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De Pilatos a Herodes...(I) .- 17-junio-2015

Posted by Caminante y peregrino

JESÚS ORANDO EN LA PRISIÓN.-JAMES TISSOT.-S. XIX - XX
      El silencio se había hecho, por fin, en casa de Caifás. Algunos estaban durmiendo y otros, aunque no dormían, no tenían ganas de hablar. Eran alrededor de las cinco de la madrugada y un suave murmullo se oía en el calabozo donde estaba Jesús. Su oración al Padre continuaba siendo una constante de su comportamiento habitual. Sabía que estaba cumpliendo su voluntad y aquello era su alimento: 'Mi alimento es hacer la voluntad del que me envió y acabar su obra'. (Jn, 4, 34).
      Los príncipes de los sacerdotes y  los escribas habían tomado la determinación de llevárselo al Procurador romano para obtener, por el procedimiento más conveniente, su condena a morir en la cruz y no podían perder mucho tiempo porque el sábado se iba acercando y para entonces todo debía estar concluido. Jesús vio interrumpida su oración de una manera brusca. Un salvaje empujón le hizo dar un traspiés y caer frente a los que le debían atar nuevamente para conducirlo al pretorio, residencia del gobernador romano, y desde donde administraba la justicia.
JESÚS LLEGA ANTE PONCIO PILATO.-JAMES TISSOT.-S. XIX - XX
      Poncio Pilato sabía que se lo iban a llevar porque se lo habían avisado. Estaba preparado pero aún así, quería dilucidar el asunto cuanto antes. Al llegar la comitiva, 'no entraron en el pretorio por no contaminarse y, para poder comer la Pascua'. (Jn. 18, 28). Sentía curiosidad el Procurador por conocer al 'peligroso malhechor' que le llevaban. Cuando lo vio y observó su estado físico  a causa de los malos tratos que le habían dado, sintió una profunda repugnancia por lo que habían hecho sus captores sin conocer la sentencia que esperaban. Pero observando con atención al reo, no pudo evitar un sentimiento de admiración y respeto hacia Él por la dignidad y entereza que dejaba traslucir. No. Una persona así no podía tener la ruindad con que lo estaban presentando. Y fue al grano de inmediato:
ANTE PILATOS.- MIHALY MUNKACSY.-S. XIX
      - ¿Qué acusación traéis contra este hombre?
      - Si no fuera malhechor, no te lo traeríamos -le respondieron.
      - Tomadle vosotros y juzgarle según vuestra ley. -les dijo Pilatos.
    - Es que a nosotros no nos es permitido dar muerte a nadie -dijeron entonces los judíos. (Jn. 18, 29-30).
       Y comenzaron las acusaciones más variopintas: cura en sábado, no quiere pagar los tributos al César, había entrado en Jerusalén montado en un pollino, se había atribuido honores de Rey y decía que era el Mesías prometido,...Alguna de las acusaciones, como la de que curaba enfermos en sábado lo hicieron sonreír y pensar en la estupidez de los acusadores: ¿Consideraban mal que curase a los enfermos? Recordó que eso era propio de Esculapio, dios romano de la medicina y de la curación, pero atribuirse una realeza...eso de ser Rey ya daba la impresión que iba contra el Emperador. Pero debía estar seguro de lo que hacía, porque no se fiaba lo más mínimo de los sacerdotes y los escribas, así que...
ANTE PONCIO PILATO.-JAMES SEWARD.-S. XX
      'Entró de nuevo en el pretorio  y llamando a Jesús le dijo:
        - ¿Eres tú el Rey de los judíos?
      - ¿Dices eso por tu cuenta o te lo han dicho otros de mí? -respondió Jesús.
      Pilatos contestó: -¿Soy yo judío por ventura? Tu nación y los pontífices te han entregado a mí, ¿qué has hecho?
      - Mi reino no es de este mundo; si de este mundo fuera mi reino, mis ministros habrían luchado para que no fuese entregado a los judíos; pero mi reino no es de aquí. -respondió Jesús. 
¿Y QUÉ ES LA VERDAD? .- WILLIAM HOLE.- S. XIX - XX
        - ¿Luego tú eres Rey? -le dijo entonces Pilatos-
      - Tú dices que soy Rey -respondió Jesús- Yo para eso he venido al mundo, para dar testimonio de la verdad. Todo el que es de la verdad oye mi voz.
      - ¿Y qué es la verdad? -respondió Pilatos.
      El gobernador romano se había despojado de un temor que tenía: el de que se atribuía ser Rey. Pero al decir que su reino no era de este mundo ya no entraba en conflicto con el Emperador romano, por lo que esa acusación no servía para nada en absoluto.
      'Y dicho esto, nuevamente salió a los judíos y les dijo:
      - Yo no hallo en éste ningún delito'. Jn. 18, 33-38).
¡SUBLEVA AL PUEBLO...!
      Esta decisión sacó de sus casillas a todos sus acusadores que volvieron a la carga acusando a Jesús con nuevas falacias a las que el Procurador no hacía el menor caso. Pero...lo último que oyó no cayó en saco roto:
      -¡Subleva al pueblo enseñando por toda la Judea, desde Galilea hasta aquí! 
      Oyendo esto Pilatos, preguntó si aquel hombre era galileo, y enterado de que era de la jurisdicción de Herodes, lo envió a éste, que estaba también en Jerusalén por aquellos días'. (Lc. 23, 5-7). De esta manera se quitaba el problema de encima, se lo daba a otro y, además, se congratulaba con el tetrarca de Galilea. Mandó llamar a un mensajero para que se dirigiera a casa de Herodes y advertirle que le enviaba a Jesús de Nazaret, a quien hacía tiempo que deseaba conocer.  

      
      Cuando Jesús  salió de casa de Caifás en dirección al pretorio, tras la tumultuosa comitiva iba otra mucho menor, compuesta por unas pocas mujeres y un hombre. Por la dirección que tomaron dedujeron el lugar donde se dirigían. Y no se equivocaron. La silueta de la Torre Antonia, la fortaleza de los romanos, surgió ante sus ojos. Lo ven claro. Buscan la complicidad de Roma y eso solamente puede ser para que lo maten, ya que ellos, aunque sean máximas autoridades religiosas, no tienen autoridad alguna para matar a nadie.

      Y Jesús tiene que morir. Y de la forma más ignominiosa: la cruz. Es la venganza de los escribas y fariseos , a quienes llamó 'raza de víboras y sepulcros blanqueados' (Mt. 23, 13-33), en la recriminación más fuerte que les hizo. Ahora era el momento de ellos. Y de las tinieblas.

      María se deshacía de dolor al oír las ofensas e insultos que dirigían a su Hijo. Juan le apretaba el brazo en un gesto de cariño filial y las mujeres, conscientes de su impotencia, la abrazaban entremezclando sus lágrimas con las de la Madre. Cuando llegaron se colocaron en una esquina de la plaza esperando ver a Jesús. No pudieron. Al cabo de una rato oyeron los cascos de un caballo galopando hacia el palacio de Herodes.

Un peregrinaje vergonzoso y doloroso (III).-31-05-2015

Posted by Caminante y peregrino

GIOTTO DI BONDONE.-RENACIMIENTO
      'Entonces el pontífice rasgó sus vestiduras diciendo: -Ha blasfemado. ¿Qué necesidad tenemos de más testigos? Acabáis de oír la blasfemia. ¿Qué os parece? Ellos respondieron: -Reo es de muerte'. Las cuatro últimas palabras parecieron perforar los oídos de Juan, el discípulo amado del Maestro. Pensó que no había entendido bien lo que dijeron o acaso que estaba soñando a causa de las emociones del día. Pero no. Las palabras que su amigo dijo tiempo atrás le llegaron nítidas al cerebro: 'Es preciso que el Hijo del hombre padezca mucho y sea rechazado de los ancianos, de los príncipes de los sacerdotes y de los escribas, y que sea muerto y resucite al tercer día'. (Lc. 9, 22). Sí. Ahora encajaba todo. Jesús tenía previsto que aquello tenía que pasar más pronto o más tarde y fue preparándolos poco a poco para cuando llegara el momento, pero ellos no supieron entenderlo. Pero, ¿y María? ¿En los momentos de intimidad con su Madre se lo habría dicho?
      ¡¡¡María!!! Seguramente ella no conocería lo que estaba ocurriendo y alguien podía decírselo, porque alguno de los que estaban en contra de su Hijo podría hacerlo y quizá de mala manera, incluso insultante, y eso todavía sería peor para el sufrimiento de la Madre. No lo pensó dos veces. Buscó a Pedro con la mirada para decirle dónde iba, pero se tropezó con la mirada de Jesús que le hizo un imperceptible gesto de afirmación con la cabeza. Estaba seguro de que solamente él había notado ese gesto con el que el Maestro le había dado a entender que aprobaba su decisión. Volvió a mirar a Jesús pero éste ya caminaba hacia el calabozo en el que aguardaría ser conducido a presencia del Procurador romano Poncio Pilatos.
      Serían alrededor de las cuatro de la madrugada pero no debía esperar más. ¿Dónde estaría? A esas horas no quedaría nadie en el cenáculo donde unas horas antes habían vivido aquella cena pascual inolvidable, pero, ¿dónde ir? A su cabeza acudieron infinidad de lugares, pero al final hubo uno en el que pensaba con mayor insistencia: Betania.
      El Maestro y cuantos iban con Él siempre eran especialmente bien recibidos, y ahora, a pesar de la profunda amistad que Jesús y su Madre tenían con Marta, María y Lázaro, desde que rescató de las garras de la muerte a este último, tras estar cuatro días enterrado, el profundo agradecimiento que  tenían les había hecho nacer el deseo de que pasara la noche en su casa.
     Sin dudarlo se puso en camino con la seguridad absoluta de que Jesús aprobaba esa decisión. Caminaba con paso rápido que alternaba, en algunos momentos, con una carrera. La luna, brillante, le alumbraba el camino. La luna, brillante, le mostró la silueta del lugar  de su destino. La luna, brillante, le hizo ver, casi adivinar, una silueta femenina que, en pie, parecía estar esperándole.
      - Juan, ¿y mi Hijo?
   - ¡María...! -Juan se había quedado sin palabras por la sorpresa. No esperaba su encuentro con la Madre de esa manera,porque...daba a entender que sabía algo. Solamente se le ocurrió decirle algo que era obvio.
ANTE CAIFÁS.-MATTIAS STOM.-BARROCO
    - Lo han cogido. Judas dirigió a los sacerdotes, escribas y guardias del Templo al huerto de Getsemaní. Parece ser que había quedado con ellos que cuando lo besara lo cogieran, como así hicieron. ¡Jamás hubiera podido pensar que Judas hiciera algo semejante...!
      - Pero Él sí que lo sabía. Conocía que había llegado el momento de realizar su Misión. ¿Dónde está ahora?
Juan, a pesar de que sabía que debía decírselo todo, le imponía mucho respeto hacerlo por el dolor que iba a causarle, pero era necesario: 
      - Lo llevaron ante Anás. Fue interrogado pero solamente abrió la boca para responder una de las preguntas. Eso le valió un golpe en la cara que lo echó al suelo. Como Anás se dio cuenta que no iba a conseguir nada, optó por enviarlo a Caifás. Allí...
      - Allí fue todo peor, ¿verdad?
     Según se iba desarrollando el diálogo fueron llegando varias personas: María la de Cleofás, Marta y sus hermanos María y Lázaro así como María Magdalena, que no perdían ninguna de las palabras de Juan, el cual continuó su relato:
      - Así es. Caifás tenía preparadas muchas preguntas, pero tu Hijo se mantuvo en un hermético silencio. Escuchaba las acusaciones que le hacían, todas falsas, pero no respondía nada, lo cual ponía muy nervioso al Sumo Sacerdote, pero cuando se dio cuenta que las acusaciones no conseguían hacerlo hablar, lanzó una pregunta a la que no podía dejar de responder...
      - '¿Eres tú el Mesías, el hijo de Dios?' -dijo María con la cabeza levemente inclinada.
     - ¡¡Sí!! ¿Cómo lo sabías? -respondió Juan totalmente sorprendido.
     - No. No lo sabía, pero intuía que se lo iban a preguntar. Ahora ya sé con certeza absoluta que ha llegado su Hora y todos hemos de estar preparados.
      Se hizo el silencio.Las mujeres se miraron entre ellas y María, la de Cleofás, le susurró al oído de la Madre de Jesús:
VIRGEN MARÍA Y MARÍA, LA DE CLEOFÁS
      - María. Estamos contigo y con tu Hijo. Te acompañaremos a donde vayas tú y Jesús. Ten mucho ánimo porque sola no vas a estar.
      El rostro de María dejó entrever que que estaba surcado por unas lágrimas. Miró a su pariente con mirada profundamente agradecida, aunque muy triste, y le respondió:
     - Gracias. Gracias a todas. Vamos donde nos indique Juan. -Dirigiéndose al discípulo le pidió:
      - Llévanos donde está Él.
     Juan asintió con la cabeza. El grupo de mujeres lo encabezaba él, que caminaba junto a la Madre. Esto le permitió oír los sollozos y suspiros que daba a pesar de que procuraba disimularlos, pero su oración permanente, continua, intensísima, preñada de una inmensa fe en el Padre, nadie la podía conocer. Solamente el Padre. Y ella misma. Era su propia intimidad la que se dirigía hacia quien sabía que la escuchaba y acogía, como acogía y escuchaba la que, con toda seguridad, su Hijo le estaría dirigiendo en estos durísimos momentos, cruciales para la Humanidad. Lo sabía. Y casi podía escucharla desde su propio corazón. La Fe de la Madre y del Hijo era el nexo de unión entre ellos en esos momentos trascendentes.
      En el trayecto se cruzaron con gentes que iban comentando los sucesos, unos a favor y otros en contra, pero que a nadie dejaban indiferentes. 
VIRGEN MARÍA CON JUAN EVANGELISTA Y SANTA MUJERES.-VALDÉS LEAL.-BARROCO
      Cuando se dieron cuenta, estaban en el patio de la casa de Caifás. María miraba con ansiedad la puerta, que al cabo de unos momentos se abrió. La mirada de todos se concentró en la persona que salía, pero quedaron atónitos al contemplar la figura de un Pedro roto, desconocida para ellos: descompuesto, muy asustado, con ojos espantados,...No daban crédito a sus ojos. ¿Qué le pasaba? María se le acercó. Por una parte quería que le diera noticias de Jesús. Por otra quería conocer l motivo por el que se encontraba en ese estado.
        - Pedro, ¿qué te sucede? ¿Qué sabes de mi  Hijo?
    - ¡María! Jesús está sufriendo mucho. Lo han maltratado y lo han condenado a muerte. En cuanto a mí, ¡déjame! No soy digno de su amistad ni de la tuya. ¡Lo he negado tres veces! Yo que quería morir con Él, he negado conocerlo, como me anunció que haría. Me marcho. No soy digno de vosotros...
SAN PEDRO LLORA ANTE LA VIRGEN.-IL GUERCINO.-BARROCO
      María lo retuvo cogiéndolo del brazo. Se daba cuenta que había sido un momento de debilidad ocasionado por las circunstancias y por el miedo que todos los demás discípulos,en mayor o menor grado, tenían. Le vino a la memoria, inconscientemente, el profeta Zacarías: 'Álzate, espada, contra mi pastor y contra mi ayudante, oráculo del Señor todopoderoso. Hiere al pastor y se dispersarán las ovejas, yo golpearé incluso a los débiles'. (Zac. 13, 7). Con una voz trémula por la emoción dela noticia que le había dado, aún tuvo fuerzas para intentar consolar al buen Pedro.
      - Pedro, Pedro, no digas eso. Él te está necesitando igual que a nosotros. Es necesario mantenernos unidos y pedir al Padre que le dé fuerzas para cumplir su Misión...
      Pedro cayó de rodillas ante María llorando de vergüenza y de remordimiento. María puso su mano sobre su cabeza y el llanto de ambos se entremezcló con el de quienes acompañaban a la Madre de Jesús. De repente Pedro se levantó y se alejó corriendo hacia la oscuridad de las callejuelas. A la pena de María, se unió la de ver al buen Pedro huir hacia ninguna parte. Y también rezó por él.
      Después vieron salir a gente que ya se retiraba, dejando abierta la puerta. María hizo ademán de ir hacia ella y Juan la ayudó y la llevó cerca de donde estaba Jesús, al cual oyeron orar en voz alta. De la impresión que tuvo al oírlo, su Madre sufrió un vahído. Magdalena y María, la de Cleofás, la sujetaron. La impresión había sido demasiado fuerte, pero inexplicablemente se sobrepuso y con una voz muy débil dirigió una oración a Dios. Intentó levantarse con la ayuda de Juan y de las otras mujeres, se dirigió hacia otro lugar. Sin pretenderlo comenzó a meditar en los malos tratos que habrían dado a su Jesús de palabra y de obra y nuevamente perdió la conciencia muy brevemente.
      Algunos de los presentes la miraban y algunos reconocieron en ella a la Madre del Reo. Nadie osó decir nada e incluso alguno sintió compasión por ella. Desde el silencio reinante, se oía la voz de Jesús dando gracias a su Padre por el nuevo día que nacía, porque en él se iban a cumplir todas las profecías de los Profetas y quedaría restaurada la normalidad entre Dios y la Humanidad.
PRISIÓN DE JERUSALÉN, DONDE SEGÚN LA TRADICIÓN ESTUVO PRESO JESÚS

Un peregrinaje vergonzoso y doloroso (II).-09-mayo-2015

Posted by Caminante y peregrino

ANTE CAIFÁS.-TALLER DE FRANS FRANCKEN.-BARROCO
      Un brusco empujón lo sacó de sus pensamientos. Un guardia del Templo se encargó de ello de forma brutal. Jesús era un reo y, como tal, no tenía derecho a nada y  constantemente iba soportando en silencio esos tratos vejatorios.
      Los miembros del Sanedrín habían ido llegando. Unos sabían por qué los llamaban. Otros, los menos, no lo sabían, pero cuando los llamaban  a esas horas de la madrugada era porque se trataba de algo importante.
      Caifás estaba en un sillón situado sobre una tarima de dos escalones, como le correspondía por ser ese año el Sumo Sacerdote. En su cara se reflejaba la impaciencia y el odio visceral hacia aquel presunto Rabí que tenía alborotado a todo el pueblo. Esto les había traído muchos problemas, pues aunque se daba cuenta de que cuanto decía era cierto, suponía un serio peligro para el orden y  el poder establecido que amenazaba con que el pueblo reaccionara y pudieran llegar a tener problemas con Roma. Y eso no lo podían permitir.  Era necesario quitar a Jesús de en medio de forma permanente y para ello no dudó en aconsejar a los suyos 'que es preferible que muera un solo hombre por el pueblo, a que toda la nación sea destruida'. (Jn. 11, 50). A partir de ese instante se había dedicado junto con otros sacerdotes y escribas de su absoluta confianza a preparar todo lo necesario para capturarlo, amañar un juicio para el que se necesitarían testigos, verdaderos o falsos era lo menos importante, y enfocar el juicio hacia una sentencia de muerte.
      Además, cuando el reo llegara a su presencia ya estaría desanimado y sin fuerzas por las humillaciones y malos tratos recibidos. Sí. Sería un juicio rápido y sencillo, ya que con gran parte de los componentes de Sanedrín podía confiar por haberlos 'preparado' con anterioridad.
      Sin embargo estaban tardando demasiado y él comenzaba a ponerse nervioso. Anás, que se incorporaba en ese momento, intentó calmarlo. En uno de sus interminables paseos de espera, de las tantas veces que se asomó al atrio, vio venir la comitiva que traía a Jesús. A pesar de la multitud que había era fácil distinguir dónde estaba, porque allí se aglomeraban cuantos querían darle algún golpe, vociferar algún improperio o escupirle en el rostro.
      Cuando la comitiva entró en el atrio, los componentes del Sanedrín ya estaban sentados en forma de semicírculo. Jesucristo fue empujado con violencia al centro del mismo. Alguien le puso su pie delante de los suyos en el empujón y cayó al suelo entre la hilaridad de los asistentes. Cuando se levantó, un leve hilo de sangre resbalaba por la comisura de sus labios.
      Caifás miró la escena complacido. Ya lo tenía. Ahora lo agobiaría con preguntas para aturdirlo y el resto no costaría nada. Jesús comenzaba a incorporarse. Cuando lo consiguió, se encontró frente al Sumo Sacerdote que lo miraba de arriba a abajo. Al mirarlo a la cara se tropezó con la mirada digna y serena de Jesucristo quedando desconcertado por semejante serenidad. No pudo resistir aquella mirada y la desvió hacia la multitud que esperaba el interrogatorio. ¿Qué le estaba pasando? Pero su turbación solamente duró unos pocos segundos. Necesariamente tuvo que sobreponerse a ella. ¿Cómo iba a permitir que el odiado galileo pudiese más que él. sumo Sacerdote del Templo?
 Y el juicio comenzó. Caifás fingió leer las acusaciones que tenía contra Jesús e inició un interrogatorio que no tenía fin, vociferando preguntas rápidas sin espacio para las posibles respuestas.
      En ocasiones terminaba con la excusa de que no oía sus respuestas, pero el reo se mantenía con la mirada baja y en un sereno silencio. Esta actitud lo enfureció todavía más: '¡Habla! ¿No oyes lo que te pregunto?' La respuesta fue un silencio sepulcral por parte de Jesús del que se contagiaban los presentes. El pontífice se encontraba a sí mismo cercano al ridículo y esto le impulsó a preguntarle: 'Cuando hablabas al pueblo en el Templo o en los montes no permanecías silencioso. ¿Por qué no me respondes a mí, ¡al Sumo Sacerdote!'
     Jesucristo fue levantando muy despacio su cabeza hasta mirar de frente y a los ojos al presidente del tribunal. Su ojo derecho estaba hinchado y casi cerrado a consecuencia del puñetazo propinado por un esbirro ante Anás. Aun así Caifás se estremeció a su pesar, totalmente desconcertado por el aplomo, dignidad y gallardía del reo, el cual continuó sin despegar los labios.
      Los miembros del Sanedrín ya daban muestras de impaciencia porque no se adelantaba nada. El presidente se estaba dejando llevar por su animadversión hacia el galileo que estaban juzgando y en la práctica estaba quedando como algo personal contra el reo.
JAMES TISSOT.-S. XIX - XX
      'Los príncipes de los sacerdotes y todo el Sanedrín buscaban falsos testimonios contra Jesús para condenarle a muerte, pero no los hallaban, aunque se habían presentado muchos falsos testigos. Al fin se presentaron dos que dijeron: -Este ha dicho "Yo puedo destruir el templo de Dios y en tres días reedificarlo". Se hizo el silencio al escuchar semejante acusación. Lo tomaron al pie de la letra y nadie podía entender el auténtico significado de aquella frase de Cristo.
      El mismo pontífice se cogió a esa acusación porque se dio cuenta que podía hacer una acusación formal. Así pues, 'levantándose el pontífice, le dijo: -¿Nada respondes? ¿Qué dices a lo que éstos testifican contra ti? Pero Jesús callaba, y el pontífice le dijo: Te conjuro por el Dios vivo a que me digas si tú eres el Mesías, el Hijo de Dios'. Ante esa pregunta, todos los miembros del tribunal y cuantos asistían al juicio, callaron. Un denso silencio envolvía la estancia y todos los ojos convergieron en Jesús. Esperaban su respuesta con ansiedad.
MOSAIKO.-n-p-shakhovskoy
      Jesús, por su parte, ya no podía permanecer más en silencio. En nombre de su propio Padre le pedían que dijese si realmente era el Hijo 'en quien tenía puestas sus complacencias' (Mt. 3, 17) el Padre. Y habló. Con voz majestuosa, serena,trascendente, que a todos conturbó, le dio esta respuesta: 'Tú lo has dicho. Y yo os digo que un día veréis al Hijo del hombre sentado a la diestra del Todopoderoso y venir sobre las nubes del cielo'. Aquello ya fue demasiado.Jamás hubiera pensado Caifás que le iba a dar semejante respuesta, pues aquello significaba que estaba delante del mismísimo Dios, como realmente así era, pero eso nadie lo podía admitir.
      'Entonces el pontífice rasgó sus vestiduras diciendo: -Ha blasfemado. ¿Qué necesidad tenemos de más testigos? Acabáis de oír la blasfemia. ¿Que os parece? Ellos respondieron: -Reo es de muerte'.
CAIFÁS SE RASGA LAS VESTIDURAS.-GIOTTO.-RENACIMIENTO 
La sentencia estaba dictada. Si antes no había miramiento alguno, ahora la crueldad iba a desatarse de manera inmisericorde. 'Entonces empezaron a escupirle en el rostro y a darle puñetazos, y otros le herían en la cara, diciéndole: -Profetízanos, Cristo, ¿quién te hirió? (Mt. 26, 59-68).
      Mientras Jesús quedaba magullado, malherido, vilipendiado,...los miembros del tribunal se retiraron a deliberar, pues no tenían autoridad para matar a nadie. Tras un conciliábulo, no muy largo, decidieron remitir al reo al procurador romano Poncio Pilatos para forzar la confirmación de la sentencia dictada.
JESÚS ESCARNECIDO.-JAMES TISSOT.-S. XIX - XX

Un peregrinaje vergonzoso y doloroso (I).-14-abril-2015

Posted by Caminante y peregrino

EN PRESENCIA DE ANÁS.-JAMES TISSOT.-S. XIX
      Los empujones, los malos tratos y las caídas le hacían sentirse mal, pero no lo daba a entender. Aguantaba. Su silencio era total. Absoluto. La comitiva se dirigió a casa de Anás, el antiguo sumo sacerdote. 'Lo condujeron a casa de Anás, el cual era suegro de Caifás, que era sumo sacerdote aquel año. Caifás era el que había aconsejado a los judíos: -Conviene que muera un solo hombre por el pueblo'. (Jn. 18, 13-14).
      Mientras tanto, 'Simón Pedro y otro discípulo seguían a Jesús.
NEGACIONES DE PEDRO.-CARAVAGGIO.-BARROCO 
Este discípulo que era conocido por el sumo sacerdote, entró al mismo tiempo que Jesús, en el patio interior de la casa del sumo sacerdote. Pedro, en cambio, tuvo que quedarse fuera, a la puerta, hasta que el otro discípulo, el conocido del sumo sacerdote, habló a la portera y consiguió que lo dejasen pasar'. Pedro dio unos pasos por el patio buscando un lugar donde poder divisar al Maestro y ver si podía hacer algo, sin levantar sospechas. La mujer que lo dejó pasar sintió curiosidad por distinguir de quién se trataba, ya que le habían autorizado a pasar.
      'La portera preguntó a Pedro: -¿No eres tú uno de los discípulos de ese hombre? Pedro le contestó: -No. No lo soy. Como hacía frío, los criados y la guardia habían preparado una hoguera y estaban en torno a ella calentándose'.
      Jesús fue llevado a su presencia a empujones. Anás, sentado sobre una tarima, estaba acompañado por unos consejeros. Cuando lo tuvo ante él, lo miró de arriba a abajo, con desprecio. Aunque ya tenía preconcebido a grandes rasgos por dónde iba a llevar el interrogatorio de Jesús, no tenía ninguna prisa. Se regodeaba pensando  en que lo iba a obligar a contradecirse mediante sus preguntas y acusaciones. Jesús no había asistido a ninguna escuela 'oficial' de formación y sin embargo quienes lo trataban le llamaban 'rabí'. ¿Con qué autoridad hablaba a los israelitas? ¿Era una nueva religión? Sabía que contaba con el apoyo de falsos testigos que iban a testificar en contra del reo y eso le daba cierta tranquilidad.
      ‘El sumo sacerdote interrogó a Jesús sobre sus discípulos y sobre la enseñanza que impartía. 
JESÚS ANTE ANÁS.-JOSÉ MADRAZO Y AGUDO.-NEOCLASICISMO
      Jesús declaró: 
- Yo he hablado siempre en público. He enseñado en la sinagoga y en el templo, donde se reúnen todos los judíos. No he enseñado nada clandestinamente. ¿Por qué me preguntas a mí? Pregunta a mis oyentes, y ellos podrán informarte’.
      La serenidad de Jesús en la respuesta desconcertó a Anás. Éste pensaba que iba a tenerlo a sus pies  pidiendo clemencia o intentar rebatirlo. Cualquier cosa menos aquella contestación. Momentáneamente se aturdió. ¿Qué hacía? Lo que estaba diciendo era cierto, pero no lo podía reconocer oficialmente. Una vez que lo tenían a su merced había que aprovechar hasta lo más insignificante para quitárselo de encima. Pensaba rápido para salir cuanto antes de la situación en la que se encontraba y del caos que había en su interior ante aquel Nazareno, que parecía ser realmente el dueño de la situación.
      Inesperadamente le vino la ayuda por parte de uno de los guardias que sujetaban a Jesús, siempre pendientes de cualquier cosa, por indigna que fuese, pero que agradase a sus superiores para 'ganar méritos' ante sus ojos. 'Al oír esta respuesta, uno de los guardias que estaba junto a él, le dio una bofetada diciéndole: -¿Cómo te atreves a hablar así al sumo sacerdote? La violencia del bofetón tiró a Jesús por el suelo. Los que rodeaban al reo lo 'ayudaron' a ponerse en pie de malas maneras, entre burlas, insultos y empujones. Con la cara y  el ojo hinchados y la boca ensangrentada a consecuencia del impacto contra el suelo, le respondió con una entereza que sorprendió a todos los presentes: 'Si he hablado mal, demuéstrame en qué; pero si he hablado bien, ¿por qué me pegas?' El autor de la bofetada miró hacia otro lado volviendo la cara. Nada podía decir. Una vez más, Jesús, aun estando cautivo, continuaba siendo el dueño de la situación presentando argumentos absolutamente irrebatibles. Era totalmente libre ante las respuestas que iba dando aunque pudieran perjudicarlo. El ambiente hostil ante el que se encontraba  no influía en nada de lo que tuviera que decir. Y eso podría resultar peligroso.
      Así lo intuyó Anás. Vio que la situación se le escapaba de las manos y para evitar males mayores, que tarde o temprano acabarían por ponerlo en evidencia, tomó una resolución: 'Entonces Anás lo envió, atado, a Caifás, el sumo sacerdote'. (Jn. 18, 13-27).



      Pedro estaba impaciente. Juan tardaba en llegar y no sabía qué estaría pasando con el Maestro. Y la pregunta de la portera diciendo que era discípulos del reo le había producido una desazón que desembocaba en un nerviosismo al que no estaba acostumbrado. La tranquilidad de las jornadas pesqueras en el mar de Galilea estaban ya muy lejanas.
'Salió después al portal, lo vio otra criada y dijo a los que había allí: -Este andaba con Jesús de Nazaret'.
NEGACIONES DE PEDRO.-GERARD SEGHERS.-BARROCO.
Lo cogió totalmente desprevenido. Se le nubló la vista momentáneamente y notó ganas de vomitar. Sus propios nervios le llevaron a una reacción de la que más tarde se arrepentiría, a pesar de estar previamente advertido: 'Y por segunda vez negó con juramento: -Yo no conozco a ese hombre'.
      Intentó salir de aquel círculo pero fue en vano. Todo estaba cerrado y controlado, pero aun así intentó zafarse de aquellas personas, quedarse solo y esperar a Juan, pero si tardaba mucho, se marcharía. Ya le estaban observando demasiado y algo muy parecido al miedo, comenzó a adueñarse de él. No se dio cuenta cómo 'se acercaron a Pedro los que estaban allí y le dijeron: -No hay duda de que tú eres uno de ellos; se te nota el acento'. 
     Ya no pudo más. Se veía perdido. Totalmente fuera de sí 'se puso a echar imprecaciones y a jurar: -¡No conozco a ese hombre!' (Mt. 26, 69-75)
TERCERA NEGACIÓN .- CARL BLOCH .- REALISMO DANÉS
      Se giró casi con violencia para volver a gritar a sus acusadores que lo dejaran en paz. No pudo. Al girarse, su mirada se cruzó con la mirada de su Maestro y amigo que lo llevaban a presencia de Caifás. Quedó mudo. En brevísimos instantes se oyó el canto de un gallo. Entonces recordó el vaticinio de su Maestro sobre sus negaciones: 'Antes que cante el gallo, me habrás negado tres veces'. Y echó a correr sin una dirección determinada. Una oscura callejuela recogió su cuerpo cuando se tendió en el suelo sin cesar de llorar con amargura y con una tristeza infinita.
       Su llanto, en su desesperación,le hacía dar puñetazos contra el suelo que lo acogía. ¿Dónde estaban aquellas bravas promesas de morir por Jesús si era necesario, antes que abandonarlo? 
ARREPENTIMIENTO DE PEDRO.-GERARD SEGHERS.-BARROCO
      Y dentro de su rabia incontrolada por lo que él consideraba una traición a su Maestro, le hizo recordar todos Los sucesos acaecidos desde la noche que todos juntos estuvieron reunidos en el cenáculo para celebrar la pascua, hasta este instante. 
      ¿Cuánto tiempo permaneció allí? No lo sabía. Intentó ponerse de pie y fue inútil.Todo le daba vueltas. El griterío que oía proveniente de la casa de Caifás lo devolvió a la realidad. No podía quedarse eternamente en aquel callejón. Sacando fuerzas de flaqueza marchó, como pudo, a buscar a Juan o a cualquiera de los otros discípulos. Y les contaría, ¡sí, se lo contaría!, toda su cobardía e indignidad. Pero después...

Se inicia el proceso redentor.-29-marzo-2015

Posted by Caminante y peregrino

JESÚS PRESO.-'PASO' DE LA SEMANA SANTA DE JAÉN, ESPAÑA
      Jesús ya estaba solo. Solo ante su destino, ante su auténtica misión: redimir la Humanidad del pecado, del poder del maligno. Eso solamente lo podía hacer Él, porque eran humanos quienes debían ser redimidos y Jesús era Hombre verdadero. Y como la ofensa, el pecado cometido al principio de la existencia humana,había sido a Dios, Ser infinito, solamente Alguien infinito podía hacerlo. Y Jesucristo era, también, verdadero Dios.
      Las tinieblas se enseñoreaban de la situación. 
LUIS DE VARGAS.-RENACIMIENTO
      Su instrumento inicial había sido Judas. Luego vendrían otros. Hacia ellos caminaba Jesús  cumpliendo la misión para la que había nacido. Malco, el siervo del sumo sacerdote y uno de los ancianos que habían acudido a prenderlo, marcharon delante para avisar al sumo sacerdote que el preso no tardaría en llegar.
      La comitiva que lo conducía caminaba rápida procurando no alborotar demasiado para no despertar a los habitantes de Jerusalén que, generalmente, estaban durmiendo, pero eso no era óbice para que comenzaran los malos tratos a Jesús. Empujones o tirones de las cuerdas que lo sujetaban, le hacían tambalearse e incluso perder el equilibrio en alguna ocasión. Los insultos y las burlas que empezaron aisladamente, se generalizaban y acabaron siendo una mofa continua que cada vez se hacía en tono más alto, incluso entre algún que otro grito de burla.
      Esto mismo hizo que algunas gentes se despertasen por la curiosidad de ver el origen de esa algazara a semejantes horas de la madrugada. Algunos de ellos identificaron al preso y les costaba trabajo creer que Jesús, el buen Jesús de Nazaret, fuera conducido como un vulgar maleante, posiblemente ante las autoridades. Las calles se fueron llenando de personas, unas que se unían a las burlas, otras, firmes partidarias de las enseñanzas del Maestro, protestaban en alta voz.
       Los soldados romanos que abrían la comitiva y los que la cerraban, así como los guardias del Templo, tuvieron que emplearse a fondo en ocasiones apartando de mala manera, incluso a golpes, a quienes pretendían acercarse a Jesús, visto lo cual optaban por marcharse para buscar a otros amigos o familiares y comunicarles la noticia. A su vez ellos lo comunicaban a otros y en poco tiempo se iba formando un tumulto que podía resultar peligroso. Los soldados enviaron un mensajero solicitando refuerzos por si se provocaba una algarada, pero no fue necesario. Al darse cuenta de que la ciudad se estaba despertando antes de hora forzaron el paso y se dirigieron a casa de Caifás, donde los maestros de la ley y los ancianos estaban reunidos.

     
      Judas iba siguiendo en solitario la comitiva y presenciando los malos tratos y burlas que infringían a Jesús.
JUDAS ISCARIOTE.- FÉLIX JENEWEIN.-REALISMO.-S. XIX 
Aquello no era lo que él había pensado. Solamente quería que lo detuviesen, le amonestasen seriamente, incluso dándole una severa advertencia de cesar en sus predicaciones y que lo soltaran. De ese modo sus once antiguos compañeros se desencantarían y lo abandonarían. Así quedaba él como el gestor que había solucionado el 'problema' del Maestro y de sus discípulos.
      Pero no fue así. Cuando presenció los insultos y malos tratos que recibía Jesús, se arrepintió. Eso no era lo que él había pretendido. Ahora se daba cuenta de que realmente había sido el instrumento de la mala fe de las autoridades del Templo. Fue siguiendo la comitiva para ver cómo quedaba y cuando vio que no le admitían defensa alguna y que lo condenaban, su arrepentimiento fue total. En su aturdimiento vio que tenía que reparar aquello que tan mal había hecho y marchó a buscar a los sacerdotes y los ancianos con los que hizo el trato diciéndoles: '-He pecado entregando a un inocente. Ellos replicaron: -¿A nosotros, qué? Allá tú. Él arrojó en el Templo las monedas'. (Mt. 27, 4-5).
REMORDIMIENTO DE JUDAS.-REMBRANDT.-BARROCO
      No pudo. La impotencia que empezó a sentir fue generando una desesperación que envolvió todo su ser. No sabía qué hacer. Se vio objeto de malos tratos e insultos de sus antiguos compañeros al ser culpable del prendimiento de quien para él había sido todo bondad. 
      Y lloró con rabia, con una desesperación cada vez mayor que le impedía ser objetivo y buscar soluciones racionales. 
JULIUS SCHNORR VON CAROLSFELD.-ROMANTICISMO
Por un momento pensó en presentarse ante Jesús implorando su perdón, pero desechó la idea porque no iban a dejarle llegar hasta donde Él estaba. 
      Solamente le quedaba un camino. Su propia desesperación lo empujó a marchar para buscar una soga larga y resistente. Cuando la tuvo buscó un árbol suficientemente alto y resistente. Se enrolló un extremo alrededor del cuello y pasando el otro cabo por una rama gruesa del árbol se dejó caer.
JUDAS AHORCADO.-MAESTRO GILBERTO.-ROMÁNICO.-S. XII
      Un momento después, Judas Iscariote dejó de existir. Su ceguera, producto de su sentido de la culpabilidad, no le permitió advertir que Jesús siempre estaba abierto al perdón por el arrepentimiento de cualquier pecador, como había presenciado en multitud de ocasiones. Esa falta de fe en su Maestro le perdió. 

Beso traidor: el prendimiento.- 13-marzo-2015

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BESO DE JUDAS.-FRANCISCO SALZILLO.-BARROCO
      Judas no había perdido el tiempo.Cuando el Maestro le dijo 'Lo que vas a hacer, hazlo cuanto antes' (Jn. 13, 27), comprendió que no tenía tiempo que perder. Era el momento. Pensó que él imaginaba algo de sus planes, pero tenía una seguridad en sí mismo que le impedía analizar el fondo de la frase que le había dirigido. Sabía que en cuanto se presentara en el Templo le iban a hacer caso y le acompañarían unos cuantos para prenderlo y eso le causaba una extraña euforia.
SE DIRIGEN A GETSEMANÍ.-JAMES TISSOT.-S. XIX - XX
      Y así fue. Llamaron a unos guardias del Templo y unas personas más 'enviados por los jefes de los sacerdotes, los maestros de la ley y los ancianos' para dirigirse al lugar que el apóstol traidor les indicaría. Les acompañaban un destacamento  de soldados romanos.Tomaron antorchas y se pusieron en camino. Judas 'les había dado una contraseña, diciendo: -Al que yo bese, ese es. Prendedlo y llevadlo bien seguro'. (Mc. 14,43-44). Y allá se dirigieron.


      Pedro lo oyó entre sueños. ¿Cómo que '¡basta ya!' y '¡vamos!'? ¿Quién iba a entregar a quién? Como un relámpago su cerebro se despertó. Era el Maestro quien les llamaba. ¡Era el Maestro quien decía que estaba llegando quien le había de entregar! De un salto se puso en pie y sacudió a Santiago y a Juan. '¡Levantaos! Vienen a prender al Maestro. Santiago, avisa a los demás'. Giró su cuerpo y vio a Jesús avanzar en dirección al tropel de gente que se acercaba con antorchas en dirección a donde ellos estaban.
WILLIAM HOLE.-S. XIX - XX
      Aguzó la vista y  le pareció vislumbrar a Judas Iscariote delante de todos. Pero ¿qué hace éste ahí?, pensó. Mientras un torrente de ideas bullía en su mente, a cuál peor, la comitiva se iba acercando. Distinguió algunos guardias del Templo y soldados romanos, pero había más gente que llevaba espadas y palos. En este momento comprendió por qué se marchó del cenáculo unas horas antes. Una ira sorda se apoderó de él por la canallada de Judas, pero se dio cuenta de la gravedad del momento y se colocó muy cerca del Maestro para defenderlo si llegaba el caso.'Ya estaban frente a frente. Jesús, que sabía perfectamente lo que le iba a ocurrir, salió a su encuentro y les preguntó: -¿A quién buscáis? Ellos contestaron: -A Jesús de Nazaret. Jesús les dijo: Yo soy. Judas el traidor estaba allí con ellos. En cuanto les dijo -Yo soy- comenzaron a retroceder y cayeron a tierra'. (Jn. 18, 4-6).
RETROCEDIERON Y CAYERON A TIERRA.-JAMES TISSOT.-S. XIX - XX
      Eso no se lo esperaban. ¡Había pronunciado el Nombre de Dios! A los hebreos allí presentes les vino a la cabeza lo que Yavéh respondió a Moisés en el monte Sinaí: 'Moisés replicó a Dios: -Yo me presentaré a los israelitas y les diré: El Dios de vuestros antepasados me envía a vosotros. Pero si ellos me preguntan cuál es su nombre,¿qué les responderé? Dios contestó a Moisés: -Yo soy el que soy. Explícaselo así a los israelitas: YO SOY me envía a vosotros'. (Éx. 3, 13-14).
      Este recuerdo les cayó como un mazazo. El que iban a prender se presentaba ante ellos como Dios: YO SOY. Pero la suerte estaba echada y su obcecación no les permitió darse cuenta de que realmente era así. 'Judas se acercó a Jesús y le dijo: -Rabí. Y lo besó. (Mc. 14, 45). Jesús le dijo: -Judas, ¿con un beso entregas al Hijo del hombre? (Lc. 22, 48). Dirigiéndose a la gente 'Jesús les preguntó de nuevo: -¿A quién buscáis? Volvieron a contestarle: -A Jesús de Nazaret. Jesús les dijo: -Ya os he dicho que soy yo. Por tanto, si me buscáis a mí, dejad que estos se vayan. (Así se cumplió lo que él mismo había dicho: "No he perdido a ninguno de los que me diste").
JUDAS BESA A CRISTO. PEDRO HIERE A MALCO.-
FRANCISCO SALZILLO.-BARROCO
      Pedro no podía permitir aquello. A su Maestro no se lo iban a llevar. Nadie. E irreflexivamente 'Simón Pedro que tenía una espada, la desenvainó e hirió con ella a un siervo del sumo sacerdote, cortándole la oreja derecha. (Este siervo se llamaba Malco). Pero Jesús dijo a Pedro: -Envaina de nuevo tu espada. ¿Es que no debo beber esta copa de amargura que el Padre me ha preparado? (Jn. 187-11).
      'Y tocando la oreja, lo curó. Y a los que venían contra él: jefes de los sacerdotes, autoridades del Templo y ancianos les dijo: -Habéis venido a prenderme con espadas y palos, como si fuera un ladrón. Todos los días estaba con vosotros en el Templo, y no me pusisteis las manos encima; pero esta es vuestra hora: la hora del poder de las tinieblas'. (Lc. 22, 51-53). 'La tropa romana, con su comandante al frente, y la guardia judía,arrestaron a Jesús y lo maniataron'. (Jn. 18, 12).
HUIDA DE LOS DISCÍPULOS.-JAMES TISSOT.-S. XIX - XX
      Cuando presenciaron el prendimiento de su Maestro y su petición de que los dejaran marchar,los discípulos se desperdigaron y huyeron. Unos se escondieron por las cercanías, otros marcharon a esconderse porque tenían miedo. Santiago y Juan, aunque permanecían escondidos, no perdieron detalle alguno de lo que le estaba sucediendo a Jesús.
      Pedro, desolado porque no había podido defenderlo con más eficacia, se marchó con el deseo de seguirlo para ver dónde lo llevaban.
JUDAS SÓLO ANTE SÍ MISMO.-NIKOLAJ NIKOLAJEWITSCH.-S. XIX - XX
      Judas, absolutamente solo, quedó atrás de la comitiva. Tenía la impresión de que sus pies eran de plomo. Le pesaban y le impedían marchar con normalidad. Poco a poco se fue distanciando del tropel de gente que había guiado hasta el Maestro. Nadie se acordaba de él. Nada quedaba de su efímera y triste 'gloria' de su mísera 'hazaña'. Era el momento de enfrentarse consigo mismo y comprobar qué grado de satisfacción y orgullo le quedaba después de cometida su traición a Jesús.
      ¿Había obtenido algún privilegio, alguna manifestación de estima o agradecimiento por parte de las autoridades del Templo? El leve peso que notó sobre su cuerpo ocasionado por la pequeña bolsa que aún contenía las treinta monedas de plata, le hizo sentirse ruin y canalla. Ahora le pesaba su acción. ¿Qué podía hacer? Se dirigió nuevamente al Templo para llegar antes que la comitiva que llevaba preso al Maestro. A su Maestro, mal que le pesara. Y recordó sus diálogos con Él, sus bromas, así como la confianza que le otorgó pidiéndole que llevase  las monedas que les daban, con las que compraban alimentos. Y todavía se vio más miserable.
      Movió la cabeza como para sacudir sus pensamientos y apretó el paso camino del Templo.

¿Y por treinta monedas...? (I) - 23-febrero-2015

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ORACIÓN EN EL HUERTO.-UN ÁNGEL CONFORTA A JESÚS.-
FRANCISCO SALZILLO.-BARROCO
      El suelo de la calle parecía crujir bajo las suelas de las sandalias que lo pisaban, como echándole en cara la villanía que iba a cometer. Aún sonaba en sus oídos el seco ruido de la puerta del cenáculo al cerrarse tras él. Sí. Tenía que hacerlo. 
      Se había comprometido y testigo de aquel compromiso era el sonido de las treinta monedas de plata que tintineaban en su bolsa.
JUDAS ANTE EL SANEDRÍN.-ALEXANDER BIDA.-ROMANTICISMO
       Tenía prisa, pero a pesar de ello no pudo evitar el recuerdo del primer paso  que había dado para que llegara el momento que estaba esperando.
      Judas sabía con certeza cuál era la postura de las autoridades religiosas del pueblo. 
Había ido muchas veces al templo con el Maestro y con sus compañeros, en ocasiones había sorprendido conversaciones entre algunos sacerdotes nada halagüeñas para Jesús. 
TRAICIÓN DE JUDAS.-GIOTTO.-RENACIMIENTO 
      Empezaba a sentirse harto de aquella vida que llevaban los doce sin que se obtuviera provecho monetario alguno. Algunas limosnas, muchos seguidores, contadas invitaciones, pero...la bolsa de la que él era portador, casi siempre estaba vacía. Tomó la decisión y se dirigió al Templo.
     Se vio a sí mismo ante los miembros del Sanedrín que escuchaban con aparente indiferencia sus palabras haciéndoles una propuesta. '¿-Qué me dais si os lo entrego? Ellos le ofrecieron treinta monedas de plata. Y desde ese momento andaba buscando ocasión para entregarlo'. (Mt. 26, 15-16). Ahora había llegado el momento.


      
JESÚS Y SUS DISCÍPULOS SE DIRIGEN A GETSEMANÍ.-NIKOLAJ NIKOLAJEWITSCH 
     Cuando salieron del cenáculo, la brisa de la noche los envolvió. Jesús respiró hondo, como queriendo hacer acopio de aire en sus pulmones. Sus discípulos iban comentando en pequeños grupos lo que habían vivido durante la cena y todos coincidían en que había sido muy diferente de las celebradas con anterioridad. Pero de todo lo que presenciaron, la vivencia de haber visto a su Maestro bendecir y partir con ellos el pan y el vino era lo que más les había impactado.
      Se dirigieron al huerto de Getsemaní, donde también se habían retirado anteriormente en ocasiones semejantes a las de ese momento. La luna alumbraba poco, pero conocían el camino sobradamente. Jesús caminaba en silencio ensimismado en sus pensamientos, ya que era plenamente consciente de lo que iba a ocurrir unos momentos más tarde. De repente les dijo: 'Todos vais a fallar, porque está escrito: -Heriré al pastor y se dispersarán las ovejas. Pero después de resucitar iré delante de vosotros a Galilea'. (Mc. 14, 27-28).
      Este comentario les cogió completamente desprevenidos. Alguno hubo que interiormente pensó: 'Pero, ¿qué está diciendo el Maestro? ¡Si ya le hemos dicho que no lo vamos a abandonar!' Como si estuviera haciendo eco de lo que pensaban sus compañeros, 'Pedro le replicó: -Aunque todos fallen, yo no'. ¡Pobre Pedro! Su enorme afecto por el Maestro le hacía confiar demasiado en sus propias fuerzas, pero 'Jesús le contestó: -Te aseguro que hoy, esta misma noche, antes de que el gallo cante dos veces, tú me habrás negado tres. Pedro insistió: -Aunque tenga que morir contigo jamás te negaré. Y todos decían lo mismo'. (Mc. 14, 29-31).
    Todos tenían mucha seguridad en ellos mismos...y en su Maestro. Confiaban muchísimo en Él, pero se daban cuenta de que a medida que se acercaban a su destino, la turbación de Jesús era mayor. Cruzaron el torrente de Cedrón. La luna iluminaba más que cuando salieron del cenáculo, pero aún había oscuridad.
        'Cuando llegaron a un lugar llamado Getsemaní dijo Jesús a sus discípulos: Sentaos aquí mientras voy a orar. Tomó consigo a Pedro, a Santiago y a Juan. Comenzó a sentir pavor y angustia, y les dijo: -Siento una tristeza mortal. Quedaos aquí y velad'. (Mc. 14, 32-34). Sabía que el momento estaba ya terriblemente próximo y su naturaleza humana temía cuanto se avecinaba. 'Se alejó de ellos como un tiro de piedra, se arrodilló y estuvo orando así: -Padre, si quieres aleja de mí esta copa de amargura; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya'. (Lc. 22, 41-42).
JESÚS CONTEMPLA LO QUE LE ESPERA.-JAMES TISSOT.-S. XIX - XX
      La tristeza de Jesús cuando llegaron al huerto se iba transformando en angustia. Comenzó a pensar que su misión, para la que había nacido vivido y predicado durante tres años, llegaba a su momento culminante. Y comenzó a sudar y a temblar. En su perturbación veía los pecados, ofensas y agravios que la Humanidad había causado a Dios desde el momento de la desobediencia de Adán y de Eva y de los que seguirían causando, porque el padre del mal y de la mentira estaría al acecho de cada persona. Pensó en las personas que habían seguido fieles a su Padre en el transcurso de la Historia: Abraham, Moisés, Elías,...y que necesitaban su sacrificio.
SUFRIMIENTO DE CRISTO EN SU ORACIÓN
      Postrado en tierra se ofrecía al Padre como Víctima propiciatoria, como Cordero que cargaba sobre sí mismo los pecados de todos para devolverles la amistad con su Creador, a la vez que le pedía ayuda y fuerza para llevar a buen término su misión. Sobreponiéndose ligeramente, cubierto de sudor y sufrimiento, se levantó y, tambaleándose, marchó a buscar a sus tres amigos, pero las fuerzas casi le abandonaban. En su desánimo buscaba, quizá, su apoyo en ese trance tan difícil. Cuando llegó donde estaban 'los encontró dormidos. Y dijo a Pedro: -Simón, ¿duermes? ¿No has podido velar ni siquiera una hora?Velad y orad para hacer frente a la prueba; que el espíritu está bien dispuesto, pero la carne es débil. Se alejó de nuevo y oró repitiendo lo mismo'. (Mc. 14, 37-39).
ENCUENTRA DORMIDOS A LOS APÓSTOLES. JAMES TISSOT.-S. XIX - XX
       Los tres, al contemplar a Jesús en aquel estado sudoroso y con una palidez desconocida para ellos, pues jamás lo habían visto así, no acabaron de reconocerlo. Quedaron aturdidos y cuando se espabilaron se preguntaban qué le estaría ocurriendo. Lo vieron alejarse nuevamente y se quedaron sin saber qué hacer. No encontraron más camino que la oración. Ansiosamente se dirigieron al Padre pidiéndole por su Maestro, por su querido Maestro, a la vez que su congoja y tristeza de verlo así les producía una inquietud y una pena que en ocasiones les hacía llorar como niños indefensos.
      Jesús volvió nuevamente a la oración. A medida que ahondaba en ella se hacían presentes los sufrimientos por los que debía pasar, pero también pensaba en la bondad del género humano cuando fue creado por su Padre y en los anawin, los constantemente fieles a Dios, las personas que habían hecho la opción de su vida por la obediencia a Dios y el acatamiento de su voluntad, pensaba en los pobres de Yavéh que continuamente vivían en permanente unión con Él deseando ser agradables a sus ojos, pensó en los que irían naciendo y serían los anawin de su tiempo a pesar de los inconvenientes y la pruebas que iban a tener...pero el terror se adueñaba de Él y le hacía flaquear...
CONFORTADO POR UN ÁNGEL.-RON DICIANNI
      Nuevamente se dirigió a su Padre en estos términos: 'Padre mío, si no es posible que pase sin que yo lo beba, hágase tu voluntad'. (Mt. 26, 42). 'Entonces se le apareció un ángel del cielo que lo estuvo confortando. Preso de la angustia oraba más intensamente y le entró un sudor que chorreaba hasta el suelo, como si fueran gotas de sangre'. (Lc. 22, 43-44).
VOLVIÓ A ENCONTRARLOS DORMIDOS.-JAMES TISSOT.-S. XIX - XX
      Pero Jesús era consciente de cuál era la voluntad de su Padre, esa voluntad que había sido su alimento los años de su predicación. Recordó lo que en cierta ocasión dijo a sus discípulos: 'Mi alimento es hacer la voluntad del que me ha enviado hasta llevar a cabo su obra de salvación'. (Jn 4, 34). Y no lo pensó más. Asumió el momento y notó una fortaleza que le venía de lo alto. Volvió nuevamente a donde estaban sus discípulos y les dijo: '¿Todavía estáis durmiendo y descansando? ¡Basta ya! ¡Vamos! Ya está aquí el que me va a entregar'. (Mc.14, 41-42).
ANDREA MANTEGNA.-RENACIMIENTO