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El fin del principio (VI) : La crucifixión y muerte (V).-11-enero-2016

Posted by Caminante y peregrino

      EL BUEN LADRÓN EN EL PARAÍSO.-JAMES TISSOT.-S. XIX - XX
      Dimas había sentido un trallazo dolorosísimo en sus piernas. El mazazo había sido durísimo y ambas quedaron rotas. El intenso dolor le hizo perder el conocimiento, pero de repente se notó como flotando en el aire. No solamente no sentía dolor alguno, sino que sentía una paz infinita. Vio llegar hasta él unos seres desconocidos, pero hermosos, que le sonreían. No sentía ningún temor y ellos se colocaron junto a él, uno a cada lado, como indicándole el camino que debía seguir. Miró hacia abajo y vio su cuerpo colgando, todavía en la cruz. Se daba cuenta que había muerto y su alma era transportada hacia una intensa y brillante luz que a pesar de todo no lo cegaba. Le pareció distinguir en medio de ella una figura...¡SÍ!...¡ERA ÉL! ¡Era el crucificado que él había defendido de los ataques verbales de su compañero y que le había prometido que estaría hoy en su reino! Y él, Dimas, se dirigía hacia donde le estaba esperando...
      En cambio Juan lo veía todo turbio. Sus ojos eran como dos manantiales de lágrimas que le impedían ver serenamente, como hasta ahora, los acontecimientos. 
SAN JUAN Y LAS PIADOSAS MUJERES EN EL CALVARIO.-ALBERTO DURERO.-RENACIMIENTO 
      Pero aquella canallada, aunque era una más, lo desarmó. Contemplar cómo habían atravesado el costado de su amigo, ya cadáver, era demasiado ensañamiento. En su mente solamente le martilleaba una pregunta sin respuesta: '¡Por qué...! ¡Por qué...!' Los espasmos de su cuerpo ocasionados por el llanto, más o menos contenido, no quedaron inadvertidos para nadie.
      Un par de manos lo cogieron de los hombros. Apenas pudo balbucear: ¡Madre...!, porque María, la Madre de su Maestro y Señor, repuesta de su desvanecimiento, se abrazó a él y los dos llantos se fundieron en uno solo. Nadie decía nada. María Cleofás y María Magdalena estaban anonadadas por el dolor. Oyeron una voz, apenas perceptible, que decía a la Madre: 'Esperad aquí. Voy a pedir permiso a Pilato para llevar a tu Hijo a mi sepulcro. Es un lugar digno, no temas'.
      María se separó un poco de Juan para ver a quien así le hablaba. Ante ella estaba José de Arimatea, uno de los pocos sanedritas que habían defendido la inocencia de su Hijo. Asintió con la cabeza y José partió inmediatamente a cumplir la misión que se había impuesto a sí mismo. 
      Y así, 'llegada la tarde, porque era la Parasceve, es decir, la víspera del sábado, vino José de Arimatea, ilustre consejero del Sanedrín, el cual también esperaba el reino de Dios, y se atrevió a presentarse a Pilato para pedirle el cuerpo de Jesús. 
JOSÉ DE ARIMATEA PIDE A PILATO EL CUERPO DE JESÚS.-JAMES TISSOT.
      Pilato se maravilló de que ya hubiera muerto, y haciendo llamar al centurión, le preguntó si en verdad había muerto ya. Informado del centurión, dio el cadáver a José'. (Mc. 15, 42-45). 
      Aquella  inesperada visita le había hecho pensar de nuevo, muy rápidamente, en su debilidad como gobernante transigiendo a las peticiones de los sacerdotes y de los fariseos. Esto le hizo acceder a la petición recibida como una especia de reparación a su comportamiento con el Nazareno. 
      Tras unas breves palabras de agradecimiento, salió de la estancia dejando un Pilato pensativo, comparando la agresividad y el odio de a quienes le visitaron para pedir la muerte de aquel reo, y este hombre, judío ilustre, con un temple y una serenidad digna de elogio como en pocos habitantes de aquella tierra había visto y que aun siendo miembro del tribunal judío, no le había importado quedar 'impuro' al entrar en las dependencias del gobernador romano, con lo cual demostraba un claro distanciamiento de las actitudes de los sacerdotes.
      José se dirigió inmediatamente a casa de un comerciante que conocía y 'compró una sábana' (Mc. 15, 46). Mandó aviso a Nicodemo para que se dirigiera al Calvario acompañado con alguien de su absoluta confianza para retirar el cuerpo de Jesús de la cruz, y éste no lo pensó dos veces. Pasó a recoger a dos amigos fieles y tomando escaleras y cuanto consideraron conveniente para aquel menester marcharon con premura al lugar de la ejecución de Jesucristo.
NICODEMO
      'Llegó Nicodemo, el mismo que había venido a Él de noche al principio y trajo una mezcla de mirra y áloe, como unas cien libras', (Jn. 19, 39), para que, según la costumbre de los judíos, embalsamar el cuerpo del que ya sabían que era el Mesías. Unos sirvientes de José de Arimatea se dirigieron al sepulcro para quitar la enorme piedra que lo cerraba y limpiarlo. Las instrucciones recibidas eran muy estrictas y el lugar debía estar perfecto.
TRANSFIGURACIÓN DE JESÚS EN EL TABOR.-CARL BLOCH.-REALISMO DANÉS
     El grupo de mujeres y Juan se retiraron para dejar el campo libre a quienes iban a intervenir para bajar de la cruz el cuerpo sin vida de Jesús. Tomaron las escalas y las fueron apoyando sobre el madero. Nicodemo y José iban dirigiendo las operaciones y manipulaciones del resto de las personas mientras Juan se colocaba por delante para ser de los primeros en recibir el cuerpo del Maestro, pero no terminaba de asimilar lo que estaba viviendo. Como un fogonazo vino a su memoria el monte Tabor. Aquella visión real de la gloria de su Maestro no encajaba en su mente con el cuerpo sin vida que iba a recoger en sus brazos en breves instantes. La voz de José de Arimatea coordinando el descendimiento de Jesús de la cruz lo volvió a la tristísima realidad.
PIEDAD.-ESCULTURA EN ALABASTRO.-DAMIÁN FORMENT.-RENACIMIENTO

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