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El fin del principio (II): Crucifixión y muerte.-07-noviembre-2015

Posted by Caminante y peregrino

CRISTO CRUCIFICADO.-RON DICIANNI.-S. XX - XXI
      Esto no se lo esperaban. No podían permitir que les pusiese ante sus ojos que el Nazareno era su Rey y, como era previsible, protestaron. 'Dijeron, pues, a Pilato los príncipes de los sacerdotes de los judíos: -No escribas "Rey de los judíos", sino que Él ha dicho "Soy Rey de los judíos". Pero el gobernador ya estaba harto de que aquella gente quisiera imponer siempre su voluntad y obró como debiera haberlo hecho mucho antes. 'Respondió Pilato: -Lo escrito, escrito está'. (Jn. 19, 19-22). Y no hubo nada más que hablar.
      Juan no apartaba su mirada de Jesús y de vez en cuando miraba a María por si sufría un nuevo desvanecimiento poder atenderla. En uno de esos momentos tuvo que volver a mirar a Jesús porque le pareció que iba a decir algo. Prestó atención y le oyó decir: 'Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen'. (Lc. 23, 34).
  'Era la hora tercia cuando lo crucificaron'.(Mt. 15, 25).
      'Los soldados, una vez que hubieron crucificado a Jesús, tomaron sus vestidos, haciendo cuatro partes, una para cada soldado, y la túnica. La túnica era sin costura, tejida toda desde arriba. Dijéronse, pues, unos a otros: "-No la rasquemos, sino echemos suerte sobre ella para ver a quién le toca", a fin de que se cumpliese la Escritura: "Dividiéronse mis vestidos y sobre mi túnica echaron suertes". Eso es lo que hicieron los soldados'. (Jn. 19, 23-24).
      Mientras se repartían las vestiduras de Jesús, los que llevaban a cabo la crucifixión finalizaron su tarea y procedieron a izar la cruz. No fue tarea fácil, pero para Jesucristo fue peor. Todas las sacudidas que daban para fijarla en el suelo  suponía terribles dolores por todo su cuerpo, pero especialmente en las muñecas y en los pies donde le habían puesto los clavos para fijarlo a ella.
ELEVACIÓN DE CRISTO EN LA CRUZ.-PEDRO PABLO RUBENS.-BARROCO
      A pesar de que no era la primera vez que crucificaban a una persona, en esta ocasión se les hacía más difícil y no sabían por qué. Al final consiguieron poner el madero vertical en el agujero que previamente habían preparado, y arrastrando la cruz la dejaron caer de golpe en la oquedad del suelo. El golpe hizo perder el conocimiento muy brevemente al Mesías por el intensísimo dolor ocasionado. El árbol de la cruz fue fijado al suelo con unos calzos de madera y con piedras con el fin de mantenerla vertical.
      Cuando consideraron finalizada su tarea, se retiraron para marcharse, quedando los soldados romanos montando guardia. Juan levantó a María del suelo en ese momento para llevarla al pie de la cruz. Las otras mujeres le siguieron. 'Estaban junto a la cruz de Jesús su Madre y la hermana de su Madre, María la de Cleofás y María Magdalena'. (Jn. 19, 25). Jesús, destrozado por el dolor que le producían los clavos, todas sus heridas y la forzada postura en la cruz, entreabrió los ojos. Comenzó a ver las figuras turbias y poco a poco sus ojos se fueron acostumbrando a la ¿normalidad? Frente a Él, algo a su derecha distinguió a los escribas y a los fariseos del templo, unos a caballo y otros a pie, contemplando su 'obra'. Algo apartado de allí le pareció ver a Simón, el que le había ayudado a llevar la cruz e incluso a Él mismo.
LO QUE CRISTO VEÍA DESDE LA CRUZ.-JAMES TISSOT.-S. XIX - XX
      Pero su mirada quedó quieta en las figuras que tenía frente a Él. A pesar del agudo y profundo dolor que lo devoraba por fuera y por su interior, se emocionó al ver a su Madre (siempre había estado cercana a Él y ahora tampoco lo había abandonado), a la hermana de su Madre y a su joven discípulo Juan. Abrazada a la cruz, rozándole sus pies, estaba María Magdalena. Por su frente enfebrecida pasaron brevemente recuerdos de su infancia junto a su Madre mientras Él trabajaba en la carpintería de José, en Nazaret. 'Jesús, viendo a su Madre y al discípulo a quien amaba, que estaba allí, dijo a su Madre: "Mujer, ahí tienes a tu hijo. Luego dijo al discípulo: -Ahí tienes a tu Madre. Y desde aquel momento, el discípulo la recibió en su casa'. (Jn 19, 26-27).
AHÍ TIENES A TU MADRE.-WILLIAM BLAKE.-ROMANTICISMO
      Juan sujetó a María. Le había parecido que se tambaleaba ligeramente, pero no. Su entereza la mantenía firme, pero sentía la emoción de que su Hijo se preocupara de Ella y la confiara al cuidado del fiel discípulo. Empezaba a notarse un viento suave al principio pero que a medida que pasaba el tiempo se volvía más fuerte.
      El cielo se estaba oscureciendo por momentos y nubes de tormenta iban formándose. La gente, incluidos los escriba y farios, comenzaron a marcharse.
BLASFEMIAS DE LOS JUDÍOS.-MIHÁLY MUNKÁCSY.-S. XIX
      'Los que pasaban lo insultaban meneando la cabeza y diciendo: 
      -Tú que destruías el Templo y lo reedificabas en tres días, sálvate a ti mismo; si eres Hijo de Dios, baja de la cruz. Y lo mismo los jefes de los sacerdotes, junto a los maestros de la Ley y los ancianos se burlaban de Él diciendo:
      -A otros salvó y a sí mismo no puede salvarse. Si es rey de Israel, que baje ahora de la cruz y creeremos en Él. Ha puesto su confianza en Dios; que lo libre ahora, si es que lo quiere, ya que decía "Soy Hijo de Dios", (Mt. 27, 39-43). 
CRUCIFIXIÓN DE CRISTO ENTRE DOS LADRONES.-VASILI BALYAEV.-S. XIX
      La tristeza de Jesús hizo mella en Él. Le dolió en el alma todo cuanto decían, pero no por Él, sino por la forma irreverente con que nombraban a su Padre. Su pensamiento se dirigió al Padre para darle gracias por la Redención que ya estaba llegando y para pedirle fuerzas con el fin de resistir hasta el momento que dispusiera. Por si fuera poco, 'uno de los malhechores crucificados lo insultaba diciendo: -¿No eres tú el Mesías? Pues sálvate a ti mismo y a nosotros. Pero el otro intervino para reprenderlo, diciendo -¿Ni siquiera temes a Dios tú, que estás en el mismo suplicio? Lo nuestro es justo, pues estamos recibiendo lo que merecen nuestros actos, pero éste no ha hecho nada malo. Y añadió: -Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu reino'.
      Giró su cabeza para mirar a quien así había hablado. Durante toda la Pasión estuvo guardando silencio, rompiéndole solamente para contestar al sumo sacerdote y al gobernador romano, pero ahora se encontraba con que uno de sus compañeros de crucifixión le pedía misericordia. Se dio cuenta que la sinceridad era absoluta y eso prevalecía a todo el sufrimiento que tenía. Su ya débil corazón le impulsó a darle una respuesta más allá de lo que pedía: 'En verdad te digo: Hoy estarás conmigo en el Paraíso'. (Lc. 23, 39-43).
JESÚS PERDONA AL BUEN LADRÓN.-TIZIANO.-MANIERISMO
      Dimas no acabó de entender lo que Jesús le decía, pero todo su ser se inundó de una infinita paz. Se encontró reconciliado con todos aquellos a los que había perjudicado, consigo mismo y con todo el universo. No podía explicarse encontrar tamaña felicidad en el estado que se encontraba, pero era algo real. Jamás había sido tan feliz. Inclinando la cabeza sobre su pecho rompió a llorar.
         La Madre de Jesús y el resto del grupo fueron testigos excepcionales de aquel diálogo y de aquel gesto del Maestro con aquel compañero de suplicio, pero no les extrañó. Conocían fehacientemente su misericordia y su facilidad para ejercitarla ante un pecador verdaderamente arrepentido, como era el caso que presenciaban.
      El centurión romano estaba asombrado de cuanto presenciaba y se daba cuenta que aquella persona era alguien trascendente, muy por encima del gobernador y del propio Emperador, pero tenía un deber que cumplir y debía hacerlo. Después... ya veríamos.

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