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El fin del principio (II): Crucifixión y muerte.-07-noviembre-2015

Posted by Caminante y peregrino

CRISTO CRUCIFICADO.-RON DICIANNI.-S. XX - XXI
      Esto no se lo esperaban. No podían permitir que les pusiese ante sus ojos que el Nazareno era su Rey y, como era previsible, protestaron. 'Dijeron, pues, a Pilato los príncipes de los sacerdotes de los judíos: -No escribas "Rey de los judíos", sino que Él ha dicho "Soy Rey de los judíos". Pero el gobernador ya estaba harto de que aquella gente quisiera imponer siempre su voluntad y obró como debiera haberlo hecho mucho antes. 'Respondió Pilato: -Lo escrito, escrito está'. (Jn. 19, 19-22). Y no hubo nada más que hablar.
      Juan no apartaba su mirada de Jesús y de vez en cuando miraba a María por si sufría un nuevo desvanecimiento poder atenderla. En uno de esos momentos tuvo que volver a mirar a Jesús porque le pareció que iba a decir algo. Prestó atención y le oyó decir: 'Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen'. (Lc. 23, 34).
  'Era la hora tercia cuando lo crucificaron'.(Mt. 15, 25).
      'Los soldados, una vez que hubieron crucificado a Jesús, tomaron sus vestidos, haciendo cuatro partes, una para cada soldado, y la túnica. La túnica era sin costura, tejida toda desde arriba. Dijéronse, pues, unos a otros: "-No la rasquemos, sino echemos suerte sobre ella para ver a quién le toca", a fin de que se cumpliese la Escritura: "Dividiéronse mis vestidos y sobre mi túnica echaron suertes". Eso es lo que hicieron los soldados'. (Jn. 19, 23-24).
      Mientras se repartían las vestiduras de Jesús, los que llevaban a cabo la crucifixión finalizaron su tarea y procedieron a izar la cruz. No fue tarea fácil, pero para Jesucristo fue peor. Todas las sacudidas que daban para fijarla en el suelo  suponía terribles dolores por todo su cuerpo, pero especialmente en las muñecas y en los pies donde le habían puesto los clavos para fijarlo a ella.
ELEVACIÓN DE CRISTO EN LA CRUZ.-PEDRO PABLO RUBENS.-BARROCO
      A pesar de que no era la primera vez que crucificaban a una persona, en esta ocasión se les hacía más difícil y no sabían por qué. Al final consiguieron poner el madero vertical en el agujero que previamente habían preparado, y arrastrando la cruz la dejaron caer de golpe en la oquedad del suelo. El golpe hizo perder el conocimiento muy brevemente al Mesías por el intensísimo dolor ocasionado. El árbol de la cruz fue fijado al suelo con unos calzos de madera y con piedras con el fin de mantenerla vertical.
      Cuando consideraron finalizada su tarea, se retiraron para marcharse, quedando los soldados romanos montando guardia. Juan levantó a María del suelo en ese momento para llevarla al pie de la cruz. Las otras mujeres le siguieron. 'Estaban junto a la cruz de Jesús su Madre y la hermana de su Madre, María la de Cleofás y María Magdalena'. (Jn. 19, 25). Jesús, destrozado por el dolor que le producían los clavos, todas sus heridas y la forzada postura en la cruz, entreabrió los ojos. Comenzó a ver las figuras turbias y poco a poco sus ojos se fueron acostumbrando a la ¿normalidad? Frente a Él, algo a su derecha distinguió a los escribas y a los fariseos del templo, unos a caballo y otros a pie, contemplando su 'obra'. Algo apartado de allí le pareció ver a Simón, el que le había ayudado a llevar la cruz e incluso a Él mismo.
LO QUE CRISTO VEÍA DESDE LA CRUZ.-JAMES TISSOT.-S. XIX - XX
      Pero su mirada quedó quieta en las figuras que tenía frente a Él. A pesar del agudo y profundo dolor que lo devoraba por fuera y por su interior, se emocionó al ver a su Madre (siempre había estado cercana a Él y ahora tampoco lo había abandonado), a la hermana de su Madre y a su joven discípulo Juan. Abrazada a la cruz, rozándole sus pies, estaba María Magdalena. Por su frente enfebrecida pasaron brevemente recuerdos de su infancia junto a su Madre mientras Él trabajaba en la carpintería de José, en Nazaret. 'Jesús, viendo a su Madre y al discípulo a quien amaba, que estaba allí, dijo a su Madre: "Mujer, ahí tienes a tu hijo. Luego dijo al discípulo: -Ahí tienes a tu Madre. Y desde aquel momento, el discípulo la recibió en su casa'. (Jn 19, 26-27).
AHÍ TIENES A TU MADRE.-WILLIAM BLAKE.-ROMANTICISMO
      Juan sujetó a María. Le había parecido que se tambaleaba ligeramente, pero no. Su entereza la mantenía firme, pero sentía la emoción de que su Hijo se preocupara de Ella y la confiara al cuidado del fiel discípulo. Empezaba a notarse un viento suave al principio pero que a medida que pasaba el tiempo se volvía más fuerte.
      El cielo se estaba oscureciendo por momentos y nubes de tormenta iban formándose. La gente, incluidos los escriba y farios, comenzaron a marcharse.
BLASFEMIAS DE LOS JUDÍOS.-MIHÁLY MUNKÁCSY.-S. XIX
      'Los que pasaban lo insultaban meneando la cabeza y diciendo: 
      -Tú que destruías el Templo y lo reedificabas en tres días, sálvate a ti mismo; si eres Hijo de Dios, baja de la cruz. Y lo mismo los jefes de los sacerdotes, junto a los maestros de la Ley y los ancianos se burlaban de Él diciendo:
      -A otros salvó y a sí mismo no puede salvarse. Si es rey de Israel, que baje ahora de la cruz y creeremos en Él. Ha puesto su confianza en Dios; que lo libre ahora, si es que lo quiere, ya que decía "Soy Hijo de Dios", (Mt. 27, 39-43). 
CRUCIFIXIÓN DE CRISTO ENTRE DOS LADRONES.-VASILI BALYAEV.-S. XIX
      La tristeza de Jesús hizo mella en Él. Le dolió en el alma todo cuanto decían, pero no por Él, sino por la forma irreverente con que nombraban a su Padre. Su pensamiento se dirigió al Padre para darle gracias por la Redención que ya estaba llegando y para pedirle fuerzas con el fin de resistir hasta el momento que dispusiera. Por si fuera poco, 'uno de los malhechores crucificados lo insultaba diciendo: -¿No eres tú el Mesías? Pues sálvate a ti mismo y a nosotros. Pero el otro intervino para reprenderlo, diciendo -¿Ni siquiera temes a Dios tú, que estás en el mismo suplicio? Lo nuestro es justo, pues estamos recibiendo lo que merecen nuestros actos, pero éste no ha hecho nada malo. Y añadió: -Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu reino'.
      Giró su cabeza para mirar a quien así había hablado. Durante toda la Pasión estuvo guardando silencio, rompiéndole solamente para contestar al sumo sacerdote y al gobernador romano, pero ahora se encontraba con que uno de sus compañeros de crucifixión le pedía misericordia. Se dio cuenta que la sinceridad era absoluta y eso prevalecía a todo el sufrimiento que tenía. Su ya débil corazón le impulsó a darle una respuesta más allá de lo que pedía: 'En verdad te digo: Hoy estarás conmigo en el Paraíso'. (Lc. 23, 39-43).
JESÚS PERDONA AL BUEN LADRÓN.-TIZIANO.-MANIERISMO
      Dimas no acabó de entender lo que Jesús le decía, pero todo su ser se inundó de una infinita paz. Se encontró reconciliado con todos aquellos a los que había perjudicado, consigo mismo y con todo el universo. No podía explicarse encontrar tamaña felicidad en el estado que se encontraba, pero era algo real. Jamás había sido tan feliz. Inclinando la cabeza sobre su pecho rompió a llorar.
         La Madre de Jesús y el resto del grupo fueron testigos excepcionales de aquel diálogo y de aquel gesto del Maestro con aquel compañero de suplicio, pero no les extrañó. Conocían fehacientemente su misericordia y su facilidad para ejercitarla ante un pecador verdaderamente arrepentido, como era el caso que presenciaban.
      El centurión romano estaba asombrado de cuanto presenciaba y se daba cuenta que aquella persona era alguien trascendente, muy por encima del gobernador y del propio Emperador, pero tenía un deber que cumplir y debía hacerlo. Después... ya veríamos.

El fin del principio (I).-Llegada al Gólgota.-22-octubre-2015

Posted by Caminante y peregrino

CRUCIFIXIÓN DE XTO.-TRÍPTICO.-Martin van Heemskerck.-MANIERISMO
      Bajó a trompicones. Por el esfuerzo y  por la emoción vivida ayudando al Maestro le temblaban las piernas. Estuvo a punto de caer y así hubiera sido si unos brazos fuertes no lo hubieran cogido a tiempo. Levantó la cabeza para verlo y vio un hombre joven rodeado de unas mujeres también llorando como él. Quiso agradecer que lo cogieran y en ese instante recordó, casi como si lo volviese a ver junto a él, la mirada agradecida que le había dado. '¡Adonai! ¿Por qué, Adonai? ¿Por qué? ¡¡Él es justo!! ¡¡Es inocente!! ¿Cómo lo permites?

      '-Vimos cómo lo intentaste. Hiciste cuanto estuvo en tus manos para ayudarlo y para que sufriera menos. Somos nosotros los que te damos gracias a ti. ¿Quién eres? ¿Cómo te llamas?
MARÍA Y LAS SANTAS MUJERES AL PIE DE LA CRUZ.-DUCCIO DI BUONINSEGNA.-GÓTICO       Sin apartar la mirada de aquel montículo porque no perder nada de cuanto le hiciesen al Nazareno, contestó: '-Mi nombre es Simón. Soy de Cirene. Mis hijos y yo veníamos del campo de trabajar y los romanos me obligaron a ayudarlo. Yo no quería porque estaba muy cansado de la jornada, pero os juro que ahora no solamente no me arrepiento de haberlo ayudado, sino que gustosamente me pondría en su lugar para evitarle tanta injusticia, tanto dolor, tanta iniquidad,...
      '-Sí. Es muy duro y cruel lo que le están haciendo, pero ten solamente fe, mucha fe en Él. No te defraudará, pero esto hay que pasarlo'. Simón quedó turbado al oír aquella voz. Estaba seguro que no la había oído anteriormente, pero destilaba tanta tristeza y a la vez tanta firmeza, tanta esperanza, tanta...Sus reflexiones se interrumpieron porque una de las mujeres dijo con voz muy fuerte: 'Allí, allí está!' Todos los rostros giraron hacia donde indicaba y todos los ojos concentraron sus miradas en la figura de Jesús que aparecía de pie en lo alto del montículo.
     La mujer cuya voz había impresionado al cireneo se levantó de súbito y dio unos pasos hacia el lugar donde estaba Jesús. El hombre que evitó la caída de Simón fue tras ella y la tomó del brazo. Oyó cómo le decía reprimiendo un nuevo sollozo: 'Juan, llévame allí. Quiero estar junto a Él para que no se encuentre solo en estos momentos'. Los dos se acercaron al lugar y se les unió una segunda mujer. Simón preguntó a una de las mujeres que estaban con él: '-¿Quienes son? -La mujer que va delante es la Madre  de Jesús y quien la acompaña es Juan, el discípulo más apreciado del Maestro. En cuanto a la mujer que camina tras ellos, es María, oriunda de Magdala, también discípula'.
      
DESPOJAN A JESÚS DE SUS VESTIDURAS .-JAMES TISSOT.-S. XIX - XX
      
      La respuesta lo dejó boquiabierto. ¿Cómo no iba a desprender tristeza y amargura aquella voz si era su Madre? Y a Juan lo recordaba de haberlo visto acompañar al rabí el día que les dio de comer en el monte a él y a tanta gente. Se sintió indigno de aquel reo que iba a morir dentro de unos momentos sin que se pudiera hacer nada para evitarlo.  Quiso hacer una nueva pregunta pero se encontró solo. Las otras mujeres habían partido en pos de María y de Juan. También querían acompañar al que iban a crucificar.
      Como si se hubieran puesto de acuerdo, todos se pararon un momento al ver que a Jesús le quitaban sus vestiduras y que unos sayones 'le dieron de beber vino mezclado con mirra, pero no lo tomó', (Mc. 15, 23) lo rechazó. 
JAMES TISSOT.-S. XIX - XX 
      Al quitarle la túnica se le abrieron muchas heridas de la flagelación, pero ya no tenía fuerzas para quejarse. Lo tomaron y lo pusieron sobre la cruz para tomar las medidas de los brazos y de las piernas. A la altura de las muñecas perforaron la madera para clavar mejor las manos del reo y para los pies pusieron una especia de peana con el fin de que pudiese apoyarse sobre sus pies y así, alargar algo más su agonía.
PREPARATIVOS PARA LA CRUCIFIXIÓN.-FRANCISCO RIBALTA.-BARROCO
      Después...comenzó lo peor. Le ordenaron que se echase del todo sobre la cruz. Lo intentó. No tenía más remedio, pero le costaba moverse. Un nuevo empujón dado sobre un hombro sin ningún miramiento 'solucionó' el problema, Su quejido quedó ahogado por las risotadas de los sayones que iban a hacer 'su trabajo'. Le ataron unas cuerdas a las muñecas para tirar de sus brazos y clavarlos en el madero.Fue horroroso. Un grito femenino  traspasó las risas y las burlas de sus verdugos. El centurión, nuevamente compadecido, les ordenó callar y hacer su trabajo sin perder tiempo. Quería ahorrarle el máximo sufrimiento.
PADRE, PERDÓNALES.-James Tissot
      La Madre, pues era ella la que gritó, se lanzó hacia donde estaba su Hijo, pero cuando casi estaban llegando los soldados les impidieron el paso. '¡Dejadme pasar, por piedad!' El centurión se giró y la vio. Nuevamente sintió en su interior el mismo sentimiento que cuando la Madre se echó sobre su Hijo abrazándolo por las calles de Jerusalén. Luchó contra sí mismo para evitar que las lágrimas que pugnaban por salir de sus ojos aparecieran ante sus soldados. Carraspeó y dio la orden: '¡Dejadlos pasar! Es su Madre y un familiar'. Realmente no sabía quién era aquel muchacho, pero si iba con ella bien pudiera ser familia.
      Los soldados obedecieron y cruzaron el cordón de soldados, pero María Magdalena los siguió aprovechando la oportunidad. Para evitar problemas a aquel militar que tanto les estaba ayudando, se mantuvieron algo apartados de la cruz, pero veían y vivían en sus entrañas cuanto le hacían a Jesús. Éste todavía no se había dado cuenta que estaban allí, pero cuando le tiraron del brazo y dieron el primer martillazo sobre el clavo que le traspasó la muñeca, gritó desgarradoramente sin saber de dónde procedía la fuerza de aquel grito. Su sangre salpicó a sus verdugos, pero permanecieron impasibles.
      Simultáneamente al de Jesús, su Madre no pudo evitar otro grito de dolor como si la traspasada hubiese sido ella. Magdalena se estremecía por el llanto y Juan estaba descompuesto. Estaban matando a su amigo, a su Maestro. Por su mente cruzó la idea de que a los tres días resucitaría, pero no se detuvo en ella. Su sufrimiento y el de María lo impedía porque estaba continuamente pendiente de Ella.
LETRERO DEL CRUCIFICADO.-TINTORETTO.-RENACIMIENTO
      A la vez que a Él,'crucificaron a dos bandidos, uno a la derecha y otro a la izquierda, y se cumplió la Escritura que dice: "Fue contado entre malhechores". (Mc. 15, 27-28) Escribió Pilato un título y lo puso sobre la cruz; estaba escrito: "Jesús Nazareno, Rey de los judíos". Muchos de los judíos leyeron este título porque estaba cerca de la ciudad el sitio donde fue crucificado Jesús, y estaba escrito en hebreo, en latín y en griego'. (Jn. 19, 19-20).
CRUCIFIXIÓN DE CRISTO.-ANDREA MANTEGNA.-RENACIMIENTO

Comienza el largo camino...(y III).- 08-octubre-2015

Posted by Caminante y peregrino

CAMINO DEL CALVARIO.-MATTIA PRETI.-BARROCO
      Simón se desvivía por ayudar a Jesús, pero no estaba ciego ni era tonto. Se daba cuenta que de un momento a otro iba a caer porque las fuerzas tienen un límite y el Maestro, con el cuerpo llagado y los malos tratos que iba recibiendo sin miramiento alguno, lo estaban dejando agotado. La sed también hacía mella en aquel cuerpo ¿humano? que se cogía a su túnica  como podía para no pisarla y no perder el equilibrio.
      Lo miró de reojo como pudo y solamente pudo ver, y mal, unos labios llagados por los golpes y por la falta de líquidos que calmaran su afán por beber. No había terminado de pensar en qué podría hacer para suavizar aquel sufrimiento  y sucedió lo que estaba temiendo: la falta de fuerza de Jesús le había hecho doblar una rodilla que tocó el polvo del camino. 
SIMÓN DE CIRENE AYUDA A JESÚS.-HAROLD COPPING.-S. XIX - XX 
      Su respiración era fatigosa. Le faltaba aire que procuraba tomar con la boca abierta casi con ansiedad. Sin saber cómo, se dio cuenta que una mujer, despreciando a los sayones y a los legionarios que cuidaban que nadie se acercase a los reos, daba de beber al Maestro y rápida como el viento se quitó el paño que le cubría la cabeza, hizo tres dobles y le limpió el polvo, el sudor y la sangre de su rostro. Jesús la miró como solamente hacía Él y quiso decirle alguna frase de agradecimiento, pero un legionario ya se había acercado para cogerla por un brazo y apartarla de allí.
MUJER VERÓNICA.-LUCAS JORDÁN.-BARROCO
      A ella no le importó lo que hiciera el soldado. Ella había aliviado la sed, el calor y el sufrimiento del Nazareno y aquello la recompensaba con creces. Lo vio alejarse y desplegó su manto para ponérselo en la cabeza. No pudo. Imposible. Sufrió un leve mareo porque le pareció ver que en él estaba grabada la cara de Jesús en cada uno de los tres pliegues con que lo había limpiado. Era la respuesta del Salvador hacia el admirable y valiente gesto de aquella mujer.
      Pero ella no podía creer que fuera posible lo que sus ojos le estaban confirmando. Volvió a mirarlo y tuvo que rendirse a la evidencia: El Maestro le había correspondido plasmando tres veces su Santa Faz en el paño con que lo había secado. No pudo contener su emoción. Entró en su casa y, de rodillas, rompió a llorar de una fortísima emoción por tener abrazado sobre su pecho el rostro del que iban a crucificar. Su pensamiento se dirigió a Yavéh para pedirle que ayudase al Hijo de María y, sin poder evitarlo, por la emoción de lo que estaba viviendo, quedó dormida con el cuerpo sobre el suelo contemplando el Paño puesto en una modesta silla.
MUJER VERÓNICA.-PAUL DELAROCHE.-ROMANTICISMO
      Jesús seguía su camino. No tenía otro remedio. Había momentos que desfallecía y deseaba llegar al Gólgota para consumar su Misión y terminar cuanto antes aquel trance amargo. Solamente su capacidad de amar  la humanidad y devolvérsela al Padre, ya redimida, le daba ánimo para continuar. Tenía la impresión, por momentos, de que el griterío decrecía, lo cual no era cierto, porque a medida que se acercaban al montículo de su destino, se enardecían más.



CON LA CRUZ A CUESTAS.-GIOVANNI BATTISTA TIÉPOLO.-BARROCO
      Quiso mirar la imponente figura del centurión montado en su corcel que tanto le había ayudado y solamente pudo vislumbrar una silueta borrosa en movimiento que por momentos se presentaba lúcida ante sus ojos. Quiso sobreponerse a su profundo dolor y malestar que sentía por todo su cuerpo. Tenía que seguir...seguir...
      Llegó a un recodo del camino donde no pudo evitar prestar atención a un grupo de mujeres 'que se herían y lamentaban por Él'. Habían asistido a muchas de sus predicaciones en casas, en las calles o en el campo y se sentían sus discípulas, unas de ellas; otras, habían venido a la Pascua, pero estaban horrorizadas de lo que veían y participaban de los sentimientos de las otras mujeres. Lo querían como alguien que perteneciese a su propia familia y sentían sus sentimientos como propios. A pesar de su penosa situación Jesús sintió lástima de ellas. 
HABLA A LAS MUJERES DE JERUSALÉN.-ALEXANDRE BIDA.-ROMANTICISMO 
       'Vuelto a ellas, Jesús les dijo: Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí; llorad más bien por vosotras mismas y por vuestros hijos, porque...' Dejó de hablar un breve momento. Necesitaba tomar aire porque el esfuerzo de dirigirles la palabra le agotaba. Continuó como pudo: '...porque vendrán días en que se dirá: Dichosas las estériles y...y los vientres que no engendraron, y los pechos que no amamantaron. Entonces...entonces dirán a los montes: caed sobre nosotros; y a los collados, ocultadnos'. Nuevamente tomó aire para poder seguir transmitiendo su mensaje: 'Porque si esto se hace con el leño verde, en el seco, ¿qué será?' (Lc. 23, 28-31).
      No pudo continuar. El empujón de un sayón le obligó a continuar su camino. Del esfuerzo cayó otra vez. Oyó la voz del centurión dando la orden a sus soldados: 'Vosotros dos, ayudad a levantarlo'. Simón de Cirene ya lo estaba intentando pero agradeció en su interior la ayuda del romano, más por Jesús que por él. Éste, cuando se pudo poner en pie, vio que el lugar de la crucifixión estaba ya muy cercano. Intentó subir todo lo rápido que le permitían sus escasas fuerzas. Pero llegó.


LLEGADA AL CALVARIO.-JAMES TISSOT.-S. XIX - XX

      En cuanto pisó aquel lugar dirigió una mirada al cielo y musitó una breve oración dirigida a su Padre. Simón dejó la cruz en el suelo y quiso dirigirse al Maestro, pero se lo impidieron los soldados y lo echaron de allí. Ya no pudo reprimirse y gritó a los romanos todo cuanto su rabia e impotencia le dictaban. No le hicieron caso. Tenían otra cosa que hacer y el tiempo se les echaba encima.
      Era mediodía.
      Y Simón, sin alejarse demasiado, no perdía detalle de lo que iban a hacer con el Maestro, mientras unas lágrimas de rabia y emoción rodaban por sus mejillas. 

Comienza el largo camino (II).-20-septiembre-2015

Posted by Caminante y peregrino

      CAMINO DEL CALVARIO.-PEETER BALTENS.-S. XVI
      Mientras tanto la Madre de Jesús había recobrado plenamente la consciencia y el fuerte alboroto de la gente le recordó a su Hijo. Mirando a Juan, le pidió: '-Juan, llévame donde está Él, por donde tenga que pasar. Quiero verlo de nuevo'. El discípulo asintió con la cabeza. Lo entendía plenamente y, de alguna manera, él también quería estar cercano a su amigo y Maestro. Nuevamente se puso en camino esa comitiva unida por el dolor, la amistad y la solidaridad hacia una de las calles por donde pasaría, eligiendo la que fuera más estrecha para que la cercanía física permitiera sentir a Jesús que no se encontraba solo en aquel trance amargo. El deseo de ver nuevamente a su Hijo le daba una fuerza especial, inaudita en una persona que estuviese pasando por aquel trance. De sus ojos enrojecidos seguían cayendo lágrimas, unas veces silenciosas, otras acompañadas de leves gemidos.
RAFAEL SANCIO.-RENACIMIENTO
      No tardó mucho tiempo en aparecer una avanzadilla de soldados que apartaban de la calzada a la gente para permitir el paso franco de la triste comitiva. Los insultos que recibían los condenados se escuchaban perfectamente y los que iban dirigidos a Jesús hacían temblar a su Madre. Cuando el centurión pasó por delante de María le llamó la atención los esfuerzos que hacía para contener sus emociones y esperar serena el paso de la comitiva. Aunque siguió su camino, algo le hizo volverse atrás para ver nuevamente a la mujer que tan poderosamente le había llamado la atención. Otra vez pasó junto a ella y por un momento sus miradas se encontraron. En ese instante un intenso escalofrío le corrió por todo el cuerpo y un sentimiento de vergüenza e impotencia le inundó. Se sintió miserable por aquella sentencia, a todas luces injusta, como si hubiese sido el autor material de la misma. Un grito desgarrado le sacó de su ensimismamiento: '¡¡HIJO!!  ¡¡HIJO MÍO!!
      Se volvió y vio a la mujer abrazada al Nazareno y aún pudo entender, más que oír, la respuesta: 'Ma...dre. Madre ...mía...' El reo había caído nuevamente y esa circunstancia hizo que María se abalanzase a abrazar a su Hijo. No veía nada ni a nadie. Sus ojos se centraban en ver a su Hijo doliente y cubierto de sangre. Solamente unos segundos lo retuvo en sus brazos, como antes había hecho en una gruta de Belén. Unos soldados se acercaron para separar aquella mujer pero la oportuna llegada del centurión evitó que sus subordinados se propasasen en el trato con ambos. 'Vosotros tres ayudad a levantarse al reo con cuidado'.
      Él, bajando del caballo, ayudó a aquella pobre Madre rota de sufrimiento y dolor a levantarse,  la entregó a Juan que se acercaba a ellos y mirándolo a los ojos le dijo muy suavemente: 'Cuídala'. El discípulo, mirándolo de frente, asintió suavemente con la cabeza. De nuevo se cruzaron las miradas de la mujer hebrea y del centurión romano. Ahí no había distinción de razas o nacionalidades. De creyentes en Jesús o no creyentes.  María miró al centurión con un inmenso agradecimiento que turbó a aquel soldado acostumbrado a la dura vida militar donde los sentimientos no tienen cabida. Pero en ese momento los descubrió y se prometió a sí mismo hacer cuanto estuviese en su mano para aliviar a aquel condenado sin desobedecer las órdenes recibidas.  
      Entre Juan y las mujeres llevaron de nuevo a María donde hacía un  momento estaba semiinsconsciente por el dolor, la pena y las emociones. El cortejo siguió su marcha con un Jesús dando muestras de su extenuación.  Su falta de fuerzas era tan evidente que los mismos legionarios vieron la imperiosa necesidad de que alguien debía ayudarle a llevar la cruz. Se miraron entre ellos y, como si se hubieran puesto de acuerdo, miraron la multitud buscando un hombre robusto que cumpliese con su cometido. '¡Allí!', exclamó uno de ellos.
      Se trataba de un hombre medianamente alto y robusto que volvía de su trabajo. Los soldados 'echaron mano de un cierto Simón de Cirene que venía del campo, (Lc. 213, 26) el padre de Alejandro y Rufo, para que tomara la cruz'. (Mt. 15, 21). Estaba cansado de la dura jornada que había hecho y protestó. No quería hacerlo. ¿Por qué tenía que ayudar a un reo? Pero ante las amenazas de los romanos no tuvo otra elección. Se acercó de mala gana al reo y éste lo miró. Esa mirada turbó a Simón porque había reconocido al rabí que predicaba a las gentes y que en el monte le había dado de comer pan y pescado, lo mismo que a 'unos cinco mil hombres sin contara las mujeres y niños' (Mt. 13, 21) que allí había. Le vino a la cabeza una frase que le había oído en aquella ocasión: 'Bienaventurados los misericordiosos porque ellos alcanzarán la misericordia'. (Mt. 5, 7). Se sintió en deuda con Él y le ayudó primero a levantarse. Después los soldados 'le cargaron con la cruz para que la llevase en pos de Jesús'. (Lc. 23, 26).
      Vio tambalearse al Maestro y apresuró el paso como pudo para ponerse a su lado. Se dirigió a Él: 'Maestro. Cógete a  mí y descansa lo que puedas'. Nuevamente su volvieron a cruzar sus miradas. La de Jesús, con un agradecimiento infinito. Una leve mueca que quería ser una sonrisa se marcó en su boca. Este sincero gesto caritativo le había permitido olvidar momentáneamente sus dolores. Fue como un bálsamo que le dio nuevas fuerzas. Simón por su parte notó algo en su interior que le obligó a redoblar sus fuerzas para evitarle mayores sufrimientos, pero se sentía un hombre nuevo, distinto, absolutamente conmovido y solidario con el reo al que estaba aliviando. Jamás olvidaría aquella mirada el resto de su vida. 
ARENT DE GELDER.-BARROCO

Comienza el largo camino (I).- 04-septiembre-2015

Posted by Caminante y peregrino

SENTENCIA DE MUERTE DE JESÚS.-JAMES TISSOT.-S. XIX - XX
      El Sanedrín había conseguido su objetivo. El procurador romano le había entregado a Jesús para ser crucificado según sus propósitos, tras la pantomima de lavarse las manos dando a entender que él no tenía nada que ver  con aquella muerte. Los príncipes de los sacerdotes se regocijaban de la sentencia.
      La plaza estaba estratégicamente rodeada de legionarios romanos que mantenían a raya a la multitud de judíos  que habían pedido gritos la muerte de Jesucristo. Pilatos se puso los vestidos propios para emitir oficialmente la sentencia que proclamaba la condena a la cruz del reo, desde el litóstrotos.
      María, la Madre de Jesús, había intentado estar lo más próxima posible a su Hijo y esto le había permitido oír la injusta sentencia proclamada por Pilatos. Al darse cuenta de lo que eso significaba, sufrió un vahído y cayó al suelo. Juan y las mujeres la atendieron de inmediato y poco a poco fue recobrando la consciencia. Cuando recordó lo que iban a hacerle a su Hijo, un amargo llanto exteriorizó el infinito sufrimiento de su alma. Unos judíos próximos a ella se preguntaron: '¿Quién es esa mujer que llora de esa manera? Uno de los presentes que conocía a María desde hacía tiempo por verla con Jesús, le respondió: 'Es la Madre del Nazareno, el condenado a la cruz'. Juan se dio cuenta que hablaban de ellos y aguzó el oído. Al oír que hablaban de la Madre les dijo a las mujeres: 'Vámonos de aquí. Es preciso que se reponga María y este ambiente no la va a ayudar'. Entre todos la ayudaron a caminar  y se dirigieron a un lugar seguro.
      Esto les impidió ver cómo le colocaban a Jesús sus vestiduras  tras retirarle, de malos modos, la túnica roja que le habían puesto para escarnecerlo. 
JAMES TISSOT .- S. XIX - XX 
      Con los tirones que dieron para quitársela abrieron alguna de sus heridas provocándole nuevos dolores. Obedeciendo las órdenes de unos soldados romanos componentes de la comitiva que iba a cubrir el trayecto hasta el Calvario, Jesús se dirigió a tomar su cruz. Otros soldados le ayudaron a tomarla y se la colocaron sobre el hombro, viendo el mal estado físico en que tenía. El Salvador se tambaleó al recibir aquel peso sobre su persona, pero sobreponiéndose, inició la dura marcha, unos 600 metros de recorrido, sobre un terreno accidentado y cuesta arriba, teniendo serias dificultades para caminar, para respirar, probablemente con fiebre alta y soportando el intensísimo dolor de las heridas que tenía por todo el cuerpo, hasta llegar a su destino.
      Un contingente de soldados tenía la misión de controlar todos los lugares por donde debía pasar la comitiva con los tres condenados: las calles, los cruces de las mismas, las casas,... 
UGOLINO DI NERIO .- GÓTICO
      Incluso personas que estarían a lo largo del trayecto, para satisfacer su curiosidad, unos; para continuar insultando y vejando a los reos, otros. Y no faltaba un núcleo mínimo de personas que, de alguna manera, lamentaban lo injusto de la condena de Jesús porque lo habían acompañado en algunas ocasiones y lo habían oído predicar, reconociendo en Él algo más que un  profeta.
       La comitiva la formaban dos filas de legionarios a ambos lados del trayecto y marchando al frente de ellos, un centurión romano a caballo. Los reos iban por en medio de la calle y de vez en cuando recibían alguna piedra, bolas de barro o desperdicios de comida, además de insultos y burlas. Unos soldados marchaban delante de los condenados portando unas tablas en las que se podía leer el motivo de la crucifixión. Jesús, doblado por el sufrimiento, por el dolor físico y por el peso del madero, caminaba arrastrando los pies. Aunque intentaba esquivar las piedras, fango o cualquier cosa que supusiera un nuevo impedimento en su camino, no pudo ver un charco de barro que le obligó a caer al suelo. Inevitablemente la cruz le cayó encima provocándole nuevos lamentos y dolores que no pudo evitar.
JAMES TISSOT .- S. XIX - XX
      Unos soldados se dirigieron donde había caído ordenándole que se levantara con la ayuda de los puntapiés que le daban. Dándose cuenta el centurión de lo que estaban haciendo y del estado del reo, movido a compasión ordenó a sus subordinados: '¡Quietos! Tomad a ese hombre y ayudadlo a ponerse en pie. Debe llegar vivo al Calvario y os hago responsables de que así sea'. No tuvieron más remedio que obedecer y ayudaron a ponerse en pie a Jesús aunque no les hiciera mucha gracia. Y nuevamente se pusieron en camino.

De nuevo ante Pilatos (y III).-19-agosto-2015

Posted by Caminante y peregrino

      ECCE HOMO .- TINTORETTO .- MANIERISMO
      María vio cómo se llevaban a su Hijo. Extenuado por la flagelación, era sujetado por dos soldados que lo condujeron al interior del cuerpo de guardia. Según se iba alejando, la Madre sentía como si le arrancasen pedazos de su alma que iban tras Jesús. 

      El griterío de la muchedumbre que esperaba la sentencia condenatoria del procurador romano era cada vez mayor y Pilatos se percataba que tal como estaban las cosas podía darse el caso del inicio de una revuelta que, por pequeña que fuese, no se podría controlar con facilidad una vez iniciada.                                             CORONACIÓN DE ESPINAS.-Anthony Van Dyck.-BARROCO                                                                Para evitar esta contingencia ordenó que mil legionarios rodeasen la plaza y controlasen, sin contemplación alguna a todos cuantos de una forma u otra se dejaban llevar de las consignas de los sacerdotes y escribas del templo que pedían la muerte en cruz de Jesucristo.   Sin embargo no cejaba en su empeño de salvar a quien a todas luces encontraba inocente de todas las acusaciones que se le habían hecho. Aun dándose cuenta que todo iba a ser inútil, intentó una nueva negociación con las autoridades judías después de haber liberado a Barrabás, según habían pedido: 'Díjoles Pilatos: Entonces, ¿que queréis que haga con Jesús, el llamado Mesías? Todos dijeron: -¡¡Crucifícalo!! Dijo el procurador: -Pero, ¿qué mal ha hecho?' (Mt.27, 23). Era inútil. Ni siquiera quisieron dar respuesta a la pregunta. Solamente les interesaba su muerte. No servía nada más.


      Entonces 'los soldados le llevaron dentro del atrio, esto es, al pretorio, y convocaron a toda la cohorte, le vistieron una púrpura y le ciñeron una corona tejida de espinas...' (Mc. 15, 16-17).               CORONA DE ESPINAS EN CASQUETE       Difícilmente puede ser concebida semejante brutalidad. Y todavía es más difícil intentar hacer el relato de lo que Jesús de Nazaret sintió en el momento de que aquellas espinas se le clavasen en la frente y en la nuca. He intentado averiguar si existe algún estudio sobre si la corona era redonda o tenía forma de casquete, como algunos sostienen. No he conseguido nada, pero sea como fuere, el caso es que Jesús tuvo que pasarlo horriblemente mal.

      '...y comenzaron a saludarle: -Salve, rey de los judíos. Y le herían en la cabeza con una caña y le escupían, e hincando la rodilla, le hacían reverencias'. (Mc. 15, 18-19). 'Otra vez salió fuera Pilatos y les dijo: -Aquí os lo traigo para que veáis que no hallo en Él ningún crimen. Salió, pues, Jesús fuera con la corona de espinas y el manto de púrpura, y Pilatos les dijo: -Ahí tenéis al hombre'. (Jn. 19, 4-5). Ecce Homo. Son las palabras del procurador presentando a Jesús a la multitud, pero no solamente carecieron de compasión, sino que verlo en semejante estado parecía que se enardecían todavía más y eso les impulsaba a pedir con más ahínco y vehemencia su muerte en cruz.
CRUCIFÍCALO .- Ivan Glazunov .- S. XX - XXI
      'Cuando le vieron los príncipes de los sacerdotes y sus servidores, gritaron diciendo: -¡¡Crucifícalo!! Pilatos les dijo: -Tomadlo vosotros y crucificadle, pues yo no hallo delito en Él. Respondieron los judíos: -Nosotros tenemos una ley, y, según la ley, debe morir, porque se ha hecho Hijo de Dios'. (Jn. 9, 6-7).
      Pilatos se dio por vencido. Cedió. No supo mantener su autoridad, ni política ni militar, para acallar la manifiesta injusticia a la que se enfrentaba y prefirió la salida fácil. 'Viendo, pues, Pilatos, que nada conseguía, sino que el tumulto crecía cada vez más, tomó agua y se lavó las manos delante de la muchedumbre, diciendo: -Yo soy inocente de esta sangre; vosotros veréis. Y todo el pueblo contestó diciendo: -Caiga su sangre sobre nosotros y sobre nuestros hijos'. (Mt. 27, 24-25).
ECCE HOMO Y LAVATORIO .- GEBHARD FUGEL .- S. XX
      San Juan añade un detalle que personalmente me parece decisivo en la actitud del procurador romano. Los jerifaltes judíos ven comprometidos sus objetivos de matar a Jesús cuando Pilatos les pregunta '-¿A vuestro rey he de crucificar? Contestaron los príncipes de los sacerdotes: -Nosotros no tenemos más rey que al César'. (Jn. 19, 15). Es decir. Que las autoridades del pueblo judío, que odian a los romanos por ser los invasores que los tienen sojuzgados, no tienen reparo alguno en olvidar el odio que sienten hacia ellos con tal de cumplir el objetivo que persiguen con tanta insistencia.
      Incluso cuando Pilatos da los pasos necesarios para liberar a Jesús de la cruz, no dudan en amenazar veladamente a la autoridad romana: 'Si sueltas a ese, no eres amigo del César, todo el que se hace rey va contra el César. Cuando oyó Pilatos estas palabras sacó a Jesús fuera y se sentó en el tribunal, en el sitio llamado litóstrotos, en hebreo gabbata. Era el día de la preparación de la Pascua, alrededor de la hora sexta'. (Jn. 19, 12-14). Si eso lo hacen llegar al Emperador, sabe que su carrera política y militar terminaba de mala manera. Y eso no le convenía de ninguna manera, así que: 'Entonces se lo entregó para que lo crucificasen'. (Jn. 19, 16).
SALE DE LA SALA DEL TRIBUNAL .- Gustave Doré .- S. XIX - XX
      Ahora iba a comenzar la última etapa de la Historia de Amor de un Dios, Uno en Esencia y Trino en Personas, para la salvación de lo más mimado y querido por Dios de toda la Creación: el género humano.
      

De nuevo ante Pilatos (II) .-03-agosto-2015

Posted by Caminante y peregrino

COLUMNA DE LA FLAGELACIÓN.-BASÍLICA DE SANTA PRÁXEDES.-ROMA
      Cuando Pilatos pronunció su decisión, '...nada, pues, ha hecho digno de muerte. Le corregiré y le soltaré'. (Lc. 23, 14-16), tenía claro que Jesús era inocente y a toda costa quería librarlo de la crucifixión, aun conociendo lo que significaba la flagelación romana. Los encargados de ello tomaron a Jesús y lo condujeron a la plaza, a corta distancia del puesto de guardia, donde había una columna para este menester. Allí ataban a quien debían flagelar.
      Jesús fue atado con cuerdas gruesas, probablemente con las manos por encima de la cabeza para que no pudiera proteger ninguna parte de su cuerpo de los golpes que iba a recibir. Aunque se solían emplear varas más o menos largas, el instrumento habitual era el flagelo romano. Este estaba compuesto por un mango corto del cual sobresalían tres correas de cuero de unos cincuenta centímetros de longitud, al final de los cuales, en las puntas, había dos bolas de plomo o astrágalos de carnero.
      Al ser flagelado por soldados romanos y en una dependencia militar de Roma, estaba sujeto a un número de golpes indefinido, con solamente un límite: que no debía morir. Si era condenado a la cruz, debía llegar vivo a ella. Y el Salvador, como puede verse en el hombre de la Santa Síndone, no tenía ninguna zona libre de golpes. Bueno, sí. En la cabeza no fue golpeado ni tampoco por la zona del corazón por lo dicho anteriormente.
SÁBANA SANTA.-TURÍN
      De cualquier forma, los golpes de los esbirros romanos eran inmisericordes. No solamente no intentaban minimizarlos, sino que iban a ver quién los perfeccionaba más. A cada uno de ellos, el Hijo del hombre se retorcía de dolor y sus quejidos y lamentos se oían cada vez con menor intensidad por el insufrible dolor y agotamiento, como si fuesen una suave oración dirigida al Padre. Eran un contraste con los gritos de los verdugos que entre burlas y chanzas se iban relevando.
ADOLPHE BOUGUEREAU.-CLASICISMO
      Hubiera podido decirse que su cuerpo era una sola llaga, una sola herida, un único sufrimiento,...era la personificación perfecta del dolor. Parece ser que la duración de esta tortura fue de unos tres cuartos de hora, pero para Jesús y para su Madre, que lo presenciaba todo desde un lugar más apartado, fue infinito.
      Todos los golpes recibidos fueron haciendo su labor cortando en mayor o menor grado la piel, los músculos y quizá algunos de los tendones de su cuerpo produciendo contusiones, llagas y lesiones en órganos internos. 
DIEGO DE SILOÉ.-RENACIMIENTO
      Existen estudios de la flagelación de Cristo escritos por doctores en Medicina que analizan desde el punto de vista médico lo que ocurrió en el cuerpo de Cristo con los golpes recibidos. Ya de por sí mismos constituyen un serio motivo de reflexión y meditación de lo que padeció Nuestro Señor por cada uno de nosotros en esos momentos, antes de la crucifixión, que de ningún modo quiso evitar pudiendo hacerlo: '...que no se haga mi voluntad, sino la tuya'. (Lc. 22, 42b). 
      Era el momento que Isaías vio: 'No había en Él belleza ni esplendor, su aspecto no era atractivo. Despreciado, rechazado por los hombres, abrumado de dolores y familiarizado con el sufrimiento; como alguien a quien no se quiere mirar, lo despreciamos y lo estimamos en nada'. (Is. 53, 2-3). Aquella realidad se escapa a nuestras capacidades humanas. Pienso que no somos capaces con nuestras limitaciones de vislumbrar la entrega del Hijo de Dios por nuestra Redención. Solamente una especial iluminación divina podría hacernos ver la terrible realidad y el amargo significado de aquellos momentos. Acaso fuese eso lo que el profeta vio y escribió.
      Continua su relato: 'Sufrió el castigo para nuestro bien y con sus llagas nos curó. Andábamos todos errantes como ovejas, cada cual por su camino, y el Señor cargó sobre Él todas nuestras culpas. Cuando era maltratado, se sometía y no abría la boca; como cordero llevado al matadero, como oveja ante el esquilador, enmudecía y no abría la boca'. (Is. 53, 5-7). Todo su aspecto lo resume  al final del capítulo anterior de una forma contundente: 'Lo mismo que muchos se horrorizaban al verlo, porque estaba tan desfigurado que no parecía hombre ni tenía aspecto humano'. (Is.52, 14).

      Cuando soltaron a Jesús y cayó al suelo, lo hizo sobre su propia sangre. Intentó incorporarse y limpiarse la sangre  y el sudor de sus ojos. Entonces se cruzó su mirada con la de su Madre. Quiso decirle algo pero lo cogieron y se lo llevaron a otro lugar. La Madre deseó gritarle una frase de ánimo, pero no pudo. 
      En ese momento vio ante ella a la mujer del procurador romano, visiblemente emocionada y llorosa, que puso en sus manos unas telas para limpiar a Jesús cuando, según pensaba, fuese liberado por su marido. 
      Aunque se marchó de inmediato, pudo vislumbrar la mirada de agradecimiento y ternura de aquella Madre Dolorosa. Esto le causó una profunda impresión de pena y misericordia ante tanto sufrimiento que ella hubiera querido evitar y que no había podido hacerlo.
      María, con las telas que Claudia Procla le había proporcionado, se acercó hacia donde Jesús había sido flagelado y con la ayuda de otra de las mujeres que la acompañaban, recogieron la sangre del suelo que su Hijo había derramado allí en cumplimiento de la Misión encomendada por el Padre Eterno para rescatar al género humano de las garras del mal y del pecado.