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Comienza el largo camino (II).-20-septiembre-2015

Posted by Caminante y peregrino

      CAMINO DEL CALVARIO.-PEETER BALTENS.-S. XVI
      Mientras tanto la Madre de Jesús había recobrado plenamente la consciencia y el fuerte alboroto de la gente le recordó a su Hijo. Mirando a Juan, le pidió: '-Juan, llévame donde está Él, por donde tenga que pasar. Quiero verlo de nuevo'. El discípulo asintió con la cabeza. Lo entendía plenamente y, de alguna manera, él también quería estar cercano a su amigo y Maestro. Nuevamente se puso en camino esa comitiva unida por el dolor, la amistad y la solidaridad hacia una de las calles por donde pasaría, eligiendo la que fuera más estrecha para que la cercanía física permitiera sentir a Jesús que no se encontraba solo en aquel trance amargo. El deseo de ver nuevamente a su Hijo le daba una fuerza especial, inaudita en una persona que estuviese pasando por aquel trance. De sus ojos enrojecidos seguían cayendo lágrimas, unas veces silenciosas, otras acompañadas de leves gemidos.
RAFAEL SANCIO.-RENACIMIENTO
      No tardó mucho tiempo en aparecer una avanzadilla de soldados que apartaban de la calzada a la gente para permitir el paso franco de la triste comitiva. Los insultos que recibían los condenados se escuchaban perfectamente y los que iban dirigidos a Jesús hacían temblar a su Madre. Cuando el centurión pasó por delante de María le llamó la atención los esfuerzos que hacía para contener sus emociones y esperar serena el paso de la comitiva. Aunque siguió su camino, algo le hizo volverse atrás para ver nuevamente a la mujer que tan poderosamente le había llamado la atención. Otra vez pasó junto a ella y por un momento sus miradas se encontraron. En ese instante un intenso escalofrío le corrió por todo el cuerpo y un sentimiento de vergüenza e impotencia le inundó. Se sintió miserable por aquella sentencia, a todas luces injusta, como si hubiese sido el autor material de la misma. Un grito desgarrado le sacó de su ensimismamiento: '¡¡HIJO!!  ¡¡HIJO MÍO!!
      Se volvió y vio a la mujer abrazada al Nazareno y aún pudo entender, más que oír, la respuesta: 'Ma...dre. Madre ...mía...' El reo había caído nuevamente y esa circunstancia hizo que María se abalanzase a abrazar a su Hijo. No veía nada ni a nadie. Sus ojos se centraban en ver a su Hijo doliente y cubierto de sangre. Solamente unos segundos lo retuvo en sus brazos, como antes había hecho en una gruta de Belén. Unos soldados se acercaron para separar aquella mujer pero la oportuna llegada del centurión evitó que sus subordinados se propasasen en el trato con ambos. 'Vosotros tres ayudad a levantarse al reo con cuidado'.
      Él, bajando del caballo, ayudó a aquella pobre Madre rota de sufrimiento y dolor a levantarse,  la entregó a Juan que se acercaba a ellos y mirándolo a los ojos le dijo muy suavemente: 'Cuídala'. El discípulo, mirándolo de frente, asintió suavemente con la cabeza. De nuevo se cruzaron las miradas de la mujer hebrea y del centurión romano. Ahí no había distinción de razas o nacionalidades. De creyentes en Jesús o no creyentes.  María miró al centurión con un inmenso agradecimiento que turbó a aquel soldado acostumbrado a la dura vida militar donde los sentimientos no tienen cabida. Pero en ese momento los descubrió y se prometió a sí mismo hacer cuanto estuviese en su mano para aliviar a aquel condenado sin desobedecer las órdenes recibidas.  
      Entre Juan y las mujeres llevaron de nuevo a María donde hacía un  momento estaba semiinsconsciente por el dolor, la pena y las emociones. El cortejo siguió su marcha con un Jesús dando muestras de su extenuación.  Su falta de fuerzas era tan evidente que los mismos legionarios vieron la imperiosa necesidad de que alguien debía ayudarle a llevar la cruz. Se miraron entre ellos y, como si se hubieran puesto de acuerdo, miraron la multitud buscando un hombre robusto que cumpliese con su cometido. '¡Allí!', exclamó uno de ellos.
      Se trataba de un hombre medianamente alto y robusto que volvía de su trabajo. Los soldados 'echaron mano de un cierto Simón de Cirene que venía del campo, (Lc. 213, 26) el padre de Alejandro y Rufo, para que tomara la cruz'. (Mt. 15, 21). Estaba cansado de la dura jornada que había hecho y protestó. No quería hacerlo. ¿Por qué tenía que ayudar a un reo? Pero ante las amenazas de los romanos no tuvo otra elección. Se acercó de mala gana al reo y éste lo miró. Esa mirada turbó a Simón porque había reconocido al rabí que predicaba a las gentes y que en el monte le había dado de comer pan y pescado, lo mismo que a 'unos cinco mil hombres sin contara las mujeres y niños' (Mt. 13, 21) que allí había. Le vino a la cabeza una frase que le había oído en aquella ocasión: 'Bienaventurados los misericordiosos porque ellos alcanzarán la misericordia'. (Mt. 5, 7). Se sintió en deuda con Él y le ayudó primero a levantarse. Después los soldados 'le cargaron con la cruz para que la llevase en pos de Jesús'. (Lc. 23, 26).
      Vio tambalearse al Maestro y apresuró el paso como pudo para ponerse a su lado. Se dirigió a Él: 'Maestro. Cógete a  mí y descansa lo que puedas'. Nuevamente su volvieron a cruzar sus miradas. La de Jesús, con un agradecimiento infinito. Una leve mueca que quería ser una sonrisa se marcó en su boca. Este sincero gesto caritativo le había permitido olvidar momentáneamente sus dolores. Fue como un bálsamo que le dio nuevas fuerzas. Simón por su parte notó algo en su interior que le obligó a redoblar sus fuerzas para evitarle mayores sufrimientos, pero se sentía un hombre nuevo, distinto, absolutamente conmovido y solidario con el reo al que estaba aliviando. Jamás olvidaría aquella mirada el resto de su vida. 
ARENT DE GELDER.-BARROCO

Comienza el largo camino (I).- 04-septiembre-2015

Posted by Caminante y peregrino

SENTENCIA DE MUERTE DE JESÚS.-JAMES TISSOT.-S. XIX - XX
      El Sanedrín había conseguido su objetivo. El procurador romano le había entregado a Jesús para ser crucificado según sus propósitos, tras la pantomima de lavarse las manos dando a entender que él no tenía nada que ver  con aquella muerte. Los príncipes de los sacerdotes se regocijaban de la sentencia.
      La plaza estaba estratégicamente rodeada de legionarios romanos que mantenían a raya a la multitud de judíos  que habían pedido gritos la muerte de Jesucristo. Pilatos se puso los vestidos propios para emitir oficialmente la sentencia que proclamaba la condena a la cruz del reo, desde el litóstrotos.
      María, la Madre de Jesús, había intentado estar lo más próxima posible a su Hijo y esto le había permitido oír la injusta sentencia proclamada por Pilatos. Al darse cuenta de lo que eso significaba, sufrió un vahído y cayó al suelo. Juan y las mujeres la atendieron de inmediato y poco a poco fue recobrando la consciencia. Cuando recordó lo que iban a hacerle a su Hijo, un amargo llanto exteriorizó el infinito sufrimiento de su alma. Unos judíos próximos a ella se preguntaron: '¿Quién es esa mujer que llora de esa manera? Uno de los presentes que conocía a María desde hacía tiempo por verla con Jesús, le respondió: 'Es la Madre del Nazareno, el condenado a la cruz'. Juan se dio cuenta que hablaban de ellos y aguzó el oído. Al oír que hablaban de la Madre les dijo a las mujeres: 'Vámonos de aquí. Es preciso que se reponga María y este ambiente no la va a ayudar'. Entre todos la ayudaron a caminar  y se dirigieron a un lugar seguro.
      Esto les impidió ver cómo le colocaban a Jesús sus vestiduras  tras retirarle, de malos modos, la túnica roja que le habían puesto para escarnecerlo. 
JAMES TISSOT .- S. XIX - XX 
      Con los tirones que dieron para quitársela abrieron alguna de sus heridas provocándole nuevos dolores. Obedeciendo las órdenes de unos soldados romanos componentes de la comitiva que iba a cubrir el trayecto hasta el Calvario, Jesús se dirigió a tomar su cruz. Otros soldados le ayudaron a tomarla y se la colocaron sobre el hombro, viendo el mal estado físico en que tenía. El Salvador se tambaleó al recibir aquel peso sobre su persona, pero sobreponiéndose, inició la dura marcha, unos 600 metros de recorrido, sobre un terreno accidentado y cuesta arriba, teniendo serias dificultades para caminar, para respirar, probablemente con fiebre alta y soportando el intensísimo dolor de las heridas que tenía por todo el cuerpo, hasta llegar a su destino.
      Un contingente de soldados tenía la misión de controlar todos los lugares por donde debía pasar la comitiva con los tres condenados: las calles, los cruces de las mismas, las casas,... 
UGOLINO DI NERIO .- GÓTICO
      Incluso personas que estarían a lo largo del trayecto, para satisfacer su curiosidad, unos; para continuar insultando y vejando a los reos, otros. Y no faltaba un núcleo mínimo de personas que, de alguna manera, lamentaban lo injusto de la condena de Jesús porque lo habían acompañado en algunas ocasiones y lo habían oído predicar, reconociendo en Él algo más que un  profeta.
       La comitiva la formaban dos filas de legionarios a ambos lados del trayecto y marchando al frente de ellos, un centurión romano a caballo. Los reos iban por en medio de la calle y de vez en cuando recibían alguna piedra, bolas de barro o desperdicios de comida, además de insultos y burlas. Unos soldados marchaban delante de los condenados portando unas tablas en las que se podía leer el motivo de la crucifixión. Jesús, doblado por el sufrimiento, por el dolor físico y por el peso del madero, caminaba arrastrando los pies. Aunque intentaba esquivar las piedras, fango o cualquier cosa que supusiera un nuevo impedimento en su camino, no pudo ver un charco de barro que le obligó a caer al suelo. Inevitablemente la cruz le cayó encima provocándole nuevos lamentos y dolores que no pudo evitar.
JAMES TISSOT .- S. XIX - XX
      Unos soldados se dirigieron donde había caído ordenándole que se levantara con la ayuda de los puntapiés que le daban. Dándose cuenta el centurión de lo que estaban haciendo y del estado del reo, movido a compasión ordenó a sus subordinados: '¡Quietos! Tomad a ese hombre y ayudadlo a ponerse en pie. Debe llegar vivo al Calvario y os hago responsables de que así sea'. No tuvieron más remedio que obedecer y ayudaron a ponerse en pie a Jesús aunque no les hiciera mucha gracia. Y nuevamente se pusieron en camino.

De nuevo ante Pilatos (y III).-19-agosto-2015

Posted by Caminante y peregrino

      ECCE HOMO .- TINTORETTO .- MANIERISMO
      María vio cómo se llevaban a su Hijo. Extenuado por la flagelación, era sujetado por dos soldados que lo condujeron al interior del cuerpo de guardia. Según se iba alejando, la Madre sentía como si le arrancasen pedazos de su alma que iban tras Jesús. 

      El griterío de la muchedumbre que esperaba la sentencia condenatoria del procurador romano era cada vez mayor y Pilatos se percataba que tal como estaban las cosas podía darse el caso del inicio de una revuelta que, por pequeña que fuese, no se podría controlar con facilidad una vez iniciada.                                             CORONACIÓN DE ESPINAS.-Anthony Van Dyck.-BARROCO                                                                Para evitar esta contingencia ordenó que mil legionarios rodeasen la plaza y controlasen, sin contemplación alguna a todos cuantos de una forma u otra se dejaban llevar de las consignas de los sacerdotes y escribas del templo que pedían la muerte en cruz de Jesucristo.   Sin embargo no cejaba en su empeño de salvar a quien a todas luces encontraba inocente de todas las acusaciones que se le habían hecho. Aun dándose cuenta que todo iba a ser inútil, intentó una nueva negociación con las autoridades judías después de haber liberado a Barrabás, según habían pedido: 'Díjoles Pilatos: Entonces, ¿que queréis que haga con Jesús, el llamado Mesías? Todos dijeron: -¡¡Crucifícalo!! Dijo el procurador: -Pero, ¿qué mal ha hecho?' (Mt.27, 23). Era inútil. Ni siquiera quisieron dar respuesta a la pregunta. Solamente les interesaba su muerte. No servía nada más.


      Entonces 'los soldados le llevaron dentro del atrio, esto es, al pretorio, y convocaron a toda la cohorte, le vistieron una púrpura y le ciñeron una corona tejida de espinas...' (Mc. 15, 16-17).               CORONA DE ESPINAS EN CASQUETE       Difícilmente puede ser concebida semejante brutalidad. Y todavía es más difícil intentar hacer el relato de lo que Jesús de Nazaret sintió en el momento de que aquellas espinas se le clavasen en la frente y en la nuca. He intentado averiguar si existe algún estudio sobre si la corona era redonda o tenía forma de casquete, como algunos sostienen. No he conseguido nada, pero sea como fuere, el caso es que Jesús tuvo que pasarlo horriblemente mal.

      '...y comenzaron a saludarle: -Salve, rey de los judíos. Y le herían en la cabeza con una caña y le escupían, e hincando la rodilla, le hacían reverencias'. (Mc. 15, 18-19). 'Otra vez salió fuera Pilatos y les dijo: -Aquí os lo traigo para que veáis que no hallo en Él ningún crimen. Salió, pues, Jesús fuera con la corona de espinas y el manto de púrpura, y Pilatos les dijo: -Ahí tenéis al hombre'. (Jn. 19, 4-5). Ecce Homo. Son las palabras del procurador presentando a Jesús a la multitud, pero no solamente carecieron de compasión, sino que verlo en semejante estado parecía que se enardecían todavía más y eso les impulsaba a pedir con más ahínco y vehemencia su muerte en cruz.
CRUCIFÍCALO .- Ivan Glazunov .- S. XX - XXI
      'Cuando le vieron los príncipes de los sacerdotes y sus servidores, gritaron diciendo: -¡¡Crucifícalo!! Pilatos les dijo: -Tomadlo vosotros y crucificadle, pues yo no hallo delito en Él. Respondieron los judíos: -Nosotros tenemos una ley, y, según la ley, debe morir, porque se ha hecho Hijo de Dios'. (Jn. 9, 6-7).
      Pilatos se dio por vencido. Cedió. No supo mantener su autoridad, ni política ni militar, para acallar la manifiesta injusticia a la que se enfrentaba y prefirió la salida fácil. 'Viendo, pues, Pilatos, que nada conseguía, sino que el tumulto crecía cada vez más, tomó agua y se lavó las manos delante de la muchedumbre, diciendo: -Yo soy inocente de esta sangre; vosotros veréis. Y todo el pueblo contestó diciendo: -Caiga su sangre sobre nosotros y sobre nuestros hijos'. (Mt. 27, 24-25).
ECCE HOMO Y LAVATORIO .- GEBHARD FUGEL .- S. XX
      San Juan añade un detalle que personalmente me parece decisivo en la actitud del procurador romano. Los jerifaltes judíos ven comprometidos sus objetivos de matar a Jesús cuando Pilatos les pregunta '-¿A vuestro rey he de crucificar? Contestaron los príncipes de los sacerdotes: -Nosotros no tenemos más rey que al César'. (Jn. 19, 15). Es decir. Que las autoridades del pueblo judío, que odian a los romanos por ser los invasores que los tienen sojuzgados, no tienen reparo alguno en olvidar el odio que sienten hacia ellos con tal de cumplir el objetivo que persiguen con tanta insistencia.
      Incluso cuando Pilatos da los pasos necesarios para liberar a Jesús de la cruz, no dudan en amenazar veladamente a la autoridad romana: 'Si sueltas a ese, no eres amigo del César, todo el que se hace rey va contra el César. Cuando oyó Pilatos estas palabras sacó a Jesús fuera y se sentó en el tribunal, en el sitio llamado litóstrotos, en hebreo gabbata. Era el día de la preparación de la Pascua, alrededor de la hora sexta'. (Jn. 19, 12-14). Si eso lo hacen llegar al Emperador, sabe que su carrera política y militar terminaba de mala manera. Y eso no le convenía de ninguna manera, así que: 'Entonces se lo entregó para que lo crucificasen'. (Jn. 19, 16).
SALE DE LA SALA DEL TRIBUNAL .- Gustave Doré .- S. XIX - XX
      Ahora iba a comenzar la última etapa de la Historia de Amor de un Dios, Uno en Esencia y Trino en Personas, para la salvación de lo más mimado y querido por Dios de toda la Creación: el género humano.
      

De nuevo ante Pilatos (II) .-03-agosto-2015

Posted by Caminante y peregrino

COLUMNA DE LA FLAGELACIÓN.-BASÍLICA DE SANTA PRÁXEDES.-ROMA
      Cuando Pilatos pronunció su decisión, '...nada, pues, ha hecho digno de muerte. Le corregiré y le soltaré'. (Lc. 23, 14-16), tenía claro que Jesús era inocente y a toda costa quería librarlo de la crucifixión, aun conociendo lo que significaba la flagelación romana. Los encargados de ello tomaron a Jesús y lo condujeron a la plaza, a corta distancia del puesto de guardia, donde había una columna para este menester. Allí ataban a quien debían flagelar.
      Jesús fue atado con cuerdas gruesas, probablemente con las manos por encima de la cabeza para que no pudiera proteger ninguna parte de su cuerpo de los golpes que iba a recibir. Aunque se solían emplear varas más o menos largas, el instrumento habitual era el flagelo romano. Este estaba compuesto por un mango corto del cual sobresalían tres correas de cuero de unos cincuenta centímetros de longitud, al final de los cuales, en las puntas, había dos bolas de plomo o astrágalos de carnero.
      Al ser flagelado por soldados romanos y en una dependencia militar de Roma, estaba sujeto a un número de golpes indefinido, con solamente un límite: que no debía morir. Si era condenado a la cruz, debía llegar vivo a ella. Y el Salvador, como puede verse en el hombre de la Santa Síndone, no tenía ninguna zona libre de golpes. Bueno, sí. En la cabeza no fue golpeado ni tampoco por la zona del corazón por lo dicho anteriormente.
SÁBANA SANTA.-TURÍN
      De cualquier forma, los golpes de los esbirros romanos eran inmisericordes. No solamente no intentaban minimizarlos, sino que iban a ver quién los perfeccionaba más. A cada uno de ellos, el Hijo del hombre se retorcía de dolor y sus quejidos y lamentos se oían cada vez con menor intensidad por el insufrible dolor y agotamiento, como si fuesen una suave oración dirigida al Padre. Eran un contraste con los gritos de los verdugos que entre burlas y chanzas se iban relevando.
ADOLPHE BOUGUEREAU.-CLASICISMO
      Hubiera podido decirse que su cuerpo era una sola llaga, una sola herida, un único sufrimiento,...era la personificación perfecta del dolor. Parece ser que la duración de esta tortura fue de unos tres cuartos de hora, pero para Jesús y para su Madre, que lo presenciaba todo desde un lugar más apartado, fue infinito.
      Todos los golpes recibidos fueron haciendo su labor cortando en mayor o menor grado la piel, los músculos y quizá algunos de los tendones de su cuerpo produciendo contusiones, llagas y lesiones en órganos internos. 
DIEGO DE SILOÉ.-RENACIMIENTO
      Existen estudios de la flagelación de Cristo escritos por doctores en Medicina que analizan desde el punto de vista médico lo que ocurrió en el cuerpo de Cristo con los golpes recibidos. Ya de por sí mismos constituyen un serio motivo de reflexión y meditación de lo que padeció Nuestro Señor por cada uno de nosotros en esos momentos, antes de la crucifixión, que de ningún modo quiso evitar pudiendo hacerlo: '...que no se haga mi voluntad, sino la tuya'. (Lc. 22, 42b). 
      Era el momento que Isaías vio: 'No había en Él belleza ni esplendor, su aspecto no era atractivo. Despreciado, rechazado por los hombres, abrumado de dolores y familiarizado con el sufrimiento; como alguien a quien no se quiere mirar, lo despreciamos y lo estimamos en nada'. (Is. 53, 2-3). Aquella realidad se escapa a nuestras capacidades humanas. Pienso que no somos capaces con nuestras limitaciones de vislumbrar la entrega del Hijo de Dios por nuestra Redención. Solamente una especial iluminación divina podría hacernos ver la terrible realidad y el amargo significado de aquellos momentos. Acaso fuese eso lo que el profeta vio y escribió.
      Continua su relato: 'Sufrió el castigo para nuestro bien y con sus llagas nos curó. Andábamos todos errantes como ovejas, cada cual por su camino, y el Señor cargó sobre Él todas nuestras culpas. Cuando era maltratado, se sometía y no abría la boca; como cordero llevado al matadero, como oveja ante el esquilador, enmudecía y no abría la boca'. (Is. 53, 5-7). Todo su aspecto lo resume  al final del capítulo anterior de una forma contundente: 'Lo mismo que muchos se horrorizaban al verlo, porque estaba tan desfigurado que no parecía hombre ni tenía aspecto humano'. (Is.52, 14).

      Cuando soltaron a Jesús y cayó al suelo, lo hizo sobre su propia sangre. Intentó incorporarse y limpiarse la sangre  y el sudor de sus ojos. Entonces se cruzó su mirada con la de su Madre. Quiso decirle algo pero lo cogieron y se lo llevaron a otro lugar. La Madre deseó gritarle una frase de ánimo, pero no pudo. 
      En ese momento vio ante ella a la mujer del procurador romano, visiblemente emocionada y llorosa, que puso en sus manos unas telas para limpiar a Jesús cuando, según pensaba, fuese liberado por su marido. 
      Aunque se marchó de inmediato, pudo vislumbrar la mirada de agradecimiento y ternura de aquella Madre Dolorosa. Esto le causó una profunda impresión de pena y misericordia ante tanto sufrimiento que ella hubiera querido evitar y que no había podido hacerlo.
      María, con las telas que Claudia Procla le había proporcionado, se acercó hacia donde Jesús había sido flagelado y con la ayuda de otra de las mujeres que la acompañaban, recogieron la sangre del suelo que su Hijo había derramado allí en cumplimiento de la Misión encomendada por el Padre Eterno para rescatar al género humano de las garras del mal y del pecado.

De nuevo ante Pilatos (I) .-18-julio-2015

Posted by Caminante y peregrino

JESÚS  NUEVAMENTE ANTE  PILATOS.- WILLIAM HOLE.- S. XIX - XX
      El procurador romano quedó pensativo mientras veía a la turba que llevaba a Jesús ante Herodes el tetrarca. Por una parte le aliviaba que el tema lo pudiese solucionar, pero no lo tenía claro del todo. De pronto tuvo la sensación de no estar solo y se giró rápido con la mano en el puño de su espada, pero se tranquilizó. La silueta de Claudia, su esposa, a la que tanto quería se dibujaba en el quicio de la entrada.
   
  - ¡Claudia...! ¿Qué haces aquí? ¿Qué te sucede? Te noto alterada. ¿Te encuentras bien?
       - Necesito hablar  contigo. He estado sufriendo toda la noche a causa de ese hombre que te han traído para que juzgues. Cuanto he soñado me ha hecho ver que es inocente...
      Pilatos la dejó hablar escuchando atentamente cuanto le decía. Las cosas que  oía de labios de su esposa se ajustaban a los íntimos pensamientos que él mismo sentía por el Nazareno. Aunque fuera un rudo militar su experiencia le hacía comprender que solamente el odio era quien movía los hilos de los sacerdotes y de los escribas y necesitaban tenerlo muerto para que no les estorbase su forma de vida, sus abusos con el pueblo,...como tantas veces les había echado en cara Jesús.
JAMES TISSOT.- S. XIX - XX
      Su estupefacción ante la actitud de los acusadores se mezclaba con la admiración que, a su pesar, le causaba el silencio y la entereza del reo, físicamente roto, destrozado por los malos tratos recibidos. El coloquio mantenido con su esposa acabó por convencerlo de que allí la única autoridad que prevalecía debía ser la suya e iba a hacer lo indecible por salvarlo. Y así se lo dijo en un susurro al oído de su esposa acompañado de un suave beso.
      Claudia marchó algo más tranquila, pero Poncio Pilatos retomó el paseo por las losas de la estancia y siguió pensando soluciones para detener aquella locura.

CRISTO ANTE PILATOS.-GERRIT VAN HONTHORST.-S.XVII
      Mecánicamente se dirigió a la mesita que tenía una jarra de vino y una copa. Se sirvió y tomó un trago. Luego, otro, pero el tiempo no podía controlarlo. Sin darse cuenta vio un mensajero ante él comunicándole que Herodes le enviaba de nuevo al preso para que decidiese su destino.
      Era lo que se había temido. Herodes tampoco encontraba nada peligroso ni delictivo en la conducta de Jesús y se lo devolvía. Pronto se encontró con las miradas hostiles de los jerifaltes judíos y de cuantos los acompañaban, porque notaba que no tenían ningún ánimo de prolongar aquella situación. Querían el desenlace rápido. Y éste solamente podía ser la muerte en la cruz. No otra.

      El procurador romano detestaba con toda su fuerza aquellos alborotadores que rezumaban odio hacia Jesús por todos sus poros, y la promesa hecha a su esposa le incitaba a buscar soluciones que, favoreciendo a Jesús,  perjudicara de alguna forma a sus acusadores. Lo primero que les espetó es que hasta Herodes lo encontraba inocente: 'Me habéis traído a este hombre como alborotador del pueblo y habiéndolo interrogado yo ante vosotros, no hallé en Él delito alguno de los que alegáis contra Él. Y ni aun Herodes, pues nos lo ha vuelto a enviar. Nada, pues, ha hecho digno de muerte. Le corregiré y le soltaré'. (Lc. 23, 14-16).

      Esto enfureció a la multitud porque veía que perdían la oportunidad de quitarlo de en medio y todavía gritaban  más y más fuerte que fuese crucificado. 
BARRABÁS.-JAMES TISSOT.-S. XIX - XX 
El cerebro de Pilatos funcionaba con mucha rapidez y de súbito le vino una idea a la cabeza que podía tener buenos resultados. En las mazmorras tenía un preso llamado Barrabás que 'había sido encarcelado por un motín ocurrido en la ciudad y por un homicidio'. (Lc. 23, 19). Pensó que, según la costumbre existente de soltar un preso con motivo de la Pascua, les propondría la elección entre Jesús y el preso. Jamás se le ocurrió pensar que pudieran elegir a Barrabás por el historial delictivo que tenía.
      Así pues, les propuso: 'Hay entre vosotros costumbre de que os suelte a uno en la Pascua. ¿Queréis, pues, que os suelte al rey de los judíos? Entonces de nuevo gritaron diciendo: ¡No a éste, sino a Barrabás! Era Barrabás un bandolero'. (Jn. 18, 39-40).

      Le falló el plan previsto. En este momento 'envió un mensaje su mujer a decirle: -No te metas con este justo, pues he padecido mucho hoy en sueños por su causa'. (Mt. 27, 19). 
PILATOS Y SU MUJER.-JAMES TISSOT.- S. XIX - XX 
Entonces se le ocurrió recurrir nuevamente a la oratoria: 'Pilato de nuevo preguntó y dijo: -¿Qué queréis, pues, que haga de éste que llamáis rey de los judíos? Ellos otra vez gritaron. -¡Crucifícalo! Pilato, queriendo dar satisfacción a la plebe, les soltó a Barrabás'. (Mc. 15, 12-15a). 'Tomó entonces Pilato a Jesús y mandó azotarle'. (Jn, 19, 1). Luego lo presentaría a la plebe a ver si aún conseguía moverlos a compasión. 

...y de Herodes a Pilatos (II) .-02-julio-2015

Posted by Caminante y peregrino

      LUDOVICO CIGOLI.-MANIERISMO
       Todavía se oía en la estancia los cascos del caballo del mensajero del Gobernador romano que, cumplida la orden recibida, volvía a su cuartel. Había comunicado al tetrarca de Galilea que iba a recibir a Jesús el Nazareno para ser juzgado por él. Ciertamente las siete de la mañana era una hora temprana para hacer un juicio, pero no le importaba. Ya se frotaba las manos con fruición por lo inesperado de la noticia. ¡Por fin iba a ver realizado uno de los mayores deseos que tenía!  Además lo enviaba como reo para que lo juzgara, lo cual significaba que Roma lo tenía presente y lo valoraba. Habría que cultivar un poco más el trato con el procurador, extranjero, sí, pero ¡qué más daba! A fin de cuentas no le creaba ningún problema...

En cuanto al galileo...¿sería cierto que hacía tantos milagros como la gente contaba, incluso resucitando muertos? 
ANTE HERODES .- DUCCIO DI BUONINSEGNA .-  GÓTICO. 
Porque la resurrección de Lázaro había traspasado los muros de palacio y después de cuatro días muerto, estando ya en putrefacción el cuerpo, era increíble que estuviera vivo de nuevo. Pero el testimonio de quienes presenciaron el hecho, algunos de ellos de su absoluta confianza, no admitía duda alguna. Si pudiese atraérselo hacia él dándole riquezas y poderes, podría ser tal vez el Rey más famoso de la historia de Israel. Pero, claro, había dado muerte a su amigo y pariente Juan y eso podía ser un serio obstáculo. De cualquier modo había que esperar a tenerlo delante e interrogarle, y ¡quién sabe! A cambio de su libertad podría hacer algún milagro en su presencia...

      Se detuvo en sus pensamientos. Oía la chusma que acompañaba al reo y estaban muy próximos. Ordenó arreglar algo más el salón para deslumbrar al reo y a quienes lo traían. Con él estaban miembros importantes de su Corte y algunos guerreros de su guardia personal. Cuando le avisaron que ya habían llegado tomó asiento en su trono y adoptando una postura mayestática los esperó.

      Vio entrar en primer lugar al Sumo Sacerdote y los miembros del Sanedrín, que le hicieron el saludo que le correspondía, pero sus ojos se dirigían hacia el lugar por el que debía aparecer el prisionero.

ANDREA SCHIAVONE.-RENACIMIENTO
 'Viendo Herodes a Jesús, se alegró mucho, pues desde hacía bastante tiempo deseaba verle porque había oído hablar de Él y esperaba ver de Él alguna señal'. (Lc. 23, 8). Pero lo que vio fue un hombre con aspecto vejado y humillado, maltratado, sucio, debilitado, y eso no acabó de sentarle bien. Esperaba que lo hubiesen traído más presentable para llevarlo ante él.

      Jesús permanecía en pie con  los ojos bajos y sin mirar a Herodes. Esto lo desconcertó, porque sus intenciones de interrogarlo para que los sacerdotes y los sanedritas  miembros del Tribunal tuviesen ocasión de conocer su erudición, se vieron esfumadas. Aunque lo consideró una humillación, no perdió los nervios y 'le hizo bastantes preguntas, pero Él no contestó nada'. (Lc. 23, 9): 'Así que tú eres Jesús, que has llenado Israel con tus ideas absurdas, hasta que has conseguido que te detengan y te conduzcan ante mí. Cuéntame algo de lo que has ido predicando por Jerusalén últimamente'.
RETABLO DE SIJENA.- MAESTRO DE SIJENA.- GÓTICO
      Aparentemente ningún músculo se movió en el reo. Su inmovilidad y silencio fueron absolutos. 'Estaban presentes los príncipes de los sacerdotes y los escribas, que insistentemente lo acusaban'. (Lc. 23, 10). No deseaban que el tetrarca manifestase compasión alguna con el prisionero. Herodes los escuchó y aprovechó el momento para volver a su interrogatorio: 'Las acusaciones que te hace no te favorecen . Son graves, pero me da la impresión que tú no has hecho eso que dicen de ti. ¿Qué puedes responder a ellas? Qué dices de ti mismo en tu defensa?' La respuesta continuó siendo la de un hermético silencio. ¿No me respondes? ¿Te das cuenta que puedo salvarte si colaboras un  poco conmigo? A mis oídos ha llegado la noticia de tus milagros, incluido la resurrección de ese amigo tuyo de Betania. Haz algún milagro ante mí  para que conozca tus habilidades y prometo ayudarte benévolamente'. Nada. Ni media palabra.

      A la vista de eso,Herodes sacó un recurso que tenía previsto: 
JAMES TISSOT.-S. XIX-XX  
'Escúchame. Hace tiempo te envié unos fariseos para que te advirtieran que llevases cuidado con lo que ibas diciendo por ahí. ¿Recuerdas lo que les respondiste? Yo sí: "Id y decid a ese zorro: Yo expulso demonios y hago curaciones hoy, y las haré mañana, y al día tercero habré llegado a mi término. Pues he de andar hoy, y mañana, y al día siguiente, porque no conviene que un profeta perezca fuera de Jerusalén". (Lc. 13, 31-33). ¿Qué me respondes ahora? Dime. ¿Eres tú realmente el profeta que espera Israel?'
MIGUEL CABRERA.-BARROCO NOVOHISPANO.-MÉXICO

      Fue en vano. El recurso no le sirvió de nada. Herodes pudo comprobar que estaba ante una persona realmente excepcional, pero que no le seguía sus propósitos. Y esto lo enfureció, pero tuvo mucho cuidado en manifestarlo para no ser él quien quedase en ridículo ante las autoridades religiosas allí presentes y dio a entender que lo consideraba un loco. 'Herodes, con su escolta, le despreció, y por burla le vistió una vestidura blanca y se lo devolvió a Pilatos. En aquel día se hicieron amigos uno del otro, Herodes y Pilatos, pues antes eran enemigos'. (Lc. 23, 11-12). Algo más tarde de las siete de la madrugada, la comitiva retomó el regreso hacia el pretorio romano.

De Pilatos a Herodes...(I) .- 17-junio-2015

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JESÚS ORANDO EN LA PRISIÓN.-JAMES TISSOT.-S. XIX - XX
      El silencio se había hecho, por fin, en casa de Caifás. Algunos estaban durmiendo y otros, aunque no dormían, no tenían ganas de hablar. Eran alrededor de las cinco de la madrugada y un suave murmullo se oía en el calabozo donde estaba Jesús. Su oración al Padre continuaba siendo una constante de su comportamiento habitual. Sabía que estaba cumpliendo su voluntad y aquello era su alimento: 'Mi alimento es hacer la voluntad del que me envió y acabar su obra'. (Jn, 4, 34).
      Los príncipes de los sacerdotes y  los escribas habían tomado la determinación de llevárselo al Procurador romano para obtener, por el procedimiento más conveniente, su condena a morir en la cruz y no podían perder mucho tiempo porque el sábado se iba acercando y para entonces todo debía estar concluido. Jesús vio interrumpida su oración de una manera brusca. Un salvaje empujón le hizo dar un traspiés y caer frente a los que le debían atar nuevamente para conducirlo al pretorio, residencia del gobernador romano, y desde donde administraba la justicia.
JESÚS LLEGA ANTE PONCIO PILATO.-JAMES TISSOT.-S. XIX - XX
      Poncio Pilato sabía que se lo iban a llevar porque se lo habían avisado. Estaba preparado pero aún así, quería dilucidar el asunto cuanto antes. Al llegar la comitiva, 'no entraron en el pretorio por no contaminarse y, para poder comer la Pascua'. (Jn. 18, 28). Sentía curiosidad el Procurador por conocer al 'peligroso malhechor' que le llevaban. Cuando lo vio y observó su estado físico  a causa de los malos tratos que le habían dado, sintió una profunda repugnancia por lo que habían hecho sus captores sin conocer la sentencia que esperaban. Pero observando con atención al reo, no pudo evitar un sentimiento de admiración y respeto hacia Él por la dignidad y entereza que dejaba traslucir. No. Una persona así no podía tener la ruindad con que lo estaban presentando. Y fue al grano de inmediato:
ANTE PILATOS.- MIHALY MUNKACSY.-S. XIX
      - ¿Qué acusación traéis contra este hombre?
      - Si no fuera malhechor, no te lo traeríamos -le respondieron.
      - Tomadle vosotros y juzgarle según vuestra ley. -les dijo Pilatos.
    - Es que a nosotros no nos es permitido dar muerte a nadie -dijeron entonces los judíos. (Jn. 18, 29-30).
       Y comenzaron las acusaciones más variopintas: cura en sábado, no quiere pagar los tributos al César, había entrado en Jerusalén montado en un pollino, se había atribuido honores de Rey y decía que era el Mesías prometido,...Alguna de las acusaciones, como la de que curaba enfermos en sábado lo hicieron sonreír y pensar en la estupidez de los acusadores: ¿Consideraban mal que curase a los enfermos? Recordó que eso era propio de Esculapio, dios romano de la medicina y de la curación, pero atribuirse una realeza...eso de ser Rey ya daba la impresión que iba contra el Emperador. Pero debía estar seguro de lo que hacía, porque no se fiaba lo más mínimo de los sacerdotes y los escribas, así que...
ANTE PONCIO PILATO.-JAMES SEWARD.-S. XX
      'Entró de nuevo en el pretorio  y llamando a Jesús le dijo:
        - ¿Eres tú el Rey de los judíos?
      - ¿Dices eso por tu cuenta o te lo han dicho otros de mí? -respondió Jesús.
      Pilatos contestó: -¿Soy yo judío por ventura? Tu nación y los pontífices te han entregado a mí, ¿qué has hecho?
      - Mi reino no es de este mundo; si de este mundo fuera mi reino, mis ministros habrían luchado para que no fuese entregado a los judíos; pero mi reino no es de aquí. -respondió Jesús. 
¿Y QUÉ ES LA VERDAD? .- WILLIAM HOLE.- S. XIX - XX
        - ¿Luego tú eres Rey? -le dijo entonces Pilatos-
      - Tú dices que soy Rey -respondió Jesús- Yo para eso he venido al mundo, para dar testimonio de la verdad. Todo el que es de la verdad oye mi voz.
      - ¿Y qué es la verdad? -respondió Pilatos.
      El gobernador romano se había despojado de un temor que tenía: el de que se atribuía ser Rey. Pero al decir que su reino no era de este mundo ya no entraba en conflicto con el Emperador romano, por lo que esa acusación no servía para nada en absoluto.
      'Y dicho esto, nuevamente salió a los judíos y les dijo:
      - Yo no hallo en éste ningún delito'. Jn. 18, 33-38).
¡SUBLEVA AL PUEBLO...!
      Esta decisión sacó de sus casillas a todos sus acusadores que volvieron a la carga acusando a Jesús con nuevas falacias a las que el Procurador no hacía el menor caso. Pero...lo último que oyó no cayó en saco roto:
      -¡Subleva al pueblo enseñando por toda la Judea, desde Galilea hasta aquí! 
      Oyendo esto Pilatos, preguntó si aquel hombre era galileo, y enterado de que era de la jurisdicción de Herodes, lo envió a éste, que estaba también en Jerusalén por aquellos días'. (Lc. 23, 5-7). De esta manera se quitaba el problema de encima, se lo daba a otro y, además, se congratulaba con el tetrarca de Galilea. Mandó llamar a un mensajero para que se dirigiera a casa de Herodes y advertirle que le enviaba a Jesús de Nazaret, a quien hacía tiempo que deseaba conocer.  

      
      Cuando Jesús  salió de casa de Caifás en dirección al pretorio, tras la tumultuosa comitiva iba otra mucho menor, compuesta por unas pocas mujeres y un hombre. Por la dirección que tomaron dedujeron el lugar donde se dirigían. Y no se equivocaron. La silueta de la Torre Antonia, la fortaleza de los romanos, surgió ante sus ojos. Lo ven claro. Buscan la complicidad de Roma y eso solamente puede ser para que lo maten, ya que ellos, aunque sean máximas autoridades religiosas, no tienen autoridad alguna para matar a nadie.

      Y Jesús tiene que morir. Y de la forma más ignominiosa: la cruz. Es la venganza de los escribas y fariseos , a quienes llamó 'raza de víboras y sepulcros blanqueados' (Mt. 23, 13-33), en la recriminación más fuerte que les hizo. Ahora era el momento de ellos. Y de las tinieblas.

      María se deshacía de dolor al oír las ofensas e insultos que dirigían a su Hijo. Juan le apretaba el brazo en un gesto de cariño filial y las mujeres, conscientes de su impotencia, la abrazaban entremezclando sus lágrimas con las de la Madre. Cuando llegaron se colocaron en una esquina de la plaza esperando ver a Jesús. No pudieron. Al cabo de una rato oyeron los cascos de un caballo galopando hacia el palacio de Herodes.

Un peregrinaje vergonzoso y doloroso (III).-31-05-2015

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GIOTTO DI BONDONE.-RENACIMIENTO
      'Entonces el pontífice rasgó sus vestiduras diciendo: -Ha blasfemado. ¿Qué necesidad tenemos de más testigos? Acabáis de oír la blasfemia. ¿Qué os parece? Ellos respondieron: -Reo es de muerte'. Las cuatro últimas palabras parecieron perforar los oídos de Juan, el discípulo amado del Maestro. Pensó que no había entendido bien lo que dijeron o acaso que estaba soñando a causa de las emociones del día. Pero no. Las palabras que su amigo dijo tiempo atrás le llegaron nítidas al cerebro: 'Es preciso que el Hijo del hombre padezca mucho y sea rechazado de los ancianos, de los príncipes de los sacerdotes y de los escribas, y que sea muerto y resucite al tercer día'. (Lc. 9, 22). Sí. Ahora encajaba todo. Jesús tenía previsto que aquello tenía que pasar más pronto o más tarde y fue preparándolos poco a poco para cuando llegara el momento, pero ellos no supieron entenderlo. Pero, ¿y María? ¿En los momentos de intimidad con su Madre se lo habría dicho?
      ¡¡¡María!!! Seguramente ella no conocería lo que estaba ocurriendo y alguien podía decírselo, porque alguno de los que estaban en contra de su Hijo podría hacerlo y quizá de mala manera, incluso insultante, y eso todavía sería peor para el sufrimiento de la Madre. No lo pensó dos veces. Buscó a Pedro con la mirada para decirle dónde iba, pero se tropezó con la mirada de Jesús que le hizo un imperceptible gesto de afirmación con la cabeza. Estaba seguro de que solamente él había notado ese gesto con el que el Maestro le había dado a entender que aprobaba su decisión. Volvió a mirar a Jesús pero éste ya caminaba hacia el calabozo en el que aguardaría ser conducido a presencia del Procurador romano Poncio Pilatos.
      Serían alrededor de las cuatro de la madrugada pero no debía esperar más. ¿Dónde estaría? A esas horas no quedaría nadie en el cenáculo donde unas horas antes habían vivido aquella cena pascual inolvidable, pero, ¿dónde ir? A su cabeza acudieron infinidad de lugares, pero al final hubo uno en el que pensaba con mayor insistencia: Betania.
      El Maestro y cuantos iban con Él siempre eran especialmente bien recibidos, y ahora, a pesar de la profunda amistad que Jesús y su Madre tenían con Marta, María y Lázaro, desde que rescató de las garras de la muerte a este último, tras estar cuatro días enterrado, el profundo agradecimiento que  tenían les había hecho nacer el deseo de que pasara la noche en su casa.
     Sin dudarlo se puso en camino con la seguridad absoluta de que Jesús aprobaba esa decisión. Caminaba con paso rápido que alternaba, en algunos momentos, con una carrera. La luna, brillante, le alumbraba el camino. La luna, brillante, le mostró la silueta del lugar  de su destino. La luna, brillante, le hizo ver, casi adivinar, una silueta femenina que, en pie, parecía estar esperándole.
      - Juan, ¿y mi Hijo?
   - ¡María...! -Juan se había quedado sin palabras por la sorpresa. No esperaba su encuentro con la Madre de esa manera,porque...daba a entender que sabía algo. Solamente se le ocurrió decirle algo que era obvio.
ANTE CAIFÁS.-MATTIAS STOM.-BARROCO
    - Lo han cogido. Judas dirigió a los sacerdotes, escribas y guardias del Templo al huerto de Getsemaní. Parece ser que había quedado con ellos que cuando lo besara lo cogieran, como así hicieron. ¡Jamás hubiera podido pensar que Judas hiciera algo semejante...!
      - Pero Él sí que lo sabía. Conocía que había llegado el momento de realizar su Misión. ¿Dónde está ahora?
Juan, a pesar de que sabía que debía decírselo todo, le imponía mucho respeto hacerlo por el dolor que iba a causarle, pero era necesario: 
      - Lo llevaron ante Anás. Fue interrogado pero solamente abrió la boca para responder una de las preguntas. Eso le valió un golpe en la cara que lo echó al suelo. Como Anás se dio cuenta que no iba a conseguir nada, optó por enviarlo a Caifás. Allí...
      - Allí fue todo peor, ¿verdad?
     Según se iba desarrollando el diálogo fueron llegando varias personas: María la de Cleofás, Marta y sus hermanos María y Lázaro así como María Magdalena, que no perdían ninguna de las palabras de Juan, el cual continuó su relato:
      - Así es. Caifás tenía preparadas muchas preguntas, pero tu Hijo se mantuvo en un hermético silencio. Escuchaba las acusaciones que le hacían, todas falsas, pero no respondía nada, lo cual ponía muy nervioso al Sumo Sacerdote, pero cuando se dio cuenta que las acusaciones no conseguían hacerlo hablar, lanzó una pregunta a la que no podía dejar de responder...
      - '¿Eres tú el Mesías, el hijo de Dios?' -dijo María con la cabeza levemente inclinada.
     - ¡¡Sí!! ¿Cómo lo sabías? -respondió Juan totalmente sorprendido.
     - No. No lo sabía, pero intuía que se lo iban a preguntar. Ahora ya sé con certeza absoluta que ha llegado su Hora y todos hemos de estar preparados.
      Se hizo el silencio.Las mujeres se miraron entre ellas y María, la de Cleofás, le susurró al oído de la Madre de Jesús:
VIRGEN MARÍA Y MARÍA, LA DE CLEOFÁS
      - María. Estamos contigo y con tu Hijo. Te acompañaremos a donde vayas tú y Jesús. Ten mucho ánimo porque sola no vas a estar.
      El rostro de María dejó entrever que que estaba surcado por unas lágrimas. Miró a su pariente con mirada profundamente agradecida, aunque muy triste, y le respondió:
     - Gracias. Gracias a todas. Vamos donde nos indique Juan. -Dirigiéndose al discípulo le pidió:
      - Llévanos donde está Él.
     Juan asintió con la cabeza. El grupo de mujeres lo encabezaba él, que caminaba junto a la Madre. Esto le permitió oír los sollozos y suspiros que daba a pesar de que procuraba disimularlos, pero su oración permanente, continua, intensísima, preñada de una inmensa fe en el Padre, nadie la podía conocer. Solamente el Padre. Y ella misma. Era su propia intimidad la que se dirigía hacia quien sabía que la escuchaba y acogía, como acogía y escuchaba la que, con toda seguridad, su Hijo le estaría dirigiendo en estos durísimos momentos, cruciales para la Humanidad. Lo sabía. Y casi podía escucharla desde su propio corazón. La Fe de la Madre y del Hijo era el nexo de unión entre ellos en esos momentos trascendentes.
      En el trayecto se cruzaron con gentes que iban comentando los sucesos, unos a favor y otros en contra, pero que a nadie dejaban indiferentes. 
VIRGEN MARÍA CON JUAN EVANGELISTA Y SANTA MUJERES.-VALDÉS LEAL.-BARROCO
      Cuando se dieron cuenta, estaban en el patio de la casa de Caifás. María miraba con ansiedad la puerta, que al cabo de unos momentos se abrió. La mirada de todos se concentró en la persona que salía, pero quedaron atónitos al contemplar la figura de un Pedro roto, desconocida para ellos: descompuesto, muy asustado, con ojos espantados,...No daban crédito a sus ojos. ¿Qué le pasaba? María se le acercó. Por una parte quería que le diera noticias de Jesús. Por otra quería conocer l motivo por el que se encontraba en ese estado.
        - Pedro, ¿qué te sucede? ¿Qué sabes de mi  Hijo?
    - ¡María! Jesús está sufriendo mucho. Lo han maltratado y lo han condenado a muerte. En cuanto a mí, ¡déjame! No soy digno de su amistad ni de la tuya. ¡Lo he negado tres veces! Yo que quería morir con Él, he negado conocerlo, como me anunció que haría. Me marcho. No soy digno de vosotros...
SAN PEDRO LLORA ANTE LA VIRGEN.-IL GUERCINO.-BARROCO
      María lo retuvo cogiéndolo del brazo. Se daba cuenta que había sido un momento de debilidad ocasionado por las circunstancias y por el miedo que todos los demás discípulos,en mayor o menor grado, tenían. Le vino a la memoria, inconscientemente, el profeta Zacarías: 'Álzate, espada, contra mi pastor y contra mi ayudante, oráculo del Señor todopoderoso. Hiere al pastor y se dispersarán las ovejas, yo golpearé incluso a los débiles'. (Zac. 13, 7). Con una voz trémula por la emoción dela noticia que le había dado, aún tuvo fuerzas para intentar consolar al buen Pedro.
      - Pedro, Pedro, no digas eso. Él te está necesitando igual que a nosotros. Es necesario mantenernos unidos y pedir al Padre que le dé fuerzas para cumplir su Misión...
      Pedro cayó de rodillas ante María llorando de vergüenza y de remordimiento. María puso su mano sobre su cabeza y el llanto de ambos se entremezcló con el de quienes acompañaban a la Madre de Jesús. De repente Pedro se levantó y se alejó corriendo hacia la oscuridad de las callejuelas. A la pena de María, se unió la de ver al buen Pedro huir hacia ninguna parte. Y también rezó por él.
      Después vieron salir a gente que ya se retiraba, dejando abierta la puerta. María hizo ademán de ir hacia ella y Juan la ayudó y la llevó cerca de donde estaba Jesús, al cual oyeron orar en voz alta. De la impresión que tuvo al oírlo, su Madre sufrió un vahído. Magdalena y María, la de Cleofás, la sujetaron. La impresión había sido demasiado fuerte, pero inexplicablemente se sobrepuso y con una voz muy débil dirigió una oración a Dios. Intentó levantarse con la ayuda de Juan y de las otras mujeres, se dirigió hacia otro lugar. Sin pretenderlo comenzó a meditar en los malos tratos que habrían dado a su Jesús de palabra y de obra y nuevamente perdió la conciencia muy brevemente.
      Algunos de los presentes la miraban y algunos reconocieron en ella a la Madre del Reo. Nadie osó decir nada e incluso alguno sintió compasión por ella. Desde el silencio reinante, se oía la voz de Jesús dando gracias a su Padre por el nuevo día que nacía, porque en él se iban a cumplir todas las profecías de los Profetas y quedaría restaurada la normalidad entre Dios y la Humanidad.
PRISIÓN DE JERUSALÉN, DONDE SEGÚN LA TRADICIÓN ESTUVO PRESO JESÚS