continuar. El empujón de un sayón le obligó a continuar su camino. Del esfuerzo cayó otra vez. Oyó la voz del centurión dando la orden a sus soldados: 'Vosotros dos, ayudad a levantarlo'. Simón de Cirene ya lo estaba intentando pero agradeció en su interior la ayuda del romano, más por Jesús que por él. Éste, cuando se pudo poner en pie, vio que el lugar de la crucifixión estaba ya muy cercano. Intentó subir todo lo rápido que le permitían sus escasas fuerzas. Pero llegó.


LLEGADA AL CALVARIO.-JAMES TISSOT.-S. XIX - XX

      En cuanto pisó aquel lugar dirigió una mirada al cielo y musitó una breve oración dirigida a su Padre. Simón dejó la cruz en el suelo y quiso dirigirse al Maestro, pero se lo impidieron los soldados y lo echaron de allí. Ya no pudo reprimirse y gritó a los romanos todo cuanto su rabia e impotencia le dictaban. No le hicieron caso. Tenían otra cosa que hacer y el tiempo se les echaba encima.
      Era mediodía.
      Y Simón, sin alejarse demasiado, no perdía detalle de lo que iban a hacer con el Maestro, mientras unas lágrimas de rabia y emoción rodaban por sus mejillas. 

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