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Este es el verdadero principio de la Historia (X).- Emaús (I) .-21-julio-2016

Posted by Caminante y peregrino

CRISTO CAMINA CON DOS DISCÍPULOS.-HERRI MET DE BLES.-S. XVI
      - Nos vamos. Necesitamos ver a nuestras familias. Hemos esperado un poco más de tiempo para acompañar al Maestro, pero lo que han dicho Magdalena, Salomé y las otras mujeres no parece muy creíble y aunque Pedro y Juan han visto vacío el sepulcro, a Él no lo han visto. Así que nos vamos a Emaús y esperaremos acontecimientos. Dentro de unos días volveremos por si hay alguna novedad.
      Quien así hablaba era Cleofás, que junto a un convecino, eran discípulos de Jesús. Lo habían seguido a muchos sitios y durante los acontecimiento de la Pasión y Muerte del Redentor se quedaron en Jerusalén por si hubieran podido ser útiles en algún caso. 
      Pero no fue necesario, porque de todo cuanto se habían propuesto apenas  tuvieron la oportunidad de ayudar en la preparación de la celebración de la Pascua.

      Ahora se enfrentaban a un vacío en sus vidas: el Maestro al que habían seguido durante unos años llenando sus vidas con el contenido de las palabras que le oían, con los gestos que le veían hacer, con el poder y la autoridad que manifestaba ante los que se quedaban sin argumentos quienes querían su perdición, les había llenado su existencia, pero ¿ahora?... Sí. Volverían a sus casas y reanudarían su vida anterior. ¿Era, acaso, una deserción? Probablemente, no, pero esa sensación de desengaño, del aparente fracaso de su Maestro, los tenía desconcertados. No eran capaces de ver nada más ante ellos. La única salida o reacción que tuvieron fue volver a sus hogares. Y si realmente había pasado lo que dijeron las mujeres, ya verían lo qué harían, pero ¿volver a verlo y oírlo predicar de nuevo? No. Eso no era posible, al menos, para ellos que no eran Apóstoles ni parientes de Jesús.
      Pedro los miró con pena. Se dirigió a ellos, puso su mano sobre el hombro de Cleofás, y le dijo: '-Haced lo que os parezca mejor. Sabéis que mi comportamiento con Él no fue de lo más ejemplar precisamente, pero os aseguro que esto no puede quedar así. He visto la tumba vacía, igual que Juan, pero no entiendo nada igual que vosotros. Pero si ha querido aparecerse a Magdalena y a las mujeres es porque hay algo que todavía no sabemos. No echemos en saco roto cuanto ellas han dicho. Hemos de dar tiempo. Si Él desea decirnos algo, lo hará sin duda alguna. Id, pues a Emaús, con los vuestros. De haber alguna novedad os avisaríamos. Si vosotros oís algo interesante que merezca la pena, venid y nos lo decís'. Les abrazó, ellos se despidieron de todos y se marcharon.

      Salieron en silencio y así anduvieron un buen trecho. A la vera del camino vieron una vieja higuera seca y el compañero de Cleofás le dijo a éste: 'Mira. ¿Te recuerda algo esta higuera?' Su amigo le contestó: '-La he visto de lejos y me he acordado de la parábola que en cierta ocasión expuso Jesús. Me ha obligado a plantearme nuevamente cómo es posible que un profeta como Él, demostrando su vasta sabiduría y su poder resucitando a muertos, como a su amigo Lázaro, por ejemplo, haya consentido que lo apresaran y padecer esa horrible muerte. No lo entiendo'.
      'Mientras iban hablando y razonando el mismo Jesús se les acercó e iba con ellos, pero sus ojos no podían reconocerle. Y les dijo: -¿Qué discursos son esos que vais haciendo entre vosotros mientras camináis?' (Lc. 24, 15-17). 
CAMINO A EMAÚS.- LIZ LEMON SWINDLE.-S. XX 
La voz que oyeron tras ellos les obligó a detenerse para ver quién les hablaba en aquel lugar tan solitario. Ante ellos había un hombre alto que les miraba fijamente con mirada serena, franca, que invitaba a la confidencia, ante quien se sentían atraídos para relatarle los sucesos acaecidos en Jerusalén con Jesús de Nazaret.
      Así que 'ellos se detuvieron entristecidos y tomando la palabra uno de ellos por nombre Cleofás, le dijo: -¿Eres tú el único forastero en Jerusalén que no conoce los sucesos en ella ocurridos estos días?' Jesús los miró sonriente. Con voz clara volvió a dirigirse a ellos: 'Me da la impresión que tenéis algún problema o que estáis muy cansados. Venid. Vamos a sentarnos y hablaremos mientras reponemos fuerzas'. Se sentaron a la sombra de un árbol y suspiraron hondo, como si quisieran aspirar la fuerza y la moral que necesitaban y espirar el pesimismo que les roía.
      '-No te conocemos, pero desde que te has unido a nosotros en el caminos nos inspiras confianza y te vamos a comentar los problemas y preocupaciones que tenemos, que no nos dan ningún motivo de alegría u optimismo'. Dulcemente 'les dijo: -¿Cuáles? Le contestaron: -Lo de Jesús Nazareno, varón profeta, poderoso en obras y palabras ante Dios y ante todo el pueblo; cómo le entregaron los príncipes de los sacerdotes y nuestros magistrados para que fuese condenado a muerte y crucificado'. (Lc. 24, 17-20)

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